PDF superior Adolfo Sánchez Vázquez y el otro marxismo

Adolfo Sánchez Vázquez y el otro marxismo

Adolfo Sánchez Vázquez y el otro marxismo

¿por qué era tan importante entonces tener una prueba de que ese otro marxismo existía y podía desplegar y enriquecer su capacidad explicativa de la vida social e histórica? esos jóvenes intelectuales tenían la ilusión de que el renacimiento de la revolución iniciado por el levantamiento cubano que triunfó en 1959 podía profundizarse en el sentido de un socialismo libertario y alcanzar dimensiones planetarias, que esta vez sí podía realizar lo que el primer intento de la misma, treinta o cuarenta años atrás, no había podido llevar a cabo: el ideal de construir una sociedad justa y libre.
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Adolfo Sánchez Vázquez y el marxismo francfortiano

Adolfo Sánchez Vázquez y el marxismo francfortiano

Pero otorgar a la praxis en la teoría un punto tan central como lo hacen Adolfo Sánchez Vázquez y Alfred Schmidt en sus respectivas indagaciones filo- sóficas, pone radicalmente en duda estas concepciones objetivistas de política e historia. En el concepto de praxis, fundamental para la teoría marxista, está contenido un factor de rebeldía contra todos aquellos que, desde el escritorio, desde la central del Partido o desde la patria del proletariado quieren dirigir las actividades de los rebeldes de todos los países. Puesto que el concepto de praxis ya contiene en sí la mediación de teoría y actividad y, hablando más en general, de sujeto y objeto, y puesto que la separación tajante de ambas (contenida en la concepción de conducir a las masas a través del Partido) lleva a un completo absurdo con base en reflexiones teóricas, este concepto se resiste al autoritarismo tanto de reformistas como de ortodoxos. Puesto que ambas corrientes, frente a la espontánea rebeldía de las masas, gustan de presentar el argumento de que éstas carecen de conocimientos teóricos y de preparación, a fin de volver a acaudillarlas, la filosofía de la praxis, que en un terreno altamente teórico alega a favor de la praxis, es un aguijón no tan fácil de sacar. Se enfrenta a los cuadros (que pretenden ser superiores a las masas en lo teórico) en su terreno reivindicado como propio. Pero esto no es, en modo alguno, tomar partido sin más ni más por la actuación espon- tánea no reflexionada, por el practicismo y contra la teoría. Tanto a Adolfo Sánchez Vázquez como a Alfred Schmidt, les interesa más bien demostrar en sus interpretaciones de Marx que el teoricismo (y la terca obstinación en la propia preparación teórica frente a aquellos que no la tienen formalmente) no está necesariamente más próximo al conocimiento teórico que la praxis en el pleno sentido de la palabra. 19 Así, debe entenderse que Schmidt, al igual que
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El significado de la praxis en la obra de Adolfo Sánchez Vázquez

El significado de la praxis en la obra de Adolfo Sánchez Vázquez

En esos planteamientos, recogidos en numerosas obras de divulgación del marxismo, la praxis suele reducirse a una ca- tegoría gnoseológica como contrapolo de la teoría. Pues bien, contra esas propuestas del naturalismo dogmático, hay que insistir en que la obra de Marx no alienta de ningún modo las pretensiones de la metafísica. Para entenderlo es preciso dete- nerse en el análisis de la praxis social, que es a nuestro entender la principal categoría teórica del marxismo y la que le brinda su más alto sentido crítico, como señala Sánchez Vázquez siguiendo la estela de Gramsci. Pero eso significa, como veremos, que contra aquella perspectiva naturalista, que hace del materia- lismo una especie de dogmatismo metafísico, hay que decir que lo decisivo del materialismo de Marx es que coloca en el centro a la sociedad. Solo que lo hace al modo que lúcidamen- te comprende Sánchez Vázquez, indicando que es la praxis social, la sociedad como totalidad dinámica de las actividades humanas, lo que explica la mediación de todas esas dimensio- nes humanas y funda el proceso social.
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Adolfo Sánchez Vázquez y los Manuscritos de 1844

Adolfo Sánchez Vázquez y los Manuscritos de 1844

En efecto, pienso que la solución al problema que nos ocupa sigue un curso paradójico que paso inmediatamente a formular. Si Adolfo Sánchez Vázquez tiene razón en la aserción particular en la que cri- tica al joven Marx por intentar fundar la propiedad privada en el tra- bajo enajenado, entonces la interpretación general del marxismo que elabora este filósofo precisamente como filosofía de la praxis no se sostendría frente al "Marx maduro", descrito por Sánchez Váz- quez como priorizador de las relaciones de producción frente al trabajo. En efecto, en tales condiciones, la del Marx maduro sería más bien una "filosofía de las relaciones de producción", no una filo- sofía de la praxis. Mientras que la intenciónglobal de Adolfo Sánchez Vázquez busca fundar la explicación de toda situación humana —in- cluidas las relaciones de producción— a partir de la praxis, un poco
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Adolfo Sánchez Vázquez galardonado por la UNAM

Adolfo Sánchez Vázquez galardonado por la UNAM

Creo que no ha sido bien entendido, en primer lugar, por algunos marxistas o llamados marxistas. Hay una frase famosa de Marx; al ver cómo algunos de sus discípulos interpretaban su pensamiento, dijo: "Yo sólo sé que no soy marxista". Marx fue así el primero que salió al paso de esa tergiversación de su pensamiento. Creo que la orientación dogmática esquemática ha contribuido mucho a defor- mar el pensamiento de Marx, porque el dogmatismo siempre es el enemigo principal de toda investigación seria, objetiva, científica. Al proclamarse una verdad, una tesis como absoluta y no ser confron- tada con otras posiciones dentro y fuera del marxismo, se estanca el pensamiento y se esteriliza la investigación.
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Adolfo Sánchez Vázquez: vida y obra

Adolfo Sánchez Vázquez: vida y obra

una implacable selección del alumnado. A la Facultad sólo se podía ingresar después de pasar por las horcas caudinas de un tribunal pre- sidido por el hombre de hierro y de confianza de Ortega, don José Gaos [...] En la Facultad se daban cursos excelentes y entre ellos recuerdo todavía con la mayor satisfacción los de José F. Mon- tesinos sobre la juglaría medieval, la novela picaresca y la poesía de san Juan de la Cruz. Recuerdo también las menos excelentes de his- toria del arte de don Andrés Ovejero, que compensaba sus limita- ciones docentes con nuestras visitas periódicas a Toledo. Y entre los buenos cursos se contaban los herméticos de Zubiri y, por supuesto, los de Ortega. [...] Las brillantes clases de Ortega —multitudinarias en contraste con su vocación elitista— constituían un verdadero acon- tecimiento no sólo académico, sino `social'. En ellos se congregaba la `crema intelectual' de la capital, pero al mismo tiempo no era extra- ño encontrarse entre un torero famoso y alguna conocida marquesa. Los estudiantes de la Facultad, entre los que se contaban también `niñas bien' de Madrid, parecían vivir en el mejor de los mundos, más allá del bien y del mal, al margen del aire candente que se respiraba en la calle. [...] Yo estudiaba con ahínco los cursos que había escogi- do, pero aunque satisfecho académicamente por el buen nivel en que se daban, me sentía extraño ideológicamente pues nada encon- traba en ellos que remotamente se pareciera al marxismo. Incluso el curso de Lógica del socialista Besteiro, a la sazón presidente de las Cortes, era lo más ajeno a él. Mi marxismo seguía siendo, por tanto, el de un autodidacta y se desarrollaba casi exclusivamente, fuera de la Universidad, en un plano político militante ".12
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Adolfo Sánchez Vázquez: de este tiempo, de este país

Adolfo Sánchez Vázquez: de este tiempo, de este país

Llegué en julio de 1939, en un barco, con Pedro Garfias y Juan Re- jano; íbamos en el mismo rincón de la bodega. Cuando llegué a México no era absolutamente nada, pues al empezar la guerra toda- vía estaba estudiando. Como profesores había tenido a los que en aquella época se consideraban las "luminarias", Ortega, Zubiri, Gaos, García Morente, Besteiro... por cierto que Besteiro me produjo la mayor sorpresa de mi vida. Besteiro era presidente de las Cortes, una figura intelectual, un filósofo marxista; llegar a su clase era un ver- dadero acontecimiento... Sin embargo, Besteiro era un neokantiano. No vi en él el menor ápice de marxismo.
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Adolfo Sánchez Vázquez. Exilio y literatura

Adolfo Sánchez Vázquez. Exilio y literatura

“En mi opinión [continúa Muguerza] el marxismo de Adolfo Sánchez Vázquez ha sido siempre bastante más epimeteico que prometeico. Y eso permite desvelar la entrañas ética de su ‘filosofía de la praxis’, haciendo de ella una auténtica filosofía de la praxis y no, o no sólo de la poiesis. Pues esa forma de praxis que es la acción moral, a diferencia en esto de la acción productiva, nunca se mide por el éxito y no tiene tampoco, en consecuencia, por qué arredrarse ante el fracaso, aunque obviamente esté obligada a tomar nota de los fracasos y a evitar que los errores que los originaron se repitan”. (“A modo de introducción. Adolfo Sánchez Vázquez: filósofo español en México, filósofo mexicano en España”, en Sánchez Vázquez, Filosofía y circunstancia. Anthropos-unam, España, 1998, pp. 20-21.)
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De desterrado a transterrado: el exilio en Adolfo Sánchez Vázquez

De desterrado a transterrado: el exilio en Adolfo Sánchez Vázquez

También en primer lugar, por su coherencia intelectual y existencial. Sánchez Vázquez no ha renegado del marxismo a raíz de la desaparición de la Unión Soviética, que a tantos dejó huérfanos de seguridades, cuanti- más que ya desde hacía años había detectado las terribles contradicciones, la realidad del marxismo realmente existente en la Unión Soviética, y de- nunciado su condición represiva, creadora no de paraísos proletarios sino de Gulags. La liquidación del imperio soviético le ha servido a Sán- chez Vázquez, entre otras reflexiones, para destacar el papel ético y liber- tario, e incluso moral, que el socialismo contiene como propuesta y promesa para un mundo que continúa caracterizado por desigualdades y opresiones.
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Adolfo Sánchez Vázquez: convicción y praxis

Adolfo Sánchez Vázquez: convicción y praxis

Y mi balance es éste: muchas verdades se han venido a tierra, ciertos objetivos no han resistido el contraste con la realidad y algunas esperanzas se han desvanecido. Y, sin embargo, hoy estoy más convencido que nunca de que el socialismo —vinculado con esas verdades y con esos objetivos y esperanzas— sigue siendo una alternativa deseable y posible. Sigo convencido asimismo de que el marxismo —no obstante lo que en él haya de criticarse o aban- donarse— sigue siendo la teoría más fecunda para quienes están convencidos de la necesidad de transformar el mundo en el que se genera hoy como ayer la explotación de los hombres y los pueblos sino también un riesgo mortal para su supervivencia de la humani- dad. Y aunque el camino para transformar ese mundo presente hoy retrocesos, obstáculos y sufrimientos que, en nuestros años juveniles, no sospechábamos, nuestra meta sigue siendo ese otro mundo que, desde nuestra juventud, hemos anhelado. 18
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Adolfo Sánchez Vázquez, un marxista español en México

Adolfo Sánchez Vázquez, un marxista español en México

Viviendo en México se produce una cierta incomunicación que hace que uno desconozca aspectos importantes de lo que se escribe y publi- ca aquí. Ahora bien, teniendo en cuenta lo que han significado cua- renta años de dictadura franquista, la aportación marxista que se ha producido creo que es importante. Podríamos citar los trabajos de Manuel Sacristán: es una lástima que no se hallen sistematizados y no se vean beneficiados por una mayor difusión. Me parece que sus estudios son importantes porque dirige su atención sobre un cam- po del que los marxistas en general se han olvidado, que es el campo de la lógica, de la epistemología, de la filosofía de la ciencia. Jacobo Muñoz, Domenech, Ballesteros, Valeriano Bozal, Gustavo Bueno, todos ellos han efectuado aportaciones dignas de ser tenidas en cuenta. Pero aparte de todo esto, lo relevante es que el marxismo que tiene cierto peso en España en la actualidad no tiene nada que ver con ese marxismo dogmático, cerrado, que nos venía sobre todo desde la Unión Soviética. En ese sentido, asistimos en España a una recu- peración de lo que el marxismo representa después de las deforma- ciones que sufrió a lo largo de tantos años.
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Homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez en su 90 aniversario

Homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez en su 90 aniversario

Lo paradójico es que por los años cincuentas el marxismo apenas figuraba en la Facultad de Filosofía y Letras en las cátedras de Wenceslao Roces y de Eli de Gortari. Los grandes profesores de la Facultad, en su mayoría también exiliados, como Joaquín Xirau, José Gaos, Eduardo Nicol, Gallegos, Rocafull y Juan García Baca, enseñaban sobre todo fenomenología alemana y existencialismo. Los compañeros más bri- llantes desarrollaron desde estas perspectivas estudios filosóficos sobre el mexicano, sobre todo Luis Villoro, Emilio Uranga, Ricardo Guerra, Leopoldo Zea y Jorge Portilla, que conformaron el famoso grupo Hy- perión. Hegel también ocupaba un lugar central en los seminarios de Gaos, donde Sánchez Vázquez fue compañero también de Alejandro Rossi y Fernando Salmerón. Ante este panorama filosófico ajeno a su interés fundamental en el marxismo, Sánchez Vázquez tuvo que ser en buena medida autodidacta, pero de ninguna manera desaprovechó
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Adolfo Sánchez Vázquez y el humanismo iberoamericano

Adolfo Sánchez Vázquez y el humanismo iberoamericano

marxismo, y por ello decide realizar estudios de posgrado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Lo para- dójico es que por los años cincuentas el marxismo apenas figuraba en esta Facultad en las cátedras de Wenceslao Roces y de Eli de Gortari. Los principales profesores, en su mayoría también exiliados, como Joaquín Xirau, José Gaos, Eduardo Nicol, José M. Gallegos Rocafull, Juan David García Bacca, enseñaban sobre todo fenomenología alemana, existencialismo y filosofía en México. Sus compañeros más brillantes como Luis Villoro, Ricardo Guerra y Leopoldo Zea desarrollaron desde estas perspectivas estudios filosóficos sobre el mexicano, integrando las enseñanzas de los maestros del exilio con las de Samuel Ramos. Ante este panorama filosófico ajeno a su interés fundamental en el marxismo, Sánchez Vázquez tuvo que ser en buena medida autodidacta, pero de ninguna manera desaprovechó sus estudios formales de filosofía en la Facultad, pues las perspectivas filosóficas predominantes le permitieron tener una visión crítica y renovada del marxismo, especialmente, del marxismo soviético. Sánchez Vázquez nos narra esta situación contradictoria de carencia y plenitud que vivió durante sus estudios de filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México:
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Una conversación con Adolfo Sánchez Vázquez

Una conversación con Adolfo Sánchez Vázquez

Ciertamente, fue la concepción del marxismo como filosofía de la praxis, cuyos orígenes rastreé en el joven Marx, particularmente en el de los Manuscri- tos de 1844 y que asumí abiertamente en mi tesis doctoral, lo que me llevó a enfrentarme tanto al dia-mat soviético en los años sesentas, como a la nueva versión científica y positivista del marxismo de Althusser, a la crítica del cual dediqué en los años setentas una obra entera. El ontologismo universal del dia- mat constituiría una ideologización del marxismo que acabó por desnaturali- zarlo, al convertirlo en la justificación de una práctica política acorde con los intereses del partido y del Estado en la ex Unión Soviética. Con la reivindicación de la praxis como eje categorial frente a su metafísica materialista y a la proyec- ción determinista y teleológica de ésta, tanto en su concepción de la sociedad como en su filosofía de la historia, se reivindicaba a su vez, la vocación práctica del marxismo, rotundamente afirmada por Marx: “de lo que se trata es de transformar el mundo”. Con este enfoque praxeológico me enfrenté asimismo a la versión cientifista y estructuralista del marxismo que disfrutaba de cierto auge en nuestros medios académicos. Aunque el empeño de Althusser de resca- tar el lado científico del marxismo no dejaba de ser saludable, acabó por enviar al limbo de la ideología todo el contenido humanista de su proyecto de emanci- pación. Por otro lado, su teoricismo —del que nunca logró zafarse— desvinculaba la teoría como praxis autosuficiente de la praxis real, política. En suma, la concepción de la praxis que adopté —como actividad teórico-práctica, subjetiva y objetiva a la vez—, permitía restablecer los aspectos medulares del marxismo —como proyecto de emancipación, crítica, conocimiento y vocación prác- tica— que el dia-mat soviético, con su ideologización, desnaturalizaba. Por otra parte, permitía mantener, en su unidad teórico-práctica, lo que el marxismo de Althusser, con su teoricismo y cientifismo, desvinculaba. En pocas palabras, se podía entender el marxismo como creemos que lo entendía Marx: como inter- pretación e intervención teórica en la transformación efectiva del mundo.
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Respuesta a Adolfo Sánchez Vázquez

Respuesta a Adolfo Sánchez Vázquez

Yo no digo que la raíz de la postura política de Adolfo Sánchez Vázquez respecto de la URSS, cuando él asumía que era socialista, que la raíz —lo estoy citando a él— fuera la idea que él tenía del joven Marx, en particular de los Manuscritos de 1844. Yo digo algo hasta cierto punto inverso. Digo que hay unas motivaciones políticas, prácticas, concretas que llevaron a Sánchez Vázquez a defender y a tomar a la URSS como si fuera socialista. Y de hecho no sólo a Sánchez Vázquez, sino a mucha gente, a toda la izquierda (a múltiples teóricos y también a dirigentes políticos, a militantes, etcétera) y durante décadas. Yo creo que la mayor parte del público aquí presente en algún momento tuvo o tuvimos una idea similar que fue cambiando con los años. Algunas gentes llegaron a cambiar a tal extremo que, incluso, rene- garon del socialismo y del marxismo, pues no solamente pensaron que esos países no eran socialistas sino que tampoco tenía sentido la lucha por el socialismo.
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Testimonios

Testimonios

Pero, en fm, no sé si ajuicio de los organizadores de este acto me estoy extendiendo demasiado en aquel punto. Después de todo, y si no he entendido mal, éste es un homenaje que se rinde a un ilustre filósofo marxista y en el que los filósofos que intervienen en él tendrían que hablar de su filosofía. O, por lo menos, así se suponía. El problema, no obstante, es que mis compañeros de esta Mesa son también, aun cuando cada uno a su manera, más o menos conspicuamente marxistas, lo que no necesito decir que no es mi caso. Y de ahí que mi intervención haya de proceder desde el margen, aunque, por descontado, sin merma del afecto. Pues bien, si desde el margen se me deja decir qué es lo que yo valoro más de la manera de entender el marxismo de Adolfo Sánchez Vázquez, señalaría ante todo un par de aspectos. Por una parte, me atrajo siempre de él el espíritu autocrítico y el antidogmatismo de que acostumbraba a hacer gala en su aproximación a la ética, la estética o la filosofía de la praxis. Por otra parte, me atrajo asimismo, y me sigue atrayendo, la obstinación con que, bien que de forma antidogmática y autocrítica, ha sido y continúa hoy siendo fiel a sus convicciones marxistas. Pero a lo que ya no me atrevería tanto es a ejemplificar qué es lo que entiendo yo, a mi vez, por convicciones marxistas, por mar- xismo autocrítico o por dogmas en el marxismo. No me atrevería por- que ésas son, como se sabe, cuestiones disputadas dentro de la fami- lia, y la primera obligación de un huésped educado es abstenerse de terciar en este género de disputas familiares. De ahí que prefiera mantenerme en el estricto terreno personal y abordar el asunto des- de otra perspectiva.
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Adolfo Sánchez Vázquez Reloaded

Adolfo Sánchez Vázquez Reloaded

Carlos  Oliva  Mendoza     La  obra  de  Sánchez  Vázquez,  como  se  sabe,  es  más  que  relevante  en  la  revisión  crítica   del   marxismo   y   esto,   lamentablemente,   es   sólo   reconocido   en   el   mundo   del   pensamiento  en  español;  se  sabe,  también,  que  su  trabajo  en  el  área  de  la  estética  no   sólo  es  seminal  y  pionero  en  muchos  aspectos,  sino  de  una  vigencia  poco  reconocida   en   la   actualidad.   El   filósofo   marxista   exiliado   en   México   a   causa   del   franquismo   español  puede  ser  un  excelente  índice  para  conocer  el  estado  de  la  estética  en  el  siglo   XX.   Sus   debates   no   sólo   se   centraron   en   las   tradiciones   marxistas,   materialistas   y   formalistas   de   la   estética,   sino   que   debatió   puntualmente   con   las   estéticas   de   corte   idealista,  las  estéticas  analíticas  y,  en  los  últimos  años  de  su  vida,  con  las  estéticas  de   la  recepción.  Nunca  abandonó,  además,  los  estudios  de  caso  sobre  poéticas  específicas,   en   especial,   las   concernientes   a   las   artes   pláticas   y   la   literatura.   Bajo   la   idea   de   la   filosofía  de  la  praxis,  en  la  que  una  relación  vital  entre  la  práctica  y  el  ejercicio  de  la   teoría  determina  la  viabilidad  y  demarcada  la  objetividad  de  nuestros  juicios,  siempre   se   preguntó   por   las   condiciones   de   existencia   y   recepción   del   arte,   así   como   las   condiciones   de   socialización   del   fenómeno   estético   en   lo   que   consideró   el   hostil   mundo  del  capitalismo.  
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Adolfo Sánchez Vázquez: los trabajos y los días (semblanzas y entrevistas) (Publicación completa)

Adolfo Sánchez Vázquez: los trabajos y los días (semblanzas y entrevistas) (Publicación completa)

En principio, muy favorablemente. Cualquiera que sea el juicio que pueda merecernos el contenido de ella, es muy saludable. Y, en nues- tro caso, es muy positivo que a la polémica entre dos marxistas se in- corpore un tercero ampliando así el terreno de la discusión. Esto, que era inconcebible hace algunos años y que todavía encuentra resis- tencia en quienes conciben el marxismo como un sistema monolítico que puede encerrarse en un manual, enlaza con una tradición mar- xista que el stalinismo enterró brutalmente. Al enlazar con ella, se reaviva un marxismo originario que convirtió en su principio rector la "crítica de todo lo existente", como dijo Marx. De acuerdo con ese principio, hay que someter también a crítica la teoría y la práctica del socialismo y, por supuesto, lo que hoy existe a la sombra del marxismo como "socialismo real". El libro de González se mueve en esta dirección. Su crítica, llevada a cabo sin concesiones, es a su vez una crítica seria, sin condenas ni tergiversaciones, aunque no falta tampoco la excepción que confirme la regla. Esta polémica a fondo entre marxistas contribuye por otro lado a poner en su verdadero lugar a los que predican, haciéndose eco de la "nueva" de Occiden- te, que el marxismo ha muerto. El libro de González Rojo prueba que está vivo en nuestro medio. Y no sólo esto; creo que quedará como un hito importante en la historia del pensamiento marxista —y en particular de su filosofía— en México. Ya no estamos ante la polémica simplista en pro y en contra de un marxismo elemental que provocó aquí tanto ruido hace ya unas décadas. Por otro lado, dada la influencia que el althusserismo ha tenido y tiene —aunque ahora en descenso— en América Latina, la importancia del libro de González Rojo rebasa los límites nacionales.
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Adolfo Sánchez Vázquez

Adolfo Sánchez Vázquez

En su obra Filosofía de la praxis (1967), que fue originalmente su te- sis doctoral, rastrea filológicamente el concepto "praxis" en la filosofía y propone sus diversas dimensiones. Más tarde, en su ensayo "La fi- losofía de la praxis como nueva práctica de la filosofía", incluido en Ensayos marxistas sobre filosofía e ideología (1983), concluye que: "El marxismo representa una innovación radical en la filosofía. Su nove- dad estriba en ser una nueva práctica de la filosofía pero lo es justa- mente por ser una filosofía de la práctica". Para Adolfo Sánchez Váz- quez la filosofía marxista es una filosofía de la praxis, inseparable de sus funciones ideológica, crítica, política, gnoseológica y autocrítica.
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Biografía intelectual

Biografía intelectual

Esta doble consideración acerca de la praxis artística conduce a un distanciamiento de las convenciones del sociologismo y del llamado "realismo socialista". El arte, para Adolfo Sánchez Vázquez, no es re- flejo de otra realidad, sino que la realidad artística tiene su propia y originaria dimensión, sostiene en una palabra el principio de auto- nomía de aquélla frente a los prejuicios imperante en buena parte de la tradición marxista. Tanto su obra Las ideas estéticas de Marx, como la antología sobre Estética y marxismo son un duro golpe para los que identificaban la estética marxista con las tesis del realismo so- cialista y con la concepción sociologista. Por el contrario, Sánchez Vázquez descubre a través de una rigurosa apelación a las fuentes de la tradición marxiana una profunda y originaria dimensión del ar- te en tanto que actividad práctico-creadora del hombre. La actitud de Adolfo Sánchez Vázquez ha permitido una comprensión del arte contemporáneo, desde el marxismo, lúcida y abierta. No es necesa- rio, por tanto, disfrazar de realismo aquello que se cree que se consi- dera creación artística, pues represente o no la realidad exterior el arte es, ante todo, expresión de la abundantia de la praxis como ha escrito, a propósito de nuestro autor, Rubert de Ventós. El arte con- temporáneo es algo más que ideología de la sociedad burguesa, a la que sobrevivirá como el arte griego sobrevive hoy a la ideología esclavista de su tiempo. Y muy especialmente, al referirse al valor de la creación artística no figurativa, Adolfo Sánchez Vázquez ha lleva- do adelante, frente a toda atadura ideologista o sociologista, no tanto una justificación de aquella forma de realización artística como una reclamación de derechos negados a la fuerza en una determina- da tradición ideológica. La significación de un cuadro abstracto estaba no en su poder de representar sino de evocar, "no en su hacer ver, sino en su hacer vivir o sentir un mundo".
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