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LA CONFIGURACIÓN DE LA LEYENDA DEL ARTISTA A LO LARGO DE LA HISTORIA

1.1.2 La Época Romana

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La leyenda del artista

el poeta ligado al culto religioso, pues sólo él es capaz de poner voz a las palabras que los propios dioses le transmiten. El poeta al servicio de los dioses, en el polo opuesto al artista-artesano, cuya única función es la de realizar obras materiales, obras imbricadas en una determinada técnica.

Séneca (Epistulae 88, 18) decía: “Se adoran las imágenes de los dioses, se les reza y se les hacen sacrificios, pero se desprecia a los escultores que las han hecho”. Consecuentemente, sólo podían considerar la techné como una actividad guiada por reglas aprendidas y racionales, lo que no reportaba merecer ninguna alabanza personal. La revalorización del sujeto transcendente y creador, y con ello al artista, sólo podía ser obtenida con la equiparación con la ciencia o con los mitos de creación de los poetas, de los dedicados por sugerencia divina al oficio de escribir. Su utilización siempre era también una lucha por la mejora del “status” social. Por eso, en el siglo VI se pudo inmortalizar, en un autorretrato de bronce, Teodoro, el escultor, maestro de obras y gemólogo, porque había demostrado cualidades literarias en un tratado sobre arquitectura.

En lo relativo a esta conexión entre arte y ciencia, Pánfila entendió la pintura como un arte libre y no propio de esclavos, pues no podía prescindir de la matemática como fundamento de la pintura. De esta argumentación se sirvieron los teóricos del Renacimiento italiano para una valoración de las artes plásticas34.

Fig. 1.12 a). - Las tres gracias. Fresco de Pompeya. S.I

Fig. 1.13. - Nerón y Séneca (después de la restauración). Eduardo Barrón. Vaciado a molde, escayola, 135 x 260 x 148 cm. 1904. Madrid, Museo Nacional del Prado

34- Neumann, E.: Mitos de artista, p. 19.

Fig. 1.12 b). - La poetisa de Pompeya. Fresco de Pompeya. S.I

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Imagen, Artista y Enfermedad en la Creación Plástica

Sin embargo, aunque las expectativas de valoración social para muchos artistas fueron negativas en el mundo romano, no podemos dudar de que estos maestros considerasen sus obras como algo diferente a otros tipos de artesanía, tenían conciencia, sin duda, de que estaban desarrollando algo distinto. La presencia de firmas de autores en estatuas y vasos y demás medios de expresión artística explica una determinada creencia en lo que podríamos denominar la unicidad de la creación artística.

Los hombres de letras de la sociedad romana esperaban de la idea religiosa de la inspiración una proyección hacia el prestigio social y, de esta manera, un ascenso hacia la abundancia material. Con la muy de moda estilización de la imago mítica del artista profeta, sacerdote y vidente, que exigía un estatuto de excepcionalidad, se establecen determinados atributos estéticos por la carencia de una auténtica vivencia religiosa35.

Desde Nerón se empieza a instruir a los emperadores en las virtudes (y conocimiento) de la pintura y de la escultura, y así en la personalidad de Adriano, confluye la identidad deemperador, de pintor, de escultor y de poeta. Los emperadores de dicha época debían estar bien versados en todas las ramas del saber (era una cualidad más que adornaba la imagen del emperador), y las artes visuales tenían cabida en ellas. Adriano no fue el único Emperador que asumió dicha imagen, también Nerón y Marco Aurelio, según la tradición, se dedicaron a las artes de la pintura y de la escultura.

Fig. 1.13 a).- Busto de Nerón que formaba parte de una estatua de unos 2.40 m de altura realizada después del 64 a. C, Glipoteca de Múnich, Alemania.

Fig. 1.14.- Estatua de Adriano con los atributos de Marte

Fig. 1.15.- Memorias de Adriano (Mémoires d'Hadrien) Marguerite Yourcenar, 1951

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La leyenda del artista

En la época de Calístrato, a principios del siglo IV después de Cristo, los artistas acceden finalmente a la teoría del entusiasmo de los poetas, a la transcendencia, a ser un partícipe, en cierta manera, del estado teórico de los dioses, “[…] no sólo la lengua del poeta está bajo la influencia divina, sino también las manos de los artistas. De las que se apodera el espíritu de Dios y la fascinación sagrada que profetizan obras” (cf. Zilsel, 1926, 33 ss.; Overbeck, 1959, 2038 ss.)36.

Es importante, por cierto, resaltar que hubo una verdadera valoración del arte en todas sus facetas en la sociedad imperial romana, ya que, en dicha sociedad, se alcanzó un cultivo de las artes que llegó a un extraordinario refinamiento social, a una vida de relación social entre la élite basada en el conocimiento filosófico y en la virtualidad artística, impensable sin la presencia del arte en sus diferentes facetas (mosaicos, escultura, pintura…).

Con la decadencia y la destrucción del Imperio Romano desaparecen paulatinamente el interés por el arte y su consideración artística ya que la “nueva sociedad” que se ha instalado en lo que fue el Imperio, que, por supuesto, ha impuesto sus reglas de convivencia y sus propios valores culturales, no está educada para valorar y aceptar el legado helenístico que el propio Imperio había hecho suyo por lo que la “imago” del artista que Roma había equiparado a la de los poetas deja de tener vigencia, y el artista plástico es de nuevo rebajado al modesto rango de artífice y artesano37.

Fig. 1.17.- Estatua original de Marco Aurelio. Museos Capitolinos. Roma, Italia

Fig. 1.18.- Copia de la escultura original de Marco Aurelio, Roma, Plaza Capitolio

Fig. 1.16.- Busto de Antínoo copia del original de la Villa Adriana, en Tívoli. Actualmente en el Louvre. Mármol S. XVIII

36- Neumann, E.: Mitos de artista, p. 20. 37- Wittkower, R. y M.: Nacidos bajo el signo de Saturno, p. 19.

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Imagen, Artista y Enfermedad en la Creación Plástica

Al pasar históricamente de la época Clásica a la Edad Media, la investigación de vanguardia coincide en afirmar que, aunque no se perdió del todo entre la sociedad cultivada la imagen del artista configurada y acrecentada en la tradición helenística, la ausencia de biografías como la tradición había trasmitido y de obras artísticas firmadas son una muestra, más que fundamentada, de que estamos ante una época sin individualidades reseñables.

Las artes liberales siguieron siendo la piedra angular de la educación cristiana en el mundo que se consideraba heredero del Imperio Romano, si bien dicha educación se iba reduciendo al entorno de los cenobios y a las Cortes. Ello implicó, por consiguiente, la exclusión de las denominadas artes visuales de la esfera de la educación superior de la sociedad durante el largo período histórico de la Edad Media. La cultura helenística, como ya hemos apuntado, pierde su impronta en el nuevo tejido social y la caracterización y valoración del “arte” (y, por supuesto, del artista) dejan de tener la presencia que otrora tuvieran en la educación. Es una nueva sociedad que aporta una visión diferente del mundo, a la vez que una valoración del arte sustancialmente no equiparable al período helenístico. El artista es un artesano más38.

Fig. 1.19.- Miniatura medieval que representa a Platón, Séneca y Aristóteles

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