PDF superior El malestar en la cultura de Sigmund Freud r1.0.pdf

El malestar en la cultura de Sigmund Freud r1.0.pdf

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somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado a su amor. Pero no queda agotada con esto la técnica de vida que se funda sobre la aptitud del amor para procurar  felicidad; aún queda mucho por decir al respecto. Cabe agregar aquí el caso interesante de que la felicidad de la vida se busque ante todo en el goce de la belleza, dondequiera sea accesible a nuestros sentidos y a nuestro juicio: ya se trate de la belleza en las formas y los gestos humanos, en los objetos de la Naturaleza, los pasajes, o en las creaciones artísticas y aun científicas. Esta orientación estética de la finalidad vital nos protege escasamente contra los sufrimientos inminentes, pero puede indemnizarnos por muchos pesares sufridos. El goce de la belleza posee un particular carácter emocional, ligeramente embriagador. La belleza no tiene utilidad evidente ni es manifiesta su necesidad cultural, y, sin embargo, la cultura no podría prescindir  de ella. La ciencia de la estética investiga las condiciones en las cuales las cosas se perciben como  bellas, pero no ha logrado explicar la esencia y el origen de la belleza, y como de costumbre, su infructuosidad se oculta con un despliegue de palabras muy sonoras, pero pobres de sentido. Desgraciadamente, tampoco el psicoanálisis tiene mucho que decirnos sobre la belleza. Lo único seguro parece ser su derivación del terreno de las sensaciones sexuales, representando un modelo ejemplar de una tendencia coartada en su fin. Primitivamente, la «belleza» y el «encanto» son atributos del objeto sexual. Es notable que los órganos genitales mismos casi nunca sean considerados como bellos, pese al invariable efecto excitante de su contemplación; en cambio, dicha propiedad  parece ser inherente a ciertos caracteres sexuales secundarios.
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En torno a El malestar en la cultura. Perspectivas filosófico-políticas sobre Freud

En torno a El malestar en la cultura. Perspectivas filosófico-políticas sobre Freud

Con relación a este tema Freud (1992: 87) hace una referencia con un cierto paralelismo hobbesiano: “…¿de qué nos vale una larga vida, si ella es fatigosa, huera de alegrías y tan afligente que no podemos sino saludar a la muerte como redentora?”. Hobbes (2001: 14- 115) menciona en su Leviatán que “los hombres no encuentran placer, sino, muy al contrario, un gran sufrimiento, al convivir con otros allí donde no hay un poder superior capaz de atemorizarlos a todos… […]…no hay sociedad… […]…Y la vida del hombre es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”. La diferencia es que mientras que en el Leviatán se describe la existencia humana en forma previa a la constitución de la sociedad e ipso facto del Estado, en El malestar en la cultura se realiza la misma operación pero adicionándole además su versión ex post facto, es decir con una societas conformada que posee a su vez instancias políticas de autorregulación.
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El malestar en la Cultura (S  Freud)

El malestar en la Cultura (S Freud)

A esto se suma un factor de desengaño. En el curso de las últimas generaciones, los seres humanos han hecho extraordinarios progresos en las ciencias naturales y su aplicación técnica, consolidando su gobierno sobre la naturaleza en una medida antes inimaginable. Los detalles de estos progresos son notorios; huelga pasarles revista. Los hombres están orgullosos de estos logros, y tienen derecho a ello. Pero creen haber notado que esta recién conquistada disposición sobre el espacio y el tiempo, este sometimiento de las fuerzas naturales, no promueve el cumplimiento de una milenaria añoranza, la de elevar la medida de satisfacción placentera que esperan de la vida; sienten que no los han hecho más felices. Ahora bien: de esta comprobación debería inferirse, simplemente, que el poder sobre la naturaleza no es la única condición de la felicidad humana, como tampoco es la única meta de los afanes de cultura, y no extraer la conclusión de que los progresos técnicos tienen un valor nulo para nuestra economía de felicidad. En efecto, objetaríamos: ¿Acaso no significa una ganancia positiva de placer, un indiscutible aumento en el sentimiento de felicidad, el hecho de que yo, tantas veces como se me ocurra hacerlo, pueda escuchar la voz de un hijo que vive a cientos de kilómetros de mi lugar de residencia, o que apenas desembarcado mi amigo yo pueda averiguar que pasó sin contratiempos un largo y azaroso viaje? ¿No significa nada que la medicina haya logrado disminuir extraordinariamente la mortalidad de los recién nacidos y el peligro de infección de las parturientas, a punto tal que se ha prolongado en mucho la duración media de vida de los hombres civilizados? Y podríamos mencionar todavía una larga serie de tales beneficios, que debemos a la tan vilipendiada época del progreso técnico y científico. Pero en este punto se hace oír la voz de la crítica
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FREUD, S  El malestar en la cultura

FREUD, S El malestar en la cultura

Aquí puede situarse el interesante caso en que la felicidad en la vida se busca sobre todo en el goce de la belleza, dondequiera que ella se muestre a nuestros sentidos y a nuestro juicio: la belleza de formas y gestos humanos, de objetos naturales y paisajes, de creaciones artísticas y aun científicas. Esta actitud estética hacia la meta vital ofrece escasa protección contra la posibilidad de sufrir, pero puede resarcir de muchas cosas. ¡El goce de la belleza se acompaña de una sensación particular, de suave efecto embriagador. Por ninguna parte se advierte la utilidad de la belleza; tampoco se alcanza a inteligir su necesidad cultural, a pesar de lo cual la cultura no podría prescindir de ella. La ciencia de la estética indaga las condiciones bajo las cuales se siente lo bello; no ha podido brindar esclarecimiento alguno acerca de la naturaleza y origen de la belleza; como es habitual, la ausencia de resultados se encubre mediante un gasto de palabras altisonantes y de magro contenido. Por desdicha, también el psicoanálisis sabe decir poquísimo sobre la belleza. Al parecer, lo único seguro es que deriva del ámbito de la sensibilidad sexual; sería un ejemplo arquetípico de una moción de meta inhibida. La «belleza» y el «encanto»(19) son originariamente propiedades del objeto sexual. Digno de notarse es que los genitales mismos, cuya visión tiene siempre efecto excitador, casi nunca se aprecian como bellos; en cambio, el carácter de la belleza parece adherir a ciertos rasgos sexuales secundarios.
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De pulsiones y autodeterminaciones : algunas reflexiones sobre Sigmund Freud y El Malestar en la cultura

De pulsiones y autodeterminaciones : algunas reflexiones sobre Sigmund Freud y El Malestar en la cultura

En concreto, para el tiempo y contexto en que Freud nos habla, se está refiriendo, aunque no lo mencione, a la civilización que mejor conoce y que es la del capitalismo. Lo hace de una forma indirecta y paradójica, planteando la insuficiencia del socialismo y el comunismo para suprimir los padecimientos humanos, ya que niega que las relaciones de propiedad jueguen ningún papel en los mecanismos de poder y dominación, mientras afirma la imposibilidad biológica de la igualdad humana. Pensemos que en el momento en que Freud escribe su ensayo, 1929, el experimento iniciado en Rusia en octubre de 1917 todavía goza de credibilidad y legitimidad como vía alternativa para resolver problemas modernos y sempiternos de la humanidad. Para los círculos intelectuales que no han sucumbido a la fascinación del fascismo, éste significa en ese momento la amenaza a la civilización. Todavía no hay contexto para el discurso que se hará habitual en la Guerra Fría. La opinión de Freud no puede equipararse a las virulentas diatribas que serán las herramientas habituales del macartismo. Se limita a considerar a las propuestas de socialistas y comunistas insuficientes para resolver los problemas de la civilización que significa para Freud la hipóstasis del capitalismo. Considera ilusoria la pretensión del movimiento comunista de solucionar los problemas humanos mediante al supresión de la propiedad privada, ya que no suprime el afán de poder e influencia que son los instrumentos con los que se realiza la pulsión de agresión. Además considera que su afán igualitario no se compadece con la acción de la naturaleza que al dotar “… a cada individuo de una disposición física y capacitación intelectual sumamente desiguales, ha instituido injusticias contra las cuales no hay ningún remedio”. 30
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El malestar en la justicia: la cuestión de los valores en Sigmund Freud

El malestar en la justicia: la cuestión de los valores en Sigmund Freud

Cultura, sociedad y derecho En El malestar en la cultura, Freud analiza las que considera tres principales causas del sufrimiento humano: «la supremacía de la naturaleza, la caducidad de nuestro propio cuerpo y la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad» ([1930], 1999, p. 30). Ante ellas, el hombre responde con la cultura, que Freud define como la «suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de la de nuestros antecesores animales y que sirven a los fines de proteger al hombre contra la naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí ([1930], 1999, p. 35)». La cultura engloba entonces la producción de todo tipo de bienes que protegen al hombre frente a la naturaleza, así como actos como el empleo de herramientas, la dominación del fuego y la construcción de casas, y con la evolución histórica pasa a abarcar asimismo las construcciones ideales del hombre, plasmadas en producciones intelectuales, científicas y artísticas. Finalmente, resalta Freud, la cultura hace referencia al modo de regulación de las relaciones humanas en el contexto de la sociedad. La vida en común comienza a ser posible con el nacimiento del derecho, que acaba con la ley del más fuerte ([1930], 1999, p. 36 ss).
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Sigmund Freud , I Obras completas

Sigmund Freud , I Obras completas

labra.].. los fundamentos más sagaces, sustenta productos de su deli- rio que hasta a un niño tendrían que parecerle unos disla- tes, entonces estimaríamos en algo al psicoanálisis; pero[r]

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Religiosidad: Una visión desde el psicoanálisis de Sigmund Freud

Religiosidad: Una visión desde el psicoanálisis de Sigmund Freud

Aquí, se hace necesario retomar los padecimientos infantiles, que permitieron claridad sobre el estudio de la figura tótem uno de estos, respecta a las fobias que el niño experimenta, que son descritas como un miedo a determinado animal. En este punto se ha de preguntar, ¿qué relación se halla en los temores de tipo fóbico animal con el complejo Edipico? y en especial ¿qué vínculo guardan con nuestro propósito central del tótem y la figura paterna? En respuesta, el niño en su infancia desarrolla sentimientos de tipo erótico hacia su madre, pero su padre le coarta la consecución de sus instintos, razón por lo que el infante presenta actitudes, sentimientos, e impulsos fuertes, simultáneos y contrapuestos es decir, lo odia por quitarle su primer objeto de amor (madre), pero, este progenitor también es percibido con estimación porque en momentos se presenta como un protector ante los peligros originándose sentimientos propios del complejo de Edipo. Al igual inspira temor porque puede inutilizar sus órganos genitales originándole castración. Como expresa Freud: “el padre era admirado como poseedor de órganos genitales de gran volumen, y temido al mismo tiempo como una amenaza para los órganos genitales del niño” 21
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Sigmund Freud EL PORVENIR DE UNA ILUSIÓN ( 1927 )

Sigmund Freud EL PORVENIR DE UNA ILUSIÓN ( 1927 )

los hombres las acepte como verdaderas. Si les enseñamos que la existencia de un Dios omnipotente y justo, de un orden moral universal y de una vida futura son puras ilusiones, se considerarán desligados de toda obligación de acatar los principios de la cultura. Cada uno seguirá, sin freno ni temor, sus instintos sociales y egoístas e intentará afirmar su poder personal, y de este modo surgirá de nuevo el caos, la que ha llegado a poner término una labor civilizadora ininterrumpida a través de muchos milenios. Aunque supiésemos y pudiésemos demostrar que la religión no posee la verdad, deberíamos silenciarlo y conducirnos como nos lo aconseja la filosofía del «como si». ¡Es en interés de todos y por nuestra propia conservación! Lo contrario además de ser harto peligroso, constituye una inútil crueldad. Hay infinitos hombres que hallan en las doctrinas religiosas su único consuelo, y sólo con su ayuda pueden soportar la vida. Se quiere despojarlos de tal apoyo sin tener nada mejor que ofrecerles en sustitución. Se confiesa que la ciencia se halla aún muy poco avanzada, y aunque lo estuviera mucho más tampoco bastaría a los hombres. El hombre tiene otras necesidades imperativas, que nunca podrán ser satisfechas por la ciencia, y es harto singular e inconsecuente que un psicólogo, que siempre ha hecho resaltar la primacía del instinto sobre la inteligencia en la vida del hombre, se esfuerce ahora en despojar a la Humanidad de una valiosa realización de deseos, ofreciéndole una compensación puramente intelectual.»
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Sigmund Freud , I Obras completas

Sigmund Freud , I Obras completas

labra.].. los fundamentos más sagaces, sustenta productos de su deli- rio que hasta a un niño tendrían que parecerle unos disla- tes, entonces estimaríamos en algo al psicoanálisis; pero[r]

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Sigmund Freud y la antropología cristiana. Prólogo

Sigmund Freud y la antropología cristiana. Prólogo

sorprende que comparezcan en su registro ciertos rasgos típicos del "hombre viejo": el afán posesivo, el odio a quien se contraponga a los deseos de placer, los celos, la envidia, los miedos, la agresividad, un envilecimiento radical de todas las relaciones humanas desde sus más tempranos albores... De una u otra manera Freud detecta estos elementos a lo largo de sus observaciones sobre los conflictos y alteraciones que padecen sus pacientes; después los procesa y levanta su

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Sigmund Freud. Las fantasias histericas y su relacion con la

Sigmund Freud. Las fantasias histericas y su relacion con la

Destinado en un principio al Jahrbuch für sexuelle Zwischenstujen, que dirigía Hirschfeld, este artículo fue luego trasladado a otra revista cuya publicación acababa de iniciarse con el mismo director. La importancia de las fantasías como base de los síntomas histéricos ya había sido admitida por Freud alrededor de 1897, en relación con su autoanálisis. En ese momento comunicó sus hallazgos a Fliess (véanse, por ejemplo, sus cartas del 7 de julio y el 21 de setiembre de ese año (Freud, 1950a, Cartas 66 y 69), AE, 1, págs. 300-2), pero sólo los dio cabalmente a publicidad un par de años antes de escribir el presente trabajo (cf. «Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis» (1906a), AE, 7, págs. 266-7 ).
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Freud, Sigmund – Disolucion del complejo de Edipo, La

Freud, Sigmund – Disolucion del complejo de Edipo, La

El clítoris de la niña se comporta al principio exactamente como un pene; pero cuando la sujeto tiene ocasión de compararlo con el pene verdadero de un niño, encuentra pequeño el suyo[r]

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Sigmund Freud Psicología de las masas y análisis del yo

Sigmund Freud Psicología de las masas y análisis del yo

Ahora bien, al hablar de psicología social o colectiva, se acostumbra a prescindir de estas relaciones, tomando solamente como objeto de la investigación la influencia simultánea ejercid[r]

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INTRODUCCIÓN AL PSICOANÁLISIS I Sigmund Freud

INTRODUCCIÓN AL PSICOANÁLISIS I Sigmund Freud

globo cautivo.. Su padre le interroga sobre la utilidad de todo aquello, pregunta que le asombra, pero a la cual da, sin embargo, la explicación pedida. Llegan después a un patio sobre[r]

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La entrada de Sigmund Freud en las letras ecuatorianas

La entrada de Sigmund Freud en las letras ecuatorianas

como en su malla sutil se fueron tejiendo sus bellas hipótesis y sus penetraciones en los dominios del inconsciente y del subconsciente para descubrir la traza fantasmal del hombre, que acaso sea la única interesante sobre el mediocrismo empaquetado de una normalidad que puede condicionarse, no obstante, a un estudio menos agudo de los psicoanalistas. Pero Freud ha vivido, si no en espacio matusalénico, en lo más luengo de resistirse en los climas de hoy. Ochenta y tres años. Doblado el cabo tormentoso de los tres cuartos de siglo. Hecho con heroicidad de laboratorio o de gabinete ese viaje a pie, cuya fatiga es tanto más grave cuando se la lleva a la diestra del pensamiento. Largos años para diluir el adarme de la propia locura en el análisis sin término de la locura de los otros. Ochenta y tres años entre la existencia de la vigilia y la breve muerte del sueño. Muchos años de disecar experiencias y de ir anotando casos, y muchos también de haber llegado a la casi fijación de esas fronteras entre el consciente y el subconsciente. De marchar, anheloso, por la ruta del sueño, penetrando en el mundo onirista del durmiente. Segismundo: aletazos shakespeareanos, astralidad también, desvelamiento y sonmífero; constatación de las alas breves sobre la animalidad de la biología. Quisiéramos poder asistir a la calcificación del sueño en la calavera de Sigmund. A los golpes de larva sobre el palatino que supo de los sabores del subconsciente. A la térrea desintegración de esos tálamos ópticos en los cuales hubieron de fijarse, con tan obstinado sino, los sueños de los otros.
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Una aproximación al concepto de sujeto en Sigmund Freud

Una aproximación al concepto de sujeto en Sigmund Freud

Con respecto a la expresión “pienso donde no soy” (cuadrante inferior derecho), se pueden citar como ejemplo los procesos pretendidamente universales sobre los cuales opera la ciencia, pues de allí no resulta la especificad del sujeto. Las expresiones como 2+3=5 no son acompañadas de ningún sujeto, pues aunque ocurre un pensamiento lógico matemático, el sujeto está hablando desde un discurso que no lo representa; y, que además, parece funcionar a la perfección sin él. En cuanto al cogito cartesiano, ya hemos visto que Freud critica dicha expresión. Él tiene certeza de que lo inconsciente habla por sí solo, apartado de todo pensamiento; y que, aun así, determina estados psíquicos del sujeto. Como lo muestra una de sus manifestaciones, a saber, el sueño; allí no se presenta ningún “yo pienso”, pues es un proceso que sucede sin que haya pensamiento consciente del sujeto; sin embargo, todo sueño se produce por alguna razón (realización disfrazada de un deseo reprimido); por lo cual, a través del sueño el sujeto se expresa, aunque su pensamiento consciente no esté allí presente.
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Sigmund Freud: más allá del principio de modernidad

Sigmund Freud: más allá del principio de modernidad

Dos judíos se encuentran en un vagón de un ferrocarril de Galitzia. “¿Adónde vas?” pregunta uno de ellos. “A Cracovia,” responde el otro. “¿Ves lo mentiroso que eres - salta indignado el primero-. si dices que vas a Cracovia, es para hacerme creer que vas a Lemberg. Pero ahora sé que de verdad vas a Cracovia. Entonces, ¿para qué mientes?” Esta graciosísima historieta, que demuestra un gran ingenio, actúa claramente por medio de la técnica del contrasentido. ¿De manera que el judío se ve acusado de mentiroso por haber dicho que va a Cracovia, término efectivo de su viaje? Este enérgico medio técnico -el contrasentido- se halla, sin embargo, apareado en este caso con una técnica distinta, la exposición antinómica, pues conforme a la no rebatida afirmación del primero, el segundo miente cuando dice la verdad y dice la verdad por medio de una mentira. (FREUD, 1973, p.1093).
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Aportes de Sigmund Freud al estudio de las perversiones

Aportes de Sigmund Freud al estudio de las perversiones

Con el estudio del psicoanálisis, Sigmund Freud iluminó nue- vos caminos para comprender la sexualidad. Uno de los múltiples aportes que derivan de ello es el haber propiciado una nueva perspectiva sobre la comprensión de las perversiones. Ya se ha di- cho que el psicoanálisis, desde sus inicios, las extrajo del campo de las patologías, reivindicando su importancia en el desarrollo sexual infantil, apuntando a demostrar que no hay objeto –que corresponda naturalmente– para la pulsión sexual (pulsiones y no instintos). Y con esto, también hizo público aquel “secreto a vo- ces” que la pluma de los médicos no se permitía escribir. Expuso lo absurdo de pensar a la sexualidad sólo a través de la noción de instinto sexual y cuya meta era la reproducción.
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El complejo de Edipo en Sigmund Freud y en Melanie Klein

El complejo de Edipo en Sigmund Freud y en Melanie Klein

Las palabras de Freud no son escasas al momento de teorizar acerca de la diferencia psíquica y sexual entre los sexos, y es aún más prolijo para referirse al desarrollo edípico del varón, para infortunio de quienes pretendemos auscultar su obra, no es igual en el caso de la niña. Para entonces, una de las grandes limitaciones del psicoanálisis se hace flagrante a través de la organización psíquica de la niña, según el mismo Freud, su comprensión del complejo de Edipo femenino presenta un panorama lleno de incertidumbre, que aún en los tiempos finales de su obra quedó sin esclarecer; ello obedece a que en la mujer aparecen ciertos conflictos específicos relacionados con el cambio de objeto sexual, la castración (que es para ella un hecho ya consumado) y la envidia de pene (condición que no tiene correlato en el varón). Como ya hemos ampliado en los apartados dedicados a Freud, es él mismo quien reconoce los límites que a este respecto presenta su teoría, mostrándonos además poco prometedoras expectativas, siendo probablemente los conflictos propios de la mujer el punto más obscuro en su esquema de organización psíquica. Luego de todo lo anterior, la consecuencia más negativa que sobreviene es la repentina falta de argumentación respecto al superyó femenino, pues a diferencia de lo que ocurre con el varón, Freud se conforma con decir, en pocas palabras, que es considerablemente menos severo debido a la inoperancia del complejo de castración, y que por el momento no hay nada más que su psicoanálisis pueda esclarecer. Es una situación en verdad lastimosa, pues deja espacios vacíos para el entendimiento de un componente estructural decisivo para la estructuración del sujeto femenino.
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