10. La experiencia cotidiana
10.1 Acciones cotidianas
El espacio entendido “(…) como un conjunto de formas representativas de las relaciones sociales del pasado y del presente, y por una estructura representada por las relaciones sociales que ocurren ante nuestros ojos y que se manifiestan por medio de los procesos y las funciones” (Santos, 1990:138), posibilita no solo guardar la memoria y los sueños de quienes lo habitan sino también que crea un
78 abanico de posibilidades para reconocerse con los otros en medio de lo que es semejante o distante.
Este, como un proceso dialógico entre las necesidades actuales de las personas y el momento histórico, es dinámico de acuerdo a las condiciones y necesidades sociales, culturales, políticas y económicas, “la verdad es que el espacio está muy lejos de ser ese cuadro neutro, vacío, inmenso, en que la vida se puede producir" (Ibídem:143); por lo tanto, las acciones ejercidas sobre éste lo transforman estructuralmente.
La necesidad en El Árbol, despertó la realización de actividades organizacionales, legales y comunitarias que permitieron adecuar el espacio de acuerdo a lo deseado o requerido, se evidencia, por tanto, que “uno de los resultados de la acción es, pues, alterar, modificar la situación en la que se inserta” (Santos, 2000:67); en nuestro caso, las acciones se encaminan principalmente a la elaboración de los espacios habitacionales, en donde hombres, mujeres y niños, con enfoque de equidad y cooperación, se coordinaron para jugar un papel relevante.
En esa dinámica se pueden identificar diferentes aportes en las tareas comunitarias, por lo que se distribuyen roles; por ejemplo, se observa que, por un lado los hombres son quienes realizan la mayor parte del trabajo físico para el levantamiento de las viviendas; y de otro lado, las mujeres, además de contribuir con una parte del trabajo físico, son las encargadas de conseguir los materiales y de la colecta de alimentos para las ollas comunitarias; juntos, sinérgicamente, trabajaron para sostener el proceso de toma del territorio, cuidaron y vigilaron el espacio, tanto de los desalojos como de situaciones externas (robos, drogas); los niños, por su parte, colaboraron y apoyaron, según sus capacidades, en la carga de materiales.
79 Hasta este momento, las acciones realizadas por las personas que hicieron la toma tuvieron la intención de establecer una marca de “propiedad” en el terreno, con las que se alimentó la defensa del espacio, exponiendo directamente que “la acción sobre el entorno, las personas, los grupos y las colectividades transforman el espacio, dejando en él su “huella” (Vidal, Pol, 2005:283).
Ahora bien, la intervención de los habitantes sobre el lugar permite observar el cambio físico de El Árbol a lo largo del tiempo; así, las casas, los callejones y el espacio en su totalidad no tiene la misma forma de hace cinco años, pues las aspiraciones familiares y comunitarias han llevado a transformar poco a poco ese lugar, que, de acuerdo a las nuevas intereses, va mutando gracias a las diferentes acciones, estrategia definida como “(...) el medio básico a través del cual las personas movilizan y renuevan los recursos” (Osorio, 2007:3).
Es significativo encontrar que, de acuerdo a lo anterior, existen prácticas y relaciones culturales que prevalecen al interior de estos espacios; ejemplo de ello es la relación que se mantiene con la estética rural, pues la mayoría de los habitantes provienen del campo, y por lo tanto, crean en sus casas pequeñas
80 huertas, que se disponen también para la comunidad. En ese sentido, la dirección de impacto es inversa a la mencionada anteriormente, pues la siembra, que en este caso es parte de la labor diaria, y que genera beneficios comunitarios a través de “plantas curativas, limoncillo, pronto alivio, hojas de sauco, árbol de guayabo, tomate, plátano y noni”50
, contribuye simbólicamente a mantenerse cercanos al lugar de origen, y estéticamente aporta elementos para afianzar la “apropiación” e identificación del espacio.
Algunas costumbres campesinas incorporadas en El Árbol son reflejadas en las compras que se llevan a cabo en las tiendas, ya que se ofrecen víveres en pequeñas cantidades y se hace una negociación para el pago; sin embargo, este acto no es exclusivo para el intercambio de producto-dinero, sino también para el reconocimiento de las condiciones de los otros. Por otra parte, hay quienes tienen la posibilidad de comprar fuera de El Árbol, no obstante los lugares a los que se dirigen son cercanos, tales como las tiendas y los supermercados de los barrios vecinos.
Lo anterior es diferente de las compras que se realizan en el centro de la ciudad, pues las personas adquieren elementos sin que necesariamente medien relaciones de confianza y solidaridad; esta parte de la ciudad es también utilizada como lugar de trabajo, ya sea como empleados o trabajadores informales.
Las acciones mencionadas hasta aquí, se ejercen en el reconocimiento de las necesidades y los afectos a los demás, y modifican el entorno en beneficio individual-colectivo. Podemos decir que algunas acciones operan desde la memoria por cuanto se hacen en función de las marcas históricas de los sujetos, es decir que, las personas actúan desde la experiencia y los saberes adquiridos en otros lugares y circunstancias, evidenciando que las acciones no están desprovistas del pasado y la historicidad del sujeto; así desde la memoria y la
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81 acción “(…) se puede dar cuenta del peso de la historicidad, pero también de su capacidad de cambio y su flexibilidad para modificarse a través del actuar en el ahora”.
Por otro lado, hay acciones-rituales que se han establecido a lo largo del tiempo y que han ayudado establecer relaciones cercanas o distantes al distinguir roles entre lo que realizan los líderes y el resto de personas, entre quienes se recorren el espacio sin excluir ningún lugar y los que prefieren permanecer en la tranquilidad de sus hogares, entre los que trabajan lejos de El Árbol y quienes han encontrado en este la posibilidad de estar y subsistir.
Los niños habitantes del sector son quienes tienen más confianza para recorrer los espacios de El Árbol; juegan en los callejones y el control de buses, se divierten y encuentran en la torre eléctrica un lugar tranquilo para estar con sus pares, podríamos afirmar que ellos son quienes recorren y reconocen el espacio en su totalidad; algunos niños y niñas asisten al espacio amigable como única opción para alimentarse en el día y/o para aprender, en otros casos los pobladores más pequeños viven el espacio buscando sustento económico, pues el recorrido por sus callejones esta mediado por el trabajo informal que han emprendido junto a sus familias .
Los jóvenes por su lado, recorren ciertos espacios, tales como la manzana 3 y el árbol, lugar donde se reúnen y permanecen durante largas horas para conversar y dar vía libre a sus gustos musicales, otros proyectan el espacio y lo ven como una manera de reivindicar el estar y ser parte de un lugar construido por la comunidad misma y han creado pequeñas huertas que sirven para el encuentro con los otros, algunos más han entrado en la dinámica violenta de la ciudad e integran bandas delincuenciales, junto a ello las apuestas en los juegos de azar son una salida a la difícil situación a la que se ven enfrentados a diario.
82 Por otro lado, las mujeres lideresas promueven en El Árbol, procesos educativos para los niños y jóvenes, donde se realizan actividades lúdicas y educativas extra clases, no como la reproducción de la escuela sino, por el contrario, como un escenario para aprender a proteger a los demás y a ellos mismos; cabe mencionar, por ejemplo, que gran mayoría de mujeres y algunos hombres, del sector no terminaron la primaria, pero se disponen a ofrecer sus saberes empíricos para aportar a una “educación comunitaria” que promueva los valores cooperativos. Otras mujeres salen del sector a trabajar, y otras encuentran en el juego de dominó y parqués unos escenarios para contar las situaciones familiares y comunitarias.
Los hombres, en su gran mayoría, son trabajadores informales o contratados que realizan su actividad fuera de El Árbol; por este motivo son quienes recorren muy poco el espacio, pues la dinámica laboral absorbe la mayoría de su tiempo; y otros encuentran refugio en el licor, y durante algunos días y noches derrochan en cantinas y lugares de apuestas (galleras).
El fin de semana, sobre todo el día de “descanso” y encuentro familiar, es utilizado por algunos habitantes para organizar paseos al rio Meléndez51, lugar que utilizan para la recreación, el baño y el descanso, para “distanciarse del movimiento de la semana”, mientras que otras familias asisten a diversos rituales religiosos (cultos y misas).