ASCENSIÓN SANGRIENTA
Y, a pesar de todo, las alas volverán a crecer
La prohibición había sido pronunciada por la presidencia de policía, y ello no en base a la ley de protección de la república, sino del derecho común. Los así llamados fundamentos, que nos fueron remitidos pocos días después, escapaban sencillamente a toda descripción. Como no podíamos defendernos, no se habían preocupado mucho en el Alexanderplatz. Se daban por probados supuestos excesos sobre los cuales ni existía fallo judicial. No se menciono siquiera el incidente en la reunión de la casa de la unión de combatientes. Se hacia solo referencia a cosas acaecidas en el amplio pasado, y como las rigurosas medidas
de la presidencia de policía contra nosotros en el curso de la prohibición naturalmente acrecentaban la indignación entre los propios partidarios hasta el punto de ebullición, y en razón de que noche tras noche se producían desmanes en la calle, se tomo esto como oportuno pretexto para basar una prohibición que, en verdad, recién de ese modo podría ser motivo para ello.
Se guardaron muy bien de llevar a cabo el proceso tan vehementemente exigido contra mí durante la campaña de prensa. No se tenía nada de que acusarme. Toda la acción de la prensa era una comedia impuesta y solo realizable con tan insolente descaro porque no podíamos defendernos y una opinión pública digitada nos negaba la protección a que tiene derecho un decente modo de pensar.
Ya algún día después, todo el que analizaba con objetividad y rectitud, tuvo oportunidad de comprobar hasta que punto el derecho estaba de parte nuestra. Se presento el anciano y "digno" cura fuera de servicio, de nombre stucke, con un pintoresco adorno en forma de venda blanca en la cabeza, en una reunión del Reichsbanner (estandarte del Reich), para relatar a los guardias de cachiporras del partido socialdemócrata sus heroicas vivencias en el campo de batalla del nacionalsocialismo. ¡El cura como camarada del estandarte del Reich! Este fue el final de una campaña de prensa cobarde, vil y calumniosa. Las autoridades eclesiásticas declararon públicamente que "el anterior pastor stucke de la iglesia nazareth fue castigado legítimamente por decisión disciplinaria del consistorio evangélico de la marca de brandenburg, por conducta indigna, con separación del servicio", y que "conforme a la decisión del tribunal supremo de Prusia del 21 de julio de 1923, había perdido con ello el derecho a llevar el título de pastor y a usar el traje de servicio de un sacerdote de la iglesia evangélica de Prusia". Se puso además que este individuo ejercía, a pesar de su exclusión de la iglesia Prusiana, un trafico floreciente con oraciones fúnebres, que su estado normal era la borrachera insensata y que su intento de provocación en nuestra reunión solo admitía el interrogante de si se trataba Aquí de un acto de ebriedad o si se trataba de un agente provocador a sueldo. Pero ¿de que servia esto cuando el partido estaba prohibido y la campaña periodística con él había recrudecido? La journaille había alcanzado su objetivo, el cañoneo sobre la opinión pública había obligado a esta a la capitulación; se había sacado del camino a un molesto adversario político con los medios de la autoridad gubernamental y apaciguado la conciencia pública mediante una psicosis de masa artificialmente creada.
Algunos días más tarde, el K.P.D. organizo una demostración gigantesca en el sportpalast (palacio de deporte), en cuyo transcurso un sargento de la policía se atrevió, por supuesto sin haber hecho la menor provocación, a entrar en la sala de reunión. Se le tiro desde la tribuna un vaso de cerveza a la cabeza, que le fracturo el cráneo, debiendo ser llevado al hospital en grave estado.
¡Cuan pequeño y modesto aparecía en cambio nuestro delito! Pero al K.P.D. No le fue torcido ni un pelo; pues los comunistas son los "niños políticos" de la socialdemocracia. Se los deja hacer, porque de vez en cuando se lo precisa, y en resumidas cuentas ambos son hermanos de la misma carne y de la misma sangre.
Pero al nacionalsocialismo se lo atacaba con prohibiciones, a pesar de que con suficiente frecuencia había probado su pacifismo y había respondido, aún a los más insolentes e irritantes intentos de provocación, solo con férrea tranquilidad y disciplina. Porque el nacionalsocialismo es adversario por principio del bolcheviquismo. Reto al marxismo en todas las tonalidades de la lucha. Entre él y el marxismo no hay reconciliación, sino solamente lucha hasta el aniquilamiento. Esto se sabía en la Lindenstrasse, esto se sabía en
el Alexanderplatz y esto se sabía también en el Bülowplatz. Por eso se dio el golpe en el momento oportuno. Por eso la journaille contaminaba la opinión pública con el aliento pestífero de su calumnia mendaz y vil. Por eso se apelaba a la autoridad estatal y se ponían en movimiento artículos del código que habitualmente y sin escrúpulos se despreciaban y cubrían de escarnio.
Que la socialdemocracia actuara así no nos podía asombrar. La social democracia defiende su pellejo y, al fin y al cabo, lucha por su misma existencia. Pero que los partidos burgueses y sus columnistas amanuenses se dejaran denigrar a cumplir servicios pagos para el marxismo y a colaborar en abatir un movimiento que no podía defenderse, esto será para siempre y eternamente oprobio y vergüenza para la prensa burguesa y los partidos que están detrás de ella.
No consiguieron su finalidad. Aunque al día siguiente de la prohibición se movilizo a través de una hoja del consorcio supercapitalista ullstein a los más altos dignatarios Prusianos, que se dedicaron a lanzas frases grandilocuentes para demostrar que el Berlín no había lugar para el nacionalsocialismo.
"¡una vez y nunca más! Si no se hubiera sabido ya por la actividad desarrollada en otras partes, los sucesos escandalosos que se desarrollaron el miércoles en la asamblea de la
casa de la unión de combatientes demostraron nuevamente que en el caso del así llamado
partido nacionalsocialista de los trabajadores no se trata de un movimiento que pueda ser clasificado y tratado como movimiento político, sino que constituye una banda de elementos camorristas y brutales, que bajo la dirección de políticos delirantes se ha transformado en una amenaza para el orden y la seguridad públicos. Las incitaciones no disimuladas a la violencia en la reunión y el resultado del registro de armas, así como los malos tratos otorgados a los asistentes de la misma, muestran con toda evidencia de que clase es el movimiento que, crecido y desarrollado sobre el suelo de Münich, ha trasladado su actividad ahora también a Berlín.
Pero Berlín no es Münich. De la misma manera que hemos preservado a Berlín del dominio soviético-comunista, preservaremos a la población Berlínesa del terrorismo de este partido camorrista-socialista de los trabajadores. Sofocaremos en el germen, en Berlín y en toda Prusia, a este movimiento que utiliza la violencia contra los que piensan de distinta manera y que tiene como tarea exclusiva la realización de actos ilegales".
Así escribió en el "Berlíner morgenpost" ("correo Berlínes de la mañana") del viernes 6 de mayo de 1927, el presidente de ministros Prusiano, Otto braún. Se ha equivocado en grande. El movimiento no fue sofocado en su germen ni en Berlín ni en Prusia. Alto y más alto ascendió su idea, a pesar del odio y de la prohibición. La persecución no hizo sino más fuerte y más dura a la organización. Es cierto que muchos nos dejaron. Pero se trataba solo de aquellos que no estaban a la altura de las pruebas de resistencia más severas. El núcleo se mantuvo firme e inamovible. El partido mismo siguió viviendo, aún prohibido. La idea estaba anclada demasiado firmemente en los corazones de sus adictos como para que pudiera ser arrancada por medios administrativos.
El movimiento nacionalsocialista en Berlín fue, de ese modo, puesto a prueba; debió demostrar que su fuerza vital era inquebrantable. Ha superado esta crítica circunstancia por medio de una lucha heroica, plena de renunciamientos, y ha cumplido (en marcha victoriosa hacia adelante) la consigna bajo la cual ésta fue iniciada:
¡A pesar de la prohibición no estamos muertos! (Trotz verbot nich tot!)