PDF superior Full Number / Número Completo: Volumen 15, Número 1

Full Number / Número Completo: Volumen 15, Número 1

Full Number / Número Completo: Volumen 15, Número 1

Although network usage is a generalized and beneficial phenomenon in a lot of ways, there are an increasing number of studies which warn off the psychological and behavioral consequences associated with problematic internet use. Despite the amount of literature existent about this topic there has been few attempts in order to identify related variables and to develop explicative models. The objective of this study was to analyze the relationship between Problematic Internet Use and different variables (sociodemographic, the role of the parents, usage habits, academic performance and consequences of inappropriate internet use). To do this, we selected a sample which involved a total of 1709 Compulsory Secondary School students from de province of A Coruña whose ages ranged between 11 and 17 years. Results not only show that a 26.6% of the sample has a Problematic Internet Use, but being female and having parents which don´t use Internet may constitute risk factors. It has also been found that Problematic Internet Use is related with a lower academic performance and a greater presence of physical and psychosocial symptoms, presumably consequence of the inadequate Internet use. Keywords: adolescents, Internet, New Technologies, prevention, problematic use.
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Full number: Volume 12, Number 1 / Número completo: Volumen 12, Número 1

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De acuerdo con los datos presentados en el estudio uno, encontramos los tres componentes actitudinales utilizando un análisis factorial explo- ratorio, con valores de varianza explicada idénticos (y en algunos casos superiores) a las versiones originales de las escalas. También los valores de fiabilidad los podemos considerar adecuados. No obstante, en las escalas de actitudes hacia al alcohol y otras drogas, uno de los ítems (en cada ins- trumento) presentó valores de saturación más elevado en un componente que no se corresponde con el original. En concreto el ítem 13 de la escala de actitud hacia el alcohol, así como el caso del ítem 1 de la escala de actitud hacia otras drogas. Pensamos que las diferencias culturales podrían expli- car estos resultados, suponiendo que el ítem “estaría dispuesto a comprar alcohol para mi uso y el de mis amigos” se prestaría a una interpretación distinta en función de si se entiende como predisposición hacia el consumo o si se orienta hacia una mera disposición de uso, y en el caso del ítem “las drogas producen infelicidad” puede haber sido entendido en la muestra portuguesa como más próximo a la percepción de riesgo (de consecuen- cias emocionales negativas) que a la percepción de satisfacción. Además, siendo el único ítem invertido de esa sub-escala puede haber contribuido a una saturación más elevada en el segundo componente. En términos de consistencia interna de las escalas el cambio de los ítems no produjo efectos significativos en la fiabilidad.
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Full number: Volume 7, Number 1 / Número completo: Volumen 7, Número 1

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Teniendo esta realidad como base, en este número monográfi co de Salud y Drogas se pretende incidir en la descripción de algunos de los aspectos que condicionan el complejo proceso de integración sociolaboral de los drogodependientes. Así, de Pablo y Pizarro (2007) introducen el marco teórico que describe la evolución sufrida por las entidades de acción social en su modelo organizativo en un intento de dar respuesta a las demandas actuales de los colectivos de exclusión social de cara a su incorporación al mercado laboral. Sanz y Monsalve (2007) describen las cambios que ha experimentad o el perfi l de las personas drogodependientes que acuden a recursos de integración sociolaboral, y como eso ha condicionado una adaptación metodológica en la forma de trabajo de los profesionales. Rodríguez (2007) complementa la visión anterior aportando la experiencia diaria de trabajo desde un recurso de tratamiento en drogodependencias, con un enfoque más global de cómo todos los condicionantes de exclusión interactúan entre sí en cada caso (área familiar, personal, económica, terapéutica, etc.). En el artículo de Calvo (2007) se destaca el papel de la familia como elemento motivador y de apoyo, no sólo en el proceso de deshabituación de una persona drogodependiente, sino también en su itinerario de integración sociolaboral. Con la aportación de Verdú (2007) se describe la red de recursos existentes para la integración social de los drogodependientes a nivel autonómico, enmarcados dentro de la estructura asistencial promovida por la administración pública.
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Full number: Volume 4, Number 1 / Número completo: Volumen 4, Número 1

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En la búsqueda de una perspectiva integradora, el tema del tabaquis- mo en los y las jóvenes debería ser tratado con más profundidad como una conducta de riesgo, la cual, al ser comparada con otras propias de la experimentación juvenil, resulta ser las más peligrosa. En este sentido los datos del Banco Mundial y de la Organización Panamericana de la Salud (Banco Mundial y OPS, 1999). revelan que si se extrapola la información de los países industrializados a aquellos de ingreso medio y bajo se tiene que de cada mil varones de 15 años que viven en estos últimos, 125 mori- rán a edades maduras a causa del tabaquismo si continúan fumando regularmente, en tanto que otros 125 morirán por la misma causas a eda- des avanzadas. En comparación, diez morirán a edades maduras debido a causas violentas y 30 lo harán a edades maduras por motivos relacio- nados con el alcohol (excluyendo los accidentes y las muertes violentas). El papel de la publicidad o, en general, el de las estrategias tendientes a inducir el consumo (marketing), persiste como un tema de importancia en el medio nacional, toda vez que una amplia mayoría de los y las jóve- nes refieren estar expuestos a ellas. Llama la atención la existencia de un grupo de tal magnitud (81.7%) frente al de jóvenes (muchos de ellos den- tro del conglomerado antes citado) que refiere haber estado expuesto también a los mensajes anti-tabaco; de donde se podrían sugerir explo- raciones tendientes a dilucidar su importancia o su pertinencia frente al cúmulo de mensajes promotores del consumo y, en el nivel político, con- siderar los datos sobre publicidad que contempla este estudio como un elemento más para orientar las posiciones nacionales en el ámbito del Convenio Marco para el Control del Tabaquismo.
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Full number: Volume 6, Number 1 / Número completo: Volumen 6, Número 1

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break down these barriers. Program developers, implementers, and sponsors must work together to develop strategies to facilitate and enhance implementation. It has been pointed out that a key to bringing evidence-based prevention programs to successful practice settings is “understanding how programs and policies can be implemented so that quality is maintained and the programmatic objectives intended by the program developers are achieved” (Dusenbury et al., 2003). Research has identifi ed a large number of barriers that can interfere with high fi delity implementation and reduce overall program effectiveness. These barriers included a lack of teacher training and program materials, inadequate provision of information regarding the program characteristics and effi cacy to the target audience, concerns about the appropriateness of a generic innovation “not invented here,” and a lack of trust of scientifi c fi ndings; institutional factors include decentralized decision making and a lack of program guidance from school district personnel, and a focus on daily management and organizational survival that takes precedence over strategic planning and innovation (Rogers, 1995; Hallfors & Godette, 2002; Backer, 1991; Backer, David, & Soucy, 1995; Domitrovich & Greenberg, 2000).
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Full number: Volume 3, Number 1 / Número completo: Volumen 3, Número 1

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En 1967, la OMS y la UNESCO reconocieron que el profesorado era un agente fundamental en la EpS en la escuela. Pero no todos los profesores se ven capacitados o tienen tiempo para formarse en materia de salud. En países como Francia o Reino Unido, existe la figura de la Enfermera Esco- lar, que además de ocuparse de los exámenes de salud y de los progra- mas de vacunaciones, desarrolla funciones docentes dirigidas a padres, profesores y alumnos. En nuestro país, se ha encendido la luz de alarma, y se están empezando a impulsar programas de EpS en la escuela desde algunos Ayuntamientos y asociaciones. El caso más reciente es el del Ayuntamiento de Petrer (Alicante), que a través de su Concejalía de Sani- dad, contrató a tres profesionales de Enfermería especialistas en preven- ción, para implementar un programa de EpS en todos sus colegios durante el curso académico 2002-2003. La fenomenal acogida de esta ini- ciativa por parte de toda la comunidad educativa, ha hecho que para el próximo curso se amplíe el programa a toda la Enseñanza Secundaria, y se duplique el número de profesionales de Enfermería que trabajen en él. Las limitaciones de los programas de salud escolar podrían mejorarse si se coordinan las personas implicadas en el proceso educativo, es decir, familia, profesionales de la salud y de la enseñanza, y los recursos de la comunidad (Barlet, 1980). Pero aquí cada uno sigue haciendo la guerra por su cuenta: la coordinación intersectorial entre Educación, Bienestar Social, Salud Pública y Atención Primaria, es prácticamente nula. Toda- vía recuerdo, cuando empecé a trabajar en un Programa de Salud Esco- lar, y presentaba en los colegios las propuestas de intervenciones para cada etapa educativa: ¿otra vez van a hablar de drogas?, pero si aquí ya han venido varios a hablar de eso. Tardé algún tiempo en averiguar quié- nes eran “los de las drogas”, entre otras cosas, porque eran varios: los de la FAD, los de una Unidad de Prevención Comunitaria (UPC), los de la Concejalía de Educación, los Técnicos en Promoción de la Salud del Cen- tro de Salud Pública, y otras Asociaciones y ONGs. Lo más curioso era que entre ellos no se conocían: cuando fui a ver a los de Salud Pública y les dije que venía de visitar la UPC, pensaron que era un sindicato.
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Full number: Volume 2, Number 1 / Número completo: Volumen 2, Número 1

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En el País Vasco, existe una zona rural y agreste euskaldun 100%, deno- minada entre vosotros la “reserva étnica”, con comunidades rurales muy activas en movimientos comunitarios sociopolíticos y espacios festivos, artesanales e incluso montajes teatrales, en las que participan los vecinos. Esta dinámica ha ejercido un cierto control de los jóvenes y ha fortaleci- do el nivel interrelacional. Por eso, mi gran sorpresa fue el empezar a aparecer en la consulta jóvenes entre 13 y 15 años con problema de con- sumo de drogas (THC y anfetas), severas alteraciones de conducta y fra- caso escolar, procedentes de esta zona. Al principio fue un goteo aislado que posteriormente se generalizó, por lo que puedo tener una visión amplia de la situación. Lo que más me extrañó fue la total impotencia y pasividad con que los padres y autoridades estaban viviendo el fenóme - no. “Lo hacen todos”, “es lo habitual” y “no podemos hacer nada”. Nin- guna capacidad de agruparse, informarse y ejercer algún medio de pre- sión frente al fenómeno. Estando totalmente desinflados y desmotivados. Se mantuvo una reunión informativa con la Ertzaintza (Policía Vasca), la cual informó que “¿qué se puede hacer? ¡cuando hemos encontrado en el recreo a los profesores y los chavales fumando hachís juntos!”.
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Full number: Volume 11, Number 1 / Número completo: Volumen 11, Número 1

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Según estos datos en el mundo mueren diariamente 565 jóvenes de entre 10 y 29 años por violencia interpersonal. Señalándose como facto- res individuales el sexo masculino, las complicaciones del parto, los tras- tornos de la personalidad y de la conducta, la inteligencia / rendimiento académico deficientes, la impulsividad y problemas de atención y el con- sumo de alcohol. Y entre los factores relacionales, la escasa supervisión parental, los castigos físicos severos por parte de los padres, los conflic- tos parentales, el gran número de niños en la familia, tener una madre muy joven (p. ej., adolescente), la escasa cohesión familiar, vivir en un hogar monoparental, tener un bajo nivel socioeconómico en la familia y tener amigos delincuentes. Y por último, entre los factores comunitarios y sociales, la presencia de bandas, armas y drogas, la mala integración social/escaso capital social, las transformaciones demográficas rápidas en poblaciones jóvenes, la modernización y urbanización, la desigualdad en los ingresos, y estar en una cultura que da apoyo a la violencia (Krug et al. 2002).
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Full number: Volume 13, Number 1 / Número completo: Volumen 13, Número 1

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El consumo de drogas entre adolescentes constituye una realidad compleja sobre la que inciden numerosos condicionantes (Rial, Torrado y Varela, 2008). A pesar de los esfuerzos realizados en materia de prevención y los progresos constatados en los últimos años, son varios los elementos que justifican todavía cierta alarma social. En primer lugar, la aparición de nuevas sustancias de las que apenas se conocen sus efectos o consecuencias está generando un incremento importante de la morbilidad y mortalidad entre los jóvenes (Comisión Clínica de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, 2011). En segundo lugar, la edad de inicio al consumo de drogas ha ido disminuyendo en los últimos años hasta situarse entre los 13 y los 15 años para la mayoría de las sustancias, siendo el tabaco y el alcohol aquellas cuyo inicio se produce en edades más precoces (Observatorio Español de la Droga y las Toxicomanías [OED], 2011). Otro elemento a destacar es la extensión de un patrón de consumo que ha terminado por alcanzar a todos los estratos de la sociedad, a modo de epidemia social, sin que sea posible establecer un perfil de consumidor tipo. Alcohol, tabaco o cannabis son consumidos independientemente del género, la edad o el estatus socioeconómico, dificultando con ello la identificación de individuos en riesgo (Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, 2001, 2002; Moral, 2002).
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Full number: Volume 8, Number 1 / Número completo: Volumen 8, Número 1

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Cuestionario de Información sobre Drogas (CID; Espada, Méndez e Hidalgo, 2003). Indaga el conocimiento sobre los efectos a corto y largo plazo del alcohol y las drogas de síntesis. También identifica creencias erróneas sobre estas sustancias. Se compone de veinte preguntas con tres alternativas de respuesta y de seis escalas gráficas sobre la percepción del consumo de drogas por compañeros de la misma edad. Con el fin de descartar preguntas con escasa capacidad discriminativa, se estudió el índice de dificultad comprobando que ninguna era contestada errónea- mente por más del 90 % de los participantes. A partir de los análisis psi- cométricos, se establecieron dos subescalas que miden respectivamente la información sobre el alcohol y sobre las drogas de síntesis. La escala de información sobre alcohol comprende los ítems del 1 al 10. Se llevó a cabo un análisis factorial común de ejes principales iterados con rotación varimax. La estructura factorial fue unidimensional, explicando el 19.5 % de la varianza total (autovalor = 1.95). El coeficiente de consistencia inter- na, alfa de Cronbach, fue .50. La escala de información sobre drogas de síntesis comprende los ítems del 11 al 20. Se llevó a cabo un análisis sobre la estructura factorial del cuestionario, realizando un análisis factorial común de ejes principales iterados con rotación varimax. La estructura factorial fue unidimensional, explicando el 30.1 % de la varianza total (autovalor = 3.09, alfa de Cronbach = .74.
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Full number: Volume 9, Number 1 / Número completo: Volumen 9, Número 1

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management skills act indirectly to reduce substance use by protecting young people from other risk factors. Indeed, the term resilience refers to how individual differences in protective factors protect individuals from the effects of environmental risk, broadly defined. A consistent finding in the literature is that various self-management skills buffer young people from negative peer influences. A recent study found that students with low self-regulation were more vulnerable to the influ- ence of deviant peers; while those high is self-regulation, with better volitional control of attention and behavior, were less affected by peer deviance (Gardner et al., 2008). It is also likely that the effects of poor self-management skills on problem behavior result from the fact that skill deficits may impede learning opportunities provided through early schooling (Stott, 1981), resulting in poor academic performance. School failure, combined with inefficient problem solving skills, poor self- regulation and inadequate self-monitoring skills can lead to rejection by peers (e.g., Frentz, Gresham, & Elliott, 1991; Kupersmidt & Patterson, 1991). During early elementary school, the most impulsive students who have difficulty remaining on task or sitting still during class may have more difficulty with the skills needed to progress academically and socially, which in turn exacerbates skills deficits and increases feelings of disenfranchisement and alienation from school. Thus, it is likely that a number of developmental phenomena can explain the link between poor self-management skills and experimentation with alcohol, tobacco and other drugs in early adolescence and beyond.
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Full number / Número Completo: Volumen 14, Número 1

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The first reported HIV/AIDS case in Costa Rica was in 1983. According to official numbers, from 2002-2010 there were 2640 new HIV cases registered in the country. In Costa Rica in 2011 there was a total of 488 new cases with a rate of 10,57 per 100,000, the capital city of San José proper had the highest number of new cases (Ministerio de Salud, 2013). Cases are more common in urban areas; however, due to population mobility, border regions have been identified as high risk locations affecting mostly sexual workers (Goldenberg, Strathdee, Perez-Rosales, & Sued, 2012; The World Bank, 2006). Costa Rica HIV cases have risen over the decade from 8.6 in 2002 to 14.7 incidence in 2012 (Ministerio de Salud, 2013); however, AIDS cases remain stable as a result of an effective retroviral HAART treatment response from health authorities (Nattrass, 2008; Wheeler et al., 2001). As prevention strategy since in 1998, the general HIV/AIDS law established that condoms are distributed through the public health system (Ley General del VIH/SIDA de la República de Costa Rica., 1998). Access and privacy are still barriers for more regular HIV/AIDS testing (OPS, 2004). While the general public health response to HIV/AIDS has controlled the rise on the incidence of AIDS cases, additional measures are needed to control the future spread of HIV.
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Full number: Volume 1, Number 1 / Número completo: Volumen 1, Número 1

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El papel que juega el entorno familiar en la etiopatogenia del alcoholis- mo ha sido siempre un caballo de batalla de aquellos científicos e investi- gadores que pretenden dilucidar las causas de la conducta adictiva al alco- hol. Las familias con progenitores alcohólicos o con una historia reciente de alcoholismo desarrollan una dinámica familiar capaz de repercutir negativamente en la personalidad de los hijos (Pérez 1992). La existencia de un problema de alcoholismo parental por si mismo no correlaciona con el desarrollo de rasgos de personalidad patológicos en la prole. Es más, los resultados de las investigaciones sobre las actitudes hacia el alcohol por parte de hijos de alcohólicos (HDA) apuntan que estos tienen una opinión negativa del alcohol. La proporción en que los HDAs beben alcohol es notablemente inferior a la de los hijos de padres no alcohólicos, así mismo los HDAs muestran un firme rechazo ante la presión social (Rooney 1988). Por lo tanto, cabría pensar que ser hijo de alcohólico/a supone un factor de protección de la bebida, sin embargo como ya hemos descrito en anterior capítulo y a continuación profundizaremos, la familia del alcohólico pre- senta un gran número de problemas que favorecen la presencia de psico- patología tanto en el cónyuge como en la descendencia, siendo esto un fac- tor de riesgo para el consumo abusivo de alcohol.
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Full number: Volume 10, Number 1 / Número completo: Volumen 10, Número 1

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cio ilícito de drogas, solía asimismo internarse en los barrios bajos de la capital mexicana, haciéndose acompañar muchas veces de “viciosos y traficantes, para desentrañar todos los secretos de tan pernicio- so comercio”. De México pasó a Cuba, Chile, Bolivia y Perú, y en aquel país estudió minuciosamente la planta de la coca. Después marchó a Nueva York, donde “se introdujo en todos los medios del vicio, descubriendo y apoderándose de muchos secretos de los comerciantes ilegales en todo género de dro- gas”. Estando en Nueva York consiguió que el gobierno español le comisionara nuevamente a fin de completar los estudios realizados en Perú y concluir un gran proyecto que había expuesto al presidente Leguía, y que, de haberse puesto en práctica, “hubiera dejado sujeta a completo control de las autorida- des la producción y venta de la cocaína”. Nombrado representante de la Comisión especial creada por la Liga de las Naciones para la lucha contra las drogas, el doctor Pagador falleció a principios de 1931 en extrañas circunstancias durante una travesía del Canal de Panamá. Cfr. BARBERÁN, José L.: “La universal y milenaria manía de los tóxicos”, Ahora, 23/05/1933, pp. 33-35.
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Full number: Volume 11, Number 2 / Número completo: Volumen 11, Número 2

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determinantes cognitivos de la conducta. Además, ha sido ampliamente probada y utilizada en el área de las conductas adictivas y concretamen- te en el estudio del consumo de alcohol por parte de jóvenes (Adams, Evans, Shreffler, y Beam, 2006; Collins y Carey, 2007; Conner, Warren, Close y Sparks, 1999; Hassan y Shiu, 2007; Norman, Armitage y Quigley, 2007; O›Callaghan, Chant, Callan y Baglioni, 1996; Wall, Hinson, y Mc- Kee, 1998). Pese a que es escasa la aplicación del planteamiento en su totalidad (ver gráfico 1), la evaluación que se ha realizado de algunas de sus variables ha permitido obtener información general sobre las caracte- rísticas que mejor definen a un CI. Los diferentes estudios realizados (Jo- hnston y White, 2003; Norman, Bennett y Lewis, 1998; Norman y Conner, 2006; O›Callaghan et al., 1996; Turrisi, 1999), destacan la actitud positiva que muestran estos jóvenes hacia este patrón conductual, el sentirse más presionados a nivel social para realizar este tipo de consumo o la relación inversa que aparece entre su percepción de control y el CI que realizan. A pesar de ello todavía no se dispone de información sobre las creencias (conductuales, normativas y de control) que fundamentan la realización de esta conducta, motivo por el cual se insiste en la necesidad de evaluar la totalidad de los determinantes propuestos en este marco teórico.
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Full number: Volume 3, Number 2 / Número completo: Volumen 3, Número 2

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libertad individual. Aunque pudiéremos mencionar múltiples ejemplos en esta línea, cabe destacar por su repercusión social, el estigma creado artificialmente sobre la juventud presentándola como una juventud des- motivada e insolidaria y preocupada exclusivamente por el consumo de alcohol y otras drogas en su tiempo de ocio. Es sabido que no ha existi- do en ninguna época anterior en nuestro país, un número mayor de abs- temios entre la población juvenil, por tanto, esta percepción se aleja radi- calmente de la verdad. ¿Pero cual es la motivación de la derecha para expandir esta imagen?. La respuesta es obvia: cuando hablan de “preve- nir los consumos de fin de semana”, intentan ofrecer una justificación bondadosa a las medidas coercitivas y represivas encaminadas a solu- cionar otro problema bien distinto que es, el de la convivencia con los vecinos que sufren la consecuencia negativa del “botellón”.
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Full number: Volume 2, Number 2 / Número completo: Volumen 2, Número 2

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4. Brief Symptom Inventory (BSI) (Derogatis, 1975): instrumento de screening; forma abreviada del SCL-90 del que también es autor Deroga- tis y, del que posteriormente apareció una versión revisada, el SCL-90-R (Derogatis, 1983). El BSI tiene una buena correlacion con el SCL-90, por encima de 0.90 en todas las dimesiones (Derogatis y Cleary, 1983) y ade- más es mucho más ágil en su administración. Consta de 53 ítems, que el usuario valora en una escala tipo Likert de 5 puntos (desde nada=0, hasta 4=mucho). El BSI incluye (al igual que el SCL-90) nueve dimensiones sin- tomáticas y tres índices globales que describen la intensidad de la psico- patología del encuestado: índice de severidad global, índice de malestar y, total de síntomas positivos. Estos índices globales son los utilizados en el estudio. El índice de severidad global (GSI) proporciona un indicador sensible de la respuesta del nivel de estrés experimentado por el pacien- te. Combina la información del número de síntomas presentes y la inten- sidad del distress. El índice de malestar (PSDI) es una medida de la inten- sidad del nivel de distress experimentado en función del número de sín- tomas, informando sobre el estilo de respuesta de distress. Finalmente, el indicador total de síntomas positivos (PST) revela el número de síntomas que el paciente afirma experimentar y, se utiliza conjuntamente con los otros indicadores globales comunicando la amplitud del distress emo- cional del individuo.
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Full number: Volume 4, Number 2 / Número completo: Volumen 4, Número 2

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Este cuestionario, desarrollado para satisfacer la demanda de la Fede- ración Andaluza de Jugadores en Rehabilitación (Salinas, 1999; Salinas y Roa, 2001), se basa en el criterio diagnóstico del DSM-IV, pero en lugar de trasponer los diez ítems en sus mismos términos pretende recoger pensamientos, sensaciones y conductas que experimentan los jugadores de nuestro entorno y que reflejan las formas en que ellos materializan los ítems del criterio del DSM-IV. El punto de partida fue un conjunto de entrevistas en profundidad a miembros y técnicos de FAJER para anali- zar la validez de contenido de los ítems del DSM-IV entre los jugadores andaluces y las formas en que se manifiestan. A continuación se redacta- ron 73 ítems que debían hacer referencia a un solo criterio y mostrar un gradiente de gravedad en el mismo. Para la redacción se recurrió a ítems de cuestionarios preexistentes que cumpliesen las condiciones anteriores y a expresiones utilizadas por los jugadores para describir su comporta- miento cuando eran jugadores activos. El análisis de los ítems redujo su número en el cuestionario definitivo a 50. Cada ítem presenta tres alter- nativas de respuesta: nunca; a veces; muchas veces que se puntúan cero, uno y dos. La puntuación total es la suma de las puntuaciones de los ítems y puede tomar valores entre cero y cien.
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Full number: Volume 6, Number 2 / Número completo: Volumen 6, Número 2

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Las circunstancias cambian, no obstante, si nos referimos a otros ámbi- tos como, por ejemplo, el submundo marginal donde se consumen drogas ile- gales en condiciones higiénicas y de calidad de vida precarias. Aquí la situa- ción de la mujer es atroz, ya que tiene que adaptarse a un entorno duro y hos- til donde impera la ley del más fuerte. Para sobrevivir, la mujer no pocas veces se asocia a un varón que le proporciona droga. O acaba vendiendo drogas ella misma de forma arriesgada, pudiendo llegar a prostituirse incluso ambas cosas a la vez. Si antes decíamos que la mujer alcohólica demanda tratamien- to con mayor frecuencia relativa que el hombre, en el caso de la mujer adicta marginal ocurre al revés. Por increíble que parezca, la mujer heroinómana que soporta una vida "tirada" sufre maltrato, extorsión, y carencias sin fin, tarda más tiempo que el hombre en iniciar tratamiento. Efectivamente, si por cada heroinómana hay aproximadamente 4 ó 5 varones consumidores, la propor- ción de mujeres que solicitan tratamiento desciende a 1 por cada 7 heroinóma- nos. Una de las razones que invocan para esta tardanza es la desconfianza en los centros de asistencia. En nuestra opinión, no obstante, concurren otros fac- tores como los siguientes: mayor disponibilidad de droga que los hombres y quizá, más prejuicios hacia el tratamiento. Las heroinómanas se endurecen tanto debido a la ajada vida que llevan que cuesta - siempre en términos gene- rales - más trabajo tratarlas porque antes tiene que desmontarse todo ese baga- je actitudinal negativo que arrastran.
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Full number: Volume 6, Number 2 / Número completo: Volumen 6, Número 2

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En este sentido, a pesar de que los estudios demuestren la necesidad de asumir una postura holística del ser humano, enfatizando igualmen- te las variables cognitivas y emocionales, la escuela y la sociedad en general, han sido negligentes, al no proporcionar la satisfacción de las necesidades para un desarrollo integral de los individuos, al nivel de va- riables fundamentales (Moreira, 2002; 2003; 2004; 2005). Esta negligencia se fundamenta en cuatro puntos fundamentales: (1) concepción dualista del ser humano, no sólo por parte de la escuela, sino también de la socie- dad en general, según la cual, la razón tiene prioridad sobre las variables afectivas); (2) Elevada prevalencia de vulnerabilidades desarrollistas en la población, precisamente por la desvalorización de las variables psi- cológicas desarrollistas estructurantes; (3) Falta de preparación de los profesores sobre la concepción del niño como un todo. Los currículos escolares valorizan las variables cognitivas e, incluso, los profesores no están preparados, ni reciben formación para el desarrollo y intenciona- lización de otro tipo de variables, que no sean las cognitivas; y, (4) Falta de comprensión de los procesos básicos, relacionados con el proceso de enseñanza y aprendizaje, en el que los profesores muestran enormes in- capacidades y déficit, principalmente en un elemento fundamental como es la relación de la comprensión y intencionalización del desarrollo de las variables socio-afectivas (Moreira, 2003).
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