PDF superior Sánchez Vázquez: su idea del socialismo

Sánchez Vázquez: su idea del socialismo

Sánchez Vázquez: su idea del socialismo

Sánchez Vázquez parece aceptar, con razón, que la liquidación de los órganos parlamentarios "burgueses" por los bolcheviques (la oposición a los valores puramente "formales" de la democracia bur- guesa), ponen ya a la nueva revolución en el camino de la dictadura. Si a esto añadimos que la práctica "autogestionaria" de los soviets se subordinó muy pronto a los mandatos del "centralismo democráti- co" del partido bolchevique, nos encontramos ya con los primeros pasos del camino que definió al régimen durante más de setenta años: el partido sustituyendo a la clase obrera, el comité central sus- tituyendo al partido y el secretario general entronizándose sobre los órganos de dirección del partido.
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Reseña de Axel Honneth  La idea del socialismo  Una tentativa de actualización

Reseña de Axel Honneth La idea del socialismo Una tentativa de actualización

De la mano de esto existen tres presupuestos que limitan el alcance del socialismo: a. el cambio social sólo se dará por una revolución superadora de la economía de mercado; b. considerar que los actores sociales tienen un interés natural en romper la sociedad capitalista y construir en su reemplazo una agrupación solidaria, o sea postular la existencia de un sujeto revolucionario necesario; c. considerar que las condiciones sociales tienen necesidad histórica.

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Adolfo Sánchez Vázquez: convicción y praxis

Adolfo Sánchez Vázquez: convicción y praxis

Considero todavía hoy vigente esta expresión de hace ya veinte años, si bien podemos matizarla, ampliarla o depurarla con otras expresio- nes del propio Sánchez Vázquez, quien ya en el propio año 1985 era claramente crítico del así llamado entonces “socialismo real”, y que del marxismo referido a su filosofía, comenta: “una tesis [...] se halla también en movimiento como la realidad misma y lo que tiene de vá- lida en un momento, deja de serlo en otro. Así mismo un pensamiento verdaderamente científico, objetivo, tiene que ser constantemente confrontado con las objeciones o las críticas que se le pueden hacer”. “Pero el marxismo entendido como proyecto de emancipación, crítica
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Sánchez Vázquez y su interpretación de las Tesis sobre Feuerbach

Sánchez Vázquez y su interpretación de las Tesis sobre Feuerbach

contemporáneas y sus antepasados. Los rayos de luz que estimulan sus nervios ópticos —siguiendo esta idea— no son de ningún modo un mero fenómeno natural, sino que están ya condicionados social e históricamente. Aun la luz de las estrellas muy lejanas, que vemos hoy, aunque tal vez ya se apagaron antes que hubiera hombres en la Tierra, no llega a nuestros ojos de manera intocada (menos aún ha- blando del telescopio por el cual eventualmente se conduce): el aire sobre Fráncfort es cada vez más turbio, como se quejan los científicos del viejo observatorio del museo Senckenberg y esto por su parte es resultado de la imponente praxis humana.
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Adolfo Sánchez Vázquez y los Manuscritos de 1844

Adolfo Sánchez Vázquez y los Manuscritos de 1844

Es evidente que con esta manera de formular la cuestión Adolfo Sánchez Vázquez quiere hacer patente la incoherencia que él cree ver en Marx, pues de un lado el trabajo enajenado aparece como "fun- damento último"; pero, por otro lado, comparte esta condición con la propiedad privada. Ya se quejaba el filósofo español, en páginas anteriores, de este insostenible maridaje e insistía en que en El capi- tal, Marx pone como fundante a la relación de producción, es decir, a la propiedad privada y no al trabajo enajenado. De donde según lo recién citado, derivaría la idea de que Marx en 1844 queriendo de- safiar a la economía política queda por detrás de ella; mientras que El capital es la autocrítica implícita de Marx, puesto que asume el punto de partida de la economía política como el verdadero. Pero, en realidad, para Marx en todo tiempo -y sobre todo desde 1844- lo fundante y lo determinante en última instancia es la producción, por ejemplo el trabajo enajenado. Es cierto que en 1844 pone en correla- ción al trabajo enajenado y a la propiedad privada de un modo circu- lar, pero en el momento en que el círculo se cierra se convierte en espiral, así que permanece como fundamento último dentro de la correlación el trabajo enajenado. Y éste es justamente el modo en que en la "Introducción de 1857", Marx argumenta la correlación entre producción y consumo, por ejemplo, y aún con la distribución y el intercambio, en la que todos estos son momentos de un "todo orgánico" pero permaneciendo como el "momento trascendente", la producción. Es evidente que Sánchez Vázquez no entiende de este modo la relación entre trabajo enajenado y propiedad privada. Pero ¿qué es el trabajo enajenado sino un peculiar modo de producción? Es el concepto de modo de producción inmediato bajo el capitalismo: el trabajo bajo modo enajenado. En términos de El capital es la unidad de proceso de trabajo y proceso de valorización expuesta por el ca- pítulo 5: "Proceso de trabajo y proceso de valorización", mientras que la propiedad privada alude no a una forma de actuación humana, sino a una forma de objetividad. Alude a la riqueza abstracta, concepto con el que desde los Grundrisse a El capital -con diferente frecuencia cada vez- se alude al dinero, a las mercancías, a la propiedad privada en general.
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Adolfo Sánchez Vázquez: vida y obra

Adolfo Sánchez Vázquez: vida y obra

puesto que, una vez más, éstas, pronunciadas desde la más profun- da honradez y sencillez de la sabiduría, nos alumbran al mismo tiempo el camino que cada hombre debe recorrer en su vida, sir- viéndonos de ejemplo modélico de enseñanza a imitar, a abrigar, a desear no sólo en nuestra lucha existencial cotidiana, en el seguir adelante a pesar de las adversidades hacia el horizonte de nuestros deseos, por lejos e inalcanzable que éste pueda estar, sino como vida consecuente consigo misma, que al alcanzar el umbral de su madurez pueda serenamente hacer un balance similar a éste: "Mu- chas verdades se han venido a tierra; ciertos objetivos no han resis- tido el contraste con la realidad y algunas esperanzas se han desva- necido. Y, sin embargo, hoy estoy más convencido que nunca de que el socialismo —vinculado con esas verdades y con esos objetivos y esperanzas— sigue siendo una alternativa necesaria, deseable y posible. Sigo convencido asimismo de que el marxismo —no obstan- te lo que en él haya de criticarse o abandonarse— sigue siendo la teoría más fecunda para quienes estamos convencidos de la necesi- dad de transformar el mundo en el que se genera hoy no sólo la explotación de los hombres y los pueblos, sino también un riesgo mortal para la supervivencia de la humanidad. Y aunque en el cami- no para transformar ese mundo presente hay retrocesos, obstáculos y sufrimientos que, en nuestros años juveniles, no sospechábamos, nuestra meta sigue siendo ese otro mundo que, desde nuestra ju- ventud —como socialismo— hemos concebido, soñado, deseado ".154
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Adolfo Sánchez Vázquez: de este tiempo, de este país

Adolfo Sánchez Vázquez: de este tiempo, de este país

En primer término debo decir que la pretensión de hacer de las ciencias sociales ciencia en sentido fuerte, ciencia rigurosa, me pa- rece completamente justa. Todo el proyecto de Marx ha consistido justamente en eso, en hacer del socialismo una ciencia. Pero, en segundo lugar, nos encontramos con el fundamento de esa ciencia. Creemos que las ciencias sociales, en la medida en que tengan un estatuto más científico, podrán servir mejor a la función de trans- formar la realidad. Pero el teoricismo no creo que surja por esta aspiración, sino cuando se asimilan las ciencias sociales a las cien- cias formales y a las naturales, y, por otra parte, surge también cuando las ciencias sociales desvinculan el estatuto científico de lo que yo pienso está íntimamente unido, su aspecto ideológico, su vincula- ción con intereses de clase que suponen una cierta carga ideológi- ca. Si las ciencias sociales no pierden de vista esta problemática, el teoricismo se supera.
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Adolfo Sánchez Vázquez y el marxismo francfortiano

Adolfo Sánchez Vázquez y el marxismo francfortiano

Estas referencias a la izquierda reformista y a la ortodoxa podrán parecer demasiado anacrónicas a más de una lectora o lector. Realmente lo son a prime- ra vista, dado que la izquierda ‘ortodoxa’ ha quedado en nada a partir de 1989 y la izquierda reformista se ha transformado paralelamente en un andamiaje político que, si bien tiene bajo su control varios gobiernos de Europa –y última- mente de América Latina-, en el mejor de los casos, ya no tiene en común con el propio proyecto original más que el nombre. Mientras al principio del siglo, y en parte incluso en los primeros años posteriores a la Segunda Guerra Mun- dial, los partidos socialdemócratas de Europa conceptualizaron la necesidad y la posibilidad de una transición al socialismo -y reformismo no significaba para ellos poner en duda esa meta sino sólo el camino hacia ella frente a la posición marxiana clásica-, hoy las cosas son muy distintas. Cuando llegan a impulsarse reformas, ya no es como alternativa a la revolución socialista, sino como el medio más seguro de garantizar la persistencia del capitalismo, al tratar de mitigar las consecuencias de sus más absurdas contradicciones con medidas que bien podrían provenir de conservadores ilustrados. 21
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Adolfo Sánchez Vázquez, o de la pasión por la justicia

Adolfo Sánchez Vázquez, o de la pasión por la justicia

La realidad del socialismo es aquí una tensión: si por una parte resulta irreductible a lo dado empíricamente en el llamado “socialismo real”, tampoco consiste, por la otra, en alguna abstracción ideal exterior a la empiria. La realidad del socialismo reside, más bien, en esa tensión en la que lo que es despunta siempre lo que aún no es, exponiendo la densidad y perentoriedad de esa ausencia. Una tensión que al orientar hacia un porvenir que es ya presente, quiebra al mismo tiempo tanto la tentación positivista como el espiritualismo idealista. La tensión en que consiste lo real, su ser, es la praxis humana, la historia, de la que emergen los extremos de lo ideal y de lo dado, pero también su articu- lación. De ahí que sólo desde su horizonte sea posible rehusar la galería de espejos hechas del achatamiento empirista y del idealismo abstracto. Y, por ende, enlazar ética y política rechazando la doble vertiente del pragmatismo y el eticismo. Esto es, la inexorabilidad de la degrada- ción empírica de los ideales humanos de emancipación y de justicia, y la expulsión correlativa de la axia, la diké, la dignidad, al exterior de la historia humana práctica.
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Adolfo Sánchez Vázquez. Exilio y literatura

Adolfo Sánchez Vázquez. Exilio y literatura

La nota es singular por varias razones. Ahí se contiene un tono que el filósofo, en su faceta de ensayista, ya no abandonará en su vida. Es un tono castizo, profundamente arraigado, vital y solar pero no ególatra sino épico. Cree en el héroe, en el honor del soldado, en la patria y se decanta, de ahí el humanismo utópico que siempre estuvo presente en la obra de Sánchez Vázquez, hacia la idea latina de felicidad y alegría, ideas profundamente cristianas que se acompañan con las formas peninsulares del vigor y de los altos llamados a la conciencia. Frente a todo esto, el ejército real, como lo ve Sánchez Vázquez, es una “floración sombría”, “arboleda oscura”, “desierto donde viven los antihéroes”, lugar donde campea la muerte y el miedo. Todo esto, tan real y tan cierto en la Europa de los años cuarentas, contextualiza el por qué su destierro y exilio, junto con algunos otros y otras expulsados en medio de la crisis civilizatoria de Europa, es una especie de salvación y, a la vez, muestra por qué el anacronismo de ciertas posiciones que ya no variarán en su narrativa vital.
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Adolfo Sánchez Vázquez  Ética y política

Adolfo Sánchez Vázquez Ética y política

En la democracia actual ¿qué sucede? La política es concebida como una técnica puesta al servicio de la e f icacia, el triunfo, la acción exitosa. Se abandonan los principios. El concepto de re - p resentación política que, dije, se apoya en la idea jurídica y teatral, desde luego, del actor, está en la base del problema. El gobernante actúa “en nombre de”; dadas las dimensiones de las socie- dades modernas, es imposible la democracia directa, salvo en las pequeñas comunidades. Esto contiene, en germen, la corrupción, en la medida misma que el representan- te se aleja de los representados.
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Teoría Estética de Adolfo Sánchez Vázquez

Teoría Estética de Adolfo Sánchez Vázquez

El objeto de la Estética durante la mayor parte del tiempo desde su surgimiento, ha sido, sin duda alguna, lo bello, e identificado, ciertamente, con lo estético. Bien difuminado en un concepto como categoría independiente, unida a otras como lo trágico, lo cómico, lo grotesco, etc.; o como lo bello específicamente, es decir, como la definición de un estado, una actitud, una cualidad, lo bello ha ocupado un lugar cimero, al punto de considerarse la Estética como ciencia de lo bello. A.S.V. distingue claramente este error, y trata de definir su posición frente al mismo. Demuestra que esta categoría no debe ser concebida como el objeto fundamental de la Estética en cuanto a la concepción del objeto. “Cuando se concibe lo bello al modo idealista, obliga a cargar con el reino de las ideas en Platón, lo absoluto en Schelling, o la idea absoluta en Hegel; por tanto, la estética se convierte en un apéndice de la metafísica. Igualmente, cuando de lo bello se hace un producto de nuestra conciencia, en el sentido trascendental de Kant, la estética pasa a ser una rama de la filosofía idealista subjetiva […]” 29 Queda claro entonces el papel que debe representar en la Estética lo bello para no chocar precisamente con lo antes citado.
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Adolfo Sánchez Vázquez, un marxista español en México

Adolfo Sánchez Vázquez, un marxista español en México

Adolfo Sánchez Vázquez (Algeciras, 1915), profesor de filosofía con- temporánea, estética y ética, es un marxista español que desde 1939 desarrolla en México su vida académica, docente y de investigación. Esta vida, que le fue impuesta por el exilio que siguió a la Guerra civil española, ha sido enormemente productiva. El último resulta- do del trabajo incansable del profesor Sánchez Vázquez es su libro Ciencia y revolución. (El marxismo de Althusser), que acaba de ser pu- blicado por Alianza Editorial en Madrid. Antes, este mismo año, Adolfo Sánchez Vázquez vio publicada en la colección Crítica (Edi- torial Grijalbo, Barcelona) la nueva edición de su famosaÉtica. Antes también el autor de esos dos libros publicó: Las ideas estéticas de Marx (1965), Filosofía de la praxis (1962; 2a. ed., 1972), Rousseau en México. (La filosofía de Rousseau y la ideología de la independencia) (1969), Estética y marxismo (dos volúmenes, 1970), Textos de estética y teoría del arte. Antología (1972) y Del socialismo científico al socialismo utópico (1975).
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De desterrado a transterrado: el exilio en Adolfo Sánchez Vázquez

De desterrado a transterrado: el exilio en Adolfo Sánchez Vázquez

También en primer lugar, por su coherencia intelectual y existencial. Sánchez Vázquez no ha renegado del marxismo a raíz de la desaparición de la Unión Soviética, que a tantos dejó huérfanos de seguridades, cuanti- más que ya desde hacía años había detectado las terribles contradicciones, la realidad del marxismo realmente existente en la Unión Soviética, y de- nunciado su condición represiva, creadora no de paraísos proletarios sino de Gulags. La liquidación del imperio soviético le ha servido a Sán- chez Vázquez, entre otras reflexiones, para destacar el papel ético y liber- tario, e incluso moral, que el socialismo contiene como propuesta y promesa para un mundo que continúa caracterizado por desigualdades y opresiones.
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Para saludar los poemas y sonetos de Adolfo Sánchez Vázquez. Epílogo

Para saludar los poemas y sonetos de Adolfo Sánchez Vázquez. Epílogo

con una aguda conciencia de sí misma y de su deber tanto hacia la idea de España —por la que habían combatido y los llevaba al destierro— como a la realidad de México y américa; esa oleada humana llegaba, para decirlo con una palabra, sostenida por un sentido colectivo y al- zada a la luz comunitaria. Venían —como ellos mismos se lo iban di- ciendo a bordo del buque— “representando a España”, a la España viva de la república, conscientes de que ante los ojos invisibles de la histo- ria en la nueva tierra hospitalaria, no sólo debían perseverar íntimamen- te en su lealtad republicana sino también abrir el puño airado a la es- peranza. La tierra de la España nativa y originaria, la patria, se iba alejando —como exhaló el periodista don antonio Zozaya cuando sus ochenta años vieron eclipsarse la masa continental en el horizonte, según cuenta el propio adolfo Sánchez Vázquez. Y será precisamente ese momento definitivo, sensitivo en más de un sentido, uno de los que interroga el poeta en sus versos del destierro con acento a la par fluido y metálico. Otras facetas claroscuras exaltadas por la canción del poe- ta conciernen a la silueta y el perfil del desterrado, como es el caso del significativo poema dedicado a León Felipe o, en otro extremo, el escri- to sobre el anónimo renunciante que regresa derrotado a la patria hu- millada, quedando así —dos veces muerto— desterrado de su destierro. Si la hora del desarraigo y la intemperie puede ser también la de una nueva fundación, no extrañará que el poeta que supo acompañar la vio- lencia de la guerra con su palabra desvelada y clarividente, vanguardista y solidaria, supiera años después, ya en México, deponer las armas para abrir el seno de su palabra a la celebración del amor y de la paternidad.
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Bibliografía selecta de Adolfo Sánchez Vázquez

Bibliografía selecta de Adolfo Sánchez Vázquez

"Democracia, revolución y socialismo", en Socialismo. Revista de Teo- ría y Política, núm. 3-4. México, octubre-diciembre, 1989. [Reed.: Utopías. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, núm. 5. México, enero-febrero, 1990, pp. 15-22.]

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Adolfo Sánchez Vázquez Reloaded

Adolfo Sánchez Vázquez Reloaded

Carlos  Oliva  Mendoza     La  obra  de  Sánchez  Vázquez,  como  se  sabe,  es  más  que  relevante  en  la  revisión  crítica   del   marxismo   y   esto,   lamentablemente,   es   sólo   reconocido   en   el   mundo   del   pensamiento  en  español;  se  sabe,  también,  que  su  trabajo  en  el  área  de  la  estética  no   sólo  es  seminal  y  pionero  en  muchos  aspectos,  sino  de  una  vigencia  poco  reconocida   en   la   actualidad.   El   filósofo   marxista   exiliado   en   México   a   causa   del   franquismo   español  puede  ser  un  excelente  índice  para  conocer  el  estado  de  la  estética  en  el  siglo   XX.   Sus   debates   no   sólo   se   centraron   en   las   tradiciones   marxistas,   materialistas   y   formalistas   de   la   estética,   sino   que   debatió   puntualmente   con   las   estéticas   de   corte   idealista,  las  estéticas  analíticas  y,  en  los  últimos  años  de  su  vida,  con  las  estéticas  de   la  recepción.  Nunca  abandonó,  además,  los  estudios  de  caso  sobre  poéticas  específicas,   en   especial,   las   concernientes   a   las   artes   pláticas   y   la   literatura.   Bajo   la   idea   de   la   filosofía  de  la  praxis,  en  la  que  una  relación  vital  entre  la  práctica  y  el  ejercicio  de  la   teoría  determina  la  viabilidad  y  demarcada  la  objetividad  de  nuestros  juicios,  siempre   se   preguntó   por   las   condiciones   de   existencia   y   recepción   del   arte,   así   como   las   condiciones   de   socialización   del   fenómeno   estético   en   lo   que   consideró   el   hostil   mundo  del  capitalismo.  
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Adolfo Sánchez Vázquez y el otro marxismo

Adolfo Sánchez Vázquez y el otro marxismo

¿por qué era tan importante entonces tener una prueba de que ese otro marxismo existía y podía desplegar y enriquecer su capacidad explicativa de la vida social e histórica? esos jóvenes intelectuales tenían la ilusión de que el renacimiento de la revolución iniciado por el levantamiento cubano que triunfó en 1959 podía profundizarse en el sentido de un socialismo libertario y alcanzar dimensiones planetarias, que esta vez sí podía realizar lo que el primer intento de la misma, treinta o cuarenta años atrás, no había podido llevar a cabo: el ideal de construir una sociedad justa y libre.
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Respuesta a Adolfo Sánchez Vázquez

Respuesta a Adolfo Sánchez Vázquez

Yo no digo que la raíz de la postura política de Adolfo Sánchez Vázquez respecto de la URSS, cuando él asumía que era socialista, que la raíz —lo estoy citando a él— fuera la idea que él tenía del joven Marx, en particular de los Manuscritos de 1844. Yo digo algo hasta cierto punto inverso. Digo que hay unas motivaciones políticas, prácticas, concretas que llevaron a Sánchez Vázquez a defender y a tomar a la URSS como si fuera socialista. Y de hecho no sólo a Sánchez Vázquez, sino a mucha gente, a toda la izquierda (a múltiples teóricos y también a dirigentes políticos, a militantes, etcétera) y durante décadas. Yo creo que la mayor parte del público aquí presente en algún momento tuvo o tuvimos una idea similar que fue cambiando con los años. Algunas gentes llegaron a cambiar a tal extremo que, incluso, rene- garon del socialismo y del marxismo, pues no solamente pensaron que esos países no eran socialistas sino que tampoco tenía sentido la lucha por el socialismo.
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Una conversación con Adolfo Sánchez Vázquez

Una conversación con Adolfo Sánchez Vázquez

el socialismo, lo que carecería de sentido si la férrea necesidad de las leyes históricas condujera inexorablemente a él. Por otro lado, la moral está en el proyecto mismo de emancipación, ya que no puede prescindir de valores como la justicia, la igualdad, la fraternidad, la solidaridad, que le dan una dimensión moral. Y la apelación misma a luchar, a transformar el mundo de que habla Marx en su Tesis XI sobre Feuerbach, no es sino un imperativo moral. Incluso en otro texto de juventud Marx proclama explícitamente “el imperativo categórico de derrocar todas las condiciones en que el hombre es humillado, esclavizado, abandonado y despreciado”. Marx no niega, pues, su espacio a la moral, sino al “moralismo”, o sea a la pretensión de transformar el mundo por una vía pura- mente interior. Y justamente a la moral de este “moralismo” la llama “la impo- tencia en acción”. Para transformar el mundo, se hace necesaria la acción cons- ciente y organizada; es decir, la política. Ahora bien, el comportamiento políti- co de los millones de revolucionarios que, inspirados por el marxismo, han sacrificado no sólo su relativo bienestar cotidiano, sino incluso —en muchos casos— su libertad y su vida, no podría explicarse sin su aspiración a realizar un proyecto, meta o ideal que entraña valores morales y que impregna sus actos de una dimensión moral. Hay, pues, en el Marx humanista un lugar necesario para lo moral, como también lo hay —y necesariamente— para la democracia, pues el socialismo de inspiración marxiana no es sino la democracia radical y real, más allá de los límites que le impone, por su propia naturaleza, el capitalismo. Cier- tamente, el “socialismo real”, con su régimen de partido único y Estado omni- potente, no sólo excluyó esta democracia consustancial con el régimen socialis- ta, sino toda forma de ella. En cuanto a la reducción de la política a “mera acción instrumental”, que separa la moral de la política y sólo rinde tributo a la eficacia, si bien es cierto que esa fue la característica de la política aplicada en las llama- das sociedades “socialistas”, y dominante en el movimiento comunista mun- dial, no es atri- buible al socialismo humanista de inspiración marxiana. Para este último, no obstante el papel decisivo que le asigna, la política no puede desinvolucrarse del proyecto emancipatorio al que sirve y, por tanto, de sus valores humanistas, y, en consecuencia, no puede volverse —en nombre de la eficacia o del “realis- mo”— contra los fines y valores que necesitan de ella para realizarse.
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