Perdón a la pareja

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Conflicto y perdón en la pareja

Conflicto y perdón en la pareja

Por lo que se debe tomar en cuenta los siguientes aspectos: En primer lugar el perdón si no es dado, por parte de la parte agraviada, de una manera sincera e interesada en superar el impase, en enfocarse en nuevos objetivos y tomar el agravio como medio de reestructuración positiva para la relación puede conllevar a que quien ha sido agraviado “reviva” constantemente el agravio, lo que conllevara a constantes reproches por parte de ésta y a relacionar otras conductas con las que se la relacionaron con el agravio sufrido. En segundo lugar, es posible que la intensidad del agraviado hayan generado un quiebre definitivo en los sentimientos y emociones de parte del agraviado hacia el agresor, es decir, se puede tomar la agresión como muestra de desamor, lo que podría ocasionar que quien ha sido afectado pierda el vínculo que lo unió con el agresor, pero que por motivos ya sean internos como externos (el llevar un largo tiempo de relación, la deseabilidad social, la edad, etc.) influyen en el intento reanudar la relación. Y como tercer y último punto, si por parte del agresor u ofensor, no existe un interés claro sincero o simplemente es realizado a medias, en cuanto a reformular y redireccionar el sentido de la relación, a un ajuste positivo de los pensamientos emociones que repercutan en los comportamientos y conductas ofensivas u agresoras, no será posible que el perdón pueda funcionar como medio de cohesión de la pareja, ya que simplemente será una cura pasajera que perderá más temprano que tarde sus efectos positivos, y que podrían conllevar a sumergirse en el círculo vicioso anteriormente mencionado.

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Estructura factorial, invarianza métrica y propiedades psicométricas de la versión chilena del cuestionario de perdón a la ex pareja

Estructura factorial, invarianza métrica y propiedades psicométricas de la versión chilena del cuestionario de perdón a la ex pareja

Pese a ello, es importante notar que se identificó la existencia de dos errores correlacionados cuyo significado no pudo ser explorado, porque hacerlo trae consigo problemas de identificación del modelo. Una posible explicación para este resultado, guarda relación con que tales ítems, que son los que tienen una dirección diferente a los restantes, correspondan a un factor de método. Una explicación alternativa, de carácter más sustantivo, podría tener que ver con que hay autores que han postulado que el perdón, en algunos casos tendría un carácter bidimensional; esto es, que involucraría no solo la disminución del resentimiento y la rabia hacia el otro (dimensión negativa), sino también el desarrollo de sentimientos positivos hacían quien cometió la ofensa (dimensión positiva) (e.g., Kato, 2015; Rye et al., 2001). Cabe señalar, no obstante, que la bidimensionalidad de este constructo se ha propuesto particularmente para el perdón que ocurre en relaciones cercanas que se mantienen (por ejemplo, en relaciones de pareja). La pequeña cantidad de reactivos que componen esta escala no permitieron poner a prueba dicha hipótesis, dada la pérdida de grados de libertad asociados a la especificación de un factor adicional y a que en tal caso, dicho factor hubiese quedado conformado por solo dos reactivos. Futuros estudios podrían eventualmente evaluar una versión revisada de la escala, añadiendo quizás ítems y probar nuevamente la configuración de la misma.

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Apego y perdón en el contexto de las relaciones de pareja

Apego y perdón en el contexto de las relaciones de pareja

a fin de invitar a participar a estudiantes que cumplieran los criterios de inclusión. Al hacerlo, se les otorgó información respecto de los objetivos del estudio y la naturaleza de la participación en el mismo. Siguiendo los requerimientos éticos correspondientes, se enfatizó el carácter voluntario y anónimo de su colaboración. Una vez que las personas que accedieron a participar habían firmado el consentimiento informado, se les pidió que respondiesen los instrumentos. En todas las situaciones, se aplicó el cuestionario en papel. El cuestionario estuvo dividido en dos partes. Primero, los participantes completaron la caracterización socio-demográfica, siguiendo luego con el instrumento que evalúa apego. Para responder a la segunda parte, se solicitó a los participantes que pensaran en una pareja con la que hubiesen tenido una relación de al menos 6 meses. Si habían tenido más de una relación que hubiese durado más de ese tiempo, se les indicó que escogieran aquella pareja que hubiese sido más significativa, para así aumentar la probabilidad que fuese (o hubiese sido) una figura de apego (Hazan y Shaver, 1987). Posteriormente, y de modo similar a otros estudios realizados acerca del perdón (e.g., Gordon y Baucom, 2003), se les pidió que proporcionaran por escrito una breve descripción de una experiencia importante en la que se hubiesen sentido heridos por dicha pareja. Respecto de tal transgresión, se consignó tiempo transcurrido desde la misma, tiempo de relación al momento de la ofensa, recurrencia y si involucraba a una pareja actual o pasada. A fin de homogenizar la muestra, se controló el efecto del tiempo y de la recurrencia de la transgresión sobre el perdón incluyéndose sólo casos que reportaron una ofensa que hubiese ocurrido hace menos de un año y en una única oportunidad. Con ello, se disminuyó adicionalmente el efecto que el tiempo podría tener sobre la percepción retrospectiva de de la transgresión y su impacto. Finalmente, se completaron los instrumentos que evalúan el perdón.

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Estructura cognitiva que subyace al perdón de transgresiones específicas en la relación de pareja.

Estructura cognitiva que subyace al perdón de transgresiones específicas en la relación de pareja.

La empatía ha sido definida como la experiencia del estado emocional de otra persona, o bien, como una emoción específica caracterizada por la compasión, ternura y simpatía (McCullough, 2001). En el contexto del perdón, se ha observado que la empatía hacia un transgresor particular está fuertemente correlacionada con el grado en que una víctima perdona a su transgresor por una ofensa específica (McCullough et. al., 1997, 1998; Worthington, Sandage, & Berry, 2000). Además, en estos estudios, la empatía también ayudó a explicar porque algunas variables socio- cognitivas influyen en el perdón. Por ejemplo, el efecto de las disculpas ofrecidas por parte del transgresor sobre el grado de perdón es mediado por el efecto de la empatía que las víctimas sienten por el transgresor (Edwards, 2007). Esto resulta de importancia ya que las victimas que empatizan con sus ofensores suelen ser menos evitativos, menos vengativos y mas benevolentes con sus ofensores. (Paleari, Regalia & Fincham, 2005). Cuando una persona que ha cometido un daño se disculpa, expresa de manera implícita que se ha equivocado convirtiéndolo en una persona vulnerable, lo cual provoca que la victima sienta empatía, y por lo tanto motivándolos a perdonar al transgresor.

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El perdón y el maltrato psicológico en las relaciones de pareja

El perdón y el maltrato psicológico en las relaciones de pareja

Concluimos que una constante que se logra adquirir como consecuencia de perdonar las ofensas, es la liberación de todo tipo resentimiento, odio, rencor, y deseos de venganza. Po el contrario, lo que aflora en la persona que perdona son sentimientos de compasión y comprensión hacia el victimario u ofensor. Esta reelaboración cognitiva y emocional que la persona expresa hacía quien la hirió, es consecuencia de la sanación interior que ofrece el perdón. Incluso es sorprendente como: “El perdón según algunos autores, sería clave para la comprensión de cómo las personas son capaces de mantener relaciones interpersonales satisfactorias” (Allemand, Amberg, Zimprich & Fincham, 2007; Fincham, Hall & Beach, 2006; Karremans & Van Lang, 2004) (como se cita en Guzmán, 2010, p.20).

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Aplicación de la psicoterapia focalizada en la transferencia a los conflictos de pareja

Aplicación de la psicoterapia focalizada en la transferencia a los conflictos de pareja

Un día, mi paciente me explicó que tenía conflictos con su madre: “mamá se enojó conmigo porque la se- mana pasada no fui a comer con ella. Ella quería que mi hermana y yo fuéramos juntas a comer y ahora está furiosa. Si yo la llamo me va a estar gritando una hora”. Yo le dije “¡Ah! ¿Por qué no la llama? Llámela ahora”. Mi paciente la llamó y los dos escuchamos por teléfono una gritería de locos. Fueron 20 minutos de la sesión y yo le dije: “su mama está completamente loca” (como ustedes ven, hago interpretaciones muy sutiles). Estoy ilustrando que esta mujer, en el fondo, tenía permiso para tener una vida sexual muy libre siempre que no sa- liera de la familia. Si ella se casaba, la abandonaba y esto estaba prohibido. La madre tenía que controlarla hasta la muerte. Inconscientemente, esta mujer parecía dis- frutar de una gran libertad sexual porque no tenía amor permanente. Ahora podemos ver la culpa inconsciente de una buena relación y el sometimiento a su madre. Los padres no eran pobres pero eran de clase media limitada, y la relación con este hombre de negocios multimillonario significaba para ella un ascenso total de nivel de vida. Ella no podía tolerar esto, y le daba una sensación de resentimiento profundo. Se sentía culpa- ble no solo de salir de la familia sino de que pudiera vi- vir mejor que su madre. Entonces, inconscientemente, repetía esta relación de sometimiento, comportándose de manera destructiva hacia esta nueva relación, y, al mismo tiempo, forzando a su pareja a someterse a ella, pidiéndole perdón igual que la mamá había hecho con su papá, con intensa rabia y con un deseo inconsciente de que su novio la parara, cosa que él no se atrevía a hacer.

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Memoria, ausencia y perdón

Memoria, ausencia y perdón

Se anula la idea de que exista un equilibrio entre memoria y olvido, ya que el olvido tiene contradicciones respecto al perdón. La memoria se relaciona con acontecimientos que incluyen retribuciones, reparación, liberación; el olvido trata situaciones duraderas (históricas), en la medida que son componentes de lo trágico de una acción. De esta manera, el olvido impide que la acción continúe, ya sea por cosas imposibles de aclarar, por conflictos insuperables, por daños considerables y que, a menudo, pertenecen a épocas pasadas. El perdón lo que hace, en estas situaciones, es esperar y acoger: lo confuso, lo irreconciliable y lo irreparable, son figuras de pérdida – admitir que existe pérdida sería alcanzar la máxima sabiduría. (Ricoeur, 2003)

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Pedro RIVAS  Salir de la oscuridad  Perdón, Derecho y Política en los procesos de justicia transicional  Aranzadi, Pamplona, 2013

Pedro RIVAS Salir de la oscuridad Perdón, Derecho y Política en los procesos de justicia transicional Aranzadi, Pamplona, 2013

Derrida, por su parte, sostiene que el perdón no debe estar al servicio de una finalidad, porque de esa forma no es puro; no debe ser normativo ni normal, sino permanecer como excepcional y extraordinario. Lo único a perdonar es lo imperdonable. Su incondicionalidad es lo que lo convierte en algo aparentemente excesivo. No debe tener ningún sentido, finalidad ni in- teligibilidad. Hace un planteamiento hiperbólico entre dos polos del perdón que son heterogéneos e indisolubles: el incondicional (gratuito e infinito) y el condicional (proporcional al arrepentimiento). Y en esto, según Rivas, acierta Derrida –es algo compartido con la tradición abrahámica– aunque cae en apo- rías que tienen que ver con las consecuencias morales de sus tesis, de las que Derrida no parece totalmente conciente. Rivas resalta también la tendencia de Derrida a exagerar determinados aspectos como, por ejemplo, la ininteligibi- lidad del perdón, ya que el carácter donal del mismo no lo vuelve irracional, o que su concepto del perdón incondicional se asemeja más al de la gracia divina. Sostiene cosas importantes pero aceptar su planteo sin reservas supon- dría aceptar sin una justificación racional la radicalidad central del mal. Más allá de que su planteo sea atractivo desde un punto de vista estético, queda la sensación de que Derrida pasa a un plano que podríamos llamar «ideal» para explicar la realidad de perdón, muy difícil de aplicar a lo real y de captarlo en lo práctico y concreto.

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El río del perdón y la reconciliación

El río del perdón y la reconciliación

futuro. Uno de los asistentes al taller planteó su deseo de poder “vivir en una Colombia en paz con justicia social, vivir en armonía con la naturaleza, con el medio ambiente, vivir en comunidad con todas nuestras diferencias, aceptándonos los unos con los otros”; otro de los participantes enfatizó la necesidad “de que haya una buena educación, buena salud, quiero seguir estudiando para salir adelante y seguir apoyando el proceso de paz” (Informes Asorvimm, 2018). Para el equipo psicosocial son destacables los puntos en común a los que llegaron ambas partes con esta actividad: se posibilita el acercamiento a una vida en armonía y el cumplimiento de metas personales y colectivas a través del avance hacia el perdón y la reconciliación.

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Perdón en la justicia transicional

Perdón en la justicia transicional

Como acto libre el perdón ha generado que muchas naciones evolucionen por ejemplo, Sudáfrica en la actualidad a pesar de haber sido hace un par de décadas un país de tercer mundo sumido en la pobreza extrema, la discriminación racial y conflicto, en la actualidad es el país más avanzado del continente africano, porque tuvo la capacidad de perdonar a quienes les causaron tanto daño, comprendiendo que trabajar junto a ellos serviría para la construcción de una nueva nación, lo que les permitiría en un futuro no solo sobresalir en su región sino a nivel mundial. No obstante, al perdón no hay que malinterpretarlo, puesto que con este no se busca dejar en impunidad las acciones dañinas o daños causados, sino lo que se desea es sanar las heridas, pero no olvidarlas, con el fin de promover un reconocimiento de la víctima y su reparación efectiva. Respecto a lo anterior, se evidencia que el perdón no solo tiene una influencia a nivel individual, sino que sirve como base para el resurgimiento de una sociedad, por consiguiente en Colombia posiblemente por falta concientización de lo que es el perdón, no se ha logrado salir de la crisis que genera estar en un conflicto armado, puesto que no se buscan soluciones pacíficas sino se promueven las políticas guerreristas 1 .

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Cultura política y perdón

Cultura política y perdón

En el caso a la vez excepcional y ejemplar del derecho de gracia, ahí donde se inscribe lo que excede lo jurídico-político, para fundarlo en el derecho consti- tucional, pues bien ahí hay y no hay ese cara a cara personal, el cual no se puede pensar que sea exigido por la esencia misma del perdón. Ahí mismo donde no debería comprometer más que singularidades absolutas, el perdón no se puede manifestar de ninguna manera sin apelar a terceros, a la institución, a la sociali- dad, a la herencia transgeneracional, a la tradición en general; y en primer lugar, a esta instancia universalizante que es el lenguaje. ¿Puede haber, de una parte o de otra, una escena de perdón sin un lenguaje compartido? Este acuerdo no es sólo de una lengua nacional o de un idioma, sino sobre el sentido de las palabras, sus connotaciones, la retórica, el alcance de una referencia, etc. De ahí esta otra forma de la misma aporía: cuando la víctima y el culpable no comparten ningún lenguaje, cuando nada común ni universal les permite entenderse, el perdón parece privado de sentido, estamos en presencia de este imperdonable absoluto; de esta imposibilidad de perdonar de la cual nosotros decíamos, sin embargo, que era, paradójicamente, el elemento mismo de todo perdón posible. Para perdonar hay que, por una parte, entenderse, de los dos lados, sobre la naturaleza de la falta, saber quién es culpable de qué daño hacia quién. Cosa ya muy improbable. Porque, imagine lo que una lógica del inconsciente vendría a perturbar en ese “saber”, y en todos los esquemas de la cual ella detenta sin embargo una “verdad”. Usted también puede imaginar lo que pasaría cuando la misma perturbación hiciera temblar todo, cuando viniera a resonar en el trabajo del duelo, en la terapia de la que hemos hablado, en el derecho y en la política.

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La comunicación virtual con la pareja

La comunicación virtual con la pareja

Respecto a la situación económica de los internautas, no contamos con da- tos de sus niveles de ingresos, pero sabemos que en España la mayor conexión a internet se da entre los colectivos de mayor renta (ONTSI, 2018). Lo que sí indagamos fue la autopercepción que tienen de su situación económica y los resultados van en la misma línea: hay más comunicantes virtuales entre quienes consideran que dicha situación es favorable (muy buena y buena) que entre los que dicen que es desfavorable (mala y muy mala). Al parecer, la visión optimis- ta de las condiciones materiales de vida lleva a los internautas a relacionarse virtualmente con toda clase de personas. Y, por el contrario, es posible que las preocupaciones dinerarias inhiban tales prácticas comunicativas. Las diferen- cias entre ambos grupos son estadísticamente significativas. En cambio, nada de esto sucede al comunicar con la pareja. El número de internautas que lo hacen, no varía entre “optimistas” y “pesimistas”. Quizás esto se deba a que la confianza hacia la pareja sirva precisamente para relacionarse virtualmente, con independencia de ciertas autoevaluaciones y estados anímicos.

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Aproximaciones de lectura para la imposibilidad del perdón colectivo

Aproximaciones de lectura para la imposibilidad del perdón colectivo

Hablar de perdón en estas situaciones resulta equívoco y, pese a ello, el filósofo franco-magrebí está consciente de la necesidad de la recon- ciliación, para permitir que la convivencia se restaure en aquellas so- ciedades marcadas por los crímenes de lesa humanidad, como son las que protagonizan todos esos teatros del perdón. En estas situaciones, para evitar que los crímenes sean absueltos sin castigo y también que sociedades enteras caigan en el extremo de Jankélévitch –quien en su vida personal cerró las puertas a toda reconciliación y expulsó de ella todo lo alemán– por negarse a la reconciliación, es necesario rescatar el carácter condicional del perdón venido de la tradición judía, que no permite que éste se confunda con la excusa, el remordimiento, la amnistía, la prescripción y otras nociones cercanas a él, pues solo con este perdón condicional se puede exigir que la justicia sea servida y que sea ésta –y no el olvido– la que de paso a la reconciliación. Para explicar esta mundialización del perdón que se vive en el siglo XX y que lo introduce en la escena de la justicia –puesto que se recurre a él para evadirla–, haciendo que ésta se difumine, Derrida remite al derecho de gracia que antaño tenían los monarcas, el cual era algo excepcional y que, pese a estar estipulado por las leyes, estaba por encima de ellas y las anulaba: “el monarca absoluto del derecho divino puede dar la gracia a un criminal, es decir, practicar, en nombre del Estado, un perdón que trasciende y neutraliza al derecho” (2001a 120). Este derecho, por sus características, se asemeja mucho al perdón; en los Estados modernos, el soberano era el único que podía ejercer el derecho de gracia y solo podía hacerlo cuando él mismo era atacado: “en lo que respecta a los crímenes de los súbditos entre sí, no le corres- ponde en modo alguno ejercer tal derecho; porque aquí la impunidad (impunitas criminis) es la que suma injusticia contra ellos. Por lo tanto, sólo pueden hacer uso de este derecho en el caso de que él mismo sea lesionado (crimen laesa maiestatis)” (MS 337). En los escenarios en los que se espera que el perdón tenga un sentido –que sirva para la reconciliación o para reanudar ciertas relaciones– la soberanía que antiguamente poseía el monarca es depositada en el que perdona:

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Reconciliación y perdón en la escuela

Reconciliación y perdón en la escuela

Este proyecto se ha desarrollado parcialmente en las clases de ética de la institución educativa Enrique Olaya Herrera, de Bogotá; comenzó a raíz de los Acuerdos de paz firmados entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc, para explicar los procesos políticos y sociales del conflicto colombiano. Posterior a las votaciones del plebiscito de octubre del 2016, en las que el resultado en las urnas fue negativo para el proceso de paz, se reflexionó sobre estos resultados, analizando desde otras perspectivas las razones por las cuales se polarizaron las opiniones en el país, y se pensó en los rencores y miedos ante el perdón.

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Comprender el perdón en Hannah Arendt

Comprender el perdón en Hannah Arendt

Como ya dijimos en el preámbulo, el perdón es un concepto muy importante que ha marcado la historia de la humanidad durante décadas; no obstante, ha sido también un concepto que se ha dejado de lado, por ser considerado un acto moral y personal. Sin embargo, Arendt logró identificar en el perdón una forma diferente de pensarlo. Como hemos enunciado (aún sin entrar en materia), ella habló de un perdón político fuera de la esfera moral, a pesar de que cuando lo menciona, ella hace alusión a la figura de Jesús de Nazaret y de la ruptura de él con la tradición judía en torno a la concepción del perdón. Por este motivo, creemos que es importante pensar cómo es el perdón en el judaísmo. Para esto, en lo que sigue, en una primera parte revisaremos grosso modo los parámetros sobre el perdón presentes en dicha religión. Esto permitirá comprender mejor la afirmación de Arendt de que en el judaísmo se juega perdón tradicional, atribuido particularmente a Dios, y el perdón político –que nacería con la figura de Jesús-, atribuido a los hombres en la esfera pública. En una segunda parte abordaremos propiamente el tema del perdón en Arendt.

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Espacios y tiempos de perdón en Paul Ricoeur: categorías ricoeurianas para la reflexión sobre el perdón en el posconflicto en Colombia

Espacios y tiempos de perdón en Paul Ricoeur: categorías ricoeurianas para la reflexión sobre el perdón en el posconflicto en Colombia

69 10. El perdón se refiere a hechos que ya sucedieron, hechos hoy ausentes, que se traen al presente mediante formas de representación que se plasman en distintas narrativas. En el laberinto de la memoria se acumulan hechos que se rememoran y para Paul Ricoeur, los recuerdos se asignan en un eje horizontal o línea continua del tiempo que se orienta hacia el futuro, en archipiélagos eventualmente separados por precipicios. El riesgo que representa el olvido es inminente. Se presentan olvidos, leves o profundos, como sobre un eje vertical que se orienta hacia donde la memoria se pierde. Sobre este espacio ricoeuriano de la memoria de lo que fue, entre este par de ejes, se construyen planos de narrativas que se superponen: relatos colectivos, memorias subjetivas, íntimas, recuerdos de episodios compartidos con los más próximos, con los allegados. La historia, como disciplina, también tiene su narrativa propia, que no es ajena a las anteriores. El perdón para Ricoeur es un desplazamiento al pasado, es un viaje penoso de regreso, para revisar los relatos propios y los de los demás, para incorporar elementos de otras narrativas, para ajustar y corregir el pasado, para comprender y emprender un camino de reconciliación, de tal forma que podamos orientar el tiempo hacia el futuro, en la línea de la realización del hombre.

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La pareja y la familia en la teoría y la clínica psicoanalítica: algunas reflexiones

La pareja y la familia en la teoría y la clínica psicoanalítica: algunas reflexiones

A menudo, en las consultas con este dispositivo, cada uno de la pareja propone una versión de los hechos en la que la causa del malestar en la relación recae sobre el otro –o sobre terceros: los hijos, o los suegros, etc.– Casi siempre, es el otro que decepciona las propias expectativas o que no cumple los acuerdos, más o menos implícitos, en los cuales se regía el entendimien- to recíproco. Pero lo que me inquietaba de aquella con- sulta era que tenía la viva impresión que incluso entre nosotros, en aquel coloquio, Carlo continuaba callando (¿escondiendo?) algo importante. Lo que me desconcer- taba era su silencio. Me hubiera esperado que ante aque- lla acusación él expresara su desacuerdo, o alguna defensa, o una versión diferente de los hechos y de las responsabilidades. En cambio no. Y sin embargo, no

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UNIVERSIDAD SANTO TOMÁS FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS LICENCIATURA EN FILOSOFÍA Y LENGUA CASTELLANA BOGOTÁ 2016 CONTENIDO

UNIVERSIDAD SANTO TOMÁS FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS LICENCIATURA EN FILOSOFÍA Y LENGUA CASTELLANA BOGOTÁ 2016 CONTENIDO

por medio de la cual se retiene y se recuerda el pasado”. Según esto se podría pensar entonces que el rol que juega ella en este contexto del perdón es mínimo y hasta contraproducente, pues se estaría hablando de recordar y retener lo que tal vez una víctima no quiere volver a vivir como fueron las torturas y los demás agravios. ¿Qué tan efectivo puede ser para una víctima recordar la forma como murieron sus familiares? ¿Qué beneficios podría tener para una madre recordar que su hijo ya no está con ella y que, además, su muerte fue violenta? ¿Qué sensación podría tener un hijo al pensar que podría haber evitado el asesinato de sus padres? En otras palabras, ¿Cómo pueden existir procesos de reconciliación y perdón cuando se vive trayendo a la memoria los momentos más tormentosos por los que pudo haber pasado una víctima? En este sentido la memoria carecería de importancia porque su función se vería restringida aquí a revivir el pasado y con ello el dolor y la frustración que supone traer a la mente momentos difíciles y violentos, los cuales dificultarían construir el discurso del perdón. Por estas razones a continuación se abordará el tema de la memoria desde una perspectiva filosófica a partir de lo que nos dicen los autores para deducir entonces por qué la memoria tiene importancia o no dentro de los procesos del perdón en el contexto político.

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El perdón y la filosofía

El perdón y la filosofía

qué tratar de forma humana a alguien que no ha demostrado serlo por los actos de barbarie que cometió?, ¿cómo ejercer el perdón cuando la víctima se encuentra en una situación de desbalance frente al victimario, que además es desconocida por el Estado y la sociedad que la rodea?, ¿cuál es la función de la justicia frente al perdón, y viceversa? El perdón retributivo exige ciertas condiciones para ser otorgado, y estas condiciones se encuentran enmarcadas en las posibles respuestas que se den a estas preguntas. En segundo lugar, se encuentra el carácter restaurativo del perdón, ¿cómo ejercer el perdón cuando no se reconoce el daño, ni a la víctima? Para que la víctima perdone es necesario que sea empoderada, y ese empoderamiento contempla varios niveles: volver a ser lo que se era antes de ser victimizado, el reconocimiento social del sufrimiento y las vejaciones a las cuales fueron sometidas las víctimas, la garantía de que el Estado cambie las leyes para que esos hechos no vuelvan a ocurrir, junto a una participación activa en el ámbito político de las víctimas; y una condición anterior, el poder del victimario debe ser mermado. En tercer lugar emerge el perdón reconciliador, las comunidades políticas necesitan de la confianza mutua entre las personas que hacen parte de estas comunidades para poder funcionar. Los actos de violencia y los crímenes hacen que las personas pierdan la confianza y se disuelvan los lazos que permiten la cohesión social y así el perdón surge como elemento restaurador de estos lazos de confianza, pero necesita que la víctima perdone, que el victimario reconozca su crimen y pida perdón y que la comunidad política reconozca a la víctima. Por último, está el perdón finalizado 6 , donde la amnistía 7 y el indulto ejercen un papel central; aquel que ejerce el Estado sin tener en cuenta a la víctima, ya que la intención de este perdón es restaurar el orden y la armonía social, dejando de lado el sentir de las “víctimas”.

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EL SIGLO Y EL PERDÓN

EL SIGLO Y EL PERDÓN

En el caso a la vez excepcional y ejemplar del derecho de gracia, allí donde lo que excede lo jurídico-político se inscribe, para fundarlo, en el derecho constitucional, hay y no hay ese encuentro o esa confrontación personal, y del cual puede pensarse que es exigido por la esencia misma del perdón. Ahí donde éste debería sólo comprometer singularidades absolutas, no puede manifestarse en cierta forma sin apelar al tercero, a la institución, al carácter de social, a la herencia transgeneracional, al sobreviviente en general; y ante todo a esa instancia universalizante que es el lenguaje. ¿Puede haber ahí, de una o de otra parte, un escenario de perdón sin un lenguaje compartido? No se comparte sólo una lengua nacional o un idioma, sino un acuerdo sobre el sentido de las palabras, sus connotaciones, la retórica, la orientación de una referencia, etc. Ésa es otra forma de la misma aporía: cuando la víctima y el culpable no comparten ningún lenguaje, cuando nada común y universal les permite entenderse, el perdón parece privado de sentido, uno se encuentra precisamente con lo imperdonable absoluto, con esa imposibilidad de perdonar de la que decíamos sin embargo hace un momento que era, paradójicamente, el elemento mismo de cualquier perdón posible. Para perdonar es preciso por un lado que ambas partes se pongan de acuerdo sobre la naturaleza de la falta, saber quién es culpable de qué mal hacia quién, etc. Cosa ya muy improbable. Porque imagínese lo que una “lógica del inconsciente” vendría a perturbar en ese “saber”, y en todos los esquemas en que detenta no obstante una “verdad”. Imaginemos además lo que pasaría cuando la misma perturbación hiciera temblar todo, cuando llegara a repercutir en el “trabajo del duelo”, en la “terapia” de la que hablábamos, y en el derecho y en la política. Porque si un perdón puro no puede -no debe- presentarse como tal, exhibirse por lo tanto en el teatro de la conciencia sin, en el mismo acto, negarse, mentir o reafirmar

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