A. PRIMERA PARTE
6. LAS PRÁCTICAS FRENTE A LA DIVERSIDAD SEXUAL
6.1. Abordaje de la diversidad sexual en la universidad
El concepto de diversidad sexual representa un constructo producto del reconocimiento en torno a las manifestaciones de la sexualidad que trascienden la noción tradicional: heterosexual, monogámica, vinculada a lo conyugal, la reproducción, las expresiones del deseo, fantasías, placer para identificar, desde la expresividad, esas nuevas formas de organización social. De tal forma que el abordaje de la diversidad sexual implica pensar: la significación frente a la sexualidad, que contemple las construcciones socioculturales, aspectos erótico amoroso; la concepción y manifestación del cuerpo, que se reproduce a través de agentes socializadores tales como la universidad.
De este modo, la sexualidad en su conjunto integra aspectos relacionados con: la orientación sexual9, la identidad sexual10, la expresión sexual11, relación sexual etapa-desarrollo-contexto12 (Weeks, 1998) que juntas responden a una amplia categoría que ha sufrido un drástico reduccionismo en respuesta al devenir, las trasformaciones y acomodaciones sociales, culturales y contextuales. En este sentido, el estudio de sexólogos, sociólogos, como Weeks, ha planteado con el tiempo categorías que expresan unas variedades frente a las diversidades sexuales que se constituyen en minorías eróticas, base para identidades sexuales en proliferación13 que permiten la afirmación política e identidad social.
El tema de la diversidad sexual en la universidad se ha orientado desde el estudio y la investigación frente de la sexualidad con el propósito de impactar las prácticas, el ambiente universitario, las apuestas pedagógicas, la aplicabilidad normativa y la transformación cultural; sin embargo, la atención a la diversidad constituye un
9 Inclinación erótica-afectiva frente al elemento amoroso 10 Definición de la sexualidad
11 Hábitos sexuales (preferencias y comportamientos) 12 Desarrollo individual y cultural de la persona
desafío complejo, pues involucra la capacidad individual y social de comprender y aceptar a los demás.
Uno de los aspectos que resulta del todo desafiante en torno a la diversidad sexual en la universidad, es la popularización e intento de naturalización de los discursos y manifestaciones diversas de los jóvenes universitarios quienes exteriorizan abierta y públicamente prácticas alejadas de la heterosexualidad que de acuerdo con Careaga (2004) son producto de condiciones socioculturales asociadas con: formas de organización social, intereses económicos-políticos, democratización (discursos en torno a los derechos humanos), acceso e intercambio de información, variabilidad cultural, cambio de valores intergeneracionales y relaciones de género, entre los más significativos.
Así mismo, otro elemento crucial en torno a la diversidad sexual en la universidad se configura a través de la despatologización de las prácticas sexuales y diversas que han dejado de ser persecutorias, criminalizadas e ilegales, pero no marginalizadas y estereotipadas para paulatinamente ser desmitificadas, desestigmatizadas y reconocidas como posibles, socialmente.
Por lo anterior, el reconocimiento de la diversidad sexual en la universidad parte de la visibilidad de las identidades y categorías, la variabilidad sexual y cultural en los diferentes espacios de acción social, en este caso educativo, los espacios de lucha política, ligados a la exigibilidad de derechos, pero sobre todo a transformaciones de orden cultural que aperturan una educación inclusiva.
Así, la búsqueda de una educación inclusiva en Colombia, se puede percibir desde las consideraciones de ley que han otorgado un campo de acción teórico y práctico a las instituciones de educación, incluida la superior, así como la promoción y aplicación de prácticas educativas en torno a poblaciones minoritarias o vulneradas frente al acceso a este derecho. Estas acciones afirmativas 14 representan
población LGBTI en la universidad”
instrumentos diferenciales que ofrecen preferencias para asegurar la satisfacción de bienes y servicios, así como una mayor representación de grupos sociales en escenarios políticos y sociales: la Educación Superior es uno de estos tantos escenarios. De tal forma que al amparo del artículo 13, 70 de la Constitución Política de Colombia, todas las personas recibirán el mismo trato y protección sin distinción de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica.
Estas acciones buscan además compensar, garantizar la igualdad de oportunidades e impedir los obstáculos, legitimar la inclusión social, asegurar una sociedad equitativa y afianzar la diversidad en el sistema educativo.
De acuerdo con Guido (2007), las universidades formulan políticas con una actitud reactiva; es decir, una vez que los estudiantes han ingresado, la Universidad genera los cambios. En el caso de personas diversas (sexual y de género), las políticas las señalan como población vulnerable, pero su condición de vulnerabilidad se presenta ya en las prácticas y dinámicas cotidianas.
Según Fortes, la educación en un contexto sociocultural
[...] es un proceso social, una concatenación temporal de eventos en la que el factor significante es el tiempo y el fenómeno significante es el cambio. Entre su nacimiento y su llegada a la madurez social, el individuo pasa de ser un vínculo relativamente periférico a uno relativamente central de la estructura social (Fortes 1970, p. 202).
Es preciso anotar que una visión tradicional y estática de cultura limita las posibilidades que se esperan del análisis de las prácticas culturales en torno al colectivo LGBTI. Así, comprender la cultura como un entramado de sentidos y significados que se ajustan a los contextos sociales, además como un campo de luchas y tensiones de diferentes capitales simbólicos que entran en juego, es clave
para comprender cómo ésta se construye y reconstruye a lo largo de la historia personal y colectiva de los sujetos.
Por esto, los significados que hoy predominan frente a este grupo social y en los que son partícipes instituciones como la escuela, la familia, los medios de comunicación, la iglesia, entre otras, representan un punto de partida y de encuentro para comprender fenómenos de exclusión e inclusión en la Universidad.
Cabe entonces pensar en la Universidad como el lugar en el que las prácticas educativas se representan, según Gimeno (2001) como formas creativas, irrepetibles, impredecibles que dan lugar a la individualidad creadora de los sujetos y donde se acoge la pluralidad social (económica, religiosa, ideológica, cultural, lingüística, etc.)
Por esta razón, al plantear la diversidad sexual y su silenciamiento en este contexto, se tendrán que considerar las perspectivas didácticas, pedagógicas y también sociológicas, y es que la universidad –escuela- simboliza un espacio predilecto para la construcción de relaciones sociales, intersubjetivas y afectivas. En últimas, un lugar de ciudadanía y alteridad.
Aunque aún se sigue discutiendo cómo debe abordarse la diversidad sexual en la educación, es inevitable que la escuela, e incluso, la universidad continúa jugando un rol esencial en la construcción del universo simbólico en el que se construye la identidad de los educandos, (Peixoto, Fonseca, Almeida & Almeida, 2012) y en la que, además, las prácticas culturales representan esas ideologías que caracterizan las superestructuras de una sociedad, ajustadas al sistema productivo. (Glenn, 2004)