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Acelerar el tránsito hacia una sociedad equitativa e incluyente

In document EL SALVADOR PRODUCTIVO, EDUCADO Y SEGURO (página 144-152)

La sociedad salvadoreña está marcada por la desigualdad y la exclusión, por ello el PQD 2014-2019 asume como una de sus grandes apuestas consolidar el Sistema de Protección Social universal (SPSu), que parte del reconocimiento igualitario de los derechos de todas las personas e implica el impulso de políticas de igualdad que eviten la exclusión y fomenten la convivencia. Por lo tanto, el desafío es acelerar el tránsito hacia una sociedad equitativa e incluyente, que solo puede ser construida con la participación del Estado, la sociedad y los actores económicos.

objetiVo 5 acelerar el tránsito hacia una sociedad

equitativa e incluyente Fortalecimiento del pilar contributivo y no contributivo de protección social Fortalecimiento de los programas de erradicación integral de la exclusión y la pobreza Avance en la garantía de los derechos de los grupos poblacionales

efectos de la crisis económica mundial y a otros factores como el aumento de pre-cios de la canasta básica y el impacto de fenómenos climáticos, lo que evidencia la alta vulnerabilidad socioeconómica.

Asimismo, la diferencia en las tasas de pobreza entre las personas de la zona rural y de la zona urbana ha disminuido. En el 2000, la incidencia de pobreza rural y ur-bana era de 59.2 % y de 34.3 %, respectiva-mente, mientras que en el 2013 fue de 41.7 % en el área rural, y de 30.6 % en el área urbana. Sin embargo, dados los acelerados procesos de urbanización, en la actualidad existe un mayor número absoluto de ho-gares y de personas en situación de pobre-za en las zonas urbanas que en las rurales (diGestyc, 2013). Además, un amplio contin-gente de la población es vulnerable al ries-go de pobreza durante la vejez: se estima que apenas el 18 % de la población adul-ta mayor tiene acceso a alguna pensión en El Salvador, en contraste con el 63.5 % promedio en América Latina (IMDH, 2014; Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales [cedlas], 2014).

Por otro lado, las mujeres representan el 53 % de la población (diGestyc, 2013), pero continúan estando rezagadas en va-rios indicadores de desarrollo: 13.7 % de quienes tienen diez años de edad y más son analfabetas (en comparación al 7.3 % de los hombres), y su escolaridad prome-dio es de 5.3 años (en contraste a los 6.8 años de los hombres). Las mujeres

tam-S

ituaCiónaCtual

En el pasado, la política social en El Salvador fue percibida de forma residual como una manera de compensar los efec-tos negativos de la política económica y totalmente desvinculada de la misma. El primer Gobierno del cambio dio un giro a esta visión al reconocer la política social como un mecanismo para garantizar los derechos económicos, sociales y cultura-les de la población, y en consecuencia, como un instrumento para avanzar en la construcción de una sociedad más equi-tativa, incluyente, segura y solidaria.

El presente Gobierno profundizará los cambios en la política social, a fin de continuar con los esfuerzos para erradi-car la pobreza, la desigualdad social y de género, la exclusión social y la vulnera-bilidad, problemas que por su magnitud continúan restringiendo las perspectivas del buen vivir para importantes segmen-tos de la población del país e inciden de forma adversa en la dinámica económica.

Entre el 2000 y el 2013, la proporción de personas en situación de pobreza se redujo en casi diez puntos porcentuales: de 44.6 % a 34.8 %. Del total de personas en esa situación, el 52.6 % eran mujeres y el 47.4 % hombres (diGestyc, 2013). La disminución, sin embargo, no ha sido constante y han existido períodos (2008 y 2011) en los que la pobreza ha alcanza-do niveles cercanos al 47 %, debialcanza-do a los

que han estado tradicionalmente exclui-das del accionar de la política pública y que en el PQD 2014-2019 han sido iden-tificadas como poblaciones prioritarias.

otro reto de una política social para la inclusión y la protección social en El Sal-vador es la sostenibilidad financiera. En este contexto, cobra especial relevancia el marco institucional referido a la protección social en el país, y en especial sus meca-nismos de financiamiento en sus distintas modalidades. Por ejemplo, los recursos del sistema de pensiones deben orientarse a actividades productivas generadoras de empleo que coadyuven a mejorar la capa-cidad productiva del país, y que permitan garantizar pensiones dignas.

Con la finalidad de universalizar la protección social, la política social debe-rá combinar mecanismos contributivos, semi contributivos y no contributivos5.

5. La protección social puede ser de carácter con-tributivo si depende parcial o totalmente de aportes de los trabajadores y trabajadoras y de los empleado-res y empleadoras (como es el caso de la cobertura de riesgos de salud, invalidez, vejez y muerte por parte de instituciones tales como el Instituto Salvadoreño del Seguro Social, Instituto Salvadoreño de Bienestar Magisterial, el Instituto de Previsión Social de la Fuerza Armada [Ipsfa], el Instituto Nacional de Pensiones de los Empleados Públicos [Inpep] o las Administradoras de Fondos de Pensiones [AFP]). En cambio, la protec-ción social es no contributiva, cuando la prestaprotec-ción de los beneficios se da a través de servicios sociales o en el marco de programas sociales (como Comunidades Solidarias, el Programa de Salud y Alimentación Escolar

bién enfrentan mayores barreras de acce-so a los mercados laborales y financieros, lo cual redunda en niveles superiores de subempleo e informalidad en este sec-tor de la población. A lo anterior hay que agregar que son ellas quienes asumen en mayor medida la carga del trabajo do-méstico y de cuidado no remunerado, pues en promedio emplean 5.35 horas diarias en comparación con las 2.44 horas de los hombres en este tipo de activida-des (Minec, diGestyc y FPNu, 2012)

La desigualdad entre hombres y mu-jeres también se expresa en diferencias en la propiedad de activos: del total de personas productoras agropecuarias que poseen las tierras que trabajan, solo 12 % son mujeres (diGestyc, 2012); por su parte, solo el 26 % de las pequeñas y medianas empresas son propiedad de mujeres.

otro de los principales retos en tor-no a la política social continúa siendo la planificación, articulación e integración de sus distintos componentes de protec-ción, inclusión y desarrollo a nivel nacio-nal y territorial, de tal manera que se ase-gure la debida y oportuna inversión de recursos para desplegar las capacidades de las personas (con especial énfasis en la primera infancia), prevenir los riesgos, atender las necesidades de las personas a lo largo del ciclo de vida y velar por el cumplimiento de los derechos de toda la población, prestando especial conside-ración a los derechos de las poblaciones

Se esperaría que mientras mejor desem-peño tengan los mercados laborales y el sistema previsional los niveles de forma-lización del empleo sean mayores; las co-berturas en términos poblacionales y de beneficios provenientes de la seguridad social sean más amplias; y la carga finan-ciera que deberá absorber el Estado para cubrir ciertas necesidades y riesgos pre-visionales de la población sea menor.

En El Salvador, sin embargo, la seguri-dad social cubre a una pequeña porción de la fuerza laboral: a agosto del 2014, solo el 28.8 % de la población económi-camente activa cotizó al régimen de salud del Instituto Salvadoreño del Seguro So-cial, mientras que a octubre solo un 24.5 % cotizó al régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) del Sistema de Ahorro para Pensiones (SAP) (SSF, 2014), lo cual de-muestra una excesiva demanda de aten-ción y protecaten-ción en manos del Estado salvadoreño, que dispone de limitadas capacidades financieras e institucionales. De lo anterior se desprende un último de-safío para la política social: fortalecer su vinculación con otras áreas de la política pública, como la económica-productiva y la fiscal, a fin de activar círculos virtuo-sos de crecimiento económico con traba-jo decente y ampliar los espacios fiscales para extender las coberturas de la protec-ción social con recursos propios.

recursos generales del Estado y que se centran, funda-mentalmente, en atender a personas en situación de

l

íneaS deaCCión

E.5.1. Fortalecimiento del pilar contributivo y no contributivo de protección social

L.5.1.1. Ampliar la cobertura de la seguridad social contributiva a personas trabajadoras en situación de exclusión, garantizando criterios de equidad e igualdad.

L.5.1.2. Impulsar un proceso concertado de reforma del sistema de pensiones que garantice progresivamente cobertura universal (especialmente a los sectores excluidos), sea equitativo, brinde protección solidaria colectiva e individual y tenga sostenibilidad financiera.

L.5.1.3. Impulsar, tomando como base el principio de progresi-vidad y solidaridad, reformas al sistema de cotización del Instituto Salvadoreño del Seguro Social que fortalezcan sus ingresos y me-joren su cobertura y calidad.

L.5.1.4. Promover un régimen especial de cotización para resi-dentes en el exterior, que permita que sus familiares en el país ten-gan cobertura de seguridad social.

L.5.1.5. Consolidar los programas de protección social (pilar no contributivo) de manera que estén focalizados y sean sostenibles.

E.5.2. Fortalecimiento de los programas de erradicación integral de la exclusión y la pobreza

L.5.2.1. Garantizar la sostenibilidad financiera y el fortalecimien-to de la eficiencia y eficacia del Programa Comunidades Solida-rias como plataforma para brindar atención integral y erradicar la pobreza.

L.5.2.2. Fortalecer el vínculo del Programa Comunidades Solida-rias con la estrategia de desarrollo económico del país.

E.5.3. Avance en la garantía de los derechos de los grupos poblacionales prioritarios

L.5.3.1 Consolidar la institucionalidad y las estrategias especiali-zadas para garantizar los derechos de las mujeres.

L.5.3.2. Fortalecer los servicios integrales de atención a la niñez, adolescencia y juventud.

L.5.3.3. Fortalecer la atención integral e integrada para el desa-rrollo de la primera infancia.

L.5.3.4. Actualizar e implementar el marco legal e institucional para brindar atención integral a las personas adultas mayores.

L.5.3.5. Fortalecer y ampliar la atención integral para las perso-nas con discapacidad.

L.5.3.6. Fortalecer la provisión de servicios y atención integral a las personas lisiadas de guerra.

L.5.3.7. Desarrollar e implementar el sistema nacional de pro-tección a la niñez y adolescencia, personas adultas mayores, perso-nas con discapacidad y persoperso-nas dependientes.

L.5.3.8. Promover los derechos y atender las necesidades de los pueblos originarios, población LGBTI y veteranos y veteranas del conflicto armado.

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Aumentar en cinco puntos porcentuales la cobertura de la seguridad social.

Alcanzar un coeficiente de Gini de 0.39.

Reducir en tres puntos porcentuales la pobreza extrema.

Reducir el índice de Desigualdad de Género (IDG) a 0.34.

objetivo 6

Asegurar progresivamente a la población el acceso y

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