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“ A lo largo de estos siglos, la ciencia ha hecho hincapié en la

In document Innovación: perspectivas para el siglo (página 45-52)

necesidad de consolidar en la

medida de lo posible la relación

entre las observaciones y las

interpretaciones, y por tanto

entre la esfera de lo real, con su

número infinito de dimensiones, y

la de las ideas, en la que sólo se

aprehende un número limitado de

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alimentaria, en los peligros naturales, en la se- guridad de nuestras sociedades frente al terro- rismo o en otras actividades destructivas.

Podríamos definir tales crisis como la inca- pacidad temporal por parte de nuestra socie- dad de procesar la información necesaria para afrontar adecuadamente la dinámica externa e interna en la que participa. Desde nuestro punto de vista, esta incapacidad resulta del hecho de que la diferencia entre el número de dimensio- nes que ha aprehendido la sociedad y las que desempeñan un papel en la dinámica sociona- tural en la que está inmersa está superando un umbral a partir del cual el primero es inadecua- do para abordar el último. En el camino hacia ese umbral, existe una clara señal de adver- tencia en el hecho de que la sociedad padece un cortoplacismo cada vez mayor, es decir, que se centra en los desafíos inmediatos que se va encontrando sin tener en cuenta los procesos a largo plazo, o, dicho con otras palabras, en el hecho de que la táctica haya llegado a preva- lecer sobre la estrategia en buena parte de las decisiones que se toman.

El principal obstáculo parece ser la necesidad de buscar maneras de transformar las lecciones aprendidas del pasado en lecciones para el futu- ro. Con este fin, es necesario idear argumentos coherentes —y, en la medida de lo posible, falsa- bles, en el sentido que apuntaba Popper (1959)— desde lo simple hasta lo complicado para así prever mejor las consecuencias complejas de nuestras acciones. Esto nos permitiría volver a centrarnos en el largo plazo, en el pensamiento estratégico y en una visión holística que favorezca la fusión intelectual entre distintas comunidades y puntos de vista científicos. Para ello, es crucial que adquiramos la capacidad de incrementar, en lugar de reducir, el número de dimensiones que podemos captar al objeto de comprender fenó- menos complejos, de manera que conozcamos mejor las consecuencias de nuestras acciones al poder tener en cuenta más dimensiones en nuestros procesos decisorios sobre las inter- venciones en el entorno.

concLUsIón: ¿hay saLIDa?

Inicialmente parece como si nuestra tradi- ción intelectual y científica, el tamaño de nues- tra población interactiva, las características de muchos de nuestros lenguajes, la subdetermi- nación de nuestras teorías por nuestras obser- vaciones (véanse Atlan, 1992 y Van der Leeuw) y las limitaciones de nuestra memoria operativa a corto plazo constituyesen sendos retos para nuestra capacidad de cambiar esencialmente la naturaleza de nuestro pensamiento y, más es- pecíficamente, para nuestra capacidad de cen- trarnos de forma explícita en el futuro y de ex- trapolar nuevas dimensiones a partir de las que ya conocemos en cualquier punto concreto del tiempo. Sin embargo, existen numerosos ejem- plos de individuos o de grupos (reducidos) de personas que sí lo han conseguido con cierto éxito, desde filósofos de la Grecia clásica, pa- sando por Leonardo da Vinci, hasta escritores de ciencia-ficción de los siglos xviii y xix, como Ju-

lio Verne o Paul Deleutre3. Han sido capaces de

diseñar utopías o de realizar una extrapolación positiva al futuro a partir de sus observaciones cotidianas, aunque algunas de sus ideas no se llevaran a la práctica jamás o quizás años o in- cluso siglos más tarde. Los inventores también han sido capaces de anticiparse, y la mayoría de nosotros invocamos a nuestra intuición cuando necesitamos hacerlo.

Asimismo, podemos hablar de algunos (tími- dos) pasos hacia una tendencia mayor en esta dirección. En estos últimos veinticinco años, la ciencia reduccionista, fragmentada y explicativa

surgida de estas tendencias ha recibido ataques crecientes desde la teoría de los sistemas com- plejos que apareció en la década de 1980 (por ejemplo, Mitchell, 2009). Según dicha teoría, para obtener una representación realista de la reali- dad es necesario estudiar la emergencia, ejercer la prealimentación y desarrollar una perspectiva generativa para la cual resulta esencial ampliar el número de dimensiones aprehendidas. En otros sectores, la visión de futuro se está exten- diendo desde el campo relativamente limitado

3 Bajo el seudónimo «Paul

d’Ivoi», este escritor francés se adelantó al concepto de las telecomunicaciones modernas (sistemas inalámbricos y televisión).

de los sistemas de apoyo a las decisiones in- dustriales y económicas hacia los profesionales académicos, que en realidad profundizan en los retos epistemológicos y de otros tipos que hay que resolver para que florezca este tipo de cien- cia (Wilkinson y Eidinow, 2008; Selin, 2006). Ade- más, por todas partes, bajo la presión que su- ponen los retos medioambientales del siglo xxi,

la comunidad científica está empezando a ade- lantarse a las consecuencias imprevistas y a lo que estas pueden implicar para los desafíos del futuro (por ejemplo, Ostrom, 2009). Esto parece indicar que la tendencia actual se debe más a un exceso de inversión en el viejo planteamiento reduccionista que a otros aspectos más funda- mentales, y que, al menos en teoría, deberíamos ser capaces de superar nuestra incapacidad re- lativa para abordar las complejidades de la diná- mica en la que estamos inmersos.

Superación de las limitaciones de la mocp humana

Aunque no sea en absoluto experto en la ma- teria, tengo la impresión de que la revolución de las tecnologías de la comunicación y de la información ha creado las condiciones adecua- das para que podamos superar las limitaciones en cuanto a capacidad cognitiva inherentes a nuestra memoria operativa a corto plazo. Los ordenadores actuales disponen de hecho de la capacidad necesaria para manejar un número casi ilimitado de dimensiones y de fuentes de in- formación en tiempo real, y así superar lo que, a simple vista, parecía el mayor de los obstácu- los antes mencionados. Pero esa capacidad no se ha explotado plenamente debido a nuestra larga y ubicua tradición científica e intelectual, que ha hecho hincapié en el uso de esa clase de equipos en el marco del proceso de reducción de dimensiones que proporciona explicaciones aceptables, en lugar de como herramientas para incrementar el número de dimensiones estudia- das con el fin de comprender fenómenos compli- cados. Esto está cambiando claramente por in- fluencia de la ciencia de los sistemas complejos

—como puede verse, por ejemplo, en el mayor uso de modelos basados en agentes con nume- rosas dimensiones—, pero aún queda mucho por hacer, sobre todo en cuanto al desarrollo de instrumentos conceptuales y matemáticos y de un software adecuado.

Superación de la subdeterminación de nuestras teorías por las observaciones

De modo similar, y con la misma advertencia de que no soy profesional de este ámbito, pare- ce que la recientísima revolución que se ha pro- ducido en la capacidad de las tecnologías de la información para supervisar continuamente pro- cesos en línea y para manejar y almacenar el au- mento exponencial de los flujos de datos que ge- nera dicha supervisión, apunta hacia el hecho de que tal vez estemos próximos (al menos en par- te) a superar la subdeterminación de nuestras teorías por nuestras observaciones debida a las prácticas científicas tradicionales de reducción dimensional (Atlan, 1992). La disminución del ta- maño y del coste del equipo de supervisión está poniendo a nuestro alcance con rapidez todo este conjunto masivo de datos. Simultáneamente, el desarrollo de las nuevas técnicas de minería de datos nos está ayudando a encontrar sentido a la información recopilada, o al menos a seleccionar los datos susceptibles de análisis con el fin de fundamentar mejor nuestras teorías.

transformación de nuestra tradición científica e intelectual

Aunque no soy de los que se deja encandilar fácilmente por las panaceas, estoy convencido de que el planteamiento de los sistemas complejos (adaptativos) constituye un primer paso de utili- dad para transformar radicalmente nuestra tra- dición científica e intelectual, avanzando desde el estudio del estancamiento y la preferencia por las explicaciones simples frente a las comple- jas hacia el análisis de las dinámicas, poniendo el énfasis en la emergencia y en la inversión de la navaja de Occam incrementando el número de dimensiones que se toman en consideración.

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Es obvio que aún tenemos mucho camino por delante en este ámbito, pero los rápidos e im- portantes avances que se están produciendo en ciertos campos, como la física, la biología y la economía, unidos a la rápida y reciente difusión de este enfoque desde universidades repartidas por todo el mundo y a la consciencia cada vez mayor de la necesidad de planteamientos más holísticos en terrenos como la sostenibilidad y la salud, me infunden un optimismo moderado sobre las posibilidades que tenemos de trans- formar nuestra tradición científica e intelectual.

El desafío de la comunicación

El desafío subyacente de la comunicación consiste en cómo comunicarse de formas no li- neales y mediante el lenguaje escrito o hablado con un número cada vez mayor de colaborado- res situados a distancias muy variables. Esta es la tendencia que, en mi opinión, ha sido la res- ponsable de la evolución específica antes men- cionada: conceptos cada vez más circunscritos y la consiguiente fragmentación de nuestra vi- sión del mundo. A diferencia de algunos, no creo que el lenguaje esté experimentando un cambio deliberado: se adapta a las necesidades y a las ideas humanas mediante un proceso ascenden- te. Pero aunque se pudiera transformar nuestra manera de hablar y de escribir, seguiríamos dis- poniendo de un instrumento de comunicación básicamente lineal. La cuestión es, por tanto, si las formas radicalmente distintas de comunicar- se de manera interactiva que nos proporcionan las modernas tecnologías de la comunicación, y en particular la acumulación colectiva de co- nocimientos multimedia, como sucede con Web 2.0, nos permitirán comunicarnos de forma no lineal y en más dimensiones. Esto requeriría el uso dirigido de material visual, que generalmen- te permite transmitir a la vez más dimensiones que el lenguaje hablado o escrito.

La transformación de nuestro pensamiento

El pensamiento reduccionista al que me estoy refiriendo está tan fuertemente interiorizado y

extendido en nuestra cultura y en nuestros tipos de ciencia que será necesario un gran esfuer- zo para modificarlo. Nuestra visión del mundo, nuestro lenguaje, nuestras instituciones, todo actúa en contra de dicho cambio y, lo que es más importante, por el momento carecemos de una manera de pensar alternativa coherente con la que poder contrarrestar nuestra ciencia actual. Con mucho, para mí el principal problema desde el punto de vista del capital y del esfuerzo huma- no y económico reside, por tanto, en la esfera de la educación, desde la primera infancia y pasan- do por la universidad hasta la edad adulta. Por encima de todo, el sistema educativo actual en el mundo desarrollado ha dejado de estar adap- tado a los desafíos del siglo xxi, entre los cuales

destaca considerablemente la sostenibilidad. Tenemos que pasar de la obtención de conoci- mientos orientada a una investigación basada en las preguntas hacia una educación centrada en los desafíos que contribuya a subsanar retos importantes, es decir, desde la explicación lineal

en términos de causa y efecto hasta la proyec- ción multidimensional en términos de alternati- vas; o, lo que es lo mismo, desde la enseñanza de uno a muchos, en la que un instructor dice a los alumnos lo que tienen que hacer, lo que está bien y lo que está mal, hasta un aprendiza- je de muchos a muchos en el que interactúen, aprendan y enseñen instructores y estudiantes. Al mismo tiempo, debemos crear sistemas edu- cativos que fomenten el desarrollo de la creati- vidad, la asunción de riesgos y la diversidad en lugar de la conformidad y la aversión al riesgo. Para ello debemos aprovechar los medios antes mencionados, pero por encima de todo tenemos que flexibilizar nuestras mentes para pensar de formas nuevas e inéditas. Un obstáculo para ello es el hecho de que la economía, las estructuras de las carreras, las evaluaciones, el impulso dis- ciplinario y muchos otros factores y dinámicas suponen un lastre para lograr el éxito en este sentido. Queda por tanto mucho camino que recorrer.

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Nathan Rosenberg

Stanford University Stanford Institute for Economic Policy Research

Para no prolongar el suspense, adelantaré que la respuesta correcta a la pregunta del sub- título de este artículo es la obvia: la causalidad se da en los dos sentidos. Pero mi objetivo es convencer al lector de que la causalidad que va de la tecnología a la ciencia es mucho más in- tensa de lo que normalmente se cree.

El razonamiento es sencillo: una economía de mercado genera importantes incentivos para llevar a cabo ciertos tipos de investigaciones científicas. Esto se debe a que los posibles ha- llazgos de esas investigaciones se pueden em- plear para mejorar el rendimiento o reducir el coste de algunas tecnologías que son vitales para el éxito competitivo de ciertas empresas con ánimo de lucro. Además, en mi opinión, a lo largo del siglo xx han confluido grandes fuerzas

que han multiplicado las formas en las que los cambios del ámbito tecnológico han engendrado cambios en los distintos campos de la ciencia. Me gustaría llamar la atención del lector sobre algunas de las transformaciones más importan- tes experimentadas desde el punto de vista or- ganizativo y de los incentivos, cuyo efecto ha sido una intensificación de las fuerzas causales que fluyen de la tecnología a la ciencia.

Para ello, necesito recurrir en este artículo a un término especializado: emplearé el vocablo

endógeno desde la perspectiva del economista y

no desde la del científico. Así pues, cuando ha- blemos de la naturaleza endógena de la ciencia, nos referiremos a la medida en que el progreso científico se ha visto directamente influenciado por el funcionamiento de las fuerzas norma- les del mercado. La justificación para este uso es que a lo largo de este ensayo trataremos de identificar aquellas fuerzas surgidas en el trans- curso del siglo xx que han hecho que la investi-

gación científica sea más sensible a los incenti- vos económicos.

Permítaseme subrayar un matiz fundamen- tal en este análisis: no estoy sugiriendo de forma implícita que el respaldo financiero a la investi- gación científica del país deba quedar en manos del mercado. Solo pretendo poner de manifiesto el funcionamiento de algunas fuerzas del mer- cado cuyo papel en el fomento de la investiga- ción científica ha ido en aumento. Creo que estos avances han sido cruciales para la rápida expan- sión de la industria norteamericana, lo que no equivale en absoluto a insinuar que las fuerzas del mercado, por sí solas, hayan bastado.

LaBoRaToRIos DE InvEsTIGacIón coRPoRaTIvos

Para articular la proposición de que a lo lar- go del siglo xx la investigación científica se vol-

vió más y más endógena, debemos comenzar por el análisis de una innovación organizativa

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fundamental: el laboratorio de investigación in- dustrial. Fueron estos laboratorios corporativos los que determinaron el alcance del impacto de las necesidades de la economía general en las actividades de la comunidad científica. Pero esta afirmación, por sí sola, no basta para describir el fenómeno. La razón es que, para funcionar

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