DISPOSITIVO DE VISIBILIZACIÓN
1.1. Abandono y dependencia al sistema de salud de las personas con discapacidad psíquica en Chile
En Chile existen alrededor de 350.000 personas con discapacidad mental que sufren discriminación y exclusión social, constituyendo un problema social que el Estado no ha abordado adecuadamente (Observatorio de Derechos Hhumanos de las Personas con Discapacidad Mental, 2014).
En este sentido, Chile no se posee una ley específica sobre salud mental sino que tienen influencia y se aplican varias legislaciones diferentes en la materia (Escuela de Salud Pública Dr. Salvador Allende Gossens, 2014). Algunas de estas leyes han sido cuestionadas tanto internacionalmente como por diversas agrupaciones de usuarios y organismos. Las principales observaciones que se han formulado son las siguientes:
No se reconoce el derecho a la capacidad jurídica de las personas con discapacidad psíquica. Se permite declarar la interdicción con facilidad y nombrar un curador para que maneje sus bienes. Se puede negar su derecho a conocer la información de su ficha clínica a criterio del médico tratante. No se contempla la creación de una autoridad independiente para supervisar las hospitalizaciones involuntarias y otras restricciones de derechos, ni establece mecanismos de apelación. No reconoce su derecho exclusivo a dar consentimiento para procedimientos irreversibles (como es el caso de la esterilización y psicocirugía). Se permite que las remuneraciones de las personas con discapacidad psíquica sean menores al ingreso mínimo (Escuela de Salud Pública Dr. Salvador Allende Gossens, 2014).
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Se ha señalado también que la protección contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes son muy insuficientes, señalando que el porcentaje de personas sometidas a procedimientos de contención y aislamiento es muy superior a países de altos ingresos (Observatorio de Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad Mental, 2014).
Estos problemas se manifiestan especialmente en las instituciones de salud, pues es esta área la que se financia y se hace cargo de gran cantidad de personas diagnosticadas de trastornos psiquiátricos: desde Cosam hasta hospitales psiquiátricos, pasando por centros diurnos, hospitales de día y hogares protegidos.
La historia reciente del trato hacia estas personas nos habla de una situación social de extrema vulnerabilidad y abandono. Basta con señalar que hasta los años 50 la salud mental en Chile se reducía a la acumulación de las personas con trastornos psiquiátricos en pabellones de crónicos de grandes instituciones asilares. Se disponía de recursos muy insuficientes que llevaban al hacinamiento, mala higiene, trasgresiones de derechos humanos y alta mortalidad (llegando al 20% anual) (Minoletti, Rojas, & Sepúlveda, 2011).
Si bien en la actualidad se cuenta con un plan de salud mental formulado desde un enfoque comunitario que plantea la desinstitucionalización de las personas desde los hospitales psiquiátricos, la inclusión de la salud mental en la atención primaria, la descentralización de la atención, la implementación de centros de salud mental comunitarios, la participación de las personas, familias y sus organizaciones en los tratamientos y la creación de dispositivos y programas comunitarios que apuntan a la inclusión en la comunidad (Minoletti et al., 2011). Lo cierto es que hasta hoy los hospitales psiquiátricos ocupan un lugar articulador dentro de la red de salud mental, imponiendo su modo de trabajo a través de protocolos de derivación, consultorías,
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capacitaciones, entre otros. De este modo se perpetúa una forma de abordaje cuestionada incluso por la OPS desde al menos los años 90 debido a que los hospitales psiquiátricos tienden a aislar al enfermo de su medio, generan mayor discapacidad social, peligro hacia los derechos humanos y civiles, entre otros (OPS, 1990).
El Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak es uno de los cuatro hospitales psiquiátricos que funcionan en Chile. Fue fundado el año 1852 como Casa de Orates y desde entonces ha transitado de ser la única institución de salud mental a ser referente nacional de la red de salud mental. Si bien ha reformulado algunos aspectos de su funcionamiento reduciendo el número de personas hospitalizadas en sectores de crónicos e implementado hogares protegidos (Escuela de Salud Pública Dr. Salvador Allende Gossens, 2014), aún mantiene un modelo de atención centrado principalmente en lógicas de aislamiento y tratamiento individual, inconsistentes con los planes de salud y el modelo establecido. Además muchas de las prácticas y procedimientos cuestionados socialmente se realizan en sus dependencias: hospitalizaciones involuntarias, procedimientos sin consentimiento del usuario, electroshock, contención, aislamiento, gestión de interdicciones, entre otras.
Es justamente en este hospital donde surge la Radio Estación Locura el año 2012. Un proyecto gestionado por usuarios, funcionarios y algunas personas externas, que busca crear un espacio de diálogo y trabajo colectivo y que ha permitido dar a conocer la visión y experiencias vividas por las personas que se atienden y dependen del Instituto Psiquiátrico.
La relevancia de escuchar e investigar estos discursos y reflexiones tiene que ver con cuestionar y volver a pensar nuestras prácticas de salud mental considerando la visión de los usuarios, especialmente si nos encontramos en un contexto en donde se denuncia incluso la violación a los derechos humanos (Cea Madrid, 2015).
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249 1.2.Radios de personas que han sido diagnosticadas de un trastorno
psiquiátrico.
La Radio Estación Locura se enmarca en la línea de radios que trabajan tomando el modelo de Radio la Colifata, creada el año 1991 en el Hospital Neuropsiquiátrico Doctor José T. Borda en Argentina.
Las propuestas y objetivos de la Colifata se desmarcan de los dispositivos de salud mental tradicionales en la medida que no busca curar de una enfermedad a las personas que participan de la radio. Muy por el contrario, se hace hincapié en la necesidad de influir en la sociedad general para visibilizar la situación de exclusión en que se encuentran y, de este modo, aportar a una mayor inclusión.
Debido a los fines que busca, la Radio La Colifata propone un discurso menos científico/terapéutico y más político. En términos generales se señala la necesidad de incluir la voz de aquellos que han sido excluidos socialmente para que ejerzan libremente su derecho a expresión y puedan re-inscribir en lo social su figura (Olivera, 2005). Además buscan influir en la transformación de las instituciones de salud mental hacia una desmanicomialización y no, necesariamente hacia la deshospitalización. En este sentido no abogan por el cierre de los psiquiátricos, sino por un cambio en la prestación del apoyo que considere a los usuarios como personas de derechos (Olivera, 1999). Se apunta a la desestigmatización social de la locura (Olivera, 2005), en un intento por construir una sociedad más justa e inclusiva.
Desde la creación de La Colifata se han replicado diversas experiencias de radios que toman algún aspecto del modelo a lo ancho del mundo. Solo como ejemplo, en un
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estudio de Cortés-Fuentes y Correyero-Ruiz (2017) se da cuenta de la existencia de 38 proyectos de radio en España. En el sitio web de radio La Colifata se mencionan más de treinta radios con quienes mantienen vínculos en los siguientes países: Alemania, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Costa Rica, España, Francia, Italia, México, Portugal, Rusia, Suecia y Uruguay.
Algunas experiencias a destacar en Chile son Radio Diferencia (Valparaíso), Radio Estación del Paraíso (funcionó en el Psiquiátrico El Peral), Radio nueva terapia (Colina) y Radio Estación Locura (Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak). Además de otras radios que han funcionado dentro de hospitales psiquiátricos, centros de rehabilitación, comunidades terapéuticas y organizaciones de usuarios.
No todas las radios operan de la misma forma ni se basan en los mismos principios o persiguen los mismos objetivos. Algunas toman la lógica de funcionamiento de La Colifata, pero otras simplemente han utilizado la plataforma radial para emitir programas como experiencia terapéutica en sí misma. Existen modalidades en donde se cuenta con un dial, otras con espacios por internet y también las que realizan sus programas dentro del espacio de otra radio. Algunas funcionan en hospitales psiquiátricos, Universidades, en radios comunitarias, en centros de atención psicológica, de manera independiente, entre muchas otras, existiendo gran heterogeneidad de experiencias.
Respecto a la documentación de estas experiencias, nos encontramos con escasas publicaciones, la gran mayoría tesis de grado, magister y doctorado o artículos y comentarios informales.
Algunos de los impactos que se han destacado de las radios, en términos generales, son la recuperación del derecho a la palabra, la expresión artística, la creatividad, el aprovechamiento del tiempo libre, la autoestima, la pertenencia grupal, la conexión social y participación, el cuestionamiento y disolución del estigma asociado al diagnóstico
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psiquiátrico y el fuerte potencial desestigmatizante del dispositivo (Bonini, 2005; Bouey, 2015; Clara, 2017; Corozo, 2016; Correa Urquiza, 2009; Cortés-Fuentes & Correyero- Ruiz, 2017; Fernandez Rivas & Ruiz Velasco, 2006; Makowski, 2013; Markez, 2010; Salas, Gonzalez, Román, & Gonzalez, 2015).