Sociología de los Intelectuales

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Del primer peronismo al kirchnerismo: intelectuales en el Estado o el estado de los intelectuales

Del primer peronismo al kirchnerismo: intelectuales en el Estado o el estado de los intelectuales

Respecto a los intelectuales, son innumerables los trabajos que pueden mencionarse y las perspectivas para pensarlos. Puede reflexionarse sobre la historia intelectual, la historia de las ideas, la sociología de los intelectuales y otras alternativas que se relacionen con el marco teórico que pueda ser elegido por el investigador. Este trabajo no pretende buscar una síntesis ni una tipología del intelectual del primer peronismo ni del kirchnerismo, pero sí indagar a través de los intelectuales cercanos a los gobiernos de su tiempo —tal vez orgánicos—(4) una comparación entre dos momentos, con 50 años de distancia y entre dos tradiciones, de las cuales una (el kirchnerismo) se reconoce deudora de la otra (el peronismo). Aquí radica también la importancia de retomar y comparar estas dos formaciones, ya que existe una línea de pertenencia política entre ambos procesos.

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2017 libro 25 ac3b1os de sociologc3ada ars 1

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y exigencias a las ciencias sociales, propiciando un incremento de los estudios sobre procesos políticos relacionados tanto con la estabilidad, el equilibrio, el consenso, el mantenimiento del status quo, como con el conflicto, la movilización y la participación, la subversión, la revolución, las reformas. Al terminar los años de 1950, quedando atrás en los Estados Unidos la época de cacería de brujas promovida por el macarthismo, recuperada Europa de la devastación, durante el período de 1960-70 el contexto político que cristaliza no puede sino conllevar nuevas demandas intelectuales para las ciencias sociales. A la confrontación global de índole geopolítica, encarnada en la bipolaridad “Este/Oeste”, entre capitalismo y socialismo como sistemas opuestos, acompañada de la carrera armamentista, se sumaba el impacto de la Revolución Cubana en el llamado Tercer Mundo. También, el encadenamiento de procesos que conmovían tradiciones culturales y estructuras de dominación: en América Latina, la agitación de la izquierda y las guerrillas, la aparición del fascismo en otras condiciones, como Estados autoritarios de seguridad nacional o dictaduras; en Asia y África la profundización de la descolonización, en el sudeste asiático, la guerra de Vietnam, en los Estados Unidos, la contracultura, con el brotar del movimiento negro, hippie, de homosexuales, de latinos, mujeres, reclamando igualdad en los derechos sociales, junto a la canción protesta. La ulterior crisis económica mundial de mediados del decenio de 1970, unido al éxito de movimientos de liberación nacional hacia finales del mismo, como los conducentes a la Revolución Sandinista en Nicaragua y a los procesos de Angola y Etiopía, y luego, en la década de 1980, la democratización en América Latina. Las implicaciones para la sociología política no podían ser mayores. La conocida “ley de hierro de la oligarquía” de Robert Michels fue retomada, como también el clásico estudio de Seymour M. Lipset, Political Man. Las obras de Juan Linz, Salvador Giner, Guillermo O´Donnell sobre la quiebra de las dictaduras, la sociedad de masas, la sociedad corporativa, entre otros autores y temas, fertilizaron el terreno de la sociología política. El pensamiento de Antonio Gramsci recobró vitalidad, en su tratamiento de la hegemonía, el bloque histórico y la sociedad civil. Las investigaciones concretas sobre cuestiones tan disímiles fueron intensas. La teoría enfrentaba el reto de asumirlas en el terreno empírico, en sus marcos específicos de expresión o de encuadrarlas en miradas integradoras.

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El estudio de los intelectuales: una reflexin

El estudio de los intelectuales: una reflexin

Algunos de los defensores del giro postmoderno, como es el caso del propio Bauman, han retrocedido hacia posiciones que recuperan los postulados más clásicos de la Ilustración (Bauman, 1999). El cambio de posición de Bauman no resulta del todo extraño. En la déca- da de los noventa, ciertos autores han desafiado las ideas centrales de la cultura postmo- derna, como la difuminación de las fronteras entre cultura popular y cultura de minorías, para reivindicar de nuevo la diferencia entre ambas esferas y la existencia de actores espe- cíficos que actúan en cada una de ellas. En este sentido, una de las propuestas más ambi- ciosas de los últimos años es la de Randall Collins (1998). En La sociología de las filosofías, Collins parte de la premisa de que los intelectuales se encuentran, hasta cierto punto, al margen de los asuntos mundanos y sus debates entran dentro de una lógica que no puede integrarse en los parámetros de la cultura de consumo masivo. Existe, por tanto, un espa- cio que es propio de los intelectuales y del cual surgen los grandes sistemas filosóficos que han caracterizado a las diferentes civilizaciones del planeta. En este espacio relativamente autónomo, los intelectuales se enfrentan y compiten por situarse en el centro de atención y ser reconocidos por los demás y, de este modo, acumular la mayor cantidad posible de ca- pital cultural y energía emocional.

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Intelectuales y esfera pública.

Intelectuales y esfera pública.

La otra corriente ideológica política, representada por la revista Envido, denominada nacional-popular, ha sido abordada por trabajos como el de Alcira Argumedo (1993) y el de Guillermina Georgieff (2008). Ellas retoman –con un amplio y documentado desarrollo- los principales tópicos: la primacía de lo político, el protagonismo popular, la dependencia como traba al desarrollo, el imperialismo y la oligarquía como enemigos principales y la necesidad de la formación de una conciencia nacional. Otros estudios más breves (Ghilini, 2011; Dip, 2012) se refieren puntualmente al proyecto político editorial de Envido. Esta revista vinculada a las “Cátedras nacionales” de la Carrera de sociología de la UBA, es una expresión de la peronización de las clases medias ligadas al mundo de la cultura. En ese espacio académico se conforma el Bloque Peronista de la Facultad de Filosofía y Letras, en el cual actuaron de manera conjunta estudiantes y profesores como militantes peronistas. Estos constituyeron las “Cátedras nacionales” que funcionaron entre el ‘68 y el ‘72 y que son consideradas como la instancia a través de la cual ingresa el peronismo en el ámbito universitario (Ghilini, 2011: 3- 4; Dip, 2012: 4-5). El abordaje de Dip se concentra en la contienda que daban los miembros de esas cátedras de la

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Presentacin. La sociologa de Jos Medina Echavarra (1903-1977) en el centenario de su nacimiento: teora sociolgica, divulgacin y sociologa del desarrollo

Presentacin. La sociologa de Jos Medina Echavarra (1903-1977) en el centenario de su nacimiento: teora sociolgica, divulgacin y sociologa del desarrollo

supuso una reivindicación de la misma. La aportación de Medina se basa en la denuncia de la inadecuación de las teorías y los métodos de investigación ajenos a una cultura que necesitaba otras formas de investigación y otros planteamientos teóricos que se ajustaran más a su realidad. Se trataba, pues, de poner de manifiesto que las sociologías originadas en otros lugares (y en otras muy diversas circunstancias) tenían un valor interpretativo rela- tivo, puesto que la sociología es una ciencia concreta que sólo sirve para explicar socieda- des (e intervenir en ellas) determinadas en momentos determinados, ya que las socieda- des son históricas, cambiantes y diferentes entre sí, y las construcciones intelectuales que se elaboran para tratar de comprenderlas tendrán, pues, tanto un lugar de aplicación defi- nido como una fecha de caducidad.

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La formación de los intelectuales

La formación de los intelectuales

¿Cuáles son los límites "máximos" que admite el término "intelectual"? ¿Se puede encontrar un criterio unitario para caracterizar igualmente todas las diversas y variadas actividades intelectuales y para distinguir a éstas al mismo tiempo y de modo esencial de las actividades de las otras agrupaciones sociales? El error metódico más difundido, en mi opinión, es el de haber buscado este criterio de distinción en lo intrínseco de las actividades intelectuales y no, en cambio, en el conjunto del sistema de relaciones en que esas actividades se hallan (y por lo tanto en los grupos que las representan) en el complejo general de las relaciones sociales. Y en verdad el obrero o proletario, por ejemplo, no se caracteriza específicamente por el trabajo manual o instrumental, sino por la situación de ese trabajo en determinadas condiciones y en determinadas relaciones sociales (además de la consideración de que no existe trabajo puramente físico y de que la expresión de Taylor de "gorila amaestrado" es una metáfora para indicar un límite en cierta dirección: en cualquier trabajo físico; aunque se trate del más mecánico y degradado, siempre existe un mínimo de calidad técnica, es decir un mínimo de actividad creativa). Ya se ha observado que el empresario, por su misma función, debe tener en cierta medida algunas cualidades de tipo intelectual, si bien su figura social no está caracterizada por esas cualidades sino por las relaciones generales sociales que caracterizan la posición del empresario en la industria.

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Análisis estadístico de los trabajos incluidos en el Volumen 2 de Tesinas . Licenciatura en Sociología (publicación digital)

Análisis estadístico de los trabajos incluidos en el Volumen 2 de Tesinas . Licenciatura en Sociología (publicación digital)

Lucas Alzugaray Departamento de Sociología, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Edu- cación, Universidad Nacional de La Plata (Argentina). lukialzu@hotmail.com Belén Caiero Departamento de Sociología, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Edu- cación, Universidad Nacional de La Plata (Argentina). belecaf@ciudad.com.ar Sebastián Varela Departamento de Sociología, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Edu- cación, Universidad Nacional de La Plata (Argentina). varela.sebastian@gmail.com En este informe se presentan las características generales de la totalidad de los trabajos inales y tesinas 1 (246) aprobados para la obtención del título de

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El particularismo reconsiderado. Orientacin de la accin y contexto institucional

El particularismo reconsiderado. Orientacin de la accin y contexto institucional

La identificación que efectuó la sociología parsoniana entre particularismo y tradicionalismo no ha sido, sin embargo, la única fuente del prejuicio contra el particularismo en la sociología contemporánea. Ha tenido también una gran importancia el hecho de que el particularismo es un fenómeno de naturaleza relacional, cuyo locus está en las relaciones interpersonales, y hasta muy recientemente las ciencias sociales han carecido de una metodología de investi- gación empírica capaz de aferrar la relevancia de los fenómenos sociales de naturaleza relacional. Como es bien sabido, desde los años cuarenta en adelante la investigación sociológica ha estado dominada por una metodología centrada en el análisis estadístico de las relaciones entre dos series de datos obtenidos con la técnica de la encuesta aplicada a muestras representativas: datos relativos a los estados actitudinales de las personas y datos relativos a sus atributos posiciona- les —sexo, edad, nivel de educación, clase social, afiliación étnica, religiosa, etcétera. Esta metodología presuponía una concepción de la estructura social como un sistema de posiciones —de naturaleza material y normativa— ocupa- das por las personas, e ignoraba enteramente los fenómenos de naturaleza rela- cional. Es decir, las relaciones sociales concretas de las personas no tenían cabi- da en este análisis, y eran vistas bien como un epifenómeno de la posición social de las personas, o bien —cuando esta expectativa no se cumplía— como fenó- menos pertenecientes a la esfera del azar, parasitarios de la estructura social y, por lo tanto, carentes de poder para estructurarla. Así las cosas, los sociólogos abandonaron el estudio de los fenómenos relacionales a los antropólogos socia- les, y fueron precisamente éstos los que forjaron los rudimentos de la metodolo- gía del análisis de redes sociales (Barnes, 1972; Wellman y Berkowitz, 1988).

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Intelectuales públicos, intelectuales críticos: la intelectualidad indígena en América Latina

Intelectuales públicos, intelectuales críticos: la intelectualidad indígena en América Latina

La heterogeneidad política de los intelectuales en la que he insistido, derivada de la diversidad social y cultural que representan, impide suscribir esa imagen de figuras excepcionales, privilegiadas y distanciadas del mundo con la que se los representa. El caso de los intelectuales indígenas permite discutir esas y otras asociaciones con bastante claridad por pertenecer a sectores dominados de la sociedad, que por un lado pone de manifiesto la historicidad del campo intelectual y sus jerarquías (la distinción entre dominantes y recién llegados que propone Bourdieu manifiesta aquí su pertinencia), y por el otro, el enorme aporte que implica esta presencia en la medida en que contribuye a su pluralidad y eventual democratización. Es la llegada de los que siempre habían sido representados para instalar en él una representación propia de la historia de sus pueblos, que colisiona con historias nacionales que los han negado: tanto cuando se los dejó fuera de sus fronteras geográficas y simbólicas, tratando muchas veces de exterminarlos, como cuando se les ofreció una integración condicionada a su asimilación cultural. Los intelectuales indígenas elaboran interpretaciones críticas de esa historia y debaten sobre la forma presente de las comunidades nacionales, del lugar que en ella tienen los pueblos con trayectorias y culturas distintas y de la necesidad de reformular sus vínculos. Su trabajo es, por lo tanto, también una contribución invaluable a la esfera pública, más aún en el contexto de efervescencia social que vivimos y que los pueblos indígenas adelantaron con la demanda por el reconocimiento político que han venido sosteniendo desde hace ya casi 30 años.

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Los intelectuales y el feminismo

Los intelectuales y el feminismo

muchos casos tinta necesaria, en otros superflua. Demasiadas reflexio- nes están cargadas de nostalgia de los buenos tiempos, en los que la sociedad escuchaba sumisa a sus hombres brillantes. El declive de los intelectuales, tal y como los habíamos conocido hasta ahora, nos debe remitir de inmediato a la realidad francesa, tan distinta, para poder for- mular una respuesta sensata. En otros países tan sólo se ha producido una vana imitación, un intento fallido de apropiación de la figura del intelectual de referencia, tan querida en el país vecino como denostada en la tradición española.

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VAMONOS PATRIA A CAMINAR

VAMONOS PATRIA A CAMINAR

Estuvo exiliado en el país vecino durante tres años, aunque cruzaba clandestinamente la frontera para impulsar la lucha revolucionaria. En El Salvador desempeñó un incansablñe trabajo de organización entre los intelectuales progresistas, aprovechando el gran éxito literario que obtuvo. Fue un íntimo amigo del también poeta y guerrillero Roque Dalton, que a su muerte escribió una encendida y vibrante semblanza política y literaria de su camarada.

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Palazzo del Te: Espacio de intelectuales

Palazzo del Te: Espacio de intelectuales

Fuera de los límites que marca la muralla de la ciudad de Mantua, un año después de su arribo, Giulio Romano inició la construcción del Palazzo del Té, el espacio preferido de la corte de Federico II, donde se desarrollaban las actividades culturales que el marqués propiciaba con su mecenazgo. Pero Giulio no sólo proyectó el palacio como un lugar para albergar actividades culturales, sino que lo hizo como un gran y único viaje para los intelectuales que allí se reunían. Un viaje hacia uno mismo donde el manejo de los elementos de los órdenes clásicos juega un rol determinante en la definición de los límites del espacio y en la transformación de la mirada del visitante.

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Chomsky – La responsabilidad de los intelectuales

Chomsky – La responsabilidad de los intelectuales

por gente que debe saber lo que dice como “una de las más grandes obras de nuestro tiempo” (Stuart Hughes). En realidad es una de las obras más vacías de nuestro tiempo, como podemos observar si le aplicamos las reglas intelectuales de cualquier disciplina existente, al relacionar varias de sus “conclusiones bien documentadas” con las “investigaciones objetivas” de las que se derivan, o si seguimos su argumentación, cuando ésta está al descubierto. Kahn no propone teorías ni explicaciones ni confrontaciones de hechos susceptibles de ser verificados por sus consecuencias, como sucede en las ciencias a las que Kahn trata de imitar. Éste sugiere, sencillamente, una terminología y provee una fachada de racionalidad. Cuando extrae conclusiones políticas particulares, se limita a afirmaciones ex cathedra (“el nivel de los gastos para la defensa civil debe estar ligeramente por debajo de los cinco mil millones de dólares cada año, para no provocar a los rusos”. ¿Y por qué no cincuenta mil millones o cinco dólares?). Lo que es más, Kahn, está to-[59]talmente conciente de esta vaciedad. En sus momen- tos de mayor lucidez afirma “que no hay razón para creer que los más complicados modelos son más engañosos que los modelos y analogías más simples”. Para los que tienden a un humor macabro, es fácil jugar al “pensamiento estratégico” a lo Kahn, y probar lo que uno quiere. Por ejemplo, una de las suposiciones básicas de Kahn es que:

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Y LA ORGANIZACIÓN DE LA CULTURA

Y LA ORGANIZACIÓN DE LA CULTURA

Los intelectuales de tipo urbano han crecido al mismo tiempo con la industria y están ligados a su destino. Su función puede ser parangonada con la de los oficiales subalternos en el ejército: no tienen ninguna iniciativa autónoma para elaborar planes de construcción; ponen en relación, articulándola, a la masa instrumental con el empresario, elaboran la ejecución inmediata del plan de producción establecido por el estado mayor de la industria y controlan las etapas laborales elementales. En el término medio general los intelectuales urbanos están muy estandarizados; los altos intelectuales urbanos se confunden cada vez más con el estado mayor industrial propiamente dicho. Los intelectuales de tipo rural son en gran parte "tradicionales", es decir, están ligados a la masa social campesina y pequeño-burguesa de la ciudad (especialmente de los centros menores) todavía no formada y puesta en movimiento por el sistema capitalista: este tipo de intelectual pone en contacto a la masa campesina con la administración estatal o local (abogados, notarios, etc.) y por ello tiene una gran función político-social, porque la mediación profesional difícilmente puede ser separada de la mediación política. Además: en el campo, el intelectual (sacerdote, abogado, maestro, notario, médico, etc.) tiene un nivel de vida superior o por lo menos distinto del que tiene el campesino medio, y por eso representa para éste un modelo social en su aspiración a salir de su condición o mejorarla. El campesino piensa siempre que por lo menos un hijo suyo podría llegar a ser intelectual (sacerdote especialmente), es decir: convertirse en un señor, elevando el grado social de la familia y facilitándole la vida económica mediante los contactos que sin duda tendrá con los otros señores. La actitud del campesino hacia el intelectual es doble y parece contradictoria: admira la posición social del intelectual y en general del empleado estatal, pero a veces finge despreciarla, es decir: que su admiración está mezclada instintivamente con elementos de envidia y de odio apasionado. No se comprende absolutamente nada de la vida colectiva de los campesinos y de los gérmenes y fermentos de desarrollo que en ella existen, si no se toma en consideración, si no se estudia en concreto y si no se profundiza esta subordinación efectiva a los intelectuales: cada desarrollo orgánico de las masas campesinas, hasta cierto punto, está ligado a los movimientos de los intelectuales y de ellos depende.

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¿Qué fue de los intelectuales?

¿Qué fue de los intelectuales?

intelectuales escribían los que pensaban sin preocuparse si eso se vendía o no se vendía. Emergía así la opinión pública con un papel orientador por parte de los escritores. Para los casos francés y alemán, salvando las distancias, los nacionalismos de ambos países presentaron al intelectual como un periodista y escritor cosmopolita, un desarraigado (a menudo judío) que representa una modernidad aborrecida, el intelectual es un outsider. En este punto, pensadores como Nietzsche, no son conceptualizados por Traverso como intelectuales debido a su carácter de críticos de la modernidad a partir de un cariz conservador sin ninguna propuesta de conciliación con la modernidad, in- clusive la técnica. Los intelectuales están políticamente ubicados a la izquierda y promueven proyectos de corte progresista. Por otro lado, los pensadores del campo de la derecha rechazaron ser llamados intelectuales. Para ellos, la categoría de intelectual –dado su carácter cosmopolita, propenso a la abstracción y con proyectos utópicos progresistas– encarna la antítesis de la “democracia viril”, el término sólo lo aplicaban a lo judío. Además, Traverso destaca el discurso anti-intelectualista del nazismo, el ejemplo más representativo fue la quema de libros ordenada por Goebbels al frente de la Universidad Humboldt el 1º de mayo de 1933. De este modo, Traverso establece, a groso modo, dos sentidos de intelectual, uno amplio: persona que tiene por trabajo su producción escrita. Otro restringido: persona que vive de lo que escribe, comprometido con la izquierda, con un horizonte progresista social y favorable en la defensa de los derechos humanos. Por ende, teniendo una fuerte carga política en sus orígenes, en el trans-

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Antonio Gramsci: la cultura y los intelectuales

Antonio Gramsci: la cultura y los intelectuales

Para Gramsci es de la máxima importancia subrayar que una parte de la vida social, quizá la más importante, es, precisamente, la vida intelectual. Todos los hombres, en diferente grado, son intelectuales. “Cuando se distingue –nos dice– entre intelectuales y no-intelectuales, en realidad se hace referencia sólo a la inmediata función social de la categoría profesional de los intelectuales, vale decir, se tiene en cuenta la dirección en que gravita el peso mayor de la actividad específica profesional, si en la elaboración intelectual o en el esfuerzo muscular-nervioso. Eso significa que si se puede hablar de intelectuales, no se puede hablar de no-intelectuales, porque no-intelectuales no existen.” Ésa es, acaso, la razón de la enorme importancia, una importancia vital, que los intelectuales tienen para la sociedad: si la actividad de ellos fuese totalmente abstracta, es decir, completamente aislada de la vida social y si ésta no tuviera como parte inherente un enorme componente intelectual, los intelectuales no tendrían razón de existir. Pero sucede que la sociedad los necesita, por una parte, para que cultiven su lado intelectual y lo engrandezcan y, por otra, para que la ayuden a organizar esa parte importante de su ser.

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