Al debatir la declaración de principios aparecen diver- gencias. Diversas tendencias tuvieron lugar desde el prin- cipio, pero siempre prevaleció en la dirección el sector de Ghioldi y Codovilla, aún estando en minoría en los Congresos. Ellos tenían relación directa con Moscú. En 1919 se aprueba, en el II Congreso, enviar una delegación a la III Internacional.
En el II Congreso apareció una corriente con mucho peso, que la dirección caracterizó como “verbalismo re- volucionario”, encabezada por el delegado Velles de Ro- sario, que “planteaba el programa máximo desestimando
el programa de reivindicaciones inmediatas” y rechazaba
la intervención parlamentaria. Sus posiciones ganaban la mayoría en los Congresos pero a la hora de elegir la direc- ción eran seleccionados mayoritariamente miembros de la posición minoritaria. Esta corriente logrará la mayoría de la dirección en el VI Congreso en 1924. (L. Paso)
La dirección del PC consideraba que la débil formación teórica marxista leninista era un obstáculo para homoge- neizar el partido (“Esbozo de Historia del Partido Comu- nista de la Argentina”). Las obras de Lenin eran descono- cidas, empezaron a traducir y editar sus obras en 1918. En 1919 el semanario La Internacional se transforma en
diario.
El período entre el VI y VII Congreso estuvo dedica- do a la polémica ideológica alrededor del programa. La cuestión fue llevada por Codovilla al Comité Ejecutivo Ampliado de la Internacional Comunista, que produjo una “Carta Abierta” dirigida al Partido respaldando a la mayoría del Comité Ejecutivo, publicada en la prensa el 4 de abril de 1925. En medio de esta lucha interna ha- bían perdido los dos concejales, el diputado provincial en Córdoba y algunas direcciones sindicales que habían conquistado.
Va sufriendo hasta 1927 otras escisiones internas que lo llevan a constituir un partido medianamente homogéneo en su línea política. La Fracción chispista –periódico La Chispa- es expulsada en 1925, y formará el “Partido Co- munista Obrero”. La Fracción Penelonista en 1927, fue la más importante por el protagonismo político que tenía José Penelón, fundador de la organización, que había lo- grado recuperar su banca de concejal. La dirección del PC de entonces la caracterizó como una tendencia reformista. Arrastró a un importante número de afi liados y centros y constituyó el Partido Comunista de la Región Argen- tina que luego se denominará “Concentración Obrera” y
editará el periódico “Adelante”, al disolverse muchos de sus adherentes volverían al Partido Socialista. En los do- cumentos preparatorios del VIII Congreso (1928) se dice de esta corriente: “es una variedad socialdemocrática más peligrosa, por lo mismo que su núcleo central estuvo vinculado a las masas; el penelonismo es el renuncia-
miento a la lucha revolucionaria, … orientándose hacia un partido laborista”.
En el balance que hace la dirección del PC sobre este pe- ríodo dice que “Si bien el partido comprendía que dadas
las características económico-sociales de la Argentina, el
carácter de la revolución debía ser agrario y antiimpe- rialista, o sea, democrático burgués, esta afi rmación no
se asentaba aún sobre un análisis sufi cientemente profun- do de la situación del país, capaz de dar una base sólida a la línea política y táctica del partido en lo que respecta a los aliados susceptibles de marchar unidos a él en la rea- lización de esta histórica tarea”. La lucha programática
al interior del partido se sintetizaba en esta conclusión: la revolución por etapas debía ser la estrategia partidaria. El PC buscará infructuosamente toda su vida el aliado bur- gués que lo acompañe en esta tarea.
La crítica al sector que caracterizaban como “ultraiz- quierdista” y los errores que cometía el partido debido a su infl uencia, se sintetiza así: “nuestro partido luchaba
contra el capitalismo en general, en lugar de concentrar
el fuego contra la oligarquía terrateniente y ganadera, base principal de la reacción. La diferenciación entre
burguesía nacional y la burguesía antinacional era otro elemento de importancia decisiva en el trámite de reso- lución de la crisis estructural que superase la abstrac- ción que hasta entonces se habían manejado, respecto del capitalismo y la burguesía, tanto en el PS como en el ultraísmo izquierdista, ya de tipo anarquista o trotskista, que en última instancia habían infl uido en esos 10 años en el seno del Partido Comunista”. Con sus limitaciones,
esta era la línea correcta, que comprendía una de las lec- ciones más importantes de las revoluciones en Rusia: que la burguesía ya no puede llevar adelante las tareas propias de la revolución democrática, que esas tareas serán re- sueltas por la clase obrera en el poder, transformándolas en socialistas. Que el aliado político de la clase obrera serán las clases medias –no explotadoras- de la ciudad y el campo. Nunca la burguesía. Que sólo la clase obrera acaudillando a todos los oprimidos puede derrotar al im- perialismo y a la oligarquía terrateniente. Esta línea fue derrotada a partir del VIII Congreso.
En Junio de 1929 se realiza en Buenos Aires la Primera Conferencia de Partidos Comunistas de Latinoamérica, con la presencia de delegados de EE.UU. Codovilla se encargó de destacar el carácter democrático de la revo- lución que debía realizarse.
Esta concepción antimarxista llega hasta nuestros días. En su programa seguían inscribiendo que la revolución será “democrática, agraria y antiimperialista”.