PDF superior La crítica de Bolívar Echeverría del barroco y la modernidad capitalista (Debate)

La crítica de Bolívar Echeverría del barroco y la modernidad capitalista (Debate)

La crítica de Bolívar Echeverría del barroco y la modernidad capitalista (Debate)

En relación con esta idea del ocultamiento del carácter icticio del discurso, me gustaría recordar que Echeverría, en la introducción a La mirada del ángel, anota que Benjamin en Sobre el concepto de historia busca realizar “una radical corrección mesiánica al utopismo propio del socialismo revolucionario: sacar de su escondite al ‘enano teológico’ que es el secreto de la eiciencia discursiva del materialismo históri- co” (2005: 16). Como sostiene Echeverría más adelante en su artículo “El ángel de la historia y el materialismo histórico”, Benjamin critica “el progresismo propio del ma- terialismo histórico ‘socialdemócrata’” (2005: 31) y advierte el peligro de que la teoría de la revolución, el materialismo histórico revolucionario, olvide su carácter icticio; el “enano teológico”, el discurso utópico-mesiánico no puede quedar escondido bajo el disfraz de un muñeco automático en traje de turco, es decir, bajo la apariencia cientíico política que ostenta el materialismo histórico revolucionario.
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TítuloLa experiencia barroca de la modernidad latinoamericana: entorno al pensamiento de Bolívar Echeverría

TítuloLa experiencia barroca de la modernidad latinoamericana: entorno al pensamiento de Bolívar Echeverría

La lectura del argentino Enrique Dussel no es muy distinta de la de Santos, si bien aporta, a mi modo de ver, mayor cantidad de elementos que enriquecen conceptualmente el debate. En su programático libro 1492: el encubrimiento del otro, Dussel (1994, p. 13) arremete contra el concepto emancipador de modernidad, acusando que en él se encubre un mito; se sostiene el sacrificio violento de la alteridad. Dussel, como va a plantear Jaime Ortega Reyna (2016), sostiene la existencia de un resquicio no capitalista, “que está siempre más allá de él y de sus determinaciones fenoménicas” (2016, p. 188), y que es central como aquello a lo que se debe aferrar una filosofía de la liberación. En lo que acierta Dussel (1994), sin duda, es en el señalamiento de que la filosofía europea de la Aufklärung no se buscó realizar como universal, por más que hablara del proceso de devenir hombre en términos universales. De esto, sin embargo, no se puede concluir, como a veces pareciera hacer Dussel, en la reducción de este movimiento filosófico moderno a una posición eurocéntrica que fataliza esa desigualdad, velada tras el discurso universalista. Más bien, habría que desfetichizar dichos conceptos (Ilustración, Historia, etc.) y exigirles partir de lo concreto, como ya la misma filosofía crítica europea advirtió (Adorno, 2005); historizarlos y llevarlos a que cumplan con ese sentido universal del que dicen ser portadores. Esto no sería un acto aislado, o que surge desde otro lugar que no sea la misma Europa y el mismo movimiento filosófico moderno; es ser consecuentes con el carácter histórico y dinámico de los conceptos, que desde Hegel mismo ya se pregona, y que desarrollarían a cabalidad Marx y la Escuela de Frankfurt, entre otros, bajo la forma del materialismo histórico. Asumiendo el problema de manera dialéctica, no se puede más que estar, al mismo tiempo, con y contra Dussel.
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El barroco y Bolívar Echeverría : encuentros y desencuentros (Dossier)

El barroco y Bolívar Echeverría : encuentros y desencuentros (Dossier)

Aparte de contextualizar el concepto del barroco, es imprescindible desde la historio- grafía escrutar las principales categorías con las que Echeverría lee el barroco para resi- tuarlo en el proyecto historiográfico. Esta operación abarca tanto una crítica teórica a estas categorías como cotejarlas con los estudios históricos. De la formidable obra del historiador Fernand Braudel, Echeverría tomó la idea de que la Europa mediterránea, fortalecida por la conquista de América, mantuvo en jaque al capitalismo protestante del norte de Europa por más de un siglo, permitiendo que surgiera una variante dis- tinta del capitalismo y, por tanto, de la modernidad en el Mediterráneo (Echeverría, 2010: 224) y por extensión en América Latina. Se trataba para Braudel del triunfo, por lo menos durante una época histórica, de un “capitalismo mercantil” que aceptó el mercado pero se mantuvo básicamente inmune a la industrialización de los procesos productivos (Echeverría, 2010: 224-225). La noción de una vía barroca a la moderni- dad capitalista que abarcaba tanto al Mediterráneo como a América Latina apunta a una multiplicidad de modernidades y a una modernidad híbrida que exhibía rasgos modernos entremezclados con aspectos tradicionales. Aunque Echeverría no lo hizo explícito, la hibridez temporal habría estado atada a una subsunción meramente for- mal de los procesos productivos a la lógica del capital.
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Crítica, política, modernidad (Bolívar Echeverría y el marxismo) (Análisis)

Crítica, política, modernidad (Bolívar Echeverría y el marxismo) (Análisis)

Advertimos la necesidad de repen- sar las problemáticas formuladas por Echeverría desde las cuales buscó con- tribuir al conocimiento de América Latina, esto es, de nuestra condición histórica, del modo peculiar de ser modernos. Sin ser exhaustivo indique- mos algunas de sus problemáticas: la utopía comunista, la forma natural de la reproducción social, el fetichismo moderno, el discurso crítico, la enajena- ción como la categoría central del edifi- cio crítico de Marx, la enajenación de lo político, el ethos barroco, el mestizaje cultural, la renta tecnológica, el agota- miento de las categorías políticas modernas (revolución, nación, demo- cracia), la dialéctica temporal de la vida cotidiana, la fiesta y el arte, el juego y la filosofía, entre otras.
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La subversión del buen vivir (rebeldía esclarecida para el siglo XXI: una perspectiva crítica de la obra de Bolívar Echeverría)

La subversión del buen vivir (rebeldía esclarecida para el siglo XXI: una perspectiva crítica de la obra de Bolívar Echeverría)

RESUMEN El debate sobre el modelo civilizatorio de la modernidad de Occidente, con su economía concentradora y excluyente, y su matriz económico energética petrolera y extractivista no sustentable, ha reavivado en los escenarios políticos y académicos de la salud la discusión de la propuesta del buen vivir inscrita en las nuevas constituciones de Bolivia y Ecuador. Ante la crisis social, sanitaria y ambiental producida por la imposición de una economía de la muerte, y la consiguiente multiplicación de modos de vivir mal- sanos, se discuten aquí las tesis de Bolívar Echeverría sobre la base material de la vida y la cultura, como una herramienta para evaluar históricamente los desempeños de los gobiernos de las izquierdas realmente existentes, y trabajar un modelo de transición his- tórica y el indispensable remozamiento de la conciencia crítica desde una visión radical- mente renovadora, pero que mire la realidad sin dogmatismo, sin estridencias míticas y con un sentido de profunda autocrítica.
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Concepciones sobre lo barroco  Una aproximación teórica a los idearios de Severo Sarduy, Bolívar Echeverría y Johan Huzinga

Concepciones sobre lo barroco Una aproximación teórica a los idearios de Severo Sarduy, Bolívar Echeverría y Johan Huzinga

¿Puede considerarse entonces al ethos barroco un pensamiento de-colonial? Quizá sólo en cierta medida. En efecto, tanto éste como el neobarroco sarduyano nacen del hartazgo producido por la lógica de la modernidad capitalista y su anquilosada retórica. Tan asfixiantes, tan reducidas y, sí, tan exasperadamente represivas. Ambos, además, proponen maneras propias de confrontarlas o resistirlas: juegos que crean mundos otros, en el caso de Sarduy mediante un lenguaje ensimismado y enloquecido, en el caso de Echeverría mediante la estetización de la vida cotidiana. No en vano el filósofo mexicano nombró a este comportamiento “barroco”, aludiendo así a su capacidad para tratar con naturalidad el hecho capitalista propio de la vida moderna –aceptar las leyes de circulación mercantil ante las que se sacrifica el valor de uso– y al mismo tiempo inconformarse con éste y someterlo a un juego de transgresiones que lo refuncionalizan sin destruirlo, en similitud con la manera en que la
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Barroco americano y crítica de la modernidad burguesa

Barroco americano y crítica de la modernidad burguesa

sus viejas promesas y, de ser así, cuáles serían el sentido y el alcance de dicha recuperación. Hasta donde alcanzo a comprender, para Echeverría lo recuperable de aquella experiencia ra- dicaría en lo señalado más arriba en relación con la definición del ethos barroco en tanto modo de comportamiento orientado a tornar vivible el hecho capitalista con base en una desviación estetizante que consigue transgredir las leyes de la circulación mercantil y reafirmar en un segundo nivel la corporeidad concreta del valor de uso. Este rasgo decisivo del ethos barroco parece robustecer la convicción de Echeverría según la cual no resulta del todo imposible ima- ginar una modernidad cuya estructura no estuviese armada en torno al dispositivo capitalista de la producción, la circulación y el consumo de la riqueza social. Para Echeverría, “Débiles son los indicios de que la modernidad que predomina actualmente no es un destino inelucta- ble —un programa que debemos cumplir hasta el final, hasta el nada improbable escenario apocalíptico de un retorno a la barbarie en medio de la destrucción del planeta— pero no es posible pasarlos por alto”. 3
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Dos miradas de la actitud crítica en la modernidad: como actitud racional en J. Habermas y como actitud espontánea en B. Echeverría

Dos miradas de la actitud crítica en la modernidad: como actitud racional en J. Habermas y como actitud espontánea en B. Echeverría

De tal suerte que las sociedades tradicionales continúan existiendo, a tualiza su ethos e sacrificio para el capitalismo, para satisfacer sus necesidades de acumulación. Luego, la relación entre modernidad y capitalismo o la integración del hecho capitalista por parte del ethos no se da de manera biunívoca – como lo plan tea We e o su idea de éti a p otesta te espí itu del apitalis o - sino de diferentes maneras. Las diversas estructuras tradicionales prestan su forma a la reproducción social del capital produciendo así varias formas de integración del capitalismo, Echeverría distingue cuatro: realista, romántica, clásica y barroca. Al ethos realista le corresponde el tipo protestante calvinista de Weber que, corresponde a su vez, al tipo ideal para el mejor funcionamiento de la producción capitalista de mercancías. Los otros ethos se o st u e de algu a fo a o o espuesta a este tipo ealista. Se trata, en todos ellos, de estrategias de comportamiento dirigidas a alejar de la vida normal cotidiana, a neutralizar en ella, la experiencia en principio insoportable de una realidad contradictoria que se resuelve una y otra vez en un sentido negativo, hostil al despliegue de las potencialidades humanas (Echeverría B. , 2008, pág. 106). Nos enfocaremos, por lo demás, en el ethos barroco exclusivamente porque hace referencia al origen de nuestras sociedades en su traumática inserción al capitalismo por medio de la conquista española.
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presentación

presentación

diferentes apartados (resumen, introducción, materiales y métodos, resultados, discusión y bibliografía) todo el trabajo y resultados novedosos obtenidos en un aspecto muy concreto –a ve[r]

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La infancia y la adolescencia entre la sociedad del conocimiento y la sociedad del riesgo

La infancia y la adolescencia entre la sociedad del conocimiento y la sociedad del riesgo

Más que proteger el cuerpo como refugio de una identidad estable y separable, toda esta realidad induce a reflexionar que el sujeto es también el objeto como una forma particular de au[r]

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Modernidad y capitalismo – Bolivar Echeverría

Modernidad y capitalismo – Bolivar Echeverría

Sin una población excedentaria, la forma capitalista pierde su función mediadora —desvirtuante pero posibilitante— dentro del proceso de producción/consumo de los bienes sociales. Por ello, la primera tarea que cumple la economía capitalista es la de reproducir la condición de existencia de su propia forma: construir y reconstruir incesantemente una escasez artificial, justo a partir de las posibilidades renovadas de la abundancia. La civilización europea emprende la aventura de conquistar y asumir el nuevo mundo prometido por la re-fundamentación material de la existencia histórica; el arma que emplea es la economía capitalista. Pero el comportamiento de ésta, aunque es efectivo, es un comportamiento doble. Es una duplicidad que se repite de manera particularizada en todas y cada una de las peripecias que componen esa aventura: el capitalismo provoca en la civilización europea el diseño esquemático de un modo no sólo deseable sino realmente posible de vivir la vida humana, un proyecto dirigido a potenciar las oportunidades de su libertad; pero sólo lo hace para obligarle a que, con el mismo trazo, haga de ese diseño una composición irrisoria, una burla de sí misma.
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EL CUERPO DE LETRADOS DEL GABINETE JURÍDICO DE CASTILLA-LA MANCHA Y LA PLACA Y LA MEDALLA

EL CUERPO DE LETRADOS DEL GABINETE JURÍDICO DE CASTILLA-LA MANCHA Y LA PLACA Y LA MEDALLA

Así llegamos a la actual norma que rige la materia que tratamos que es la Ley 5/2013, de 17 de octubre, de ordenación del servicio jurídico de la Administración de la Junta de Comunid[r]

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Hablar y escuchar en el capitalismo tardío. Reflexiones sobre la Teoría crítica de Bolívar Echeverría

Hablar y escuchar en el capitalismo tardío. Reflexiones sobre la Teoría crítica de Bolívar Echeverría

O, para formularlo de otro modo, con mayor proximidad a la teoría materialista de la cul- tura, a la que aspira Echeverría: ¿cómo es posible concebir cierta determinación cultural de la praxis humana, en especial la productiva (y de consumo), sin caer en fijaciones etnologizantes o, incluso, biologistas de los sujetos humanos en sus respectivas formas cotidianas de repro- ducción? Echeverría, que según se ha mencionado, no limita la cultura humana a sus formas ‘elevadas’, por ejemplo, el arte de los museos, sino en primer término al modo y manera preci- sos de la reproducción material (como unidad de la producción y el consumo); y así encuentra una adecuada imagen de esta relación entre libertad y tradición; entre la individualidad y una colectividad determinada por la historia y la geografía: esa imagen está en el lenguaje humano y en sus innumerables actos de habla y en una ciencia que investiga en ellos esa relación de intercambio: la semiótica, fundada por Ferdinand de Saussure. Para ello, se refiere a autores como Roman Jakobson y Louis Hjelsmlev. 1
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La reproducción de las ideologías de grupo a través del discurso periodístico  Análisis de una publicación periódica cubana

La reproducción de las ideologías de grupo a través del discurso periodístico Análisis de una publicación periódica cubana

constituyen las estructuras con mayor efecto sobre los modelos mentales de los lectores, por lo que en el presente estudio se analizan fundamentalmente las Macroestructuras semánticas y los Macro-actos de habla, y se describen las estrategias de expresión ideológicas desarrolladas a través del cuadrado ideológico. Se concibe la ideología como un sistema cognitivo que define a los miembros del ingroup a través de seis categorías que conforman el llamado esquema ideológico: criterios de identidad-diferenciación, tareas o acciones típicas, objetivos, normas y valores, acceso a determinados recursos y relaciones con el outgroup (grupos cuya ideología no se comparte) (Van Dijk, 1980; 1999; 2005). Se determina cómo, desde la variedad temática que implica el debate acerca de la cultura como forma de pensamiento, el análisis crítico de valores sociales y la crítica permanente al sistema capitalista, la revista defiende la identidad nacional y (re)produce creencias y opiniones con implicaciones ideológicas relevantes para la conformación del sistema de representaciones colectivas inherentes al sistema social cubano.
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Azorín, traductor del teatro de la modernidad en El doctor Frégoli o la comedia de la felicidad

Azorín, traductor del teatro de la modernidad en El doctor Frégoli o la comedia de la felicidad

que su teatro pueda disgustar, es la condición de todos los creadores de lo nuevo. Las reseñas que María Francisca Vilches y Dru Dougherty recogen en su estudio La es- cena madrileña entre 1923 y 1931 no tienen el tono tan negativo que la de Manuel Abril (1997: 280). Los autores de este estudio ponen de realce la osadía de representar en ple- no Madrid una obra contemporánea rusa que ya tenía éxito en París y Norteamérica. La crítica de la época quiso ver en esta pieza teatral el intento de aportar a la escena ma- drileña una novedad, insistiendo en el aspecto experimental de la obra rusa, por cuanto tenía para ellos algunos indicios de renovación teórica y de puesta en escena. También mostró cierta benevolencia para con la obra de Evreinov y supo convencer al público de su carácter vanguardista. Otros comentarios, como el de Ramón Gómez de la Serna, consagran el vanguardismo de Azorín: “Pero un día se despertó renovador, prohijando todo lo nuevo” (apud Diez Mediavilla 1993: 155).
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Bolívar Echeverría: Azares de la filosofía

Bolívar Echeverría: Azares de la filosofía

Como consecuencia de la problemática desatada por esta cuestión, la filosofía debía ocuparse fundamentalmente de su época, en la cual “el futu- ro habría ya empezado”. Precisamente, una filosofía que se había extendido por toda América Latina en esos años recalcaba lo que se llamaba el compro- miso de los intelectuales en general con el presente. Este compromiso era inevitable como consecuencia de la facticidad de la existencia humana. El intelectual y por ende, el filósofo, debía ser comprometido con el presente pero para cambiarlo, no, por supuesto, por decisión propia, sino por la con- dición misma del tiempo en la Modernidad. La difícil alianza entre el mar- xismo entendido como teoría política de la Revolución pero también como inspirador de los modelos del socialismo real y el pensamiento occidental salido de la fenomenología y de las grandes escuelas desde la Ilustración esta- ba en principio soldada. Naturalmente, a la letra, equivalía a admitir que el presente de Marx era el presente de quienes a mediados del siglo XX se deba- tían en las luchas coloniales por la independencia de las metrópolis o, en el caso de América Latina, de dictaduras y de opresión y sobre todo de situa- ciones sociales injustificables que se volvían crecientes. Había en la América Latina de la época un sentimiento generalizado de embriaguez por el cam- bio –la Revolución– que se veía venir. ¿Qué relación existiría entre la Moder- nidad y la Revolución, y, todavía más importante, entre la Modernidad y los períodos en que la Revolución se agotaría y en su lugar se preferiría a la esta- bilidad de la Reforma? La época de finales del siglo XX parece ser otra:
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Barroco y modernidad: De Maravall a Lezama Lima

Barroco y modernidad: De Maravall a Lezama Lima

Unos años más tarde, ya en los ochenta, Gilles Deleuze dedica un libro, El pliegue, al estudio de Leibniz y el Barroco. Deleuze es, también, un formalista: de los tres grandes filósofos del siglo XVII —Spinoza, Descartes y Leibniz— elige al más radicalmente racionalista, al más abstracto, y afirma que “el Barroco no remite a una esencia, sino más bien a una función operatoria, a un rasgo” (Deleuze 1989: 11). El título del libro remite, además, al compositor contemporáneo Pierre Boulez, que compuso la pieza “Pli selon pli” a partir de la lectura de la obra de Mallarmé (desde “Don du poéme”, poema de juventud, hasta Un coup de dés, su última obra): “El pliegue —dice Deleuze— es sin duda la noción más importante de Mallarmé, no sólo la noción, sino más bien la operación, el acto operatorio que lo convierte en un gran poeta barroco” (1989: 45). La mención a estos dos últimos títulos no es mero oportunismo: Lacan y Deleuze están, cada uno a su manera, vinculados al estructuralismo, y hay que recordar que Maravall, que subtitula su tratado como “Análisis de una estructura histórica”, abre su libro con una reflexión acerca de la noción de estructura y del paralelismo de sus estudios sobre el Barroco con los desarrollos de Claude Levi-Strauss a partir de Las estructuras elementales del parentesco (1948). Es cierto, sin embargo, que ya Wölfflin, en Conceptos fundamentales de la historia del arte, señalaba: “Toda obra de arte es una estructura, un organismo” (“Forma cerrada y forma abierta”, Wölfflin 2002: 141).
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La dimensión ecológica del buen vivir: entre el fantasma de la modernidad y el desafío biocéntrico

La dimensión ecológica del buen vivir: entre el fantasma de la modernidad y el desafío biocéntrico

Las tensiones generadas cuando el concepto de buen vivir aborda la dimensión ambiental quedan en claro al comparar las nuevas constituciones de Bolivia y Ecuador. Mientras que en Ecuador se reconocen los derechos propios de la Naturaleza, y se apunta a una postura biocéntrica, la postura boliviana insiste en que un Estado debe industrializar los recursos naturales. Esto expresa la persistencia de aspectos propios de la Modernidad, con un antropocentrismo asentado en el dualismo Naturaleza-sociedad. El buen vivir necesariamente debe incorporar una dimensión ambiental, que desde el biocentrismo, le per- mita superar la herencia moderna, y transitar a otros desarrollos, con otra rela- ción con la Naturaleza, seguramente más austeros, pero más equitativos.
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El nuevo teatro de la memoria: la representación del dolor y la muerte

El nuevo teatro de la memoria: la representación del dolor y la muerte

Ahora bien, el  río Magdalena, por el  cual realizó Bolívar (el  de  carne y  hueso y  el  libresco) su último viaje, se ha convertido, materialmente y  como símbolo, en un emblema siniestro de nuestro tiempo. En Colombia, país de los grandes ríos, dice Ileana Diéguez repitiendo, subraya, un lugar común (Diéguez 2016: 227), los ríos se han convertido en espacios fúnebres donde desaparecen los cuerpos y cuyos restos se identi- fi can algunas veces por la presencia de los zopilotes, llamados gallinazos en aquel país11. Puerto Berrío, ciudad en el Magdalena medio12, que ha sido escenario de matanzas y de todo tipo de hechos violentos en las últimas décadas, se ha convertido así en un símbolo. Ahí se encuentra el objeto principal –y uno de los más impresionantes– de refe- rencia en el libro de Ileana Diéguez, obra que muestra varios fenómenos relaciona- dos con el tema. Hace ya algunos años, ciertos habitantes de Puerto Berrío, parientes ellos mismos de asesinados y desaparecidos, comenzaron a pescar los restos anónimos de los muertos que pasan por el río Magdalena, restos que, subrayo, no son para ellos
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La economía del Barroco: el segundo impulso capitalista (1580 1660)

La economía del Barroco: el segundo impulso capitalista (1580 1660)

el decreto se basaba en la idea mercantilista de que los dominios del rey poseían carácter autosuficiente, considerada la diversidad de sus gentes y recursos, mientras que los otros países carecen de lo nece- sario para valerse por sus propias fuerzas. Consiguientemente, bas- tará con cerrar el espacio de la monarquía a importaciones no con- sentidas mediante un arancel ad valorem del treinta por ciento. De este modo los súbditos se acostumbrarán a negociar entre sí; eso incidiría en un incremento de la demanda que animaría la produc- ción, y el conjunto incrementaría sustancialmente la recaudación fis- cal. Sin embargo, los enemigos de Felipe III poseían recursos más que suficientes para asfixiar a la monarquía, quien por su parte acabó enajenándose la cooperación de las potencias neutrales. Pero no fue, como pudiera pensarse, un fracaso: diversos tratados fueron restable- ciendo desde 1604 los lazos comerciales con el exterior, y el decreto sirvió de guía para la política económica española hasta el reinado de Carlos II. Es lógico que esto fuera así, porque en el plan Gauna, la península -o por mejor decir, el reino de Castilla- recupera el prota- gonismo que temía haber perdido con la dispersión territorial y el agotamiento del proceso expansivo de la monarquía. Esos temores eran compartidos por los políticos de la corte y los tratadistas de temas económicos, que ahora comienzan a pulular tanto en Castilla como en algunas posesiones europeas, especialmente Flandes. En los Países Bajos meridionales se produjo un debate sobre el papel del territorio dentro del conjunto hispánico, y sobre las medidas de reactivación de una economía exangüe tras décadas de guerra. Esta vez el protagonismo incumbe a grupos intelectuales alrededor de los centros universitarios o vinculados a la corte de Bruselas. La tregua de los doce años con las Provincias Unidas (1609-21) fue la hora clave del tratadismo flamenco. Sus raíces se hunden en la tradición
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