PDF superior Trastornos Graves de la Personalidad o la Conducta

Trastornos Graves de la Personalidad o la Conducta

Trastornos Graves de la Personalidad o la Conducta

Algunos ambientes familiares son propicios para que aparezcan problemas de conducta, sobre todo aquellos en los que los vínculos familiares son rígidos, ansiosos, con límites inconsistentes o contradictorios, sin límites, con obsesiones, inafectivas… Esto suele ocurrir cuando los padres presentan alguna psicopatía (drogas, depresión, maltraro…), cuando hay conflictos en la pareja o cuando los miembros de la familia extensa presentan comportamientos antisociales.

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4 trastornos graves de conducta

4 trastornos graves de conducta

No todo niño o niña con una conducta in- apropiada tiene “trastorno del comportamien- to”. El incumplimiento de las normas, la agre- sividad o la rebeldía, son aspectos de la vida sin una connotación patológica en sí mismos. De hecho, aunque las conductas de los alumnos o alumnas con Trastornos Graves de Conducta en sí mismas, pueden no ser diferentes a las que manifiestan otros alumnos y alumnas en un momento determinado, sí difieren en una mayor intensidad y frecuencia a la esperada y observada habitualmente en sujetos de un nivel de desarrollo similar. Por ejemplo, no po- demos considerar como un Trastorno del Com- portamiento a todo adolescente que presen- ta una conducta de oposición o negativismo frente su padre, madre o al profesorado. De hecho, la oposición es una actitud frecuente en este periodo de la vida, donde el adolescen- te está buscando su propia identidad. Lo que lleva al diagnóstico de un Trastorno del Com- portamiento, será la frecuencia y la intensidad de esa conducta negativista, oposicionista u hostil, y el deterioro en las relaciones escolares, familiares y sociales que esa persistencia e in- tensidad le acabarán provocando.
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Trastornos de la personalidad y conducta delictiva

Trastornos de la personalidad y conducta delictiva

Para Haddad y Busnelli (2005) ¹ ⁶ , la naturaleza de las correlaciones entre los índices biológicos cerebrales y las características clínicas del desorden de personalidad puede proporcionar las claves para establecer la relación entre cerebro y conducta, y el vocabulario neurobiológico de la personalidad. Así, datos provenientes de investigaciones biopsicológicas sobre diferencias individuales y delincuencia han evidenciado la asociación de la conducta antisocial con factores como lesiones craneales, baja actividad del lóbulo frontal, baja activación del Sistema Nervioso Autónomo, respuesta psicogalvánica reducida, baja inteligencia, trastorno de atención con hiperactividad, alta impulsividad, propensión a la búsqueda de sensaciones y tendencia al riesgo, baja empatía, alta extraversión y locus de control externo (Redondo y Pueyo, 2007) ¹ ⁷ . En general, los defensores de las teorías biológicas buscan explicar el comportamiento delictivo en función de anomalías o disfunciones orgánicas, incidiendo en que son factores endógenos o internos del individuo los que al concurrir en algunas personas les llevan a una predisposición congénita para la comisión de actos antisociales.
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http://www psicothema com/pdf/3591 pdf

Trastornos de la personalidad en pacientes con trastornos de la conducta alimentaria

2007). Las diferencias encontradas en la prevalencia podrían ser debidas, entre otros aspectos, a la muestra utilizada (ingresados/ambulatorios), a las edades (adolescentes/adultos), a la naturaleza esquiva en el diagnóstico de TT.PP o a los distintos instrumentos de medida utilizados. Así, parece evidenciarse un sesgo de sobre-estimación de éstos en evaluaciones de la persona- lidad realizadas con medidas de autoinforme frente a las realiza- das por entrevista clínica (Rosenvinge, Martinussen y Ostensen, 2000; Marañón, Grijalvo y Echeburúa, 2007). Por otro lado, las propias consecuencias físicas de la anorexia nerviosa (malnutri- ción y bajo peso) pueden afectar a la personalidad al exacerbar los patrones de conducta desadaptativos muy resistentes, dadas las complejas interacciones entre restricción, estado de ánimo y cra- ving (Rodríguez, Mata, Moreno, Fernández y Vila, 2007). Se po- dría dar así una falsa comorbilidad que no sería sino una exagera- ción sintomática debida a la propia condición física de la AN (Graell, García, López y Guzmán, 2006).
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TRASTORNOS GRAVES DE CONDUCTA

TRASTORNOS GRAVES DE CONDUCTA

No todo niño o niña con una conducta in­ apropiada tiene “trastorno del comportamien­ to”. El incumplimiento de las normas, la agre­ sividad o la rebeldía, son aspectos de la vida sin una connotación patológica en sí mismos. De hecho, aunque las conductas de los alumnos o alumnas con Trastornos Graves de Conducta en sí mismas, pueden no ser diferentes a las que manifiestan otros alumnos y alumnas en un momento determinado, sí difieren en una mayor intensidad y frecuencia a la esperada y observada habitualmente en sujetos de un nivel de desarrollo similar. Por ejemplo, no po­ demos considerar como un Trastorno del Com­ portamiento a todo adolescente que presen­ ta una conducta de oposición o negativismo frente su padre, madre o al profesorado. De hecho, la oposición es una actitud frecuente en este periodo de la vida, donde el adolescen­ te está buscando su propia identidad. Lo que lleva al diagnóstico de un Trastorno del Com­ portamiento, será la frecuencia y la intensidad de esa conducta negativista, oposicionista u hostil, y el deterioro en las relaciones escolares, familiares y sociales que esa persistencia e in­ tensidad le acabarán provocando.
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Personalidad y trastornos de la conducta alimentaria

Personalidad y trastornos de la conducta alimentaria

El último es el Inventario de Temperamento y Ca- rácter (ITC). Este consiste en un instrumento autoaplicable que describe la personalidad dentro de un modelo psicobiológico elaborado por Cloninger. En este instrumento, el temperamento se describe como un rasgo altamente heredable y permanente en el individuo, que se divide en cuatro dimensiones: búsqueda de la novedad, evitación del daño, dependencia de la recompensa y persistencia. En cambio, los rasgos de carácter, que se encuentran influidos moderadamente por el aprendizaje socio- cultural y maduran de manera progresiva a lo largo de la vida, se conforman de tres dimensiones: autodi- rección (responsabilidad, dirección hacia objetivos vs. inmadurez, integración deficiente e inseguridad), la cooperación (ser útil, empático vs. oportunista) y la autotrascendencia (creativo, poco convencional vs. controlado, pragmático). Cada uno de estos aspectos del carácter interactúa para promover una adaptación a las experiencias de la vida y ejerce a la vez influencia en la susceptibilidad del individuo hacia los trastornos emocionales y del comportamiento (13, 37).
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Trastornos de la personalidad – Hacia una mirada integradora – Riquelme y Oksenberg

Trastornos de la personalidad – Hacia una mirada integradora – Riquelme y Oksenberg

M anifestaciones clínicas: como ya hemos dicho anteriormente este trastorno es de aparición temprana y los signos infantiles típicos son mentiras, hurtos, holgazanería, vandalismo, actitudes pendencieras, fugas del hogar, ausentismo escolar y crueldad física. En la edad adulta continúa esta pauta, lo que les conduce a un fracaso en la actividad laboral, en el mantenimiento de obligaciones económicas, familiares, etc. En muchos casos llevan a cabo conductas delictivas, son sujetos irritables y agresivos, son protagonistas de violencia doméstica sobre todo cuando se añade el abuso de drogas y alcohol, hecho que ocurre frecuentemente. Además, son propensos a la realización de conductas temerarias, sin preocupación por la seguridad personal o ajena, siendo también frecuente la promiscuidad sexual y la dejación de deberes paternos y conyugales. Hay que destacar la ausencia de culpabilidad respecto sus conductas y a una marcada predisposición a culpar a los demás de las mismas. La edad de comienzo temprana les lleva a un grave deterioro, impidiendo el desarrollo de un adulto independiente y autosuficiente, lo que da lugar, en muchos casos, a años de institucionalización, con frecuencia más penal o correccional que médica. Presentan una cruel despreocupación por los sentimientos de los demás y falta de empatía; incapacidad para mantener relaciones personales y muy baja tolerancia a la frustración. Con frecuencia estas personas impresionan a las de sexo contrario por los aspectos seductores de su personalidad. No muestran rasgos de ansiedad ni de- presión, a pesar de sus amenazas suicidas y sus frecuentes quejas somáticas; dadas sus características también se les ha denominado sociópatas y sujetos amorales. Diagnóstico diferencial: Hay que separar lo que es un trastorno de la personalidad de lo que es una conducta ilegal o criminal, siendo característico que en el trastorno se afectan numerosas áreas de la vida del sujeto. Es difícil diferenciar este trastorno cuan- do va asociado al consumo de sustancias ya que, además de muy frecuente, se ha demostrado que se potencian ambos. La comorbilidad con el trastorno límite y el nar- cisista es muy alta, por lo que el diagnóstico clínico diferencial muchas veces es difícil. b. Trastorno límite de la personalidad:
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TERAPIA COGNITIVA DE LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

TERAPIA COGNITIVA DE LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Millón (1981) sostiene que los TPP casi invariablemente van acompañados por otros trastornos de la personalidad, y examina por separado cada uno de los cinco subtipos principales. El subtipo "paranoide narcisista" se considera resultado de una fuerte creencia en la propia importancia, sumada a un déficit de habilidades sociales. La hipótesis de Millón es que cuando esos individuos se enfrentan a un medio que no comparte su creencia en su propia importancia, se repliegan en fantasías de omnipotencia en lugar de reconocer sus propias carencias. La personalidad "paranoide antisocial" resultaría de que el individuo ha sido objeto del hostigamiento y antagonismo de sus padres, lo que le lleva a ver el mundo como inhóspito y a una conducta rebelde, hostil, que provoca el rechazo de.los demás. Los individuos "paranoides compulsivos" han aprendido a luchar para cumplir perfectamente con normas parentales rígidas, de modo que se han vuelto controladores en exceso, perfeccionistas, retraídos y autocríticos. La paranoia aparece cuando atribuyen a otros su dura autocrítica. Según la hipótesis de Millón, en el desarrollo de la personalidad "paranoide pasivo-agresiva" intervienen factores constitucionales que llevan al niño a dar a sus progenitores respuestas que alientan reacciones incoherentes. Estas reacciones de los padres a la vez determinan que el niño se convierta en una persona irritable, negativista e incapaz de mantener relaciones estables, lo que provoca el aislamiento social y el desarrollo de celos delirantes. Finalmente, la personalidad "paranoide descompensada" sería sumamente proclive a episodios psicóticos en respuesta al estrés; habría un vínculo entre el TPP y la psicosis. Millón (1981) no proporciona un modelo del TPP en general ni considera las intervenciones del terapeuta.
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Trastornos de la personalidad en la adolescencia: características clínicas y vías asistenciales desde la infancia a la adultez

Trastornos de la personalidad en la adolescencia: características clínicas y vías asistenciales desde la infancia a la adultez

El problema de la continuidad psicopatológica ha sido profundizado incluso en términos de posible existencia precoz de factores considerados predictivos de futuros trastornos de la personalidad. Caspi y Silva (1995) por ejemplo, consideran que determinados estilos compor- tamentales valorados en la primera infancia están es- trechamente asociados a diferencias en la personalidad del joven adulto, en cuanto que el tipo de interacción que se establece entre la persona y el ambiente juega un papel clave en la continuidad de los elementos cons- titutivos de la personalidad. Estudios epidemiológicos ORQJLWXGLQDOHVH[DPLQDGRVSRU%HUQVWHLQ\FRODERUDGR- res (1996), han revelado que factores predictivos de la personalidad antisocial son detectables ya en la edad SUHHVFRODU HQ IRUPD GH GLÀFXOWDGHV WHPSHUDPHQWDOHV hiperactividad, agresividad. También el estudio dirigi- GRSRU05XWWHU\FRODERUDGRUHVHVWDEOHFHXQD estrecha correlación entre los problemas de conducta en la infancia y la adolescencia y el aumento del riesgo de patologías psiquiátricas (especialmente depresión precoz) y de comportamientos de riesgo (consumo de sustancias y delincuencia) en etapas posteriores.
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Trastornos de conducta en la adolescencia: la experiencia del hospital de día

Trastornos de conducta en la adolescencia: la experiencia del hospital de día

En cuanto al sistema de codificación DSM, el trastorno de la conducta está ausente en su primera edición de 1952; en cambio, en la segunda edición de 1968, aparece como diagnóstico con tres subtipos: reacción disocial agresiva, reacción de delincuencia de grupo, huida. Es interesante señalar que en cada edición sucesiva se han ido modificando los criterios. Los nombres y adjetivos usados para describir a los jóvenes con personalidad antisocial y reacción agresiva, en el DSM-II, estaban más ligados a un juicio moral que científico. En su última edición, el DSM-IV, ha modificado de nuevo los criterios que fijan el diagnóstico de este trastorno, ahora ya no según los síntomas, sino según los comportamientos. Así, emerge la problemática de unir la psicopatología con conceptos sociológicos, morales y legales a la hora crear el trastorno. Ya que el diagnóstico se basa en criterios de comportamiento sin referencias etiológicas, los individuos que responden a los criterios de trastornos de la conducta pueden presentar psicopatologías significativamente diversas, tanto que los autores del tratado de psiquiatría infantil de la American Accademy of Child and Adolescent Psychiatry, al tratar de la definición de este trastorno afirman que “el diagnóstico del trastorno de la conducta en psiquiatría, en este punto de nuestros conocimientos, es análogo a aquello de la fiebre de origen desconocido en la medicina interna” (Malmquist, Hendren, Mullen, Otnow Lewis, 1997).
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Trastornos de la personalidad: Screening de riesgo para una intervención temprana

Trastornos de la personalidad: Screening de riesgo para una intervención temprana

Tienen una organización semejante a la del MCF (Afiliación, Extraversión, Neuroticismo, Responsabi- lidad y Apertura). Su estabilidad es progresiva: 29 % antes de los 3 años, 52 % a partir de los 3 años, 57 % a partir de los 12 años y 75% a partir de los 18 (Roberts, 2000). Los rasgos predicen el riesgo de padecer pato- logía externalizadora e internalizadora (John, Caspi, Robins, Moffitt y Stouthamer-Loeber, 1994; Mervielde, De Clercq, De Fruyt, y Van Leeuwen, 2005). Los ras- gos tienen mucha más carga genética que las categorías (la heredabilidad de padecer un TP es muy baja, oscila entre un 21 y un 41 %). Livesley (2001) define el rasgo como “aquella conducta determinada por un grupo de genes”. En la tabla 3 del anexo se resume el desarrollo de rasgos desde las emociones primarias hasta rasgos estables en el adulto.
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Relación de las habilidades sociales con la ansiedad social y los estilos/trastornos de la personalidad

Relación de las habilidades sociales con la ansiedad social y los estilos/trastornos de la personalidad

A modo de conclusión podríamos decir que, en primer lugar, los resultados obtenidos en el presente estudio sobre las relaciones entre la ansiedad social y las HHSS confirman la relación (empírica) que existe entre ambos constructos tanto a nivel global (puntuaciones totales de los cuestionarios) como a nivel de dimensiones (clases de conducta de ambos constructos con nombres similares). No es de extrañar que algunos cuestionarios traten de evaluar ambos constructos por medio de las mismas situaciones sociales. En segundo lugar, con respecto a las relaciones de los trastornos de la personalidad con las HHSS hemos encontrado muy pocas investigaciones en la literatura que aborden dichas relaciones. El presente trabajo aporta un grano de arena en esta dirección. Los datos obtenidos indican que la mayoría de los estilos/trastornos de la personalidad se relacionan negativamente con las habilidades sociales, excepto los trastornos histriónico (con numerosas relaciones positivas a nivel global y de dimensiones) y narcisista (en menor grado). En general, podemos decir que los resultados obtenidos sobre las relaciones de los estilos/trastornos de la personalidad con las HHSS concuerdan con las características interpersonales propias de cada uno de dichos trastornos, añadiendo más información empírica a la ya aportada por otros estudios recientes (p.ej., Ruiz, Salazar y Caballo, 2012), y tan necesaria, en este campo.
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TEORICOS DE LA PERSONALIDAD

TEORICOS DE LA PERSONALIDAD

consecuencia debían escogerse éstas de entre los múltiples adjetivos y nombres en los que categorizamos nuestros comportamientos. Así, al echar mano de las 4.000 palabras del vocabulario ya citado, pretendió identificar los componentes más relevantes de la conducta humana y, a partir de ello, generar escalas que permitieran evaluarlos. (M. Torres, 1994). Digamos también que Cattell hace una distinción entre lo que denomina rasgo peculiar y rasgo común , el primero sería característico de un sólo individuo y el segundo de un patrón del que los sujetos diferirían más en grado que en forma. Esta idea también la apoya B. Sandín y P. Chorot (1990), afirmando que “por rasgos comunes, Cattell entiende aquellos que se presenta en todos los individuos, manifestándose en éstos de forma más o menos semejante... por ejemplo, la extraversión y la ansiedad. Los rasgos únicos son muchos más específicos, difícilmente pueden encontrarse en varios sujetos y generalmente son dotes o rasgos dinámicos”. Estos autores nos hablan también de una clasificación de Cattell en rasgos temperamentales, rasgos de habilidad y rasgos dinámicos.
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Hacia una comprensión del trabajo del maestro con los niños con trastornos emocionales y de la conducta

Hacia una comprensión del trabajo del maestro con los niños con trastornos emocionales y de la conducta

Existen en nuestras aulas un grupo de menores que por sus características presentan algunas insuficiencias para adaptarse a la vida escolar, agreden a sus compañeros, maestros, etc. A pesar de estas particularidades es importante destacar, teniendo en cuenta el criterio de varios autores , que en la etapa escolar es frecuente que aparezcan alteraciones que de ser detectadas a tiempo pueden ser transitorias y de no atenderse pueden convertirse en un trastorno de conducta debido a que la personalidad se encuentra en formación, de ahí la significación que adquiere el accionar del maestro primario sobre todo en los primeros grados.
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Trastornos límites de la personalidad en la adolescencia

Trastornos límites de la personalidad en la adolescencia

Los trastornos límites de la personalidad (TLP) tie- nen sus inicios en la adolescencia aunque sus raíces las encontraremos en la primera infancia (Palacio, 2007). Es el trastorno de personalidad más frecuente en nuestra población adolescente y adulta. Una de las características más significativas del TLP es la persis- tencia de la inestabilidad en las relaciones interper- sonales de los afectos y de la autoimagen, y el gran descontrol de los impulsos. Los TLP causan mucho malestar en la familia y en el entorno social y funcio- nal en general: relaciones inestables, impulsividad, dificultades para controlar la ira y el malhumor, com- portamientos con amenazas de suicidio, gran inesta- bilidad emocional, un gran vacío emocional, soledad y, en los casos más graves, ideas paranoides y sínto- mas disociativos graves. Según Kernberg (2006), los pacientes con trastornos graves de la personalidad u organización límite de la personalidad, sufren de disfunción de la identidad, de una falta de integra- ción del concepto del self. Al no haber superado la separación-individuación, el adolescente se siente in- merso en una confusión relacional y envuelto por la dependencia infantil. No puede integrar el concepto de self y no puede estructurar su propia identidad. Se siente inmerso en un yo difuso, débil y deformado, aunque no fragmentado como en el psicótico. Y el ideal del yo tiende a aferrarse vorazmente al objeto para satisfacer sus elementos más primarios, como el placer inmediato.
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Reflexiones sobre algunos trastornos de conducta y de hiperactividad en la infancia

Reflexiones sobre algunos trastornos de conducta y de hiperactividad en la infancia

En un extremo nos encontramos, efectivamente, múltiples variaciones dentro de la normalidad: niños desde el primer momento muy activos y temperamentales, frente a otros más inactivos y con mayor capacidad de tranquilizarse ante las frustraciones, necesidades o deseos; en el otro extremo, ya dentro de la psicopatología, las graves descompensaciones comportamentales, con componentes auto y heteroagresivos que suelen obedecer a ansiedades psicóticas graves. En el intermedio, toda una gama de trastornos caracterizados por hiperactividad, agitación, etc. que indican una incapacidad para relajarse, para contener su propia excitación –e interiorizar la función de paraexcitación–, asociándose en algunos casos con la dificultad para elaborar ciertas situaciones depresivas que, en otros niños, esto se expresa con inactividad y apatía, muchas veces acompañada de importantes carencias en las relaciones. Dentro de estas situaciones intermedias podemos encontrar sintomatología reactiva a una situación dada o, por el contrario, constituir un conflicto más permanente, con graves consecuencias para el desarrollo psíquico del niño. En todo caso corresponden a comportamientos interactivos con el entorno, que se deben enmarcar siempre, dentro de una dimensión relacional.
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Entre las mujeres con alcoholismo predominan los trastornos de ansiedad y afectivos. Entre los hombres, las otras drogodependencias y el trastorno de personalidad antisocial son los más prevalentes. Agrupando hombres y mujeres predominan los trastornos de ansiedad, afectivos y el trastorno de personalidad antisocial (3). Una gran proporción de personas que presentan trastornos psiquiátricos graves, como esquizofrenia, trastorno bipolar, trastornos de la personalidad o dependencia de otras sustancias, pueden presentar también un consumo abusivo de bebidas alcohólicas, lo cual contribuye a una mayor gravedad de su patología psiquiátrica o adictiva, además de otras posibles consecuencias negativas. Además, el consumo prolongado y desmedido de alcohol puede generar cuadros de ansiedad, depresión, alteraciones del sueño y disfunción sexual, en los que debe realizarse un correcto diagnóstico diferencial para evitar errores terapéuticos.
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Teorías de la personalidad

Teorías de la personalidad

es investigación basada en el testimonio de testigos. Ward y Loftus (1985) reportaron que, cuando los testigos eran cuestionados acerca de lo que habían visto, los tipos introvertidos e in- tuitivos (medidos por el MBTI) fueron particularmente influidos por el tipo de verbalización de las preguntas. Si las preguntas eran prejuiciosas (por ejemplo, referentes a una señal de alto que no estaba realmente ahí), los sujetos introvertidos e intuitivos tuvieron más errores al recor- dar. Sin embargo, si las preguntas eran consistentes con lo que se había visto, estos tipos dieron un testimonio más preciso que los tipos opuestos (extrovertido y sensitivo). Los investigadores sugieren que los introvertidos intuitivos son particularmente reacios a confiar en sus propios sen- tidos y por tanto son influidos por la información inmediata de las preguntas (véase la figura 3.3). Otro experimento también demostró el impacto diferencial de las manipulaciones del am- biente sobre las personas dependiendo de su tipo psicológico. Un hallazgo importante en la psicología social es el error fundamental de atribución (Ross, 1977), un hallazgo de particular interés para los psicólogos de la personalidad. ¿Cuál es el error fundamental de la atribución? La mayoría de las personas le dan mucha importancia a la personalidad y muy poca a las situacio- nes cuando dan las razones del comportamiento de otras personas. Por ejemplo, cuando al leer ensayos se dijo que habían sido escritos por otros estudiantes que tomaron partido sobre un te- ma social (antiaborto, proaborto, antiarmas nucleares, proarmas nucleares, etc.), los sujetos por lo general juzgan que la actitud del escritor está reflejada con precisión en el ensayo, aun cuan- do se les diga que la postura expresada en el ensayo fue asignada por el profesor (Jones y Nis- bett, 1972). Hicks (1985) encontró que existe un tipo de personalidad relativamente resistente a este error: el tipo racional intuitivo. Al establecer en cuál de ellos la mayoría de los estudiantes mantendrían posiciones antinucleares, los tipos racionales intuitivos juzgan que el ensayo del escritor probablemente también lo hace, aun si el ensayo fuera pronuclear, puesto que se les ha dicho que la posición del ensayo fue asignada. Otros tipos pasan por alto la restricción de la 96 • Capítulo 3 JUNG: Psicología analítica
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Cognición social en el trastorno por déficit de atención hiperactividad: lenguaje pragmático como indicador de teoría de la mente en niños/as con TDAH

Cognición social en el trastorno por déficit de atención hiperactividad: lenguaje pragmático como indicador de teoría de la mente en niños/as con TDAH

En consecuencia, se puede afirmar que los pacientes, en general, que participaron de la estrategia y proceso psicoeducativo, presentaron movilizaciones relevantes respecto de sus estadios vinculados al aban- dono del consumo y mantenimiento del mismo, en la medida que mos- traron una mayor movilización de los proceso psicológicos correspon- dientes y necesarios para apuntalar tales disposiciones (estadios) al cambio. Es decir, mostraron una mejor autoliberación, lo cual se rela- ciona con una mayor convicción de que eran esenciales para el cambio de su conducta adictiva, así como mayor capacidad para elegir y deci- dir comprometerse con ello. A su vez, hubo un incremento deseable de la conciencia del problema, basada en una mayor y mejor elaboración de la información sobre la problemática asociada al consumo y al be- neficio de modificarlo. También, un mejor alivio dramático o mayor capacidad para admitir y expresar reacciones emocionales dolorosas asociadas a una mejor percepción y valoración de los aspectos negati- vos de su conducta adictiva sobre diferentes dimensiones de su vida, lo cual, a su vez se acompañaba del incremento de la capacidad para hacer reevaluaciones ambientales o revalorizaciones de sus relaciones interpersonales significativas (familiares y de amistad), reconociendo las consecuencias positivas que sobre estas podría tener el cese de la conducta adictiva. Además, mejoró el proceso cognitivo de reevalua- ciones sociales de la conducta adictiva a favor de una mejor disposi- ción para desarrollar alternativas socialmente adaptativas.
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El papel de la mentalización en la etiología de la conducta violenta

El papel de la mentalización en la etiología de la conducta violenta

den la relació entre la mentalització (MZ) i la conducta violenta. La MZ o funció reflexiva és una forma d’activitat mental imaginativa involucrada en la percepció i interpretació del comportament humà en termes d’estats mentals intencionals. Es considera un mediador en la relació entre les experiències primerenques en el sistema d’aferrament i posteriors dificultats en la regulació afectiva, l’atenció i l’autocontrol. Les experiències traumàtiques en la infantesa són un aspecte crucial en la psico- gènesi de la violència i si es porten a terme amb una figura d’aferrament, interfereixen en el procés de desenvolupament de la MZ. Per això, s’ha vinculat la violència a una fallida significativa de la funció reflexiva. Al mateix temps, es compta amb una ampla evidència biològica consistent amb aquest supòsit. PARAULES CLAU: mentalització, aferrament, violència, mirroring.
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