PDF superior Democracia sin política ¿Por qué la democracia puede perjudicar seriamente a la democracia?

Democracia sin política ¿Por qué la democracia puede perjudicar seriamente a la democracia?

Democracia sin política ¿Por qué la democracia puede perjudicar seriamente a la democracia?

tipo de política sanitaria debe hacerse. La política cuya presencia echo en falta es la que comienza cuando se terminan las buenas razones de la sociedad, donde se acaba la tarea del soberano negativo y comienza la responsabilidad del soberano positivo. Al hecho de que las demandas sociales estén desarticuladas se añade la circunstancia de que tales rei- vindicaciones son plurales, lógicamente, y en ocasiones incompatibles o contradictorias: unos quieren más impuestos y otros menos, unos software libres y otros protección de la intimidad y la propiedad, a unos les preocupa que haya menos libertades y a otros que haya demasiados emigrantes… Sin una valoración política es difícil saber cuándo se trata del bloqueo de reformas necesarias o de una protesta frente al abuso de los representantes. La protesta contra ciertas infraestructuras puede estar motivada por razones ecológicas, pero también por otras menos confesables como el célebre “Not In My Back Yard” (no en mi patio trasero) o por sentimientos xenófobos si lo que se va a construir es una mezquita. En cualquier caso, a quienes tienden a celebrar la espontaneidad social conviene recordar- les que la sociedad no es el reino de las buenas intenciones. La legitimidad de la sociedad para criticar a sus representantes no quiere decir que quienes critican o protestan tengan necesariamente razón. El estatus de indignado, crítico o víctima no le convierte a uno en políticamente infalible. Existe, además, otro fenómeno de resistencia social antipolítica que merecería una especial atención. Me refiero al hecho de que alrededor o en los extre- mos de los partidos se han configurado “tea parties” que se erigen como protectores de los valores, representantes de las víctimas, portavoces de la multitud o de alguna revolución pendiente. Desde estas trincheras apolíticas parecen dominarse las cosas con una clari- dad de la que no disponen quienes tratan habitualmente con el principio de realidad. La ira de esos grupos no se dirige tanto a los adversarios como a los propios cuando amagan con rebajar el nivel de lo políticamente innegociable. Extienden una mentalidad antipolítica porque no han entendido que la política comporta siempre ciertos compro- misos y concesiones. Los sectores duros de los partidos marcan el paso de una manera que probablemente no les corresponde con criterios de representatividad o sin disponer de la correspondiente autorización democrática y que dificultan ciertas reformas para las que se requiere el acuerdo político con los adversarios.
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Sobre la "democracia por venir" como propuesta política

Sobre la "democracia por venir" como propuesta política

nombre de la democracia jamás se adecuará a una materialización suya en el campo político, ya que toda democracia efectiva debe plantear un cierre de una identidad, y con ello la exclusión de un otro que ya no formaría parte del demos, contradiciendo ese nombre sagrado. Dicho en otras palabras, a la hora de pensar en la política, es necesario pensar en un sujeto de la misma. Este sujeto, aunque asediado por el espectro del otro, siempre será finito, traicionando la infinitud propia de la hospitalidad incondicional. Por lo tanto, la democracia por venir es aquella que escapa al horizonte presente, al saber que posibilitaría anticiparla, al programa a seguir garante de su efectivización. Así comparte con el hoy y el acontecimiento su carácter irreductible al saber y el cálculo. Es por ello que se hace enigmático, difícil y arduo hablar sobre la democracia por venir, pero quizá sea éste el único desafío posible.
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La apatía política en democracia.

La apatía política en democracia.

16 En este sentido, parece que desde hace algunos años las democracias han empezado una vez más un proceso de cambio. El paradigma que había instaurado la ya descrita teoría elitista, que analizaba la realidad política como una separación entre las masas irracionales y apáticas y las élites informadas e interesadas, está poco a poco cediendo lugar a intentos que pretenden formar espacios deliberativos, es decir, “espacio[s] para la interacción cara a cara en [los cuales] los individuos se acoplen efectivamente en la discusión sobre los fundamentos morales de la política” (Avritzer, 2002: 39). Hay ejemplos de ello en la mayoría de países de nuestro continente, empezando por el Presupuesto Participativo de Porto Alegre, quizá la experiencia más exitosa de democracia deliberativa en Latinoamérica, y siguiendo con experimentos diversos tales como los consejos asesores presidenciales (CAP) del gobierno de Michelle Bachelet, en Chile, y los consejos comunales en Venezuela, con resultados irregulares.
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El concepto de democracia en A. de TOCQUEVILLE(una lectura filosófico-política de "La Democracia en América")

El concepto de democracia en A. de TOCQUEVILLE(una lectura filosófico-política de "La Democracia en América")

“Imaginad al campesino francés del siglo dieciocho, o mejor al que conocéis, pues es siempre el mismo: ha cambiado su condición pero no su forma de ser. Consideradle tal como lo pintan los documentos anteriormente citados, tan apasionadamente enamorado de la tierra que consagra todos sus ahorros a comprarla y la compra a cualquier precio. Para adquirirla, tiene que empezar por pagar un derecho, no al gobierno, sino a otros propietarios de la vecindad, tan extraños como él a la administración de los asuntos públicos, y casi tan impotentes. La posee al fin, y entierra en ella su corazón con su simiente. Aquél pequeño rincón de tierra que le pertenece en propiedad en medio del vasto universo le llena de orgullo y de independencia. Sin embargo, vienen los mismos vecinos a arrancarle de su campo y a obligarle a trabajar en otra parte y sin salario. Quiere defender sus cultivos contra los estragos de la caza reservada a sus señores, y se lo impiden. Esos mismos señores le esperan al otro lado del río para exigirle un derecho de peaje. Los encuentra nuevamente en el mercado donde le venden el derecho a vender sus propios productos, y cuando de vuelta al hogar quiere emplear para su uso el resto del trigo - de aquél trigo que ha crecido ante sus ojos y gracias al trabajo de sus manos- no puede hacerlo sino después de haberlo mandado a moler en el molino y a cocer en el horno de esos mismos hombres.(…) Haga lo que haga, por todas partes encuentra a esos vecinos incómodos que perturban su alegría, dificultan su trabajo, comen sus productos, y cuando se ve libre de ellos, se presentan otros, vestidos de negro que se llevan lo más granado de su cosecha. Imaginaos la condición, las necesidades, el carácter, las pasiones de este hombre, y calculad, si es posible, todo el odio y la envidia que se habrán acumulado en su corazón” 55 .
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2. El segundo modelo es del relativismo, concebido como una reacción a este ideal totalizador y que quiere perfilarse como una faz superadora y post-moderna de la democracia liberal, pero no sigue un principio rector. Este modelo no solo descree de la faceta individualista de la democracia liberal, sino de todo el sistema democrático en su conjunto. Si bien estos dos modelos son culturales, tienen relevancia en el ámbito práctico de la política de los estados, porque alrededor de ellos se configuran todas las decisiones y actividades que las naciones realizan en el ámbito de la política internacional. Muchos estados de la comunidad internacional nunca aceptaron la democracia liberal en su faceta individualista, debido a la prác- tica de la democracia imperativa. Incluso Occidente mismo empe- zó a criticarla contraponiéndole un nuevo modelo: el relativismo. Entonces, se puede llegar a una primera conclusión parcial: la democracia actual, entendida como la faceta individualista de la democracia liberal que se quiere imponer al resto del mundo, no es un valor universal absoluto para la comunidad internacio- nal, como sí lo es la paz, por ejemplo.
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Estrategia de simulación e intervención activa para la adquisición de valores democráticos a través del aula

Estrategia de simulación e intervención activa para la adquisición de valores democráticos a través del aula

Esta estrategia fue aplicada durante mi período de prácticas, abarca el tema de la democracia, así como los valores democráticos. A través de una serie de clases prácticas de simulación busco que el alumnado reconozca y se familiarice con algunas de las instituciones democráticas presentes en nuestra sociedad, así como para incentivar al alumnado a que sean futuros ciudadanos y ciudadanas activos y activas en nuestra sociedad. Además con esta estrategia de enseñanza-aprendizaje e intervención activa se busca y se pretende transmitir los valores democráticos; la igualdad entre las personas, la libertad, la justicia, la participación ciudadana… son los valores que pretendo transmitir al alumnado, para que los desarrollen y lo apliquen a su vida cotidiana. Puesto que la democracia es la forma en la que se organiza la política de un determinado territorio. Sin embargo, la democracia va más allá y se expande a todos los escenarios de la sociedad, como el colegio, la universidad o una asociación de vecinos… Al mismo tiempo la Democracia es una forma de convivir, una forma de relacionarse con los demás.
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3. El mismo Estado venezolano puede convertirse en un Estado autoritario. Formal- mente, aún se puede decir que Venezuela es una democracia liberal porque hay elecciones, cierta participación de grupos opositores –aunque se ha reducido desde la elección de Maduro como presidente–, legislaciones y división tripartita del poder –a pesar de que estos están controlados por el chavismo– pero, por la ambigüedad misma del concepto de “democracia”, no se puede admitir que estas son las únicas formas en las que se manifiesta. Por ello se dice que el Estado puede convertirse en uno de corte autoritario: en su afán de extender la “revolución bolivariana”, quizá, las autoridades pueden ir más allá de las limitaciones a la libertad de expresión y a la manifestación en la Asamblea Nacional y actuar de la manera propia en la que lo hacen los regímenes autoritarios mediante persecuciones, desapariciones, espiona- je, entre otros. Aunque el ambiente lo amerita, es poco probable que ocurra a corto plazo porque cualquier acto de esta naturaleza podría provocar violencia política entre las partes, y además, caería en el extremo de la contradicción al conocer sobre la “defensa” que los chavistas han hecho de la democracia.
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Qu democracia tenemos? Democracia real y democracia liberal representativa

Qu democracia tenemos? Democracia real y democracia liberal representativa

La democracia, de este modo configurada a lo largo de la historia ya no es un mecanismo de acuerdos y pacificación política, como debería ser. Más bien se ha convertido en un ideal abstracto e incuestionable, poco práctico y alejado, que se utiliza en el lenguaje de propios y extraños, sin una posibilidad real de cambiar algo forjado a lo largo de siglos y mucho menos sin un empeño y esfuerzo real por cambiarlo. Los medios de comunicación, los corrillos de cualquier centro de trabajo, los cafés o las cañas, son testigos y amplificadores de una desazón creciente, sin una verdadera acción colectiva coordinada que pueda mediatizar algo, si es que eso es posible. Todos queremos cambiar las cosas pero nadie está dispuesto a anteponer lo suyo por lo de todos. Y todo responde a la ausencia de un bien común identificable e identificado, cuando lo que existe es un bien por cada individuo atomizado, que no suele anteponerlo al suyo propio.
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Los límites latentes de la concertación : retraducciones del clivaje religioso

Los límites latentes de la concertación : retraducciones del clivaje religioso

10 La evidencia más importante de este trabajo dice relación con que el votante Lagos fue en gran medida un voto prodemocracia, y a su vez el votante Lavín fue tremendamente parti- dario de una dictadura bajo ciertas circunstancias, en suma, el fiel reflejo del clivaje autoritario: “Donde las aguas se separan definitivamente es en la valoración que cada uno de los dos gru- pos de votantes da al sistema democrático. Aquí el contraste entre ambos es radical. Porque mientras los electores de Lavín se muestran definitivamente a favor de la democracia sólo en un 41,2%, los de Lagos lo hacen en un 87,5%; y todavía más claramente, mientras el 40,9% de los primeros declaraban aceptar bajo ciertas circunstancias un gobierno militar, este es só- lo aceptado por apenas el 4,4% de los votantes de Lagos […] Los votantes de Lavín se identifi- can […] con las posiciones históricas de la derecha política: oposición a la Unidad Popular (66%), respaldo al golpe militar (62,6%) y apoyo al gobierno militar resultante (63,2%). […] un tercio de este grupo no se alinea con esa trayectoria, lo que indica la presencia de un res- paldo electoral a Lavín ajeno a la derecha tradicional […]”. En los votantes de Lagos “[…] no hay una identificación mayoritaria con la Unidad Popular (53,3% fue contrario o indiferente), lo que es abrumador es su oposición al gobierno militar (70,4%), con una clara mayoría de electores que provienen de familias que fueron contrarias al golpe (56,8%). Esto revela que es- te grupo se identifica más con la oposición al gobierno militar que con la Unidad Popular. Esto es congruente con el hecho de que la coalición de centro-izquierda que respaldó a Lagos (la Concertación) surge precisamente en oposición al gobierno militar, y que en ella convergen dos corrientes políticas que tuvieron posturas discrepantes con respecto a la Unidad Popular: una de izquierda, que le apoyó, y otra democratacristiana, que se le opuso” (Tironi, Agüero y Valenzuela 2001:81-82).
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La Importancia de la cooperación otorgada por el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) a la República de  Nicaragua en el área de gobernabilidad democrática a través del proyecto "Casas de la Justicia"

La Importancia de la cooperación otorgada por el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) a la República de Nicaragua en el área de gobernabilidad democrática a través del proyecto "Casas de la Justicia"

El tema de la modernización de las medicaturas forenses representa una decisión de las más altas autoridades centroamericanas, ejecutivas, legislativas o judiciales. Es así que uno de los principales aspectos señalados en el marco del proceso de integración centroamericano se refiere a la solución civilizada de conflictos, mediante la presencia judicial o la de sistemas alternativas no judiciales. Este logro se ha considerado por los Presidentes de la República de Centro América como clave para conseguir la consolidación de una “región de Paz, Libertad, Democracia y Desarrollo”. Esta decisión política requiere una estrategia, una táctica y una cantidad de acciones operativas, coherentes entre sí, ejecutables y sensibles al medio donde operan. Las cumbres presidenciales han enfatizado la necesidad de dotar de instrumentos a los Estados del istmo para el logro de los grandes objetivos; estos instrumentos son técnicos-jurídicos y mecanismos vitales de desarrollo institucional y de generación de condiciones para la defensa y protección de los derechos fundamentales.
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La democracia ante los avances de la tecnología : una perspectiva de Derecho constitucional

La democracia ante los avances de la tecnología : una perspectiva de Derecho constitucional

el otro, porque, a la postre, supone un fortalecimiento de las élites, integradas por los que estén tecnológicamente más preparados (46). Finalmente, el mismo autor considera también que la teledemocracia provoca una escisión entre decisión y responsabilidad, de manera que se difumina la responsabilidad política (47). Esta última cuestión resulta de especial interés, porque tal juego de la responsabilidad constituye, a la postre, uno de los postulados en los que se asienta el sistema democrático actual, sobre en la medida que el protagonismo recae ahora en el partido político. El partido que sustenta al Gobier- no responderá de los errores o desaciertos en la gestión cometidos por éste lo que provoca la alternancia de partidos en el poder. Si tal axioma de nuestras actuales democracias desaparece puede que la propia democracia también se resienta.
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Dimensiones de la democracia

Dimensiones de la democracia

como grupo o categoría cultural, se instalaba en ese privado. En lo ‘privado de…’, en la marginalidad política” (Id. 198). El corolario de lo anterior es evidente: marginadas de participar del mundo común, la experiencia cotidiana de quienes quedan inscritas en el ámbito privado-doméstico, incluso en procesos progresistas de transformación política, es el autoritarismo: la obediencia a la autoridad, al poder jerár- quico de quienes detentan la propiedad del espacio público-político. Por todo lo señalado, una redemocratización de la sociedad chilena sólo será posible, para Kirkwood, si altera la mentada distinción. Este planteamiento, como he dicho insistentemente, se inscribe en un cuestionamiento profundo de los modos sancionados de pensar la política, sus límites y sus poros. En esta necesidad de correr o difuminar contornos para dar fuero a la democracia más allá de su odio, parece coincidir Rancière. El odio a la democracia del que éste habla, se san- ciona, entre otros modos, en el establecimiento de compartimentos rígidos y estancos. Uno de ellos es el que establece los límites entre los competentes y los incompetentes: entre quienes poseen la idoneidad para decidir y quienes, carentes de aquélla, deben obedecer. Poner en entredicho los parámetros tradicionales de la política y recelar, con ello, de la supuesta competencia natural de los varones —vale decir, exponer la propiedad que detentan sobre el ámbito público- político en su pura contingencia— supone poner el acento en la que para Rancière es “la cuestión política fundamental: la competencia de los ‘incompetentes’, la capacidad de quienquiera para juzgar las relaciones entre los individuos y la colectividad, entre el presente y el futuro” (2012 120).
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¿SE PUEDE EXPORTAR LA DEMOCRACIA?

¿SE PUEDE EXPORTAR LA DEMOCRACIA?

No obstante, la zanahoria no es sólo la ayuda económica. La ayuda económica puede ser de enorme utilidad, pero también puede convertirse en una imposición. Igualmente importante es ofrecer a los países que tienen el potencial de celebrar unas elecciones demo- cráticas, la capacidad de unirse al club de los Estados democráticos en las mismas condi- ciones que los demás Estados democráticos. Es necesario evitar dejar que la expansión de la democracia termine convirtiéndose en una especie de lección de catecismo impartida por quienes hacen las reglas. La democracia es un recorrido común, y si un Estado está legíti- mamente preocupado por los sucesos que acaecen en otro Estado, debería en consecuen- cia ofrecerle asociarlo a su propia comunidad política, es decir, entrar en una unión institu- cional con el Estado que ofrece la ayuda. Más allá de la metáfora, si EEUU está tan preo- cupado por la suerte de la democracia en Afganistán e Irak, debería estar también dispues- to a aceptarlos como los estados 51 y 52 de América.
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¿Qué puede hacer el Estado por la democracia? (Tema central).

¿Qué puede hacer el Estado por la democracia? (Tema central).

El establecimiento de la democracia a finales de los años setenta buscaba mo­ dificar la relación entre el Estado y la Sociedad47. En E cuador, en 1976, los m ilitares habían adv ertid o , com o advirtieron posteriormente en otros países de la región -Argentina, Chile, Brasil-, que desde abajo, la sociedad presionaba en su búsqueda de canales de participación. Un cierto activismo social impulsó el retomo a la democracia en nuestro país. En Chile y Argentina el activismo social tuvo un rol más espectacular. Curiosam ente, sobre todo en Chile48, los motores de la demo­ cratización -los movimientos sociales- han cedido, con el advenimiento de regímenes democráticos, sus espacios a actores polí­ ticos que actúan y practican la política en form a cupular. Com o resu ltad o , la actividad social dentro de las nuevas democracias ha sido sumamente limitada49. En Ecuador, el movimiento sindical50, en el mejor de los casos, ha protestado en contra del alto costo de la vida y del tratamiento de las reformas al Código de Trabajo en el Congreso. El resto de grupos de presión - cámaras de la producción, asociaciones
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Cultura política de los ciudadanos y gobernabilidad democrática de las instituciones políticas y sociales en la región Puno

Cultura política de los ciudadanos y gobernabilidad democrática de las instituciones políticas y sociales en la región Puno

8 El régimen democrático, (Crabtree, 2006) debe su funcionamiento y dinámica a la existencia del sistema de partidos, el mismo que puede ser ideado como un conjunto estable de reglas y prácticas políticas dentro del cual los partidos puedan competir en contiendas electorales, y que provea así de una base de gobierno. En ese mismo sentido, Bartolini (1988) enfatiza que un sistema partidista es el resultado de las interacciones entre las unidades partidistas que lo componen; más concretamente es el resultado de la interacciones que resultan de la competición político –electoral y a diferencia entre anteriores u otros regímenes políticos, es que la democracia existente hoy en la mayoría de países tiene como actores principales a una pluralidad de partidos organizados, disciplinados, e incluso en el caso latinoamericano, funciona con organizaciones políticas que cumplen un función política, pero que no tienen un grado de organización y estructuración duradera. Sin embrago, en un contexto general, para Duverger (1997) dentro de los sistemas de partidos existe el sistema dualista de partidos y el multipartidismo. El sistema bipartidista y la competición entre dos partidos con ambiciones gubernativas se han considerado como un modelo deseable y eficaz de organización de la vida política democrática de un país; mientras que en el multipartidismo las coaliciones multipartidistas extensas y heterogéneas, resultado de largas consultas postelectorales, y por lo tanto no determinadas directamente por el voto de los electores (Morlino, 1988), en ese escenario, el bipartidismo tiende a una mayoría impuesta por la opinión; el sistema de partidos múltiples e independientes, a una mayoría libre; el sistema de partidos múltiples y dependientes, a una mayoría semilibre (Duverger, 2012), posibilitando un escenario donde las alianzas políticas, características de sistemas multipartidistas, aumentan la confusión de los electores ya que los partidos del centro se alían a las posiciones de derecha como a las de izquierda.
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La paradoja democrtica.

La paradoja democrtica.

Mouffe, la lealtad tiene que ver con la constitu- ción de prácticas que creen ciudadanos demo- cráticos, que fomenten la identificación con los valores democráticos; es una cuestión de for- mas de vida compartidas en las que las pasio- nes y los afectos desempeñan un papel funda- mental. La democracia no necesita una teoría de la verdad (de validez universal e incondicio- nal), sino prácticas orientadas a persuadir a la gente para que amplíe su compromiso con los demás y construya una comunidad más inclu- yente. El problema es que no añade mucho más a este respecto. Se limita a señalar que el acuerdo se consigue a partir de la participación en lo común y que la forma de generar lealtad e identificación con los valores democráticos es precisamente la existencia de esas formas contendientes de identificación ciudadana, es decir, la existencia de diferentes posiciones po- líticas que permitan la formación de identi- dades colectivas. Pero ésa era la forma de ca- nalizar democráticamente el conflicto, de trans- formar el antagonismo en agonismo. En definitiva, parece que la existencia de formas de vida compartidas que permiten alcanzar acuerdos, que constituyen ese marco simbóli- co compartido, son, al tiempo, el objetivo de la política agonística y su condición de posibili- dad.
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¿Qué democracia tenemos?, ¿Qué democracia queremos?

¿Qué democracia tenemos?, ¿Qué democracia queremos?

Desde hace mucho tiempo se sabe que los instrumentos de comunicación e información modifican muy significativamente las pautas de conformación de la opinión pública y los procesos de construcción de legitimidad política. Son innumerables los trabajos realizados al respecto sobre prensa y política, son constantes las referencias al uso que hicieron Roosevelt o Göering de la radio, o sobre la revolución que significó la aparición de la televisión en el debate político, con el clásico ejemplo del debate Nixon-Kennedy. ¿Qué decir de lo que está ya implicando Internet y sus tremendos impactos y modificaciones de las relaciones sociales de todo tipo?. Estamos en plena eclosión del tema, y hemos ido observando y sintiendo la creciente significación del cambio, desde la campaña de Obama, la reacción ante los atentados en Madrid del 11 de marzo del 2004 y los intentos de manipulación del gobierno, o las nuevas formas de socialización y movilización política de Facebook o de Twitter con ejemplos recientes en el norte de Africa o en España. En este apartado expondremos algunas convicciones y muchas dudas, pero no creemos que se pueda hablar seriamente de renovación de la política en este inicio de siglo sin referirnos a las tecnologías de la información y la comunicación y sus efectos en la gobernanza colectiva.
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SECCIÓN DE OBRAS DE SOCIOLOGÍA

SECCIÓN DE OBRAS DE SOCIOLOGÍA

El tema del poder vuelve a tratarse en el capítulo 4 bajo la forma de examen de una serie de déi cits básicos que padecen las democracias latinoamericanas: en primer lugar, la crisis de representación, emparentada con la debilidad de las opciones electo- rales, la sustracción de temas fundamentales de la agenda democrática al debate público y la intervención de los poderes fácticos, sobre todo mediante la vía del i nanciamiento de las campañas. En segundo lugar, las debilidades de los controles y contrapesos entre los poderes del Estado y las insui cientes transparencia y rendición de cuentas de los poderes públicos hacia la ciudadanía, que redundan en mayores oportunidades para la corrupción y, por consiguiente, en el desprestigio de la política, la función pública y i nalmente de la propia democracia. El tercer déi cit abordado es el de la estatalidad, que rei ere, más allá de la dimensión del Estado, su capacidad y poder para ejercer sus funciones, desde la más clásica de mantener el monopolio del uso (legítimo) de la fuerza dentro del territorio —hoy amenazada por la creciente penetración de ciertos poderes fácticos— hasta las más innovadoras, resultantes de la redei nición y actualización del papel del Estado democrático, consistente en transfor- mar los derechos de la ciudadanía enunciados en leyes y constituciones en realidades cotidianas vividas por los ciudadanos reales.
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La rendición de cuentas en la obra de Aristóteles

La rendición de cuentas en la obra de Aristóteles

Un segundo modo es que todos juntos deliberen, pero que se reúnan sólo para las elecciones de los magistrados y para la elaboración de leyes, y para la guerra y la paz, y para la rendición de cuentas, pero las demás cuestiones que las deliberen los magistrados designados para cada una de ellas, y elegidos de entre todos los ciudadanos o por sorteo. Un tercer modo es cuando los ciudadanos se encuentran con vistas a las magistraturas y a la rendición de cuentas, y para decidir sobre una guerra o una alianza, y las demás cuestiones son atendidas por las magistraturas que se proveen por elección, siempre que ello es posible, y tal es el caso de magistraturas cuyo ejercicio exige conocimientos especiales. Una cuarta forma es que todos, reuniéndose, deliberen sobre todas las cuestiones, y que los magistrados no decidan sobre nada, sino sólo den un informe previo, éste es, precisamente, el modo que ahora tiene en vigor la última forma de democracia, que decimos que es análoga a la oligarquía dinástica y a la monarquía tiránica. Estos son todos los modos democráticos. (Política IV 14, 1298a, 5, 6 y 7)
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"Ciudadanía, Participación y Calidad Democrática: Una Propuesta de Auditoría Ciudadana para la Calidad de la Democracia Municipal en México"  Edición Única

"Ciudadanía, Participación y Calidad Democrática: Una Propuesta de Auditoría Ciudadana para la Calidad de la Democracia Municipal en México" Edición Única

La presidencia de Lázaro Cárdenas marcó un parte aguas en la historia de México ya que fue en este tiempo en el que el partido del estado- el PRM- logró concentrar los sectores campesinos y obreros en sus estructura, con la inclusión de la Confederación Nacional Campesina (CNC), la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) (Meyer, 2000: 856, Davis y Brachet-Márquez, 1997: 91,95). Fue el mismo Cárdenas quien al final de su gobierno instituyó el llamado “dedazo”, es decir, la designación presidencial de su sucesor; que serviría como sello característico del sistema presidencialista mexicano (Meyer, 2000: 859,901). A partir de ese momento, la injerencia de la figura presidencial en la designación de diputados, senadores, gobernadores, alcaldes, secretarios de estado –solo por destacar algunos- sería una constante en la vida política de México, incluso llegando a hablarse de que el Presidente de la República tenía facultades “meta-constitucionales” lo que garantizaba hasta cierto punto la estabilidad del sistema (Meyer, 2000:912-917, Olvera, 2003: 43-44). La maquinaria estatal, al servicio del presidente; aglutinaba en su estructura toda clase de organizaciones –además de las ya mencionadas como los obreros y los campesinos- de “profesionistas y técnicos” tales como: abogados, médicos, electricistas, economistas etc., con excepción de ciertos grupos promovidos por otras instituciones no estatales como la Iglesia Católica (Olvera, 2003: 44).
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