En cada uno de los Cuerpos de la Personalidad: físico, astral y mental, existe un asimilador de experiencias que tiene el nombre de "ÁTOMO PERMANENTE". Es permanente porque siempre es el mismo en todas las existencias del hombre. Desde su primera encarnación hasta la última. Su misión consiste, en registrar, archivar
y asimilar todas y cada una de las impresiones y experiencias de su cuerpo respectivo. De esta manera se puede seguir uniformemente la
evolución de cada uno de los cuerpos. Cada vez serán más perfectos y sensibles, por lo cual el alma podrá utilizarlos poco a poco con más incidencia. Al morir el cuerpo físico el átomo físico permanente es retirado y absorbido por el alma en el plano astral. Y cuando se produce la SEGUNDA MUERTE, es decir, la del cuerpo astral, el átomo físico y el átomo astral permanente son a su vez retirados y absorbidos por el Alma en el plano mental. Y finalmente cuando el Ego deja su cuerpo mental inferior y se sitúa en las capas más elevadas del plano mental, retirándose a su cuerpo CAUSAL, nuevamente el alma atrae hacia sí los TRES ÁTOMOS PERMANENTES y los mantiene allí hasta que vuelve nuevamente a encarnar. Una vez decidido encarnar, para seguir su desarrollo espiritual, los tres átomos permanentes, cada uno en su plano y cuerpo correspondiente, van configurando y moldeando con la experiencia acumulada, los nuevos cuerpos: físico, astral y mental, que el alma va a utilizar para esa nueva encarnación. Por lo tanto de, acuerdo con la Ley Justa y Misericordiosa de Dios, cada uno tiene exactamente lo que se merece, y cada cuerpo es más o menos evolucionado respectivamente a su grado de evolución alcanzado en su anterior existencia. Este concepto nos brinda la posibilidad y la seguridad de
que nada se pierde tras la muerte, y que nuestros actos en el presente
son las siembras que hacemos para el futuro. Lo que cada uno de nosotros alcancemos HOY nunca se perderá.
C ie l o e I nf ie rno
El Cielo y el Infierno están dentro del hombre, lo lleva consigo en su interior, y a este estado interno le corresponde por afinidad un espacio o plano externo. Luego sí hay Cielo y sí hay Infierno, pero son resultantes internos de nuestra propia idiosincrasia particular. No sólo sucede así en la vida terrena, sino mayormente todavía en la Astral, porque cada alma desencarnada lleva consigo su propio CIELO o su propio INFIERNO , según sus creencias y sus obras en la tierra, y participa de la respectiva dicha o infortunio, conforme a sus méritos. Pero el Juez que da el fallo no es una Potestad externa sino la propia conciencia individual, que en la otra vida se afirma vigorosamente, y su voz, que casi siempre estuvo sofocada por los tumultos del mundo físico, resuena tonante, y el alma la oye y obedece...
"La Conciencia Individual, Cuando Habla Clara Y Firmemente,
Es El Más Severo Juez Que Existe"
Prescindiendo de todo engaño e hipocresía, la CONCIENCIA desnuda al alma ante su vista Espiritual ; y el alma, después de escuchada la voz de su conciencia, se sentencia de conformidad con Sus conceptos del BIEN y del MAL y acepta el fallo por merecido y justo. Puede el hombre substraerse al fallo ajeno, pero no al de su propia conciencia en el Plano Astral. Esta es la Ley de CAUSA y EFECTO (Karma), superior a cuanto la mente humana forjó en sus especulaciones religiosas. Conviene notar la absoluta JUSTICIA y EQUIDAD de todo ello. El hombre es juzgado de conformidad con las superiores normas de Su propia alma, que representan las normas de Su época y ambiente. Lo mejor que hay en el hombre, lo más noble de que sea capaz, se sobrepone a lo inferior, y el alma asimila lo que la razón concibe como absoluta Justicia.
Tanto el CIELO como el INFIERNO lo forjamos en nuestro interior durante la vida. El cielo y el infierno son niveles de conciencia .
Ningún hombre normal es verdaderamente bueno ni verdaderamente malo, por lo cual es obvio reconocer que tampoco existe algo totalmente blanco para los buenos y algo totalmente negro para los malos. El
infierno como el cielo son múltiples niveles interiores, y cada Uno de
acuerdo a su negrura o blancura interior participa de algunos de aquellos. Es curioso notar que muchos de nosotros durante la vida terrena forjamos, aunque la mayoría de veces, subconscientemente, nuestro futuro cielo o infierno particular. Y cuando morimos en el cuerpo y entramos en el plano astral, muchas de las ideas forjadas desde la infancia sobre el infierno temible o el cielo dichoso, se hacen realidad, aunque sólo sea durante un tiempo, hasta que aprendamos a reconocer verdaderamente donde estamos y para que estamos allí. Por lo cual el hombre cruel que a pesar de todo teme la muerte y la posible entrada en el infierno por haber sido malo, cuando fallece, el mismo temor que ha construido con su imaginación, lo encuentra allí, y padece verdaderamente, aunque todo sea producto de su propia proyección mental. Lo mismo se puede decir de los hombres que tienen la conciencia muy tranquila, ellos, naturalmente, encontrarán un cielo a su medida, al menos al principio.
Recordemos, y esto es muy importante que: "El cielo y el infierno no significan premio y castigo sino que son los medios naturales de desenvolver y vigorizar las cualidades superiores y restringir o eliminar las viciosas, a fin de que el alma pueda adelantar en el sendero de perfección". Pero toda vida en el mundo astral no consiste solamente en los estados de conciencia correspondientes a los conceptos del CIELO e INFIERNO "Hay también gozos que nada tiene que ver con las buenas acciones practicadas durante la vida terrena, sino que surgen de la manifestación de las facultades CREADORAS del Alma y del intenso ejercicio de su inteligencia. Son GOZOS de expresión y conocimiento, como el hombre terreno no soñó jamás experimentar".
El Suicidio
Ante nada decir que la circunstancia del suicido es realmente lastimosa, ya que expresan plenamente la IGNORANCIA del que así obra, ya que nadie puede escapar de sí mismo, vaya donde vaya, nunca conseguirá escapar de sí mismo, de su propia Grandeza o flaqueza, y por lo tanto, al igual que el agua no puede escapar de su humedad, él tampoco podrá huir de su propio estado y condición. El suicida no comprende que las tensiones y los problemas de la vida son el maravilloso campo para la evolución, porque el alma necesita de ellas para exteriorizarse y mostrar que no hay circunstancia ni prueba que el alma en ese nivel no pueda
vencer. Y esta es la verdad a la cual debemos enfrentarnos, no con miedo
sino con valentía espiritual, porque no hay nada que pueda vencer al Espíritu, y en consecuencia en espíritu debemos obrar...
El suicida, que trató de huir de la vida, únicamente encuentra que en ese nuevo plano de existencia al cual va, está más vivo que nunca, y en el más lastimoso estado. Puede observar a aquellos a quienes ha perjudicado quizás por su acto y lo que es peor de todo, es que tiene un inexpresable sentimiento de "VACUIDAD", de estar "ahuecado" o "vacío". La parte del aura ovoide en la que generalmente esta el cuerpo denso, está vacía, y aunque el cuerpo astral ha tomado la forma del cuerpo físico perdido, se siente como si fuera una cáscara vacía. El espantoso sentimiento de vacío permanece hasta que llegue el tiempo en el que, por el curso natural de los acontecimientos, debía ocurrir su muerte. También es cierto que existen muchos tipos de suicidas, y por supuesto, ya que la Ley es justa y misericordiosa, a cada uno, o cada tipo de suicida tiene diferente tratamiento.
La Cremación
Es algo afortunado y feliz que la CREMACIÓN (incineración del cuerpo por el fuego) se vaya imponiendo acrecentadamente en nuestra sociedad. Dentro de poco tiempo la tarea de sepultar a los muertos en la tierra será contraria a la ley, y la cremación obligatoria será considerada una medida saludable y sanitaria. Cuando esto ocurra, poco a poco irán desapareciendo eventualmente esos lugares síquicos e insalubres llamados cementerios.
PREG.- ¿Por qué es preferible la cremación al enterramiento?
RESP.- Hay varias razones para ello. Nada de lo que ordinariamente se
hace al cadáver físico debe causar molestia alguna al hombre real que ya vive en el plano astral, si bien a veces la ocasiona debido a su ignorancia e insensatez. Y así, aunque ni el enterramiento ni el embalsamamiento de un cadáver pueda forzar en manera alguna al Alma al cual perteneció, a prolongar su estancia en el mundo astral en contra de su voluntad, cualquiera de estas causas es una positiva tentación que él tiene para detenerse, y le facilitaría el hacerlo si él ignorantemente lo deseara. Por tanto, la incineración libra al hombre de sí mismo en este asunto, pues cuando su cuerpo ha sido desintegrado de esa manera, sus naves fueron,
literalmente, quemadas tras de sí, y su poder de retroceso disminuyó
grandemente.
Una importante razón es que mediante la aplicación del FUEGO , todas las formas son disueltas; cuanto más rápidamente se destruye el vehículo físico humano, con más rapidez se romperá el aferramiento del alma que se retira. Debe decirse, que en cuanto se ha establecido científicamente la verdadera muerte (por el médico ortodoxo a cargo del caso) y se ha asegurado que no queda una chispa de vida en el cuerpo físico, entonces es posible la cremación. La pretensión de que el cuerpo etérico no debe ser precipitadamente cremado y la creencia de que debe deambular durante un período determinado de varios días, no tienen una verdadera base esotérica. No existe una necesidad etérica para esta demora. El proceso de MOMIFICACIÓN, tal como se practicó en Egipto, y el embalsamiento, tal como se practica en Occidente, han sido responsable de la perpetuación del cuerpo etérico, a veces durante siglos. Esto es particularmente así cuando la MOMIA o la persona embalsamada fue un individuo malo durante su vida; el ambulante cuerpo etérico a menudo "POSEÍDO" por una entidad mala o una fuerza maligna. Esta es la causa de los ataques y desastres que frecuentemente persiguen a quienes descubren antiguas TUMBAS y sus MORADORES, las antiguas momias, y se desentierran a ellas y sus posesiones. Donde se practica la cremación no sólo se logra la inmediata destrucción del cuerpo físico y su restitución a la fuente de sustancia, sino que el cuerpo VITAL o ETÉRICO también rápidamente se disuelve y sus fuerzas son arrastradas por la corriente ÍGNEA al depósito de energías vitales.
Si es necesario esperar debido al sentimiento de la familia o a los requerimientos municipales del lugar, la cremación debería hacerse dentro de las 36 horas; cuando no hay razón para esperar, la cremación puede hacerse 12 horas después. Sin embargo es prudente esperar esas 12 horas a fin de asegurarse que se ha producido la verdadera muerte.
LA CIENCIA Y EL ARTE DE " MORIR "
Ciertamente existe una CIENCIA para morir, y a medida que el hombre se vaya sensibilizando a la Naturaleza de las ENERGÍAS, mayor será la respuesta a esta Sagrada, Mística y Científica tarea. Daremos aquí algunas básicas instrucciones, que nos han sido transmitidas desde las Fuentes Espirituales a tal efecto: