PDF superior Maurice Blanchot- Foucault Como Yo Me Lo Imagino

Maurice Blanchot- Foucault Como Yo Me Lo Imagino

Maurice Blanchot- Foucault Como Yo Me Lo Imagino

su obras más atractivas, por su brillantez, su estilo mordaz, sus afirmaciones que conmocionan las ideas tradicionales. Libro que está en la línea de Vigilar y  castigar  . Nunca Foucault se había explicado con tanta claridad sobre el Poder que no se ejerce a partir de un Lugar único y soberano, sino que emana de abajo, de las entrañas del cuerpo social, procediendo de fuerzas locales, móviles y transitorias, a veces minúsculas, hasta organizarse en potentes homogeneidades que se convierten en hegemónicas de resultas de su convergencia. Pero, ¿por qué este retorno a una meditación sobre el poder, cuando el nuevo envite de sus reflexiones consiste en desvelar los dispositivos de la sexualidad? Por varias razones de las que, un poco arbitrariamente, no expondré más que dos: por un lado, confirmando sus análisis del poder, Foucault cree recusar las pretensiones de la Ley que, vigilando, es decir prohibiendo, tales manifestaciones sexuales, continúa afirmándose como esencialmente constitutiva del Deseo. Por otro, la sexualidad, tal y como él la entiende, o al menos la importancia exagerada que se le concede hoy día (un hoy día que se remonta en el tiempo), señala el tránsito de una sociedad de sangre, o caracterizada por el simbolismo de la sangre: eso quiere decir glorificación de la guerra, soberanía de la muerte, apología de los suplicios, y finalmente grandeza y honorabilidad del crimen. El poder se expresa entonces esencialmente constitutiva del Deseo. Por otro, la sexualidad, tal y como él la entiende, o al menos la importancia exagerada que se le concede hoy día (un hoy día que se remonta en el tiempo), señala el tránsito de una sociedad de sangre, o caracterizada por el simbolismo de la sangre, a una sociedad de saber, de norma y de disciplina. Sociedad de sangre: eso quiere decir glorificación de la guerra, soberanía de la muerte, apología de los suplicios, finalmente grandeza y honorabilidad del crimen. El poder se expresa entonces esencialmente a través de la sangre -de ahí el valor de los linajes(tener una sangre noble y pura, no temer el derramarla, al mismo tiempo que prohibición de las mezclas azarosas de sangre, de donde provienen las disposiciones de la ley del incesto e incluso una provocación al incesto implícita en su honor y en su prohibición misma)-. Pero cuando el poder renuncia a estar ligado únicamente al prestigio de la sangre y de la sanguinidad (bajo influencia también de la Iglesia que va a sacar provecho trastocando las reglas de la alianza -por ejemplo la supresión del levirato-, la “sexualidad” adquiriría una preponderancia que la asociará no ya a la Ley, sino a la norma, no ya a los derechos de los señores, sino al porvenir de la especie -la vida- bajo el control de un saber que pretende determinarlo todo y regularlo todo.  Tránsito por tanto de la “sanguinidad” a la sexualidad. Sade es a la vez ambiguo
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Maurice Blanchot y el problema de la metafísica

Maurice Blanchot y el problema de la metafísica

dimensión histórica de su escritura. Además de fragmentaria, la escritura de Blanchot es recursiva (nuestro autor escribe, en general, a propósito de los libros de otros autores). Estos caracteres exigen que se busque el perímetro filosófico dentro del cual se genera la escritura de Blanchot, que abre un intersticio entre la Fenomenología del espíritu de Hegel y Ser y tiempo de Heidegger. Consideramos que es relevante establecer este horizonte filosófico porque <<Blanchot ha buscado en la conceptuación filosófica recursos para dar consistencia e interlocutores a su reflexión>> (íd). Según Levinas, en los temas del pensamiento de Blanchot están Hegel y Heidegger (cf., SMB: 30-33). Según Foucault, con matices, <<Blanchot es el Hegel de la literatura>> (Dits et écrits: t. II, 123-126). Posteriormente, la lectura que Derrida hizo de la obra de Blanchot y de la que lo central está en Parages (1986) y en Demeure. Maurice Blanchot (1998), la hizo recurriendo al pensamiento de Hegel, sobre todo a la Fenomenología del espíritu, para interpretar puntos clave de la escritura de Blanchot. Después de Derrida, tanto Philippe Lacoue-Labarthe como Jean-Luc Nancy han seguido en algunos puntos esta línea interpretativa y han recurrido principalmente a Hegel al leer a Blanchot. Los textos de Blanchot son <<una confrontación viva con los textos hegelianos>> (cf., CFH, 88).
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4. «EL ESPECTRO DE UNA FASCINACIÓN»
Jornada conmemorativa del centenario del nacimiento de Maurice Blanchot

4. «EL ESPECTRO DE UNA FASCINACIÓN» Jornada conmemorativa del centenario del nacimiento de Maurice Blanchot

diferenças, degustando o sabor do seu estilo, nadando nas correntes do seu pensamento, exercitando o fôlego para o seu próprio mergulho. Assim fez Foucault com Blanchot e vice-versa, e assim fez Deleuze com Foucault, numa relação entrelaçada por referências, encontros, leituras, pela troca generosa entre um saber e outro, que encontra na afirmação de Edson Passetti o acolhimento possível para coexistir: A amizade é uma relação entre guerreiros numa vida feita de combates 8 ; e nessa ordem, para as bandas de um pouco mais, nos diz novamente Passetti: A amizade supõe um devir-criança na longevidade da relação entre amigos, com efeito encontramos o devir-criança na longevidade da amizade ente Foucault e Blanchot, amizade calçada pela geografia das distâncias, dividida pela linha negra da escrita, que tanto aproxima como distingue um do outro, que traz, lado a lado, um e outro, cavando para partes diferentes no desejo intenso de encontrar. Encontro que Blanchot muito nos revela em seu Foucault como Imagino, trazendo em suas linhas esquivas, indiretas, incessantes, um livro maior que uma simples homenagem, pois no livro tudo passa alhures dado à intensidade da investida de Blanchot. Pois Blanchot encontra Foucault por uma “razão menor”; menor no sentido de um afeto que escapa aos radares, aos holofotes, às razões da crítica, ou da tentação tagarela de comentar. As razões de Blanchot passam por fora a tudo isso, mas estão tão bem delineadas logo na apresentação do livro: Nunca o encontrei, exceto uma vez, no pátio da Sorbonne durante os acontecimentos de Maio de 68, talvez em junho ou julho (mas dizem que ele não estava lá), e dirigi-lhe então algumas palavras, ignorando ele quem lhe estava a falar (...). É verdade que durante esses acontecimentos extraordinários, eu dizia muitas vezes: Mas por que é que Foucault aqui não está 9 . As palavras de Blanchot nos trazem a delicadeza e a criatividade de uma amizade que se edifica pelas frestas de uma intensidade, de uma amizade outra, tangenciada por uma vontade de afeto.
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Poéticas do testemunho em Maurice Blanchot e Samuel Beckett : o dom da literatura

Poéticas do testemunho em Maurice Blanchot e Samuel Beckett : o dom da literatura

Que a questão do estabelecimento da lei na sua relação com a literatura é uma preocupação comum aos autores até aqui mencionados e a outros que entretanto mencionaremos, certificam-no os vários textos dedicados a explorar esta temática nas suas múltiplas declinações – a instituição de géneros, de espaços, de discursos, de modelos ou de sistemas; a observação do método jurídico e da sua composição legal, também na sua articulação com a instituição literária; reflexões em torno do papel de autor, do problema da assinatura/nome, entre outros. Senão vejamos: Eduardo Prado Coelho, para começar pelo contexto português, dedicou-se ao estudo da noção de «paradigma» e da sua ligação à instituição literária; Silvina Rodrigues Lopes, à questão da legitimação da literatura; Rosa Maria Martelo, à reconsideração do valor referencial nos textos de literatura; e Pedro Eiras, rematando a breve mas consequente listagem de exemplos possíveis, ao problema do sujeito. Estes trabalhos respondem e acrescentam a outros tantos: as ditas análises de Derrida no que diz respeito ao estabelecimento da lei do género; as investigações de Michel Foucault relativamente ao papel do autor (a autoridade do autor e os seus direitos) e à ordem do discurso; os trabalhos de Barthes sobre a instituição da crítica (leia-se o seu comentário sobre aquilo a que chamou “crítica verosímil”); o contributo de Gilles Deleuze, que ataca a autoridade da opinião e do senso-comum; o contributo de Adorno, no trabalho que desenvolveu em torno das políticas e indústrias culturais (as lógicas comerciais e económicas, com o toda a
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Maurice Blanchot y el judaísmo

Maurice Blanchot y el judaísmo

Christophe Bident comenta, en un determinado momento, una entrevista en la que Foucault declaraba que es Blanchot quien ha hecho posible todo discurso sobre la lite- ratura. Califica, pues, a Blanchot, de pensador trascendental de la literatura, aquel que define las condiciones a priori de su ejercicio y de su pensamiento. Blanchot, según Bident, es el equivalente y el otro de Hegel. Mientras aquel se erige como pensador del fin de la Historia, a Blanchot lo califica de «écrivain de la neutralisation indéfinie de la fin». 54 Esta consideración, tanto en sus connotaciones kantianas como en sus implica- ciones escatológicas, será el hilo conductor de este apartado. La posposición indefinida del final de los tiempos –perpetuación del κατέχων 55 que impide la consumación de la historia– conducirá la reflexión de Blanchot a un retorno a las intensidades míticas paganas, que desemboca en el ciclo del Eterno Retorno. Esta reflexión será muy signi- ficativa para considerar la convergencia del autor francés con el judaísmo, ya que es esencial a esa tradición la concepción del tiempo como linealidad histórica y la lectura de la historia en clave de Historia.
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Blanchot y Heráclito. Entre el habla de escritura y el lógos

Blanchot y Heráclito. Entre el habla de escritura y el lógos

Y finalmente, preocupación por la poesía. Pero, ¿por qué pensar en la poesía, cuando ninguno de los dos autores se inmiscuye en ella? Habría que pensarlo más bien como “lo poético”, como poiesis, como hacer, un hacer-constantemente-otro. ¿Cómo sería este hacer- constantemente-otro? Sería una praxis, desde el lenguaje, pero también desde la decisión, a cada momento, de extinguirse en el instante para renacer-nos. Puede decirse con Blanchot que “así, despojos y fragmentos no deben aparecer como los momentos de un discurso aún incompleto, sino como este lenguaje, escritura de fractura, por el cual el azar, al nivel de la afirmación, permanece aleatorio y se libera el enigma que mantiene la escritura, porque ésta siempre lo recupera en la neutralidad de su propio enigma” (Blanchot, 1996: 275).
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Entre Blanchot y Kafka: más allá de la ley, el silencio

Entre Blanchot y Kafka: más allá de la ley, el silencio

La escritura que, por su propia fuerza liberada lentamente –fuerza aleatoria de ausencia–, parece dedicarse únicamente a sí misma y queda sin identidad, señalando poco a poco posibilidades muy distintas, esto es, una manera anónima, distraída, diferida y dispersa de estar en relación, con lo cual todo está implicado, empezando por la idea de Dios, del Yo, del Sujeto, y luego de la Verdad, y terminando por la idea del Libro y de la Obra, de suerte que esta escritura (considerada en su rigor enigmático), lejos de aspirar al Libro, más bien marcaría su fin: escritura que podría considerarse fuera del discurso, fuera del lenguaje [...] el libro indica siempre un orden sometido a la unidad, un sistema de nociones en que se afirma la primacía de la palabra sobre la escritura, del pensamiento sobre el lenguaje, y la promesa de una comunicación que sería algún día inmediata y transparente [...] escribir es la violencia más grande porque transgrede la ley, toda ley y su propia ley ( Blanchot 1970 , pp. 10-11).
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La cercanía.  El poema como escritura intersticial en Blanchot

La cercanía. El poema como escritura intersticial en Blanchot

La palabra que aquí analiza Blanchot es la palabra bruta, entendida como inmediata, o aquella que nombra un ámbito esencial, pero lo que ocurre es que esa palabra representa lo que no está presente. Aquí aparece un problema importante desde que la filosofía intenta establecer una relación con la verdad y la aparición crí- tica, con respecto a la mirada de los procesos que constituyen la realidad que hemos establecido, y cuyo producto ha sido la razón y la memoria, y el valor de realidad que nos lleva a actuar. En la palabra es extraño todo aquello que nombra, no se presenta aquello que nombra, la fuerza de la palabra tiene un poder evocativo. ¿Qué evoca? Evoca la ausencia, lo inesencial. pero no implica la presencia de aquello que nombra. Esta palabra que nada representa y que no se sobrevive según Blanchot, es una palabra que desaparece después de su uso, el uso la hace otra cosa, por ese uso vemos en ella que sirve, que tiene una utilidad y está al servicio del mundo de los fines, que implica nuestro modo de estar en el mundo. Lo que actúa aquí para Blan- chot es la nada, la nada en acción, el negativo como el otro que opera en la palabra que está en la medida en que lo útil se hace efectivo en el nombrar, está operando aquello que anula todo hacer, la nada, la ficción del uso de que toda palabra dice aquello que nombra, y esto nos lleva a las tareas cotidianas, tareas que se ordenan en el fondo de los fines que la impulsan. no obstante la realidad implica una acción sin fin, lo que establece que no hay acción, en este sentido, para el autor del espacio literario, ya que toda cercanía es la imposibilidad de cerrar, de conquistar el fin, lo que genera un modo de relacionarnos con aquello que la palabra bruta ha significado, en un primer momento como la que nombra lo esencial del lenguaje su significado y condición de representar una presencia; no hay acción. pero lo que hay en ella es que no hay presencia, es la acción de la nada, un contrasentido que se establece en los límites de aquello que implica al entendimiento cotidiano de la polaridad y el principio de no contradicción, pero aquello que le da vida a la palabra muere con la palabra. Las palabras son nombres de la distancia, son huellas de una borradura esencial, de un intento por ver ahí donde no hay nada que ver, y lo que ilumina el poema, la cercanía es justamente esa ceguera, la imposibilidad de producir un espacio fundante que gobierne el significado y presida la verdad, en cuanto es consecuencia de ese espacio. Lo que se espacia es literatura, ficción; la ausencia, aquello que nos acerca riesgosamente a la palabra como exterioridad.
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La obra expuesta en el pensamiento crítico de Blanchot

La obra expuesta en el pensamiento crítico de Blanchot

se encuentra con otra cosa, aquello viene de la destrucción, una música desarticulada que lo vuelca, que no le permite pronun- ciar esa palabra que emerge como violencia del tener que acabar. De la necesidad de fundar. Esa necesidad asentada en la desesperación aparece en Blanchot como impaciencia, y la muerte y la vida como pulsiones la mueven y se entremezclan sin solución. En ella hay una contradicción esencial, que nos deja en ese borde del que no podemos escapar. En esa suspensión en la que opera la fascinación que mueve o detiene a quien escribe sustrayéndole las palabras. Restándole la palabra. “El instante indeciso de la fascinación”. Esa fascinación nos pone en la evidencia del flujo en el que quiere sumergirse la mano que escribe. pero del que no alcanza sino un sustituto, pero allí emerge una promesa falsa la de pronunciar la palabra Ser como comienzo, principio. ¿por qué es falsa ese promesa, en qué consiste la falsedad de esa promesa, por qué no podemos pensar que allí, en la fascinación, lo que emerge es la luz del ser como un habla que lo evoca 11 ? ¿cómo es que se nos ofrece el aparecer de lo que
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Blanchot: La detención de Orfeo

Blanchot: La detención de Orfeo

Llegamos pues a la última palabra, que fue el principio de la repetición interminable. Porque después de todo, en el golpe que reitera otro golpe, en la lectura retardataria o postrera, lo es- crito dice algo, anuncia, promete. No es sólo la felicidad perdida de haber escrito, sino que contiene algo que fue verdadero para alguien. Allí tal vez, y no en el fantasma de un lector ni mucho menos en la masa de varios otros, esté renovada la presencia. “¿Quién fui?”, decía Michaux, poeta al que Blanchot le dedica- ra un admirable libro. Y esa es una pregunta crucial, situada al comienzo, a pesar de su verbo en pasado, del insensato camino de la inspiración. “No lo sé”, contesta Blanchot. Aunque saber que no se podrá leer sea de pronto la renovación del misterio en la noche iniciática. Escribe: “la convocación abrupta del lengua- je, la resolución insólita de privarlo de sostén, la consigna (más lenguaje coercitivo o airmativo, es decir, más lenguaje –pero no: siempre una palabra para decirlo y no decirlo), la renuncia a ser Amo y Juez –renuncia vana a su vez–” 10 . Luego, así des-
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L’escriptura, el neutre i la tasca de pensar. Una aproximació a Maurice Blanchot a partir de la seva obra crítica i filosòfica.

L’escriptura, el neutre i la tasca de pensar. Una aproximació a Maurice Blanchot a partir de la seva obra crítica i filosòfica.

14 LÉVINAS, Emmanuel (1975). Sur Maurice Blanchot. Montpellier: Fata Morgana, p. 32. 15 LÉVINAS, Emmanuel (1975). Sur Maurice Blanchot. Montpellier: Fata Morgana, p. 39. 16 «Le langage est ce qui fonde la réalité humaine et l’univers. L’homme qui se ré- vèle dans un dialogue où il trouve son événement fondamental, le monde qui se met en paroles par un acte qui est sa profonde origine, expriment la nature et la dignité du langage. L’erreur est de croire que le langage soit un instrument dont l’homme dis- pose pour agir ou pour se manifester dans le monde; le langage, en réalité, dispose de l’homme en se qu’il lui garantit l’existence du monde et son existence dans le monde. Nommer les dieux, faire que l’univers devienne discours, cela seul fonde le dialogue authentique qu’est la réalité humaine et cela aussi fournit la trame de ce discours, sa brillante et mystérieuse figure, sa forme et sa constellation, loin des vocables et des règles en usage dans la vie pratique.» (BLANCHOT, Maurice (1943, ren. 1971). Faux
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Te vas acostumbrando de a poco con las entrevistas, me imagino

Te vas acostumbrando de a poco con las entrevistas, me imagino

La competencia no está en Chile y hay que viajar y si no fuera por ellos y todo lo que hicieron para juntar el dinero para estar en esta gira que nos llevó al mundial hubiese sido imposi[r]

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AÚN LA IMAGINO CON INTENSO ALBOROZO: En el tiempo, como en la arena

AÚN LA IMAGINO CON INTENSO ALBOROZO: En el tiempo, como en la arena

pues para atravesar las nubes sólo tienes que haberme llamado. Y si el tiempo es roca[r]

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Jorge Cramez: imagino-me a agradecer um Óscar

Jorge Cramez: imagino-me a agradecer um Óscar

Jorge Cramez: “Imagino-me a agradecer um Óscar” Entrevista conduzida por Carlos Pereira e Vanessa Sousa Dias J ORGE C RAMEZ nasceu em Angola a 23 de Abril de 1963. Licenciou-se em comunicação social no ano de 1988, tendo estagiado durante seis meses, no ano seguinte, na Cinemateca Portuguesa. Entre 1991 e 1994 frequenta o curso de cinema, na área de montagem, da Escola Superior de Teatro e Cinema. Trabalhou como anotador e assistente de realização de realizadores como Teresa Villaverde, João César Monteiro, João Botelho, Jorge Silva Melo, José Álvaro Morais, Joaquim Leitão, João Mário Grilo, Fernando Lopes, Werner Schroeter, Catarina Ruivo e Miguel Gomes, entre outros. Realizou cinco curtas-metragens presentes em festivais de cinema e premiadas: Desvio (1994), co-realizado com Paulo Belém, Para Matar o
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La comunidad de la escritura. El diálogo Blanchot – Nancy.

La comunidad de la escritura. El diálogo Blanchot – Nancy.

La serie de ensayos a la que nos referimos comienza, en realidad, antes de la aparición de La comunidad desobrada, cuya primera versión se remonta a la primavera de 1983 y cuya publicación no fue en forma de libro (la forma que adoptaría después, cuando es compilada junto con otros textos de Nancy) sino en forma de artículo para una revista: la revista Aléa. Pero esa serie de ensayos, decíamos, comienza con Bataille: unas tres o cuatro décadas antes de la década del ‘80. Bataille es, entonces, el primero que dedica más de una página al tema de la comunidad. A diferencia de Nancy y de Blanchot, que responde al artículo de Nancy en el mismo año con su libro La comunidad inconfesable, segundo libro de esa serie (o tercero, si contamos a Bataille), y cuya primera parte es, en efecto, una respuesta explícita al texto de Nancy; a diferencia de ambos, entonces, Bataille no destina un solo y único texto al tema: expande sus reflexiones en más de una página y en más de un texto; y el tema aparece, ciertamente, diseminado a lo largo de su obra. “El sentimiento de comunidad ligándome a Nietzsche” es, a decir verdad, sólo una de las tantas reflexiones con las que Bataille aborda el tema. Hay otras: la comunidad de los que no tienen comunidad y la comunidad de los amantes, objeto central de la segunda parte del libro de Blanchot, son quizás las más resonantes en ese largo camino del que esas frases son sólo, entonces, algunas paradas.
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BLANCHOT Y LA CRÍTICA NEGATIVA: ACERCAMIENTOS A SADE Y LAUTRÉAMONT

BLANCHOT Y LA CRÍTICA NEGATIVA: ACERCAMIENTOS A SADE Y LAUTRÉAMONT

No por nada, la lectura de Blanchot sabe que Lautréamont en el co- mienzo de su escritura luchó contra la interpretación futura que le restaría la prestancia con la cual se abocó a ella. Y si en algo Blanchot propone una lectura cercana al espíritu de composición que hace de Los cantos de Maldoror una obra singular, es en la afirmación con que sostiene la capa- cidad de trabajo de Lautréamont. Ni lo arbitrario, ni la fantasía pueden ir en contra, o disimular, el carácter lógico con el cual el yo se expande en cada tema. Pero al mismo tiempo, este control de la expresión es consciente de que la palabra va a explorar zonas ignoradas, y por eso “es necesario reconocer en las estrofas sucesivas algo más que los inventos sin fin de una fantasía irresponsable”, a lo que Blanchot propone, como su contracara, “el movimiento de una búsqueda que se dirige a alguna parte ‘en dirección de lo desconocido’” (150). Si bien lo desconocido puede caer en el infinito juego de las interpretaciones que responden a los más diversos fundamen- tos, en este caso aquello que la obra interrogará en el constante ritmo de los cambios que conforman su devenir es justamente la unidad que parece emanar de la diversidad que Lautréamont experimenta de sí mismo. Así por detrás de cada metamorfosis no solo está la rebeldía del hombre que provoca a su creador con muestras de su inconformismo, sino también un anhelo de comunidad, de semejanza que ponga fin a la soledad experimen- tada sobre la tierra: “La obsesión del ‘semejante’ que atraviesa la obra, no expresa solamente la soledad del ser separado de los demás, sino antes señala la búsqueda desesperada de una comunión, de un comercio fraternal, o sea de una unión no transformante” (169).
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Materialidad y agujeros sin espíritu: Artaud entre Blanchot y Derrida

Materialidad y agujeros sin espíritu: Artaud entre Blanchot y Derrida

En este trabajo apelamos a las lecturas que Blanchot y Derrida han realizado de la obra artaudiana para mostrar cómo, al intensificar la materialidad de la escritura, se contribuye a la impugnación del carácter exclusivamente representativo al cual el espacio se halla confinado en la ontología y arte modernos. En esta línea, encontra- mos afinidades con una noción de lo viviente ligada a la animación impersonal, que sería capaz de dar cuenta de las dinámicas colectivas que recorren y constituyen la materialidad fragmentada de lo que hay desde un paradigma posthumano. Nuestro objetivo general ha sido indicar una vía de problematización de la teleología antró- pica ínsita al concepto de vida y, en vistas a ello, profundizar en una veta materialista que, a distancia de la dialéctica y el sustancialismo, haga legibles las huellas de una comunidad de vida impersonal. En los lazos, explosiones, pasajes e interrupciones que hallamos entre la escritura, los cuerpos, la vida y la muerte de estos análisis de la obra artaudiana hemos intentado vislumbrar la posibilidad de pensar y conectar con lo existente prescindiendo de las coordenadas personales: esto implica una apuesta por el deslizamiento entre superficies densas (no profundas) que requieren una re- configuración de la ontología y el arte capaz de albergar la potencia inorgánica de los materiales sin expropiarlos de su animación y, a la vez, una recuperación de lo viviente que desde el arte lo convoca sin plegarse a las condiciones de lo humano.
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La saga órfica en Blanchot: obra, deseo y muerte

La saga órfica en Blanchot: obra, deseo y muerte

En esta dirección, puede observarse que el carácter de la muerte evocada se relaciona con un deseo que funciona como plataforma de una ambigüedad inexorable: el deseo que hace mirar no elimina al que es mirado (Eurídice) sino que parece perforar el ojo del que mira (Orfeo), siendo en consecuencia un vector de su descomposición 20 . Volvemos a encontrar así una noción de muerte que elude la versión humanista (versión ésta que la convierte en consumación de la existencia) al intensificar el carácter incesante y relacional, sin término y sin objeto, de un morir que retorna en, y como, la ausencia de tiempo. La muerte ya no se opone a la vida: el morir incesante no niega sino que señala el tiempo muerto de lo que retornando en el vacío se aleja sin cesar de sí mismo. Lo incesante quedará así señalado como esa extrañeza tan típica de los relatos de Kafka, esa que no es el anuncio de la desgracia (la desgracia prometida no tiene sentido para quien se ha olvidado de sí mismo y no se proyecta hacia ningún futuro) ni la constatación de un extraño en las cercanías. Como en Der bau, recordará Blanchot, donde la inquietud por la otra bestia que, invisible y sólo presentida, cava en la propia madriguera, espacializa la inquietud generada por el olvido del día. El que elige oponerse definitivamente al día y trabajar subterráneamente termina abandonando su obra, se olvida de sí y se entrega a la espera de lo otro que no se presentará nunca (un silbido casi imperceptible, el áspero flujo del tiempo que abrasa todo a su paso 21 ); y es que este muerto-viviente (el
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Maurice Blondel y la filosofía de la acción

Maurice Blondel y la filosofía de la acción

Maurice Blondel nació el 2 de noviembre de 1861, día de difuntos, en Dijon, en el seno de una familia de magistrados de la Borgoña de profunda tradición católica. Era el benjamín de cuatro hermanos. Teresa, la hermana mayor, alcanzó los cien años y se mantuvo soltera, pudiendo acompañar a Blondel en los momentos en los que sufrió acusaciones injustas sobre su filosofía. Ella misma decía que bien le hubiese merecido la pena ser ento- mólogo que filósofo, debido a su afición por los insectos, en especial, las mariposas. Los otros dos hermanos siguieron caminos diversos. Eduardo se hizo notario, como el padre, y siguió con sus negocios en Dijon. Fallecería, relativamente joven, en 1923. George, en cambio, siguió un camino más intelectual como germanista y economista en Paris. Defendería su tesis so- bre economía alemana un año antes que lo hiciera Maurice en la Sorbona y fallecería, también, un año antes que su hermano, en 1948 2 .
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Godelier,Maurice Antropologia Economica

Godelier,Maurice Antropologia Economica

la comunidad en sí, como comunidad en la lengua, en la sangre, etc., es algo que, por un lado, constituye un supuesto del propietario individual, pero, por otro lado, como existencia [r]

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