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SIGMUND FREUD Biografia de Un Deseo

SIGMUND FREUD Biografia de Un Deseo

independiente y autónoma. He hecho ya referencia a la importancia que en este proceso tienen los llamados por Winnicott objetos transicionales (chupete, succión del pulgar...), ya que permiten una transición sin traumas desde la seguridad del pecho materno a la angustiosa independencia (el miedo a la libertad de Erich Fromm). Freud los denomina objetos anaclíticos, por el apoyo emocional sustitutorio que reportan. El niño chupa el pecho de la madre, a impulsos del instinto de conservación, para alimentarse. Pero con la succión experimenta un placer y una sensación de seguridad, fuera ya de la original función autoconservadora, que pueden ser proyectados sobre otros objetos sustitutorios, que le permiten ir alejándose paulatinamente de la madre. Y quiero aquí sugerir una referencia al hábito tan arraigado de fumar que Freud conservó durante toda su vida, y que algunos lo han interpretado como fijación ora anaclítica. Él mismo da pie a esta interpretación cuando, al tener que renunciar totalmente al tabaco por causa de su cáncer de mandíbula, escribió estas palabras: “He renunciado
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Religiosidad: Una visión desde el psicoanálisis de Sigmund Freud

Religiosidad: Una visión desde el psicoanálisis de Sigmund Freud

hombre, más realizado en el desarrollo de sus capacidades humanas. Pero, por otro lado, tiene también una gran tendencia a aislarse. Y la razón es que el hombre posee a la vez una característica asocial, consistente en querer ordenarlo todo conforme a su antojo. Por eso ha de esperar encontrar resistencia en todas partes, de la misma manera que él mismo, como muy bien sabe, está inclinado por su parte a ofrecer resistencia a los demás. Pero esa resistencia es precisamente la que hace despertar en el hombre sus fuerzas dormidas, que le hacen vencer su propensión a la vagancia y, movido por la honra, por el deseo de dominar o por la codicia, le obliga a intentar ganarse un puesto de primacía sobre sus compañeros, a los que no puede aguantar, pero de los que tampoco puede apartarse. Así se dan los primeros verdaderos pasos desde la incultura a la cultura, que consiste propiamente en el valor social del hombre” 1 .
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Sigmund Freud - Totem y Tabu

Sigmund Freud - Totem y Tabu

Para hallar verosímiles estas consecuencias haciendo abstracción de sus premisas, basta admitir que la horda fraterna rebelde abrigaba con respecto al padre aquellos mismos senti- mientos contradictorios que forman el contenido ambivalente del complejo paterno en nues- tros niños y en nuestros enfermos neuróticos. Odiaban al padre que tan violentamente se oponía a su necesidad de poderío y a sus exigencias sexuales, pero al mismo tiempo le amaban y admiraban. Después de haberle suprimido y haber satisfecho su odio y su deseo de identificación con él, tenían que imponerse en ellos los sentimientos cariñosos, antes vio- lentamente dominados por los hostiles. A consecuencia de este proceso afectivo surgió el remordimiento y nació la consciencia de la culpabilidad, confundida aquí con él, y el padre muerto adquirió un poder mucho mayor del que había poseído en vida, circunstancias todas que comprobamos aún hoy en día en los destinos humanos. Lo que el padre había impedido anteriormente, por el hecho mismo de su existencia, se lo prohibieron luego los hijos a sí mismos en virtud de aquella «obediencia retrospectiva» característica de una situación psí- quica que el psicoanálisis nos ha hecho familiar. Desautorizaron su acto, prohibiendo la muerte del tótem, sustitución del padre, y renunciaron a recoger los frutos de su crimen, rehusando el contacto sexual con las mujeres, accesibles ya para ellos. De este modo es como la consciencia de la culpabilidad del hijo engendró los dos tabúes fundamentales del totemismo, los cuales tenían que coincidir con los deseos reprimidos del complejo de Edipo. Aquel que infringía estos tabúes se hacía culpable de los dos únicos crímenes que preocu- paban a la sociedad primitiva.
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Una aproximación al concepto de sujeto en Sigmund Freud

Una aproximación al concepto de sujeto en Sigmund Freud

del incesto: “En esta ley lo primero no es el incesto, puesto que antes de la interdicción solo hay sexualidad anárquica: la prohibición crea el incesto” (Kaufmann, 1996, pág. 145). De tal manera, la prohibición aparecería no tanto para favorecer el vínculo social, sino para crearlo. Y claro que mientras integra aspectos del sujeto, también deja fuera otros aspectos que no pueden existir libremente porque desintegran lo social (agresión, perversión, hostilidad); así, aquello que deja fuera la prohibición es lo que constituye las pulsiones del sujeto, él va a desear aquello que es prohibido. En tal sentido, la prohibición delimita un campo para el sujeto: una vez impuesta, el sujeto va a desear aquello a lo que no puede acceder, pues el deseo, es deseo de algo que no se tiene. Así pues, cuando la prohibición expulsa dichos aspectos del sujeto no lo hace hacia fuera sino hacia dentro del sujeto (en lo inconsciente), por eso ahora sobreviven de otra forma, se convierten en deseos inconscientes que buscan acceder a la conciencia y exigen su satisfacción. En este sentido, el fundamento de las prohibiciones tabú es un deseo que fue expulsado hacia lo inconsciente, un obrar prohibido para el que se tiene una intensa inclinación en lo inconsciente. Es decir, aunque las prohibiciones sean enunciados dirigidos al sujeto de la razón, pues operan desde la conciencia del sujeto, también operan sobre las bases de los contenidos inconscientes, a saber: los deseos reprimidos del sujeto. No obstante, parte de la prohibición puede incluirse en el inconsciente en la medida en que no siempre el sujeto es consciente de sus propios juicios morales y de la implicación de dichos juicios en su vida psíquica y en su conducta.
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INTRODUCCIÓN AL PSICOANÁLISIS I Sigmund Freud

INTRODUCCIÓN AL PSICOANÁLISIS I Sigmund Freud

tentadas hasta el momento no han conseguido aún aproximar a nuestra inteligencia. Cuando, por ejemplo, hemos olvidado temporalmente una palabra, nos impacientamos e intentamos recordarla sin darnos punto de reposo hasta hallarla ¿Por qué el sujeto a quien tanto contraría este olvido logra tan raramente, a pesar de su intenso deseo, dirigir su atención sobre la palabra, que, como suele decirse, “tiene en la punta de la lengua” y que reconoce en el acto que otra persona la pronuncia ante él? Hay también casos en los que los actos fallidos se multiplican, se encadenan unos con otros y se reemplazan recíprocamente. Olvidamos por primera vez una cita y formamos el decidido propósito de no olvidarla en la ocasión siguiente; pero llegada ésta nos equivocamos al anotar la hora convenida Mientras que por toda clase de rodeos intentamos recordar una palabra olvidada, huye de nuestra memoria una segunda palabra que nos hubiere podido ayudar a encontrar la primera, y mientras nos dedicamos a buscar esta segunda palabra se nos olvida una tercera, y así sucesivamente. Análogos fenómenos suelen producirse en las erratas tipográficas, las cuales pueden considerarse como actos fallidos del cajista En una ocasión apareció una de tales erratas persistentes en un periódico socialdemócrata. En la crónica de cierra solemnidad oficial podía leerse: “Entre los asistentes se encontraba S. A. el Kornprinz” (en lugar de Kronprinz). Al día siguiente rectificó el periódico, confesando su error anterior y diciendo: “Nosotros queríamos decir, naturalmente, el Knorprinz.” En estos casos se echa la culpa, generalmente, a un diablo juguetón que presidiría los errores tipográficos o al duende de la caja, expresiones todas que van más allá del alcance de una simple teoría psicofisiológica de la errata de imprenta.
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Sigmund Freud Psicología de las masas y análisis del yo

Sigmund Freud Psicología de las masas y análisis del yo

Simultáneamente a esta identificación con el padre o algo más tarde, comienza el niño a tomar a su madre como objeto de sus instintos libidinosos. Muestra, pues, dos órdenes de enlaces, psicológicamente diferentes. Uno, francamente sexual a la madre, y una identificación con el padre, al que considera como modelo que imitar. Estos dos enlaces coexisten durante algún tiempo sin influirse ni estorbarse entre sí. Pero a medida que la vida psíquica tiende a la unificación van aproximándose, hasta acabar por encontrarse y de esta confluencia nace el complejo de Edipo normal. El niño advierte que el padre le cierra el camino hacia la madre, y su identificación con él adquiere por este hecho, un matiz hostil, terminando por fundirse en el deseo de sustituirle también cerca de la madre. La identificación es, además, desde un principio, ambivalente, y puede concretar, tanto en una exteriorización cariñosa como en el deseo de supresión. Se comporta como una ramificación de la primera fase, la fase oral, de la organización de la libido, durante la cual el sujeto se incorporaba al objeto ansiado y estimado, comiéndoselo, y al hacerlo así, lo destruía. Sabido es que el caníbal ha permanecido en esta fase: ama a sus
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Freud, Sigmund – Disolucion del complejo de Edipo, La

Freud, Sigmund – Disolucion del complejo de Edipo, La

comparación simbólica de la idea del pene a la idea del niño. Su complejo de Edipo culmina en el deseo, retenido durante mucho tiempo, de recibir del padre, como regalo, un niño tener de él un hijo. Experimentamos la impresión de que el complejo de Edipo es abandonado luego lentamente, porque este deseo no llega jamás a cumplirse. Los dos deseos, el de poseer un pene y el de tener un hijo perduran en lo inconsciente intensa mente cargados y ayuda a preparar a la criatura femenina para su ulterior papel sexual. Pero, en general, hemos de confesar que nuestro conocimiento de estos procesos evolutivos de la niña es harto insatisfactorio e incompleto.
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Sigmund Freud. Las fantasias histericas y su relacion con la

Sigmund Freud. Las fantasias histericas y su relacion con la

Las fantasías inconcientes pueden haberlo sido desde siempre, haberse formado en lo inconciente, o bien -caso más frecuente- fueron una vez fantasías concientes, sueños diurnos, y luego se las olvidó adrede, cayeron en lo inconciente en virtud de la «represión». En esta segunda alternativa su contenido pudo seguir siendo el mismo o experimentar variaciones, de suerte que la fantasía ahora inconciente sea un retoño de la antaño conciente. Por otra parte, la fantasía inconciente mantiene un vínculo muy importante con la vida sexual de la persona; en efecto, es idéntica a la fantasía que le sirvió para su satisfacción sexual durante un período de masturbación. El acto masturbatorio (en el sentido más lato: onanista) se componía en esa época de dos fragmentos: la convocación de la fantasía y la operación activa de autosatisfacción en la cima de ella. Como es sabido, esta composición consiste en una soldadura. (ver nota)(6) Originariamente la acción era una empresa autoerótica pura destinada a ganar placer de un determinado lugar del cuerpo, que llamamos erógeno. Más tarde esa acción se fusionó con una representación-deseo tomada del círculo del amor de objeto y sirvió para realizar de una manera parcial la situación en que aquella fantasía culminaba. Cuando luego la persona renuncia a esta clase de satisfacción masturbatoria y fantaseada, la fantasía misma, de conciente que era, deviene inconciente. Y si no se introduce otra modalidad de la satisfacción sexual, si la persona permanece en la abstinencia y no consigue sublimar su libido, vale decir, desviar la excitación sexual hacia una meta superior, está dada la condición para que la fantasía inconciente se refresque, prolifere y se abra paso como síntoma patológico, al menos en una parte de su contenido, con todo el poder del ansia amorosa.
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Sigmund Freud LXXXVII. INTRODUCCIÓN AL NARCISISMO (*)

Sigmund Freud LXXXVII. INTRODUCCIÓN AL NARCISISMO (*)

Naturalmente nuestro deseo de saber nos planteará la interrogación de por qué tal estancamiento de la libido en el yo ha de ser sentido como displacentero. De momento quisiera limitarme a indicar que el displacer es la expresión de un incremento de la tensión, siendo, por tanto, una cantidad del suceder material la que aquí, como en otros lados, se transforma en la cualidad psíquica del displacer. El desarrollo de displacer no dependerá, sin embargo, de la magnitud absoluta de aquel proceso material, sino más bien de cierta función específica de esa magnitud absoluta. Desde este punto, podemos ya aproximarnos a la cuestión de por qué la vida anímica se ve forzada a traspasar las fronteras del narcisismo e investir de libido objetos exteriores. La respuesta deducida de la ruta mental que venimos siguiendo sería la de que dicha necesidad surge cuando la carga libidinosa del yo sobrepasa cierta medida. Un intenso egoísmo protege contra la enfermedad; pero, al fin y al cabo, hemos de comenzar a amar para no enfermar y enfermamos en cuanto una frustración nos impide amar. Esto sigue en algo a los versos de Heine acerca una descripción que hace de la psicogénesis de la Creación: (dice Dios) `La enfermedad fue sin lugar a dudas la causa final de toda la urgencia por crear. Al crear yo me puedo mejorar, creando me pongo sano'.
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Introducción al Narcisismo, Sigmund Freud (1914)

Introducción al Narcisismo, Sigmund Freud (1914)

procurarnos una retrospección de la psicología del yo. Habremos, pues, de deducir  nuevamente  de  las  deformaciones  e  intensificaciones  de  lo  patológico  lo  normal,  aparentemente  simple.  De  todos  modos,  aún  se  nos  abren  algunos  otros  caminos  de aproximación al conocimiento del narcisismo. Tales caminos son la observación  de la enfermedad orgánica, de la hipocondría y de la vida erótica de los sexos. Al  dedicar mi atención a la influencia de la enfermedad orgánica sobre la distribución  de la libido sigo un estímulo de mi colega el doctor S. Ferenczi. Todos sabemos, y  lo  consideramos  natural,  que  el  individuo  aquejado  de  un  dolor  o  un  malestar  orgánico cesa de interesarse por el mundo exterior, en cuanto no tiene relación con  su dolencia. Una observación más detenida nos muestra que también retira de sus  objetos eróticos el interés libidinoso, cesando así de amar mientras sufre. La vulga‐ ridad de este hecho no debe impedirnos darle una expresión en los términos de la  teoría  de  la  libido.  Diremos,  pues,  que  el  enfermo  retrae  a  su  yo  sus  cargas  de  libido para destacarlas de nuevo hacia la curación. ‘Concentrándose está su alma’,  dice  Wilhelm  Busch  del  poeta  con  dolor  de  muelas,  ‘en  el  estrecho  hoyo  de  su  molar’.  La  libido  y  el  interés  del  yo  tienen  aquí  un  destino  común  y  vuelven  a  hacerse indiferenciables. Semejante conducta del enfermo nos parece naturalísima,  porque  estamos  seguros  de  que  también  ha  de  ser  la  nuestra  en  igual  caso.  Esta  desaparición de toda disposición amorosa, por intensa que sea, ante un dolor físi‐ co, y su repentina sustitución por la más completa indiferencia, han sido también  muy  explotadas  como  fuentes  de  comicidad.  Análogamente  a  la  enfermedad,  el  sueño significa también una retracción narcisista de las posiciones de la libido a la  propia persona o, más exactamente, sobre el deseo único y exclusivo de dormir. El  egoísmo  de  los  sueños  tiene  quizá  en  esto  su  explicación.  En  ambos  casos  vemos  ejemplos  de  modificaciones  de  la  distribución  de  la  libido  consecutivas  a  una  modificación del yo. 
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Sigmund Freud XX PSICOPATOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA ()

Sigmund Freud XX PSICOPATOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA ()

disponer, me había obligado a hacer el viaje por el camino más corto y a no detenerme en ningún punto. Pedí a mi hermano que me concediera quedarme un día en Holanda, pero me lo negó, diciendo que después, al regresar, podía hacer lo que me pareciese. Así, pues, emprendí mi viaje desde Munich, pasando por Colonia, hasta Rotterdam y Hoek, de donde, a medianoche, salía un barco para Harwich. En Colonia tenía que cambiar de tren, para tomar el rápido de Rotterdam. Descendí de mi vagón y me puse a buscar dicho rápido, sin lograr descubrirlo en parte alguna. Pregunté a varios empleados, fui enviado de un andén para otro, caí en una exagerada desesperación y, al cabo de todo esto, pude suponer que durante mis vanas investigaciones debía ya de haber salido el tren buscado. Cuando ello me fue confirmado reflexioné si debía quedarme aquella noche en Colonia, cosa a la que, entre otros motivos, me inducía un sentimiento familiar, pues, según una vieja tradición nuestra, unos antepasados míos se habían refugiado en esta ciudad huyendo de una persecución contra los judíos. Sin embargo, resolví tomar un tren posterior para Rotterdam, adonde llegué muy entrada la noche, y, por tanto, tuve que pasar todo el día siguiente en Holanda. Esta estancia me permitió realizar un deseo que abrigaba hacía ya mucho tiempo: el de admirar los magníficos cuadros de Rembrandt existentes en La Haya y en el Museo Real de Amsterdam. Hasta la mañana siguiente, cuando, durante el viaje en un tren inglés, pude resumir mis impresiones, no surgió en mí el indudable recuerdo de haber visto en la estación de Colonia, a pocos pasos del sitio donde me apeé del tren y en el mismo andén, un gran cartel con la indicación «Rotterdam-Hoek de Holanda». Allí esperaba con seguridad el tren en el que había debido continuar mi viaje. Si no se quiere admitir que, contra las órdenes de mi hermano, quería a toda costa admirar los cuadros de Rembrandt en mi viaje de ida, habrá que considerar el incidente como una inexplicable «ceguera» mía. Todo lo restante, mi bien fingida perplejidad y la emergencia de la pía intención familiar de quedarme aquella noche en Colonia, fue tan sólo un dispositivo destinado a encubrir mi propósito hasta que hubiera sido ejecutado por completo.
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El complejo de Edipo en Sigmund Freud y en Melanie Klein

El complejo de Edipo en Sigmund Freud y en Melanie Klein

Melanie Klein reconoce, como parte de una multiplicidad de inflexiones en el proceso de organización, la existencia de momentos psíquicamente semejantes y dispares entre el varón y la niña, siendo los conflictos propios del complejo edípico los promotores principales de la diferencia en el rumbo que cada uno de ellos tome y en la expresión final de una sexualidad congruente con su anatomía y su género. De acuerdo con Melanie Klein, existe una fase femenina en el desarrollo de todo sujeto en la cual no es posible hacer distingos psíquicos entre el varón y la niña, puesto que en ambos son protagonistas las tendencias de incorporación y apropiación que nacen en la etapa oral, existiendo además un deseo de órgano especial dirigido hacia las funciones sexo-reproductivas del cuerpo femenino (madre). Aunque es poco pertinente desvelar más detalles acerca de estos sucesos, pues será algo que nos ocupará más adelante, es conveniente decir que una vez el texto nos ha dado a conocer este asunto sus empeños estarán orientados a esclarecer los mecanismos por los cuales el niño se hace hombre y la niña se hace mujer, en el sentido psicológico.
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El malestar en la justicia: la cuestión de los valores en Sigmund Freud

El malestar en la justicia: la cuestión de los valores en Sigmund Freud

__________ 7 Estas ideas derivaron hacia el emotivismo axiológico en autores como Stevenson y Ayer. Stevenson defenderá que todo análisis que pretenda ofrecer un panorama global de la ética debe estar atento a reconocer la igual importancia de dos factores, las creencias («beliefs») y las actitudes («attitudes»), respectivamente correspondientes a la racionalidad y la emotividad. Las definiciones modelo de la ética suelen responder para Stevenson al modelo «esto es malo», que significa «desapruebo esto; desapruébalo tú también»; al modelo «debes hacer esto», que significa «desapruebo que dejes esto sin hacer; desapruébalo tú también»; o al modelo «esto es bueno», al que podrían reconducirse los dos anteriores, y que significa la conjunción de la proposición descriptiva «apruebo esto» y la proposición prescriptiva «apruébalo tú también». Como enunciado de contenido psicológico, la verdad o falsedad de la proposición descriptiva «apruebo esto» se habrá de comprobar empíricamente, pero no podrá ocurrir lo mismo con «apruébalo tú también» en tanto que proposición prescriptiva (Charles Stevenson, [1944], 1971, p. 27 ss.). Por su parte, Ayer, remontándose al empirismo de Hume reformulado por Russell y el primer Wittgenstein, arremetió contra las proposiciones sintéticas a priori kantianas y recalcó cómo, al incorporar a la descripción de una acción un juicio positivo («es buena») o negativo («es malo»), nos limitamos a dejar patente nuestra aprobación o desaprobación moral respecto a ella, pero no transformamos su contenido semántico, sino sólo su fuerza pragmática ilocucionaria y perlocucionaria. La función de los términos éticos es meramente emotiva porque únicamente expresan sentimientos, con frecuencia unidos al deseo de provocar similares sentimientos en el auditorio y determinadas acciones acordes con los mismos. A la ética sólo le En la última parte del Tractatus, Wittgenstein sentencia que la ética trasciende el lenguaje y es por consiguiente inexpresable. Ajenas al tono general del Tractatus, en sus últimas páginas subrayará que lo que está más allá de lo físico no se puede expresar lingüísticamente, sino solo mostrar: «Sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo. Por supuesto que entonces ya no queda pregunta alguna; y esto es precisamente la respuesta» (Wittgenstein [1921], 1987, prop. 6, p. 52). «Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico» (Wittgenstein [1921], 1987, prop. 6, p. 522).
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Cap. VII de "La interpretación de los sueños" de Sigmund Freud

Cap. VII de "La interpretación de los sueños" de Sigmund Freud

Freud ilustra la función del proceso onírico como cumplimiento de deseo y como producto provisto de sentido que puede insertarse en la trama del acontecer psíquico del soñante: el padre del niño muerto, sueña que el niño vive; en lugar de despertar que sería la respuesta más adaptada a los acontecimientos. Un resplandor en la habitación contigua a la del padre en la que yace el hijo, es ocasión para provocar el sueño y no para despertarle de inmediato. Para él, este sueño no plantea conflictos por su interpretación y revela con claridad que se trata de un cumplimiento de deseo. Sin embargo la diferencia de su elaboración con respecto al pensamiento vigil le lleva a preguntarse por el modo de funcionamiento de lo anímico. La esperanza que conduce a Freud en su investigación es que del análisis de los sueños obtendrá algunas piezas para el edificio de los conocimientos sobre el proceso psíquico.
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BIOGRAFIA DE SIGMUND FREUD

BIOGRAFIA DE SIGMUND FREUD

anunciaven el futur. Des de la cultura grega amb els oracles o la cultura jueva amb els somnis d’inspiració divina, les persones han tingut un respecte sagrat pels somnis. Freud va donar una nova visió del sentit del somni a partir de la seva experiència clinica. Segons Freud, els somnis són manifestacions de l’inconscient i per tant són un camí privilegiat per conèixer l’inconscient de les persones. Sovint els somnis són desitjos de l’inconscient, de l’allò, que no poden ser acceptats pel jo o pel superjò. En aquesta senzilla estructura, els somnis són més complexos. Cal distingir entre dos aspectes dels somnis: el contingut manifest i el contingut latent. El contingut manifest és allò que recordem d’un somni: situacions estranyes, inconnexes, sense lògica, que poden ser agradables o desagradables. El contingut latent són realment els desitjos de la persona que volia manifestar en el somni. És a dir, que els somnis són manipulats, transformats o tal com es diu en psicoanàlisi censurats pel jo i el superjò. Allò que somiem, contingut manifest, és diferent d’allò que realment significa el somni, contingut latent. Aquesta circumstàncies fa que calgui interpretar els somnis per tal de conèixer què ens vol dir la persona amb aquest somni. Per poder interpretar un somni, cal conèixer en primer lloc la vida de la persona, quins fets importants ha viscut, quines persones l’envoltaven, etc... Aleshores el psicoanalista ha de relacionar el somni amb la vida de la persona i buscar-li un sentit. Una eina que pot ajudar el terapeuta és el fet que els somnis utilitzen símbols descriptius. Per exemple, una casa que representa el cos humà, els pares es presenten com a reis i reines, l’aigua que simbolitza el naixement, objectes que representen els òrgans sexuals masculins com pals, claus, ganivets, o els femenins com bosses, caixes, portes, etc... Molts d’aquests simbolismes són característics dels contes, la mitologia i el folklore i cal utilitzar-los amb molta prudència perquè sovint un mateix objecte o situació pot simbolitzar coses diferents. Al capdavall, la interpretació d’un somni es basa en la capacitat d’anàlisi del psicoanalista i en el coneixement que tingui de la biografia del pacient.
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Sigmund Freud – Otros Trabajos

Sigmund Freud – Otros Trabajos

Hay unos dieciséis informes de casos en los que el paciente fue curado de su adicción. Solo en un caso habla un informe del fracaso de la coca en el tratamiento de la morfinomanía, y el médico que suscribe el informe se asombra de que haya habido tan calurosas recomendaciones de la cura por medio de la coca. No todos los casos de curación son igualmente rotundos. En algunos de ellos los pacientes habían tomado habitualmente y durante largo tiempo grandes dosis de opio o morfina. No hay muchas informaciones sobre el tema de las recaídas, pues en la mayor parte de los casos se publicaba el informe casi inmediatamente después de producida la cura. Tampoco se dan suficientes detalles de los síntomas que aparecen durante la abstención. Son especialmente valiosos los informes en los que se dice que los pacientes pudieron dejar de tomar coca al cabo de pocas semanas sin experimentar de nuevo el deseo de tomar morfina. Se presta especial atención al hecho de que la caquexia de la morfina fue sus tituida por una excelente salud, hasta tal punto que los pacientes apenas si podían ser reconocidos después de su curación. En cuanto al método utilizado para la reducción y supresión de la droga que había dado lugar al hábito, la fórmula utilizada en la gran mayoría de los casos consistió en una reducción gradual de la dosis de la droga acompañada por un aumento gradual de la dosis de coca. Sin embargo, también se experimentó la supresión brusca de la droga. En este último caso Palmer dice que es necesario administrar cierta dosis de coca cuantas veces al día aparezca el deseo de tomar morfina. La dosis diaria de coca es reducida gradualmente hasta llegar el momento en que resulta posible abandonar totalmente el antídoto. Desde el primer momento, los ataques experimentados a causa de la abstinencia resultaron leves o se redujeron en intensidad al cabo de, pocos días. En casi todos los casos el propio paciente pudo llevar a cabo el tratamiento por sí solo, lo cual es muy importante si se tiene en cuenta que en Europa la cura de la morfinomanía sin la ayuda de la coca exige que el paciente sea vigilado en un hospital.
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Sigmund Freud

Sigmund Freud

Al mismo tiempo, otro aporte teórico creciente abría nuevo espacio para el estudio de la personalidad: el conocimiento de los procesos de identificación y de la función que ellos tienen en la constitución de la personalidad se amplió por la descripción de las distintas formas del complejo de Edipo y de sus diversos resultados, por el análisis de la melancolía (estado en el que el sujeto dirige contra sí mismo la hostilidad sentida contra un objeto erótico perdido, con el que se ha identificado inconscientemente), y por la noción de narcisismo. Todo eso preparó la llamada “segunda tópica”, en la que no se trata ya tanto de “lugares” o sistemas, sino más bien de instancias, en un sentido menos tópico que dinámico, porque se trata sobre todo de representar entidades que actúan o interactúan en el individuo. Ante todo, el ello como polo de la personalidad en el que combaten los dos tipos de pulsiones y que hace que con frecuencia experimentemos que somos “vividos” por fuerzas enigmáticas e irresistibles (Freud, 1981ñ, p. 2707), a las que, en definitiva, habría que remitirse para poder entender lo que tantas veces preocupó y ocupó a poetas, moralistas y filósofos: “deseo lo que sé que es mejor y, sin embargo, sigo lo que es peor”. Desde ese ello desconocido e inconsciente, regido sólo por el principio del placer, surge el yo como parte transformada del mismo. Si el individuo es sobre todo un ello psíquico, el contacto con la realidad distinta de él lo transforma en su superficie: a partir de las percepciones se forma esa nueva instancia que es el yo, del que Freud dice que es “ante todo, un ser corpóreo, y no sólo un ser superficial, sino incluso la proyección de una superficie”; idea ampliada en una nota que, aunque no escrita por él, le pertenece por la exactitud interpretativa y por aprobación expresa: “El yo se deriva en último término de las sensaciones corporales, principalmente de aquellas producidas en la superficie del cuerpo, por lo que puede considerarse al yo como una proyección metal de dicha superficie del
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TEXTOS ESENCIALES SIGMUND FREUD

TEXTOS ESENCIALES SIGMUND FREUD

Introducción Sigmund Freud nació el 6 de mayo de 1856, en Příbor, Moravia, población que entonces formaba parte del Imperio austríaco y actualmente, de la República Checa. Falleció el 23 de septiembre de 1939, en Londres, Inglaterra, lo que le impidió asistir al desarrollo pleno de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, aunque desde años antes y a través de sus trabajos y declaraciones periodísticas se mostró siempre escéptico respecto de la posibilidad de que el sistema social y cultural mundial lograra –alguna vez– dominar o siquiera reducir la inclinación humana por la violencia.
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Lacan en la Argentina: Masotta y los Cuadernos Sigmund Freud

Lacan en la Argentina: Masotta y los Cuadernos Sigmund Freud

Por último, la difusión del discurso antipsiquiátrico y antiinstitucional colabora con la imagen contestaria del lacanismo. La antipsiquiatría, que reúne aportes de una variedad de autores y campos, desde Cooper y Laing en Inglaterra hasta Deleuze, Guattari y Foucault en Francia, pasando por Erving Goffman en Estados Unidos, se cruza en la Argentina con el discurso de la liberación nacional y termina presentando a los enfermos mentales dentro de la categoría de los oprimidos. En el grupo lacaniano, la antipsiquiatría aparece muy fuerte en el Nº 2/3 de Cuadernos Sigmund Freud, en especial en las intervenciones de los Mannoni, así como en el testimonio de Bernardo Kohon, que relata su estancia en una comunidad terapéutica en Londres.
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Sigmund Freud en su tiempo y en los inicios del siglo XXI

Sigmund Freud en su tiempo y en los inicios del siglo XXI

De otro lado, como lo observa Breukman (54), "... el pensamiento de Freud, al igual que el de Nietzsche, Bergson y Heidegger, estiliza las fuerzas invisibles y de largo aliento en acción dentro de la sociedad y las tendencias muchas veces apenas discernibles y predecibles, de los cambios históricos, destilándolos en un drama de fuerzas y tendencias dentro de la experiencia individual" (pág. 172). En el esfuerzo de desarrollar una teoría tan ambiciosa como el psicoanálisis, Freud fue acompañado primero por Josef Breuer (1842-1925), un colega suyo que se alejó de él tras un tiempo, y después por un conjunto de hombres y mujeres, con los que tuvo una relación no siempre libre de conflictos. Ser amigo de Freud significaba aceptar sus teorías, difundirlas y defenderlas. Quienes no cumplían esta regla implícita, o se alejaban motu proprio o eran separados por él del movimiento psicoanalítico. Tal fue el destino de los ya mencionados Adler y Jung, como también el de Otto Rank, para solo mencionar tres nombres. También en el autoritarismo que lo caracterizaba fue Freud un hombre de su tiempo, revelando semejanzas con Karl Marx en su intolerancia ante la disidencia o el punto de vista alternativo.
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