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AAAAA Cada mañana

PR I MAVE RA R E BAÑO PI NAR PASTOR COLI NA PI M POLLO M E RO

AAAAA Cada mañana

la pava daba la lata a la cabra: ¿tanta charada? Hablaba, cantaba, danzaba la pava, Jamás paraba. ¡Hasta ladraba! Cada mañana la pava bramaba acalambrada, jamás callaba. ¡Ya basta, pava!

Mirta G. Fernández, en: El imaginario contraataca 6, op. cit. motivo que se repite. Por lo general, los chicos juegan con estos textos, los repi- ten, los memorizan y hasta es posible que les agreguen otras palabras. Por eso, lo que proponemos es que continúen escribiendo el texto o que inventen otros con otras letras, o el mismo con otras vocales.

Una ronda de cuentos mínimos

Los cuentos mínimos conforman un género ideal para proponer consignas de escritura.6Luego de la lectura de uno de estos cuentos, el maestro invita a los

chicos a inventar y escribir otro “donde se juegue el mismo juego”. Así, se les puede proponer que escriban: un cuento lloroso, un cuento granizado, un cuen- to perdido, etc. El siguiente es un ejemplo de minicuento.

El lobo de Caperucita El lobo de Caperucita fue a visitar a la abuelita le pidió mil perdones y le regaló bombones.

La abuelita comió, comió y comió pero no lo perdonó.

Mirta G. Fernández, en: El imaginario contraataca 6, op. cit.

También es posible hacer la misma propuesta con “Cuento cerrado”:

Cuento cerrado

Este es un cuento cerrado: escribe el título

y pon el candado.

Fernanda Cano, Mimeo, 2005.

Si, finalmente, se produce un cuento creado entre todos, se lo puede escribir primero en el pizarrón para luego copiarlo en los cuadernos. En otra ocasión, se les puede proponer a los chicos que lo escriban en pequeños grupos, como en secreto, de modo que cause sorpresa a los demás en el momento de leerlo.

Cuando los chicos de 2o año/grado trabajan en grupos, muchas veces les

cuesta ponerse de acuerdo y empezar a trabajar. El docente, en su recorrida por el aula, va colaborando para “poner en marcha” la tarea, teniendo en cuenta que los chicos necesitan elegir quién va a poner por escrito el cuento cada vez y lograr acuerdos para que el texto recoja las voces de todos. Seguramente, al ir pasando entre los grupos, lo consultarán acerca de la elección del tema del cuento mínimo, ante lo cual conviene dejarlos probar. Es posible que los chicos muestren dudas acerca de cómo escribir alguna palabra, ante lo cual hay distin- tas alternativas (véase el apartado correspondiente en el Eje “Reflexión sobre la lengua (sistema, norma y uso) y los textos”).

Finalmente, cuando terminan de escribir el cuento, los chicos necesitan deci- dir quién lo va a leer en nombre del grupo. Entonces, hay que organizar una ronda de lectura para disfrutar de lo que los demás hicieron y para mostrar lo propio. En ocasiones, algunos hacen comentarios o sugieren cambiar o agregar algo. A veces no se trata de sugerencias, sino de creaciones espontáneas que surgen a partir de los textos de los otros, por ejemplo, agregando un verso más (en el mismo tono o en tono de broma).

Una cartelera de textos encadenados

Luego de leer y comentar en grupos algunos cuentos o poesías, construidos a partir del encadenamiento de escenas o de brevísimas secuencias, los chicos pueden producir nuevos textos basados, por ejemplo, en un verbo. Así, luego de leer y comentar un poema encadenado, pueden producir en forma colectiva nue- vas canciones a partir de otro verbo. Por ejemplo, “espantar”. Entonces, tal vez una señora espante a un perro, y el perro espante a un gato, y el gato espante a un ratón, y el ratón espante a la señora. Estos textos pueden inventarse en forma colectiva o grupal.

Si se trata de canciones, es necesario que las letras se inventen cantando (ya que lo inventado tiene que “entrar” en el ritmo de alguna de las canciones tradi- cionales elegidas) y que se ensayen una y otra vez. Seguramente a los chicos les gustará “darles la voz” a otros. Por ejemplo, a títeres que ellos mismos pue- den confeccionar con retazos de telas, papeles, medias, botones, bolsitas de papel, lanas, latitas y cualquier otro material fácil de conseguir. En esos casos, la consigna será inventar y escribir un diálogo, para lo cual el docente puede intro- ducir la convención ortográfica de las rayas y los signos de entonación (excla- mación e interrogación) para volver más legible el texto resultante.

Cuando “ya están a punto”, las letras de las canciones pueden transcribirse y colgarse en una cartelera que se exhiba en el patio o en una galería, de mane- ra que alumnos de otros años las lean, las comenten y las “retruquen”. Llevar adelante breves proyectos de esta naturaleza permite que los chicos pongan en circulación sus escritos, reciban comentarios diversos de nuevos lectores y des- cubran que lograron contagiar las ganas de inventar.

Además, puede sugerírseles que empleen diversos tipos o tamaños de letra para transcribir los textos, de manera que la cartelera resulte un objeto más atractivo para los lectores. Es otro modo de que aprendan la importancia de atra- er la atención y captar la mirada de los que pasan.

A modo de ejemplo, transcribimos este texto encadenado de Fernanda Cano, en el que varía el tamaño de las letras.

Cuento encadenado

Una señora espantó a su perro

para que salga de su costurero. El perro enojado espantó a su gato

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