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LOS ÁNGELES Y SU INTERVENClÓN EN LOS FENOMENOS PARAPSICOLOGICOS

Capítulo XII

Uno de los problemas que necesariamente deberá afrontar la Ciencia Parapsicológica de nuestros días será sin duda la correcta interpretación de las Formas que en su totalidad consti- tuyen los ambientes psíquicos de la humanidad. Se trata de un problema realmente difícil de resolver por cuanto se asignan todavía significados arcaicos y tradicionales a las Formas que pueden ser percibidas en el ambiente psíquico o campo astral del mundo. La creación de tales Formas es inevitable debido al poder de proyección que posee el cuerpo astral de los seres humanos y aún el de ciertos animales terrestres y marítimos. Sus potentes vibraciones “tiñen el espacio” de ciertas nocivas cualidades, se agrupan constituyendo desagradables figuras astrales y “flotan” -tal como hemos dicho en varias ocasiones- sobre el aura planetaria condicionando los deseos, emociones y pensamientos de los hombres.

Podemos decir, sin embargo, ya que el principio de dualidad o polaridad rige la acción astral, como rige todos los demás Planos del Universo, que hay también concentraciones de ener- gía psíquica de carácter positivo “flotando” sobre los ambientes sociales de la humanidad, creadas por las delicadas emociones, fúlgidos sentimientos e impulsos magnéticos de buena voluntad que surgen del cuerpo astral de los seres humanos dotados de una mayor integración espiritual. Habrá que tener en cuenta, por tanto, en cualquier estudio parapsicológico realmente serio, la existencia, actividad y proyección de tales nubes psíquicas flotando en ciertos niveles definidos del Plano astral y reconocer que su radiación magnética e indudable influencia se refleja en todos los sectores de la vida organizada de la humanidad, singularmente en aquellas personas potentemente “psíquicas” en distintos niveles de expresión, lo cual inducirá a establecer necesariamente las bases de una nueva orientación científica del estudio parapsicológico, haciendo una marcada distinción entre los fenómenos psíquicos de carácter inferior, indeseable y negativo -los más frecuentes debido a la escasa evolución mental y psíquica de los seres humanos- y los de tipo superior surgidos de la actividad emocional de los seres humanos dotados de una elevada integración espiritual.

Hemos afirmado en diferentes ocasiones, y continuaremos haciéndolo en lo sucesivo, que de no establecerse esta necesaria y obligada clasificación entre las diferentes formas de psiquis- mo no podrán ser explicados convenientemente algunos de los fenómenos parapsicológicos actualmente en estudio, como los que irán produciéndose a medida que la humanidad vaya avan- zando en su proceso evolutivo y el “psiquismo controlado” se convierta en una ley, en un impulso irresistible de la Raza humana. Este obligado control y la necesaria polarización de la conciencia desde el “Plexo solar” al centro Ajna de la mente organizada cerrará el paso a la corriente de energía psíquica proveniente de los niveles inferiores del Plano astral y creará otras puertas de comunicación con los subplanos superiores para poder captar las energías de buena voluntad y las nuevas y más apetecibles formas psíquicas creadas por los devas del Propósito Iluminado, utilizando los impulsos magnéticos y proyecciones psíquicas de carácter superior que se elevan del mundo de los hombres. Creemos por ello que un riguroso control astral por parte de los propios investigadores en el campo de la Parapsicología se hace tan necesario como el comer, el beber o el respirar en estos momentos drásticos de alta tensión psíquica planetaria, ya que de no conseguirlo será definitivamente imposible extraer del Plano astral los indispensables significados ocultos que cualifican y determinan una perfecta y verdadera investigación esotérica.

Hasta el presente la investigación parapsicológica se ha limitado únicamente a analizar algunos de los fenómenos psíquicos que se producen en los bajos estratos del Plano astral, adju- dicándoles un valor de síntesis. En realidad, y por su íntima naturaleza, tales fenómenos, como el de la mediuminidad corriente, los aportes psíquicos y materializaciones físicas, etc., sólo representan “reacciones magnéticas” producidas en el ambiente astral por seres humanos, reconocidos como “altamente psíquicos”, o los que se realizan espontáneamente en ciertos lugares de la Naturaleza (24), en los que por existir un campo magnético apropiado se producen fenómenos de carácter paranormal que atraen la atención de las masas y constituyen motivos de interés para los investigadores parapsicológicos.

24Ver apartado dedicado a los Fantasmas.

Desde el ángulo de vista esotérico el proceso es considerado como mucho más positivo y realista, ya que se analiza prioritariamente la potencialidad del ETER, el cual condiciona cualquier tipo de manifestación psíquica, sea cual sea su carácter y significado. El ETER es la substancia universal que está en la base de la creación de todas las formas psíquicas que generan fenómenos parapsicológicos, y teniendo en cuenta al respecto, que dichas formas son condensaciones de energía psíquica por parte de los Devas, los desconocidos habitantes de los mundos invisibles. Esta afirmación debe considerarse esencial en él estudio parapsicológico, sea cual sea el nivel en donde se verifique, y desde este ángulo de vista ha de admitirse que cualquier fenómeno psíquico puede ser incluido dentro de las grandes áreas astrales de polarización angélica y que la explicación correcta de los grandes o pequeños efectos parapsicológicos sólo será posible si el investigador decide penetrar en las “nuevas dimensiones” y aprende a extraer de ellas todos los posibles significados mentales. Así será posible conocer la causa de todos los fenómenos psíquicos y no solamente estudiar sus efectos en los ambientes sociales del mundo, muy particularmente en los seres humanos.

Así, pues, toda forma de psiquismo y todo fenómeno parapsicológico es un resultado de la actividad de los devas que pueblan los insondables éteres del espacio. Su misión y su ley es materializar todos los impulsos magnéticos humanos transmutando la energía en materia y substanciándola al extremo de constituir con ella todo tipo de formas y toda clase de situaciones en el ambiente psíquico de la humanidad. El punto de objetividad necesaria para dicha manifestación substancial -si podemos utilizar esta expresión- la proveen los propios seres humanos de baja vibración o de escasa evolución espiritual, así como también otros seres humanos más evolucionados aunque de potentes tendencias astrales y ciertos animales - considerados esotéricamente como altamente psíquicos- como los gatos, las serpientes, ciertas aves nocturnas, etc. (25). El resultado de esta substanciación de la energía psíquica es el Ectoplasma, la condensación de la energía etérica por efecto de la presión dévica de los niveles inferiores del Plano astral hasta constituir “formas objetivas” de alta solidez y persistencia. Desde el ángulo esotérico tales formas, tales aportes o materializaciones constituyen un peligro para la integridad espiritual del mundo, pues se las percibe clarividentemente enlazadas a etapas ante- riores de evolución planetaria y deberían considerarse lógicamente trascendidas. Por ello, la misión futura de los investigadores parapsicológicos será “la destrucción de tales formas” y no simplemente el estudio de los fenómenos que provocan en el éter. En los momentos actuales el estudio de tales fenómenos es una tarea preliminar y necesaria, pero no se debe olvidar que la actividad esencial es “purificar el ambiente astral del mundo” y propiciar la creación de “centros de actividad dinámica” en todos los subplanos del Plano astral con objeto de destruir todas las formas psíquicas de carácter negativo que condicionan y dificultan la evolución espiritual de la humanidad. Para estimularles en tal sentido bastaría decirles quizá que las guerras, las enfermedades y aún la propia muerte son “FORMAS PSIQUICAS” mantenidas en forma substancial en los niveles astrales del mundo y “dotadas de conciencia dévica”, una conciencia que exige ser liberada tras el obligado proceso de una sistemática y necesaria destrucción por parte de los verdaderos investigadores del mundo oculto. Por tal motivo, un considerable número de discípulos mundiales provenientes de todos los Ashramas de la Jerarquía están trabajando activamente para presentarle al mundo una nueva idea sobre los males sociales y las dificultades psicológicas de las gentes, así como para informar sobre las causas ocultas de las grandes tensiones emocionales que repercuten en el corazón del hombre.

El fenómeno de la “MATERIALIZACION” no es naturalmente lo único que estudia a fondo el investigador esotérico, si no que su campo de estudio se extiende a todos los posibles niveles de expansión psíquica, desde el que provoca en el éter la súbita reacción astral de un animal en la selva persiguiendo a la víctima que ha de proveerle de alimento, o el que determina cualquier ser humano en momentos cumbres de gran exaltación religiosa. El resultado será siempre el mismo en todos los casos: la invocación dévica y el fenómeno inevitable de substanciación de la energía proyectada en el éter. El ECTOPLASMA es el resultado del proceso de substanciación astral de las energías hasta el punto requerido de materialidad u objetividad que hace posible su identificación etérica física. Y lo mismo podría ser dicho con respecto a otro tipo de manifestaciones psíquicas o astrales, como “la ocupación del cuerpo de un médium” por parte de cualquier entidad dévica, psíquica, individual o elementaria; un fenómeno que ha de ser considerado como altamente limitador de las facultades causales del alma y un campo de

desdichas y de dificultades kármicas en relación con el propio médium, ya que, de acuerdo con las enseñanzas esotéricas de la Nueva Era, toda forma de mediuminidad astral deberá ser relegada bajo el umbral de la conciencia a fin de poder desarrollar la contraparte de dicha facultad en el plano de la mente, es decir, la telepatía, por cuanto la telepatía permite el contacto con los mundos invisibles, pero dentro del control de una voluntad ordenadora y de una inteligencia capaz de ex- traer verdaderos significados espirituales desde el mundo psíquico y apta, por tanto, de destruir progresivamente todas las formas inferiores que, “constituyendo grandes nubes psíquicas" y “potentes concentraciones de Ectoplasma de baja y densa vibración”, dificultan la evolución espiritual de los seres humanos.

Habrá que señalarse también que las aportaciones físicas o materializaciones ectoplásmicas a las que nos hemos referido anteriormente, provenientes de estímulos astrales inferiores, no son perceptibles únicamente alrededor de las personas altamente psíquicas que llamamos “médiums” o “dotados”, sino que constituyen parte integrante del proceso de nuestro cotidiano vivir, y podemos asegurar, muy sincera y honradamente, que tales formas pululan por doquier y si bien no constituyen “objetividades” capaces de impresionar a los sentidos de percep- ción física, si poseen la suficiente fuerza psíquica como para alterar las condiciones ambientales y afectar astralmente a un considerable número de seres humanos en Sintonía con aquellas fuerzas, constituyendo núcleos de agresividad prestos a descargar su tensión en cualquier momento. Hay “nubes psíquicas" para todos los grados de evolución astral; incluso los animales son potentemente astrales y aportan también al ambiente psíquico la singularidad de sus motivos. El aspirante espiritual deberá guardarse, por tanto, de la actividad negativa de las formas psíquicas inferiores que llenan el ambiente social del mundo y cultivar, merced al desarrollo de su aspiración superior, formas psíquicas cada vez más sutiles y refinadas.

La Invocación de los Difuntos

Una actitud muy negativa y antisocial desde el ángulo esotérico y sobre la cual llamamos la atención de los aspirantes espirituales es aquella que concierne a la “invocación de los difun- tos”. Cuando una persona fallece y deja el cuerpo físico, hay que dejarla en paz para que goce profundamente de la liberación de las cadenas que le ataban a la materia más densa de la manifestación kármica en aquellos niveles específicos que la ley previsora de la Naturaleza ha dispuesto para tal fin. No hacerlo así es crear karma, y todo aquél que utilice las energías psí- quicas de la invocación para atraer con fines de materialización, de comunicación o de contacto las almas de los muertos -tal como vulgarmente se dice- está atentando gravemente contra una sagrada Ley del Creador. “El todo lo tiene sabiamente dispuesto para el bien de Sus hijos”, tal como puede leerse en ciertos pasajes del “Antiguo Comentario” o “Libro de los Iniciados”.

La salvaguarda del alma después que ha dejado su cuerpo físico no corresponde ya a los seres humanos, a sus deudos, amigos o parientes, por mucho que la amen y quieran ayudarla con sus invocaciones -a menudo potentemente egoístas-, sino que corresponde a la actividad de aquellas benditas Entidades dévicas que esotéricamente llamamos “Los Ángeles de la Luz Resplandeciente”, los cuales acogen al alma desde el momento mismo de la muerte física y después de “romperse el cordón plateado o Sutratma” que la ataba al cuerpo y propiciar “el último suspiro” o aliento vital, la conducen amorosamente a un nivel de quietud en donde descansará o dormirá plácidamente (26), si no surgen impedimentos, para despertarla rápida y oportunamente en el plano astral. Desdichadamente la labor de estos benditos Ángeles es alterada por los clamores invocativos de los deudos y amigos, los cuales no se resignan a perder definitivamente a la persona con la cual sostuvieron lazos de unión, de amor o de amistad, creando unos vórtices de energía astral de carácter negativo que envuelven al alma y la mantienen “suspendida” en la inseguridad de dos mundos diferentes, el físico y el astral; el astral porque por ley kármica le corresponde y el físico porque desde allí es invocada, suplicada y poderosamente atraída. Si se tuviese, parapsicológicamente hablando, sólo una ligera noción del sufrimiento moral del alma en estado de “suspensión” entre dos mundos después de producirse el fenómeno de la muerte y se la dejase en paz, quizá el progreso espiritual de la Raza en su conjunto sería mucho más rápido, efectivo y seguro, ya que el sufrimiento engendrado diariamente por las almas de los seres humanos en el mundo que dejaron sus vehículos físicos tras el fenómeno de la muerte y atraídas

26En este nivel intermedio entre el plano físico y el astral, el alma “recopila espontáneamente todos los recuerdos de su

al plano de las densidades físicas por efecto de las invocaciones, súplicas y demandas egoístas de sus familiares y amigos, forma grandes nubes psíquicas de gran poder negativo que flotan por encima de la humanidad y aumentan el sufrimiento e inquietudes que ya existen normalmente en todas las áreas y ambientes sociales planetarios como un efecto natural del karma de los seres humanos. Consideramos esotéricamente necesario, en orden a la creación de un nuevo tipo de Antakarana social de aproximación a los valores internos, que se considere el fenómeno de la muerte física como una “liberación” del alma y no como “la desaparición o pérdida” de la misma y que se intente comprender que la Previsión Divina va siempre mucho más allá que las determinaciones humanas y que su sentido profundamente egoísta de considerar las cosas. Así, desde el ángulo netamente espiritual y esotérico, las invocaciones de los difuntos con fines de restablecer antiguos lazos y comunicaciones -tal como desdichadamente se realiza en casi todos los lugares de la Tierra, sean cuales sean las miras, el interés o los deseos con que son efectuadas-, CONSTITUYEN UN ATENTADO CONTRA LA LEY DE DIOS, y así debe con- siderarse en esta Nueva Era de grandes y fecundas oportunidades espirituales para todos los hijos de los hombres.

Es curioso advertir, sólo como un dato aleccionador de las actitudes contradictorias que suele adoptar el ser humano, que hay personas que hablan constantemente de libertad e incluso participan en actividades sociales con este tan importante lema en el plano físico, pero que, sin embargo, en sus actividades -llamémoslas metafísicas- construyen nuevas prisiones para las almas que se han liberado de la apremiante actividad del cuerpo físico mediante las prácticas de invocación y comunicación “post-mortem”. Hay que considerar lógicamente que habrá un Karma preparado para todos los infractores de las Leyes reguladoras de la Voluntad divina en el alma humana, lo mismo que hay sanciones legales contra aquellos que atentan contra el derecho humano común dentro de un plan organizado de relaciones sociales.

En un capítulo precedente nos referíamos a la existencia de “cascarones astrales”, construidos por efecto de las materializaciones de los cuerpos etéricos de los seres humanos fallecidos, algunos de ellos procedentes de muy alejadas épocas planetarias y que pululan por el Plano astral con apariencias de vida objetiva, pero sin poseer alma espiritual, siendo mantenidos bajo su actual forma por la actividad de ciertos devas de inferior cualidad y vibración, los cuales producen la cohesión de tales vehículos trascendidos e impiden el proceso natural de “desintegración” que lógicamente ha de producirse en todos los Planos de la Naturaleza en donde el ser humano posee vehículos, cuerpos o mecanismos de expresión. Y tales “cascarones”, o la mayor parte de ellos, son los que normalmente acuden a las sesiones espirituales suplantando a entidades conocidas o construyendo formas parecidas a las de los difuntos invocados cuando hay el suficiente grado de “tensión emocional” en el ambiente psíquico de una reunión espírita y en un plan de espejismo colectivo causa la impresión general de que el alma del difunto invocado se halla presente en el seno de la reunión, cuando la realidad es que la gran mayoría de seres humanos desaparecen completamente del Plano físico a los tres días después de muertos, pasando a habitar sus almas o sus conciencias en el nivel correspondiente del Plano astral, quedando en los niveles etéricos solamente la imagen etérica. Esta se va desintegrando del cuerpo que el alma ha abandonado, el cual puede ser vivificado y transitoriamente densificado por efecto de las energías mancomunadas de las poderosas invocaciones de las personas que de una u otra manera estuvieron kármicamente vinculadas con el ser desaparecido y de los devas astra- les con poder de substanciación del éter en el Plano físico. Este es un asunto muy importante a dilucidar y deberá ser estudiado muy atenta y profundamente por los modernos parapsicólogos introducidos en la investigación de las comunicaciones mediunímicas y de los efectos clarividentes en las personas psíquicas que habitualmente asisten a dichas sesiones, para llegar así en forma progresiva a la comprobación y convencimiento de que la actividad realizada en estas reuniones espirituales con vistas a establecer contacto con los difuntos constituye un fraude o engaño, perpetuado a escala mundial por todos los grupos de invocadores de buena fe, aunque faltos del requerido entrenamiento espiritual y psíquico. Estas actividades, vistas siempre desde un ángulo muy subjetivo y causal, constituyen un formidable freno a la marcha ascendente de la evolución humana y son francamente indeseables dentro de un plan organizado de una nueva ética y de nuevos valores sociales.

Venimos hablando, como ustedes se habrán dado cuenta, desde un punto de vista muy