Top PDF Sensatez económica versus sensatez ecológica: ¿malestar en la cultura?

Sensatez económica versus sensatez ecológica: ¿malestar en la cultura?

Sensatez económica versus sensatez ecológica: ¿malestar en la cultura?

mía respecto a los ideales que la misma sociedad dice querer alcanzar. Esta civilización, por ejemplo, que solamente crea valor mediante una razón de rédito cada vez más [r]

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Derechos Humanos: del malestar en la cultura al  bienestar de algunas transformaciones sociales

Derechos Humanos: del malestar en la cultura al bienestar de algunas transformaciones sociales

Así, en su obra El malestar en la cultura, Freud va a sostener que bajo determinadas circunstancias el hombre puede revelarse como “bestia salvaje”, que ni siquiera es capaz de respetar a los miembros de su propia especie. Y esa inclinación agresiva que perturba los vínculos con el prójimo, esa hostilidad en juego es la que se pone de manifiesto en la segregación. Y por eso la cultura “tiene que movilizarlo todo”, para poner límites a esas pulsiones. Freud va a plantear respecto de la civilización que esta conlleva el gobierno que el hombre tuvo que hacer de la naturaleza, al tiempo que la regulación de los vínculos a través de la institución de normas para la distribución de los bienes. Las sociedades más injustas e inequitativas, que propician profundas desigualdades, acentúan ese malestar (Freud, 2011a). En lo que hace al desarrollo de la ciencia y de la técnica va a postular, en El porvenir de una ilusión, que puede ser utilizada para su aniquilamiento (Freud, 2011b: 6).
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ARTE Y MALESTAR CONSTITUTIVO DE LA CULTURA

ARTE Y MALESTAR CONSTITUTIVO DE LA CULTURA

Freud y Lacan acordaron un lugar privilegiado al arte y al artista en el pensamiento psicoanalítico. Aunque el genio conserva para el psicoanálisis su carácter enigmático, la articulación del fenómeno artístico con la sublimación, el destino pulsional privilegiado que Freud define para el artista y el investigador, su vinculación con “la Cosa”, por parte de Lacan, constituyen aportes mayores para la comprensión del lugar del arte en el proceso civilizatorio. Freud y Lacan tenían como referencia directa al malestar en la cultura que engendró el nazismo. ¿Qué podemos decir del malestar en la cultura actual, en la que parece dominar la alienación al consumismo, el vértigo de la inmediatez y una violencia no menos desatada que en épocas anteriores? Pensar desde el psicoanálisis la educación en el arte o por el arte se funda en el lugar eminente que éste ocupa entre los “reguladores” del abuso constitutivo de lo humano.
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En torno a El malestar en la cultura. Perspectivas filosófico-políticas sobre Freud

En torno a El malestar en la cultura. Perspectivas filosófico-políticas sobre Freud

Resumen: El propósito del presente artículo es explorar cómo los postulados presentados por Sigmund Freud, principalmente en El malestar en la cultura así también como en otros trabajos de su autoría, pueden relacionarse con las perspectivas sobre la constitución de la sociedad y la comunidad política propuestos por diversos pensadores, haciendo en especial una comparación con las perspectivas del denominado contractualismo. Considerando que el aporte de Freud es especialmente significativo, ya que permite incorporar a la ciencia política y la sociología elementos provenientes de la psicología y del psicoanálisis en particular, se estudiarán sus impresiones y se presentarán como un complemento relevante a los aportes de intérpretes consagrados de aquellas disciplinas. Palabras clave: Freud – Violencia – Estado de naturaleza - Contractualismo
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El psicoanálisis en el malestar en la cultura, de Daniel Gerber

El psicoanálisis en el malestar en la cultura, de Daniel Gerber

En su libro, Daniel Gerber resalta y retoma la preocupación clínica fundamental de Freud al abor- dar temas, digamos, sociales: elucidar el enigmático sentimiento de culpa inconsciente y la función del padre en las estructuras clínicas; interés que le lleva- rá a la producción de su mito del asesinato del padre como fundamento de la humanidad y a su diagnós- tico de la existencia de un malestar consustancial a la cultura, correlativo de la muerte del padre y de pronóstico incurable; planteamientos que definirán la posición del psicoanálisis ante los discursos de la religión, la ciencia y la tecnología, así como ante la política y la ideología y que Gerber retoma y recrea a lo largo del libro, precisándonos esta posición, despejando dudas respecto a ella y proponiéndo- nos nuevos elementos para ese permanente ejerci- cio de replanteamiento de la postura psicoanalítica ante los discursos señalados y ante las problemáticas contemporáneas.
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Malestar en la cultura  Suicidio: aspectos transculturales

Malestar en la cultura Suicidio: aspectos transculturales

La introducción menciona que el suicidio es un epítome del Malestar en la Cultura. Pasa revista por sectores vulnerables, grupos indí- genas, intelectuales, la relación con catás- trofes económicas. Cita varios de los países propensos, mencionando algunas tasas de suicidio, deteniéndose en casos de suicidios colectivos de la historia. Menciona diversos métodos suicidas, épocas propensas, tan- to como la relación eutanasia-suicidio y los cambios ocurridos según edad y género. Numerosas referencias son mencionadas de acuerdo a culturas, pueblos, religiones. Compara el suicidio humano con el mundo animal y alerta sobre criterios de prevención y uso de fármacos. Dada una publicación ofrecida en Ecuador, el artículo realiza una breve referencia sobre el tema. El colofón recuerda que el suicidio es el acontecimien- to humano más estremecedor.
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El porvenir de una ilusión El malestar en la cultura y otras obras (1927-1931)

El porvenir de una ilusión El malestar en la cultura y otras obras (1927-1931)

He aquí, pues, el proceso: el varoncito rehusó darse por enterado de un hecho de su percepción, a saber, que la mujer no posee pene. No, eso no puede ser cierto, pues si la mujer está[r]

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EL MALESTAR EN LA CULTURA () 1929 [1930]

EL MALESTAR EN LA CULTURA () 1929 [1930]

auxiliares. Es de suponer que la constitución de la familia estuvo vinculada a cierta evolución sufrida por la necesidad de satisfacción genital: ésta, en lugar de presentarse como un huésped ocasional que de pronto se instala en casa de uno para no dar por mucho tiempo señales de vida después de su partida, se convirtió, por lo contrario, en un inquilino permanente del individuo. Con ello, el macho tuvo motivos para conservar junto a sí a la hembra, o, en términos más genéricos, a los objetos sexuales; las hembras, por su parte, no queriendo separarse de su prole inerme, también se vieron obligadas a permanecer, en interés de ésta, junto al macho más fuerte. En esta familia primitiva aún falta un elemento esencial de la cultura, pues la voluntad del jefe y padre era ilimitada. En Totem y tabú traté de mostrar el camino que condujo de esta familia primitiva a la fase siguiente de la vida en sociedad, es decir, a las alianzas fraternas. Los hijos, al triunfar sobre el padre, habían descubierto que una asociación puede ser más poderosa que el individuo aislado. La fase totémica de la cultura se basa en las restricciones que los hermanos hubieron de imponerse mutuamente para consolidar este nuevo sistema. Los preceptos del tabú constituyeron así el primer «Derecho», la primera ley. La vida de los hombres en común adquirió, pues, doble fundamento: por un lado, la obligación del trabajo impuesta por las necesidades exteriores; por el otro, el poderío del amor, que impedía al hombre prescindir de su objeto sexual, la mujer, y a ésta, de esa parte separada de su seno que es el hijo. De tal manera, Eros y Ananké (amor y necesidad) se convirtieron en los padres de la cultura humana, cuyo primer resultado fue el de facilitar la vida en común a mayor número de seres. Dado que en ello colaboraron estas dos poderosas instancias, cabría esperar que la evolución ulterior se cumpliese sin tropiezos, llevando a una dominación cada vez más perfecta del mundo exterior y al progresivo aumento del número de hombres comprendidos en la comunidad. Así, no es fácil comprender cómo esta cultura podría dejar de hacer felices a sus miembros.
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El malestar actual de la cultura y la martirización del cuerpo

El malestar actual de la cultura y la martirización del cuerpo

Los psicólogos tienen mucho que decir al respecto ya que es la responsabilidad social la que los compromete. En la opinión del presente autor, la intervención tiene que exceder el plano de la consulta individual, pues ya no es un mal de po- cos, sino uno bastante generalizado: rebasa los lí- mites de la clínica y se inscribe en el campo de la sociedad y de la cultura; por tanto, debe dirigirse a los padres de familia, a los profesores y medios de comunicación para prevenir comportamientos nocivos y promover conductas saludables. El me- jor antídoto contra dichos comportamientos es una dosis saludable de amor en los primeros años de la vida, si es que se desea reforzar la seguridad básica del niño y, por ende, su autoestima.
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magazín literario: un episodio del malestar de la cultura

magazín literario: un episodio del malestar de la cultura

10 No es la intención de la revista proponer meramente un mapa de la cultura para la ciudad de Buenos Aires, pero hay que considerar el hecho de que la reseña de eventos culturales (cine, teatro, muestras) remite por lo general a aquellos que acontecen en esta ciudad. Los libros reseñados corresponden también a los que se editan en el país y el principal centro de distribución y circulación es Buenos Aires. Sin embargo, con el correr de los números es posible apreciar una voluntad de ampliación de la información inherente a la oferta cultural. A partir del número tres en la “Agenda”, que es el compendio de las actividades consideradas más importantes en materia de cultura, se incorpora Rosario. En el cuarto número se suman Córdoba, Santa Fe y Mar del Plata. En el siguiente se incorporan Montevideo y La Plata, y no hay referencias de actividades en Santa Fe.
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El malestar en la cultura . Notas sobre los intelectuales argentinos y el fin de siglo

El malestar en la cultura . Notas sobre los intelectuales argentinos y el fin de siglo

Un tercer tipo de intervención lo caracterizaron aquellos que apelaron a la descalificación lisa y llana, del interlocutor de turno, la más de las veces en muy malos términos. Aquí fueron emblemáticas varias peleas, un ejemplo de ellas, lo protagonizaron Andrés Rivera y el historiador Norberto Galasso. Cuando el primero trató sin medias tintas de fascista a Galasso por su posición de historiador nacionalista, la acusación fue tan virulenta que provocó una reacción inmediata en muchas franjas de la cultura y los organismos de derechos humanos, que se expresaron en una solicitada de repudio a los dichos del escritor (7). En otros casos, las actitudes como la de Beatriz Sarlo de escribir en la revista Viva del diario Clarín, fueron tomadas como malos atributos de su persona y eso sirvió para descalificarla intelectualmente.
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El porvenir de una ilusión El malestar en la cultura y otras obras (1927-1931)

El porvenir de una ilusión El malestar en la cultura y otras obras (1927-1931)

He aquí, pues, el proceso: el varoncito rehusó darse por enterado de un hecho de su percepción, a saber, que la mujer no posee pene. No, eso no puede ser cierto, pues si la mujer está[r]

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El nuevo malestar en la cultura representado en la película Matrix I

El nuevo malestar en la cultura representado en la película Matrix I

Es decir, Thomas Anderson está frente al malestar, sujeto a cumplir lo que la sociedad ha dispuesto, mientras Neo sigue con su vida oculta.. Del mismo modo, Morfeo, a pesar de haber si[r]

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Del malestar en la cultura a la enfermedad de los costos.

Del malestar en la cultura a la enfermedad de los costos.

Para conservar una aparente e ilusoria diferencia propia de los productos culturales, ya sin aura, esta industria emplearía, en palabras de Adorno, la estrategia de la “pseudoindividualización”, haciendo que cada producto cultural lleve la ilusión de una marca o estilo original y único, personalizado, concebido como una emanación del ser más íntimo e inimitable de su autor. (Rodríguez Ferrándiz: 2009). Pero esta pseudo- individualización se convertiría en la estrategia para toda la industria de bienes y servicios, es decir, por influencia de la industria cultural las demás ramas industriales adoptarían esta pseudo-individualización para ganar competitividad, diferenciación y un mayor precio por estos valores intangibles añadidos al producto. En consecuencia, así como la cultura asumió procesos industriales no es menos cierto que la industria en su conjunto se ha “culturalizado” en el sentido de que los productos y las marcas que los envuelven se convierten en encarnaciones del deseo que asume tantos disfraces y papeles como sea dable imaginar. “En otras palabras, los productos y servicios llamados utilitarios fungen también como bienes sobre todo simbólicos y se aproximan a esos otros bienes reputados de simbólicos sin aditivos, pero a su vez también industrializados, como son los bienes culturales.” (Rodríguez Ferrándiz: 2009)
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El malestar en la Cultura (S  Freud)

El malestar en la Cultura (S Freud)

Después que el hombre primordial hubo descubierto que estaba en su mano -entiéndaselo literalmente- mejorar su suerte sobre la Tierra mediante el trabajo, no pudo serle indiferente que otro trabajara con él o contra él. Así el otro adquirió el valor del colaborador, con quien era útil vivir en común. Aun antes, en su prehistoria antropoide, el hombre había cobrado el hábito de formar familias; es probable que los miembros de la familia fueran sus primeros auxiliares. Cabe conjeturar que la fundación misma de la familia se enlazó con el hecho de que la necesidad de satisfacción genital dejó de emerger como un huésped que aparecía de pronto en casa de alguien, y tras su despedida no daba más noticias de sí; antes bien, se instaló en el individuo como pensionista. Ello dio al macho un motivo para retener junto a sí a la mujer o, más en general, a los objetos sexuales; las hembras, que no querían separarse de sus desvalidos vástagos, se vieron obligadas a permanecer junto al macho, más fuerte, justamente en interés de aquellos (ver nota(33)). En esta familia primitiva aún echarnos de menos un rasgo esencial de la cultura; la arbitrariedad y albedrío del jefe y padre era ilimitada.(34) En Tótem y tabú he intentado mostrar el camino que llevó desde esta familia hasta el siguiente grado de la convivencia, en la forma de las alianzas de hermanos. Tras vencer al padre, los hijos hicieron la experiencia de que una unión puede ser más fuerte que el individuo. La cultura totemista descansa en las limitaciones a que debieron someterse para mantener el nuevo estado. Los preceptos del tabú fueron el primer «derecho». Por consiguiente, la convivencia de los seres humanos tuvo un fundamento doble: la compulsión al trabajo, creada por el apremio exterior, y el poder del amor, pues el varón no quería estar privado de la mujer como objeto sexual, y ella no quería separarse del hijo, carne de su carne. Así, Eros y Ananké pasaron a ser también los progenitores de la cultura humana. El primer resultado de esta fue que una mayor cantidad de seres humanos pudieron permanecer en comunidad. Y como esos dos grandes poderes conjugaban sus efectos para ello, cabía esperar que el desarrollo posterior se consumara sin sobresaltos hacia un dominio cada vez mayor sobre el mundo exterior y hacia la extensión del número de seres humanos abarcados por la comunidad. En verdad no es fácil comprender cómo esta cultura pudo tener sobre sus participantes otros efectos que los propicios para su dicha.
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FREUD, S  El malestar en la cultura

FREUD, S El malestar en la cultura

A esto se suma un factor de desengaño. En el curso de las últimas generaciones, los seres humanos han hecho extraordinarios progresos en las ciencias naturales y su aplicación técnica, consolidando su gobierno sobre la naturaleza en una medida antes inimaginable. Los detalles de estos progresos son notorios; huelga pasarles revista. Los hombres están orgullosos de estos logros, y tienen derecho a ello. Pero creen haber notado que esta recién conquistada disposición sobre el espacio y el tiempo, este sometimiento de las fuerzas naturales, no promueve el cumplimiento de una milenaria añoranza, la de elevar la medida de satisfacción placentera que esperan de la vida; sienten que no los han hecho más felices. Ahora bien: de esta comprobación debería inferirse, simplemente, que el poder sobre la naturaleza no es la única condición de la felicidad humana, como tampoco es la única meta de los afanes de cultura, y no extraer la conclusión de que los progresos técnicos tienen un valor nulo para nuestra economía de felicidad. En efecto, objetaríamos: ¿Acaso no significa una ganancia positiva de placer, un indiscutible aumento en el sentimiento de felicidad, el hecho de que yo, tantas veces como se me ocurra hacerlo, pueda escuchar la voz de un hijo que vive a cientos de kilómetros de mi lugar de residencia, o que apenas desembarcado mi amigo yo pueda averiguar que pasó sin contratiempos un largo y azaroso viaje? ¿No significa nada que la medicina haya logrado disminuir extraordinariamente la mortalidad de los recién nacidos y el peligro de infección de las parturientas, a punto tal que se ha prolongado en mucho la duración media de vida de los hombres civilizados? Y podríamos mencionar todavía una larga serie de tales beneficios, que debemos a la tan vilipendiada época del progreso técnico y científico. Pero en este punto se hace oír la voz de la crítica
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El malestar en la cultura

El malestar en la cultura

Los viajes que Freud hizo a Italia con su cuñada Minna, hermana de su esposa Martha, a quien los desplazamientos fatigaban tremendamente y que, por ello, delegaba en su propia hermana, han suscitado infinitas glosas sobre la sexualidad de Sigmund. ¿Tomaban una o dos habitaciones? ¿Separadas o contiguas? ¿Se acostaban juntos? Freudianos y antifreudianos se han atacado mutuamente a cuenta de esta cuestión. Se ha escrutado hasta la saciedad el apartamento de Freud en Viena, en el cual vivía Minna, y se ha escudriñado a fondo en sus hoteles de vacaciones. Finalmente, un inves- tigador creyó encontrar la prueba del delito tras explorar minuciosamente el registro de un hotel del valle alpino de Engadine, en el cual Freud había escrito: «Doctor Freud und Frau», indicativo, según dicho investigador, de la duplicidad de Freud, que habría hecho pasar a Minna pro su mujer, así como de una relación que rozaba el incesto. El diario The New York Times publicó, además, la fotografía de la habitación actual del hotel, con sus camas gemelas y su televisión, como si fuera la misma de entonces. Posteriormente se ha sabido que el investigador en cuestión se había equivocado, por- que la numeración de las habitaciones del hotel había cambiado. Un psicoanalista suizo que pasó una temporada en la habitación de marras (la número 11, convertida ahora en la 23) describió la configuración de la misma. Se trataba de una suite de dos pie- zas, separadas y comunicadas entre sí. Podemos estar tranquilos. Elisabeth Roudinesco ha presentado un nuevo punto de vista sobre este rocambolesco asunto en Le Nouvel Observateur, y ha consagrado un seminario muy bien argumentado a estas «escenas de la vida privada» freudianas. Por otra parte, la misma autora ha publicado, también, la correspondencia de viaje de Freud, Minna y Martha, bajo el título tomado de una frase del propio Freud: «Nuestro corazón tiende al Sur». Se trata de una crónica turística y hotelera circunstancial, principalmente sobre los precios, a propósito de los cuales Freud se mostraba muy preocupado, y sobre la gastronomía local, que él apreciaba. La mencionada correspondencia, jovial y amistosa, parece desprovista de cualquier impulso amoroso. Son las cartas postales de un burgués medio, tan pendiente de su confort como de su presupuesto, prendado en Italia, de la Antigüedad y de las tiendas de antigüedades; unas cartas que dan cuenta de las prácticas vacacionales de Freud, un turista bulímico y móvil que quería verlo todo, circular por todas partes sin detenerse, pero que también ilustran sobre sus gustos, su cultura y su imaginario, aunque nada en absoluto sobre sus comportamientos sexuales. Visiblemente, su corazón «tendía hacia el Sur» más que hacia Minna.
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Toxicomanías: Una lectura desde el malestar en la cultura

Toxicomanías: Una lectura desde el malestar en la cultura

Demetrio que es el que digo que está así como que feillo, o sea no feo, no es por ser mala onda pero bueno…no da un buen aspecto así…físico. Ese no, no está casado. De hecho a él, había pasado por problemas de alcoholismo él y mi papá una vez lo intentó ayudar y fue que lo, me tocó ver que íbamos a buscarlo a la cantina, sobre todo en su quincena, y…la quincena…ya me imagino, pobre. Ahorita que estuve en Casa Nueva y todo eso, analizando, y pobrecillo…pobrecillo. Como que al igual me cayó el veinte de por qué él consumía alcohol, o consume. Pues por sus problema, su problema físico, y ya…como es la cultura en México me imagino que lo han de ver, la sociedad, en la escuela, o sea la sociedad lo ha de haber rechazado. El sentirse igual, yo creo que tiene motivos por los cual sentirse solo, por la apariencia física ¿no? – Entonces tú con Demetrio te identificas en ese sentimiento – Si, si…yo así me sentí rechazado por la sociedad, o sea, el pinche bullying que antes le llamaban carrilla, este, desmadre. Desmadre que me desmadraba. De por sí yo era una persona insegura y…m- llegaba a que me marcaran mis errores. Puta madre…. Que por qué estaba gordo, que est-de hecho hasta, hasta ahorita me cuesta un chingo de trabajo subir una foto al Facebook, mía. Por pinche inseguridad de que, no manches, inseguridad mía de que todavía no me acepto a mi mismo. De…no me gusta mi cuerpo, ehh…estoy luchando ahorita, eh, estoy tratando de ir al gimnasio, pero tampoco, no soy constante así en hacer ejercicios, en llevar dietas para estar, tener una buena figura. Que hay veces que me veo al espejo y digo “No pues…no, no soy feo. No” pero hay veces en las que me veo mal, no me gusta, no sé…quisiera ser como…Fulanito. Si…y así, pues así pasa. Y sí me identifico en esa parte con Demetrio. - ¿Cómo quisieras ser tú? – Pues quisiera ser…te-tener cuerpo, más que nada, no cambiaría mi cara, pero quisiera tener cuerpo. Eso es algo que puedo hacer, que puedo obtener y que me sentiría satisfecho si lo hago. Entonces pues estoy en la lucha…si….
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El movimiento Heavy Metal : entre el malestar y la confrontación

El movimiento Heavy Metal : entre el malestar y la confrontación

69 “El pelo largo es un símbolo de protesta frente a la sociedad industrial” (Rosales, 2007 : 3), esta es una herencia que dejaron los hippies y los rockeros de los 60s, en aquella ápoca las fábricas exigían a los jóvenes obreros reducir el largo de su cabello para trabajar en las máquinas. Por lo tanto, el cabello largo simboliza una oposición directa al pensamiento formal del adulto. Inclusive en la actualidad podemos corroborar los mismos discursos por parte de miles de adolescentes y jóvenes, que en contraposición con los adultos y el sistema formal buscan dejarse crecer el cabello como un símbolo de libertad de expresión 18 . Para el metalero el cabello largo es muy apreciado, es su bandera, su identidad, con la cual afirma su presencia dentro de la cultura, por esta razón en las instituciones represivas donde la norma y la ley gobiernan (principalmente la policía y fuerzas armadas) es muy común que ataquen este símbolo, prohibiéndolo. Las botas y ropa militar de camuflaje que utilizan los metaleros tienen la misma connotación de protesta, es una manera de sátira simbólica para manifestar su desacuerdo con las políticas establecidas en estas instituciones (guerras, armas, servicio militar obligatorio, rangos, leyes estrictas).
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Apología de la pornografía en la sociedad del malestar

Apología de la pornografía en la sociedad del malestar

Ciertamente, en la gestión de los afectos emocionales podemos encontrar una brecha inquietantemente grande —un abismo— que hemos acotado mediante el Modelo Ismael Serrano frente al Modelo Chimo Bayo, por utilizar dos herramientas lúdicas y extraídas de la cultura popular patria. En el universo simbólico de Ismael Serrano, hay un consciente regodeo emocional, una sublimación excesiva que en ocasiones se desploma inmisericordemente en lo camp, con una suerte de orgullo progre Post-68 que contra todo pronóstico — es imposible no pensar en Foucault— de pronto se aterroriza al llegar al núcleo de lo sexual. Un ejemplo podrían ser los versos iniciales de Jóvenes y hermosos: «La lluvia suspendida en los neones / araña en mis pulmones y el barniz / rojo metalizado de un coche que te ve salir / del metro de Callao, envuelta en una nube de cenizas y Tresor» [1].
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