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«Al leer las constituciones de los pueblos cultos de la tierra, el filósofo no puede menos que sonreír. El ciudadano, según ellas, es casi un ser todo poderoso, libre, soberano, amo y señor de presidentes y reyes, de ministros y generales, de jueces, magistrados, diputados, senado- res, alcaldes y un verdadero enjambre de grandes y pequeños funcionarios. Y el ciudadano, con un candor que la experiencia no ha podido destruir, se cree libre..., porque la ley lo dice. “Dentro del territorio nacional todos nacen libres”, dice nuestra constitución. ¡Libres!, y con los ojos de la imaginación vemos al peón encorvado sobre el surco: dejó el lecho antes de que saliera el sol; volverá a él mucho después de que haya cerrado la noche. ¡Libre!, y en la fábrica, negra, nauseabunda, estruendosa, se agita una multitud de seres sudorosos, jadeantes, envejecidos en plena edad viril. ¡Libres!, y dondequiera vemos a hombres y mujeres, ancia- nos y niños trabajar sin descanso para poder llevar a la boca un pedazo de pan, nada más que lo suficiente, lo estrictamente necesario para que el trabajador pueda reanudar sus labo- res. ¿Sucedía acaso todo lo contrario cuando por la ley estaba instituida la esclavitud? ¿Trabaja, siquiera, menos el hombre hoy que es “ciudadano libre” que cuando era esclavo? El esclavo era más feliz de lo que es hoy el trabajador libre. Como había costado dinero al amo, éste cuidaba al esclavo; lo hacía trabajar con moderación, lo alimentaba bien, lo abrigaba cuando hacía frío, y si se enfermaba lo confiaba a los cuidados de algún médico. Hoy, los patrones no se cuidan de la suerte de sus trabajadores. No costándoles dinero la adquisición de éstos, los hacen desempeñar tareas agotantes que en pocos años acaban con su salud; no importándole que las familias de los trabajadores carezcan de comodidades y de alimen- tación, porque éstas no les pertenecen.
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LEER Y DESCARGAR el libro n° 109: “DANTON, MARAT Y ROBESPIERRE”

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La crisis de subsistencia era, en efecto, la causa principal del descontento popular. El precio máximo de los granos adoptado el 4 de mayo no había sido aplicado. La crisis del papel mon[r]

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Leer y Descargar el libro n° 98.MARXISMO Y FILOSOFÍA.Colección

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marxismo y filosofía, que de dos problemas que han sido apenas esbozados y de ninguna manera tratados exhaustivamente en este trabajo. Se trata de la concepción del propio marxismo, que forma la base de todas las exposiciones de mi trabajo y de la cuestión más general en la cual desemboca finalmente el análisis específico de la relación entre marxismo y filosofía: es decir, el problema relativo al concepto marxista de ideología o de la relación entre la conciencia y el ser. En este último punto las afirmaciones por mí enunciadas en “Marxismo y filosofía”, se acercaban muchas veces a las exposiciones con base filosófica mucho más amplia, de los estudios dialécticos de Georg Lukács que aparecieron con el título de “Historia y conciencia de clase”, más o menos por la misma época. En un “epílogo” a mi trabajo manifesté estar básicamente de acuerdo con Lukács, reservándome para más tarde un comentario exhaustivo sobre posibles divergencias de detalle, tanto respecto al contenido como al método. Este señalamiento fue considerado más tarde, equivocadamente, como prueba de un acuerdo total, especialmente por los críticos del partido comunista. Ni yo mismo me había percatado entonces de todo el alcance de las divergencias que existían entre Lukács y yo, las cuales no eran solamente “de detalle”, a pesar de las muchas afinidades de nuestra tendencia teórica. Por esta razón y otras que no sería pertinente analizar aquí, había hecho entonces caso omiso del requerimiento repetido por mis adversarios del partido comunista en el sentido de “delimitar” mis teorías frente a las de Lukács. Preferí soportar la confusión creada por los críticos al mezclar sin orden ni concierto las “desviaciones” de Lukács y las mías respecto de la “doctrina marxista-leninista”, fuera de la cual no hay salvación. Aún hoy, cuando ya no puedo añadir a la segunda edición de mi ensayo –que aparece sin cambios– una declaración de conformidad en los principios, y habiendo sido eliminadas todas las demás razones por las que antes no había hecho una aclaración explícita sobre nuestras divergencias, creo, sin embargo, formar objetivamente un solo frente con Lukács en lo principal, es decir, en la actitud crítica frente a la antigua y la nueva ortodoxias marxistas –la socialdemócrata y la comunista.
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Leer y Descargar el libro 94: La idea anarquista. Coleccion

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Siéndolo Dios todo, el mundo real y el hombre no son nada. Siendo Dios la verdad, la justicia, el bien, lo bello, el poder y la vida, el hombre es la mentira, la iniquidad, el mal, la [r]

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LEER Y DESCARGAR el libro: “ROUSSEAU Y MARX” de Galvano della Volpe

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La observación gnoseológica de Marx –es decir, que Proudhon, siguiendo el rodeo de su hegelismo, o sea de una consideración metafísica, apriorística y genérica, se vuelve a encontrar, al final, en el punto de partida, en el inmediato punto de vista económico burgués– nos recuerda significativamente, iluminándolos al mismo tiempo, los siguientes hechos: 1) el particular realce, precisado antes, en la misma Miseria de aquel “círculo vicioso” en que consiste, por ejemplo, determinar el valor de las mercancías en base al valor del trabajo, es decir un valor relativo basado en otro valor relativo que, a su vez, necesita ser determinado: 2) la observación general sobre la esterilidad cognoscitiva (“... se sabe acaso algo más...”) que sigue al querer remodelar el derecho real, correspondiente a la real producción de las mercancías, de acuerdo a un ideal de justicia abstracto; que sigue, en suma, a todo proceso de hipostatización, agudamente asimilado a esos procesos apriorísticos per excelencia que son los argumentos teológicos (aquí se habla de la teología laica del idealismo). Una observación general anotada en El Capital, como se recordará, y 3) la siguiente conclusión crítica de Lenin: que los razonamientos –aprioristas– hechos por los sociólogos burgueses metafísicos no son, en el mejor de los casos, más que un “síntoma” de las ideas y de las relaciones sociales de “su tiempo”, pero “no” hacen “progresar ni un ápice” la comprensión de las relaciones sociales “reales”. Y ya como observación lógico-crítica nos indica la clave del “misterio” de aquella “dialéctica científica” general, cuya instancia revolucionaria anima toda la polémica de la sección metodológica de la Miseria y de la Introducción del 1857, para estructurar luego positivamente El Capital: reflexiónese aquí sobre el significado perturbador, antidogmático, de aquella instancia del método, o sea de la sustancia del método del hombre de ciencia naturalista, del químico invocada como modelo, en cuestiones de economía, de justicia o “morales” en general. ¿Qué pensaríamos de un químico que, en lugar de estudiar las leyes reales del intercambio orgánico, y de resolver determinados problemas sobre la base de ellas,
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LEER Y DESCARGAR EL LIBRO: “PERIODISMO Y LUCHA DE CLASES” de Camilo Taufic

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No es extraño, por lo mismo, que las derivaciones prácticas de esta revolución conceptual provocada por la cibernética en el plano de las comuni[r]

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LEER Y DESCARGAR el libro n° 113. ¿Qué es la Libertad? por Gajo Petrovic

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sociedad capitalista, que él mismo había formulado en forma excelente en sus ensayos anteriores. En su planteamiento de que la industria se fija a sí misma objetivos, considera únicamente al objeto y no al sujeto de las leyes que gobiernan a la sociedad. La crítica de Engels en el libro de Lukács va precedida por un análisis más detallado de los conceptos de praxis en el idealismo germano, especialmente en Kant. En todo su análisis crítico son tomados desde un punto de vista que justifica el propio concepto de Lukács de la praxis, sobre todo en el sentido de un cambio revolucionario. Desafor- tunadamente, aunque el concepto de la praxis (de acuerdo con un testimonio posterior hecho por Lukács mismo en su Prefacio del 67 de la nueva edición de su libro) fue la. preocupación central de su trabajo, sus aclaraciones dispersas del concepto quedan menos claras y son menos sostenibles por lo que se refiere a sus comentarios acerca de la interpretación de Engels. En todo caso fue un gran estímulo para una posterior discusión y sigue siéndolo hasta la actualidad, a pesar de sus dos autocríticas, una compulsiva y otra aparentemente libre en 67. En su “Introducción” a la nueva edición de Historia y conciencia de clase, describe su crítica de Engels como sólo parcialmente justificada y se refiere a su propio concepto de la praxis revolucionaria como desvirtuado por sobretonos externos que tienen más que ver con el utopismo mesiánico de la izquierda comunista que con la doctrina auténtica de Marx. He aquí todo el problema tal y como lo han visto los filósofos yugoslavos de la praxis. Nos ha interesado mucho su crítica de Engels y hemos intentado desarrollar un concepto de la praxis que pensamos es el que tenía en mente Lukács, aunque él se haya juzgado a sí mismo diciendo que no había tenido razón en criticar a Engels. Algo similar
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LEER Y DESCARGAR: el libro n° 107. “ESTRUCTURA SOCIAL DE LA COLONIA”

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pueblo ha dado para todo: severidad para los viejos tiempos; austeridad para la República; depravación para los Emperadores; catacumbas para los cristianos; valor para conquistar el mundo entero; ambición para convertir todos los Estados de la tierra en arrabales tributarios; mujeres para hacer pasar las ruedas sacrilegas de su carruaje sobre el tronco destrozado de sus padres; oradores para conmover, como Cicerón; poetas para seducir con su canto, como Virgilio; satíricos, como Juvenal y Lucrecio; filósofos débiles, como Séneca; y ciudadanos enteros, como Catón. Este pueblo ha dado para todo, menos para la causa de la humanidad: Mesalinas corrompidas, Agripinas sin entrañas, grandes historiadores, naturalistas insignes, guerreros ilustres, procónsules rapaces, sibaritas desenfrenados, aquilatadas virtudes y crímenes groseros; pero para la emancipación del espíritu, para la extirpación de las preocupaciones, para el enaltecimiento del hombre y para la perfectibilidad definitiva de su razón, bien poco, por no decir nada. La civilización que ha soplado del Oriente, ha mostrado aquí todas sus faces, ha hecho ver todos sus elementos; mas en cuanto a resolver el gran problema del hombre en libertad, parece que el asunto ha sido desconocido y que el despejo de esa misteriosa incógnita no ha de verificarse sino en el Nuevo Mundo. ¡Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por la Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!
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Leer y Descargar el Libro: “Lucio Cabañas y La Guerra de Los Pobres”

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Habría, sin embargo, una gran diferencia respecto de lo que hizo Lucio para construir el foco guerrillero y la base de apoyo, pues, se persistió en el foquismo con base social pero uno[r]

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LEER Y DESCARGAR el Libro: “Breve Historia del Neoliberalismo” de David Harvey

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de viviendas. En este caso, la prodigalidad se deriva en gran medida del tipo de consumismo que sigue estimulando la urbanización en las periferias de las ciudades y la suburbanización caóticas, que exigen un elevado consumo energético, y una cultura que se decanta por la compra de todoterrenos (4x4) que son verdaderos sumideros de gasolina en lugar de coches más eficientes desde el punto de vista energético y que están disponibles en el mercado. La progresiva dependencia de Estados Unidos del petróleo importado tiene obvias ramificaciones geopolíticas. En el caso de China, la velocidad con la que se ha producido la industrialización y el aumento de la utilización de vehículos privados duplica la presión sobre el consumo de energía. China ha pasado de ser un país autosuficiente en cuanto a la producción de petróleo a finales de la década de 1980 a convertirse en el segundo mayor importador del mundo después de Estados Unidos. Aquí, también, las implicaciones geopolíticas se multiplican a medida que China se afana por lograr afianzarse en Sudán y en Asia central y en Oriente
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Leer y Descargar el Libro n° 7. EDWALD ILIENKOV. Colección

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He aquí y sólo aquí donde la diferencia entre “lo ideal” y “lo real” (lo material) adquiere un sentido científico serio, precisamente porque, en la práctica, los hombres confunden lo uno con lo otro, toman lo uno por lo otro con la misma facilidad con que hacen pasar “lo deseado por lo real”, y todo lo que ellos mismos han hecho y hacen con las cosas, por las formas de las cosas mismas. En estos casos, la simple indicación de que una cosa determinada y la forma de la cosa existen fuera de la conciencia, y no dependen de la voluntad individual, no resuelve aún la cuestión sobre la objetividad de aquellas en su sentido materialista serio. Y viceversa, no todo, ni mucho menos, lo que los hombres no saben, no concientizan, no perciben como forma de las cosas exteriores, constituyen fantasías, ficciones de la imaginación, representaciones que sólo existen en sus cabezas. Precisamente por esta causa, el “hombre de sentido común”, a cuyas representaciones apela Kant con su ejemplo de los táleros, cae con mayor frecuencia en la ilusión de tomar las representaciones colectivamente aceptadas por la realidad objetiva, en tanto que la realidad objetiva puesta al descubierto por la investigación científica, le parece una fantasía subjetiva existente sólo en las cabezas de los “teóricos”. Precisamente el “hombre de sentido común”, que veía diariamente cómo el sol sale por el oriente y se pone por el occidente, se escandalizó con el sistema de Copérnico y lo consideró una invención sacrílega que contradice los “hechos existentes”. Exactamente igual le ocurre al pancista que gravita en la órbita de las relaciones monetario-mercantiles, para quien el dinero es, de hecho, la más material de las cosas existentes, en tanto que el valor, que encuentra en aquél su expresión exterior, es sólo una abstracción existente en la cabeza del teórico de manera exclusivamente “ideal”. Precisamente por ello, el materialismo serio no podía consistir (y no podía ser expresado) en la definición de “lo ideal” como algo que existe en la conciencia del individuo aislado, ni de “lo material” como lo que existe fuera de esa conciencia, como forma sensorialmente percibida de la cosa exterior, como su forma real corpórea. La frontera entre lo uno y lo otro, entre “lo material” y “lo ideal”, entre “la cosa en sí” y su representación en la conciencia social, no podía ser trazada ya por esta línea.
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Leer y Descargar el Libro n° 90. George Orwell. Coleccion

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La mayoría de los hombres alojados allí habían dejado el frente a causa de alguna herida que los incapacitaba definitivamente (miembros amputados o cosas así). Ha[r]

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Leer y Descargar el libro nº 88. COLONIALISMO Y LIBERACIÓN. Colección

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Después del motín del mes de Julio tuvo lugar la separación katanguesa que suscitó en todas partes una corriente separatista más o menos fuerte. Lumumba el tirano estuvo admirable: volaba con Kasabuvu, que silencioso como la muerte lo seguía a todas partes, a los sitios en que aparecía una perturbación, inquietud u hostilidades, aterrizaba y apenas salido de la carlinga, realizaba un mitin. El calor de su voz, su sinceridad, su optimismo – ingenuo o místico, como se quiera– seducían a todos los auditorios y a menudo los persuadían. Una vez desarmadas las prevenciones, calmadas las dudas, refutadas las objeciones, explicados, sobre todo explicados, sus planes y sus razones en detalle, ganaba la partida por una tarde: por una tarde, en una ciudad de provincia, esta dictadura de la palabra –la única que él haya ejercido– realizaba la unidad jacobina de algunos centenares de hombres, los politizados. Aclamado, Patricio volvía al avión, despegaba, pensaba: partida ganada; a su lado, Kasabuvu pensaba: partida perdida, la palabra no tiene este poder. En los hechos, lo tiene: con la condición de ser repetida mil veces, primero por los jefes, después por los activistas, después en cada ocasión, por los militantes. Lumumba estaba solo. Absolutamente solo. Cuando su avión levantaba vuelo, el silencio se restablecía en la pequeña ciudad provinciana que acababa de abandonar, cada cual retornaba a sus intereses inmediatos, o sus prejuicios, a su grupo tribal o socio-profesional, nada quedaba, ni siquiera una semilla en un corazón. Mientras tanto, el tirano volaba por el aire; cuando se posaba, los blancos se encargaban de insultarlo: había que aceptar la protección humillante –y poco eficaz, se recela– de los militares belgas, de esas tropas colonialistas cuya acción había denunciado en el Parlamento, cuya expulsión del África había reclamado a la ONU. Incluso intenta un aterrizaje en Katanga, y los oficiales belgas le hacen saber que lo arrestarán no bien toque tierra. Lumumba no se amilana y entonces los belgas apagan las luces, bloquean los controles, es la noche: se lo desvía de un acto que no tendría más peso que un suicidio. Renuncia, el avión cobra altura; Lumumba vuela. El Congo libre vuela, prisionero de los aires, pasando por aquí, por allá, como un hurón: pues el Congo centralizado, unido en la independencia sólo se identifica con Lumumba. La suerte está echada: el recurso a las Naciones Unidas, el envío de los cascos azules, el golpe de Estado de Kasabuvu, el pronunciamiento de Mobutu, ese “vigilante” 69 a las órdenes de los belgas, que toma el mando de
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LEER Y DESCARGAR el libro n° 105. MARX LIBERTARIO

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Estas líneas, escritas antes de la revolución de febrero, resumen en cierto modo la filosofía de la política que Marx y sus amigos practicaron al lanzar en Colonia la Neue Reinische Zeitung (Nueva Gaceta Renana), subtitulada “órgano de la democracia”. No va a tratarse prácticamente de socialismo y de comunismo, y menos aún de anarquismo: el periódico será como la voz de una moral política dirigida a la burguesía alemana llamada a cumplir su “deber histórico”, destruyendo en el interior las instituciones feudales y llevando a cabo, en el exterior, una guerra “santa” contra el enemigo del Este, la Rusia zarista. Despechado por el triunfo de la contrarrevolución en Francia y en Alemania, Marx se libró a un apasionado análisis de las luchas de clases en Francia en 1848, para llegar a unas conclusiones de alcance más general, aportando una nueva enseñanza sobre las modalidades del proceso de transición revolucionaria de la sociedad de clases a la sociedad sin clases. Esta enseñanza gravita entorno de un único concepto cuya ambigüedad contrasta extrañamente con la firmeza con la que Marx se empeñara, aunque en escasas ocasiones por cierto, en reclamar la paternidad como descubridor: la dictadura del proletariado. La imprecisión o la discreción del discurso al respecto no permiten, sin embargo, la menor duda en cuanto a que se trata con ello, en el espíritu y la teoría de Marx, de una etapa decisiva en el desarrollo del movimiento obrero, es decir de un período histórico antes designado con el vocablo de “conquista de la democracia”. Por lo demás, no cabe duda de que el autor de El Capital, al escribir su Libro sobre el Estado, libro previsto en el plan de su “Economía” en seis “rubricas”, se hubiera impuesto la tarea de ilustrar a sus lectores y discípulos sobre los secretos de una dialéctica que planteaba el concepto de dictadura con el eslabón inevitable en un proceso de negación que tenía que conducir a la anarquía, o sea a un estado en que el equilibrio entre la libertad individual y la necesidad social sería la condición vital de la expansión de una humanidad regenerada.
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Nos dirán que el porvenir es incierto; nos dijeron aquí que el por- venir es incierto y en verdad que resulta triste pensar que esos sueños relacionados con las mejores ilusiones de la especie humana que son la esencia de los mejores sentimientos de la especie humana, que es el paraíso que queremos forjar para nuestros hijos, nos lo destruyan con bombas atómicas. En verdad que es penoso y triste pensar que todas las casas que hayamos de construir con tantas ilusiones, nos las destruyan con una sola bomba de hidrógeno en un segundo fatal. Y en verdad que es triste pensar que todos los sueños de un pueblo pueden ser fatalmente destruidos por la incomprensión, por las pugnas en el mundo, porque se llegase un día al suicidio de la especie en una guerra atómica. En verdad que es triste; pero frente a eso, ¿por qué sembrar el pesimismo?… Y mucho menos, frente a eso, ¿por qué sembrar el con- formismo? ¿Por qué decir que frente a esa tragedia lo que tenemos que hacer es sumarnos a uno de los bandos? ¿Por qué decir que la América entera tiene que sumarse a uno de los bandos? ¿Por qué no proclamar nuestro derecho a vivir, aunque nos maten? ¿Por qué no proclamar nuestro derecho a vivir, aunque nos destruyan? ¿Por qué no decir aquí toda la verdad? ¿Por qué no decir que mientras hay bases militares de una de esas potencias aquí y allá el país se prepara para defenderse, y allá cuenta con medidas de defensa civil, y allá cuenta con refugios
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Para empezar, los enragés, los hebertistas y los babuvistas no son ya aquí expresiones de un proletariado balbuciente, sino que han recuperado su lugar en la revolución popular autónoma. La revolución ha recobrado, así pues, una consistencia que le confiere un poderoso atractivo. Aparece una seria duda en lo atinente al carácter revolucionario de la burguesía, la cual, aquí, combate contra la democracia y contra los derechos humanos y ciudadanos. Y surgen más dudas: ¿hubo dictadura el año II? Sólo la tradición “marxista” lo ha sostenido. ¡Ni siquiera existe en la tradición termidoriana, que cultivaba las sospechas sobre la intención de Robespierre de aspirar a la tiranía! Sospechar una intención no es lo mismo que afirmar un hecho cumplido. Tampoco existe en la historiografía democrática de Alphonse Aulard y Philippe Sagnac [5]. La cosa no ofrece duda: es una invención de la tradición “marxista”. Grave error, pero –¡qué interesante!— error hecho suyo sin vacilación ni ponderación crítica por parte de la actual historiografía conservadora dominante, a fin de promover su tesis bienpensante de que la revolución o las revoluciones son la antítesis del derecho y no pueden sino conducir a dictaduras: y para demostrarlo, se apela a la tradición “marxista”. [6].
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tradiciones con las cuales nosotros acordamos- es por necesidad, o sea, porque las relaciones de poder y de fuerzas no posibilitan y no permiten ir más allá, pero de ningún modo porque ese sea nuestro proyecto estratégico (como argumentan, en cambio, las tradiciones más proclives a conjugar –de modo “realista”- socialismo con mercado). Sin embargo, estas últimas tradiciones marxistas dicen que no, que esa conjunción de socialismo con mercado es nuestro proyecto estratégico. Habría que fomentar las relaciones mercantiles –que son relaciones de valor- porque esa es la única manera de avanzar. En Rusia lo planteó Bujarin (quien no era ningún improvisado, a pesar de todas las demoledoras críticas que le dirige –con justicia- Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel. Bujarin era un dirigente político y un intelectual de una profundidad de pensamiento muy importante y él plantea en los ’20 la línea de construir el socialismo mercantil. En los ’60 en Cuba lo plantean Carlos Rafael Rodríguez y Alberto Mora apoyados luego por el economista francés Charles Bettelheim. Aun sin entrar aquí a discutir quien tuvo razón –pues eso implicaría un estudio histórico riguroso y de detalle tanto de la revolución bolchevique como de la revolución cubana que no son nuestros objetos de estudio- sí es importante tener presente (para no ser ingenuos ni desprevenidos) que la discusión sobre el fetichismo de la sociedad mercantil y el vínculo entre esta teoría y la teoría del valor a través de la categoría de trabajo abstracto no sólo es un debate teórico sino también político que atañe a toda lectura de El Capital. Muy bien, Marx entonces maneja esta teoría crítica del fetichismo –aunque de modo implícito- ya desde la Contribución a la crítica de la economía política. Recién se torna explícita en sus manuscritos y redacciones de 1861 y 1863. La adopta y la formula de manera totalmente explícita y abierta en las Teorías sobre la plusvalía –libro IV de El Capital
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Esos son los que más feliz me hacen, porque cuando ellos dicen algunas cosas, yo pienso: ¿Me habré equivocado, este artículo no lo habrá escrito un extremista de izquierda, un radical? [ Risas .] ¿Pero qué es esto?, al ver a Soros escribiendo libro tras libro. Y el último, sí, lo tuve que leer también, no me quedó más remedio, porque dije: Bueno, éste es teórico; pero, además, es académico, y adicionalmente tiene no sé cuántos miles de millones resultado de operaciones especulativas. Este hombre debe saber de eso, los mecanismos, los trucos. Pero el título: Crisis del capitalismo global , fue el nombre que le puso, es todo un poema; lo dice con gran seriedad [ risas ], y al parecer con una convicción tal que entonces me digo: ¡Caramba, parece que no soy el único loco en este mundo! [ Risas y aplausos. ] De los que expresan inquietudes similares hay cantidad, yo les presto aún más atención que a los adversarios del orden económico mundial existente.
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La revolución de independencia, iniciada en Yara después de preparación gloriosa y cruenta, ha entrado en Cuba en un nuevo período de guerra, en virtud del orden y acuerdos del Partido R[r]

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Pero al hacerle, crea un mundo que es una parodia del mundo del subdesarrollo. Sólo hay sector primario y terciario en el uni- verso Disney. Esto significa, como hemos visto, la divisió[r]

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