Todas las culturas primigenias tenían un dominio sorpren- dente con respecto a la cosmología. Ellos siempre miraban al cielo. Nosotros sólo lo hacemos para ver si va a llover.
Ellos sabían cómo funcionaba verdaderamente la vida, y nos dejaron muchos escritos, símbolos y pistas sobre ello. Pero, por mucho que te pongan por delante, si vuelves la cara, es como si no estuviera. Y estos momentos en los que el sistema se está derrumbando, quizás sean propicios para que no volvamos la vista y miremos hacia delante (o ha- cia atrás, mejor dicho).
Las tormentas solares se están intensificando, los as- tros que nos rodean están cambiando su polaridad, el cam- po magnético se está debilitando a una velocidad increí- ble y están apareciendo grietas en él… ¿Cómo es posible que te vayas a una selva, hables con un aborigen y sepa lo que está pasando, mientras nosotros nos mantenemos en la inopia? ¡Enigmas de la vida! Quizás nosotros esta- mos muy ocupados, encendiendo la televisión o leyendo el periódico para que nos llenen la cabeza de dudas y te- mores hasta que la mierda nos llegue al cuello. Y ellos no. Y además, como complemento, de vez en cuando apare- ce algún personajillo y crea una guerra para que estemos
PEDRO J. PÉREZ
aún más entretenidos. O si no, nos gravan en la mente, a base de repeticiones, la palabra terrorismo, como un te- mor constante que te impida pensar en otra cosa.
El proceso de la existencia no se circunscribe a la vida del cuerpo material.
Somos energía, y la energía ni se crea ni se destruye sino que se transforma. Por lo tanto, es obvio que no po- demos ni nacer ni morir. Esto sólo lo hace el traje que lle- vamos puesto a modo de cuerpo. Nuestra esencia es eter- na, es infinita.
Cuando Dios nos creó empezamos a seguir un camino que, geométricamente, podríamos definirlo como un círcu- lo. Dios nos creó a su imagen y semejanza, sólo que, a lo lar- go del camino, nos hemos enturbiado mucho. Actualmen- te nos encontramos en el final de uno de esos círculos de vida, acercándonos al momento en el cual deberemos estar en concordancia con Dios.
En ese punto, nuestro espíritu es quien debe llevar las riendas de nuestra vida y no nuestro ego y sus memorias basura. Es el fin del infierno y el principio del cielo. Se está produciendo un parto y pronto veremos el alumbramien- to. Veremos la Luz. Hasta ahí bien. Muy bonito. La cues- tión radica en que, tal y como nos han dicho nuestros ami- gos, los de las religiones, en el cielo no puede haber maldad de ningún tipo. ¿Qué ocurrirá entonces el 21 de diciem- bre de 2012? Eso sólo depende de nosotros. Si somos ca- paces de juntar una masa crítica que haga el efecto del cen- tésimo mono, entonces, seguro que todo irá a mejor. Pero si no ocurre así, todo lo que nos rodea reaccionará de for- ma que haga posible el cambio hacia el equilibrio. Aún po- demos elegir, pero queda poco tiempo. Pero bueno, pase lo que pase, no debemos preocuparnos. Ya sabemos que no morimos, ¡ja, ja! Quizás, una de las cosas que ocurra
La semilla. Un libro para recordar
es aquello que dijo Jesús de Nazaret: «se separarán las ovejas de las cabras». Las cabras, o sea, aquellos que no conecten con su espíritu, volverán a tener la oportuni- dad de conectarse a él. Sólo tendrán que repetir una vida tan linda como la actual, encarnación tras encarnación, donde le esperan un montón de aventuras como las que ya conocemos (eso de trabajar, las guerras, el egoísmo, la envidia, el sufrimiento…). Los que sí se conecten a su esencia, estos, sí podrán vivir en ese paraíso. Así de sim- ple. Que conste que no intento crear ningún temor. Bas- tantes tenemos ya. Sólo intento dejar claras las opciones que tenemos.
Las zonas donde existan irregularidades magnéticas quizás sean las más perjudicadas. A la certeza de que el campo magnético terrestre se está debilitando de una for- ma acelerada, se añade que se están formando grietas en el mismo. Esto hará que las fuertes tormentas geomagné- ticas provenientes del Sol inunden la ionosfera de ondas. Este hecho puede causar que la red eléctrica y los sistemas de comunicaciones queden paralizados. Lo cual sería ca- tastrófico en nuestro modo de vida actual.
Se está produciendo una alineación entre el centro de la galaxia, el Sol y la Tierra. El Sol está recibiendo una fuer- te energía. A su vez, las emisiones solares hacia nuestro planeta se están intensificando. Debemos ser más pruden- tes a la hora de exponernos al sol. Sin embargo, mirar di- rectamente el astro rey al amanecer o al atardecer, es be- neficioso para nosotros. Debe de hacerse por un periodo máximo de diez segundos. Si se hiciera cada día, podría- mos ir aumentando el tiempo de observación en periodos progresivos de diez segundos cada día.
También podrían ocasionarse fuertes alteraciones en la naturaleza y en nosotros mismos.
PEDRO J. PÉREZ
Como a todo organismo viviente también nos afecta el magnetismo. La disminución del campo magnético pue- de causar el aumento de las enfermedades psíquicas.
Si algún día ven a los animales comportarse de una for- ma rara, si ven que durante el día salen de sus madrigueras, si los pájaros se inquietan, si los perros aúllan…, quizás sea una buena señal para irse de ese lugar. Alarmarse por lo que pueda ocurrir no sirve de nada. Sólo se trata de ser precavi- dos y de intentar buscar una solución. Esta solución pasa por poner cada parte del engranaje de la maquinaria al servicio de la vida, y no al servicio de la destrucción, caiga quien caiga. Hemos estado viviendo de forma egoísta, ha- ciendo aquello que nos venía en gana y sin respeto hacia nada que no fuese la consecución de hechos y lucros mate- riales. Y el resultado es este. Esta situación se ha dado con la colaboración de cada uno de nosotros. Cambiando esa colaboración y volviendo a los patrones originales del equi- librio, cambiaremos el resultado.
El 21 de diciembre de 2012 es un punto de referen- cia para un cambio de ciclo. No es el fin del mundo. Ese cambio ya se está produciendo y estamos inmersos en él. Empezó en la década de los noventa del siglo pasado y ter- minará en los años veinte de este siglo. Implica un periodo preparatorio y otro de adaptación al nuevo ciclo. Estamos en el tiempo del no tiempo. El momento es ahora. Es el momento de actuar. Ya hemos sufrido bastante. Ya nos he- mos quejado bastante. Es hora de abrir los ojos del cora- zón, de perdonar, de amar…