Capítulo V: Epistemologías Vivas
1. Poner el cuerpo frente al despojo racional
1.1. Acerca del conocer: ¿Para qué?¿Para quién?¿Con cuáles cuidados?
Nuestras luchas cotidianas, cuando están insertas en contextos territoriales y entre las gentes, están rodeadas de preguntas que nos ayudan a construir nuestro andar y nuestra manera de conocer. En definitiva nuestro devenir profesional va acompañado de nuestro devenires éticos-estéticos que comprenden el modo en que hacemos lo que hacemos. (...) hablábamos hace un ratito de las cosas que operan donde la gente está más vulnerada, sufre más, y está en una situación más de cuidar...bueno de esa gente yo he aprendido todo. Porque a mi nunca me tocó estar en un sitio así, entonces he aprendido cómo se toman el tiempo, o no sé si lo he aprendido, pero sí lo he reconocido, entonces eso me configura a saber que hay otras formas, que no solamente son las que uno elije sino que son más bien las que te tocan, y a mi me tocaron cosas bastante cómodas. Y de ver esos “diferentes”, y ver cómo se las rebuscan, y ver cómo van viviendo sus propias vidas, con inteligencia, con
afectividad, con valores, y también con violencias y esas otras cosas que hacen la guerra… pues de todo eso yo he aprendido…o lo he re-conocido…y me he quedado pensando… Y en esta experiencia que me toca, digo que me toca la piel y el cuerpo, he aprendido a ser más tolerante…porque si tengo la necesidad profunda de que las cosas sean diferentes, cambien, debo considerar que en el espacio en que yo vivo, vive también la gente que quiero cambiar…entonces -suspiro, largo silencio-… he aprendido que tengo que dar (a veces, soy orgullosa y me cuesta) pasos hacia atrás… he aprendido un poco a ceder y remorderme, para no arruinarlo todo… y eso, a la vez, me ha traído otras cosas, a nivel personal y profundo, y es un poco el estar cansada, el estar deprimida, el haber perdido un poco la sonrisa, es como estar todo el tiempo alerta (abro los ojos y las manos se me crispan), y esas cosas, que parecieran claves negativas, por el contrario, son aprendizajes…que me permiten, un poco…tan solo un poco, visualizar el futuro, digamos…(PEYLOUBET; 2016). Las preguntas que nos hacemos desde la experiencia son las que orientan nuestras reflexiones y nuestras próximas acciones. Nos lanzan al aprendizaje necesario, ajustado a los contextos que habitamos.
Uno a veces piensa que tiene que, no sé, irse muy lejos para investigar o para generar cambios, y en realidad, si uno abre la puerta de la casa en el propio barrio, hay muchísimas cosas para transformar (D'AMICO; 2016).
De este modo la vida cotidiana nos abre al aprendizaje y cuando uno/a se reconoce en su propio lugar, todo es materia fecunda para construir y actualizar nuestra sabiduría para la vida. Dice Juan Carlos:
(...)theorikós, theos + horós, son dos palabras, Dios y el que ve. Los teóricos eran los que miraban desde las gradas, el circo, los juegos olímpicos, y se divertían...la pasaban bomba diría Bin Laden, y para que siga haciendo teoría tiene que haber alguien que juegue, y me doy cuenta que si yo quiero levantar teoría lo tengo que hacer a partir de aquellos que le ponen el cuerpo a la lucha cotidiana, y si se terminan muriendo todos ellos, no voy a tener para quien hacer teoría, no voy a poder ver nada, porque no va haber nada que ver, entonces las teorías tienen que estar ligadas a la arena de la lucha cotidiana, como diría Pedro Trigo, al cognato agónico de la lucha por la supervivencia en lo cotidiano. Hay gente que sólo le gusta ver, y se olvida de donde salió este luchador, que le gusta ver. Y hay una novela viejísima muy bonita, que se llama...ay, no me acuerdo el nombre, que es un militar romano que un día va al subsuelo donde se calentaba el agua para los baños, y descubre el
mundo de los esclavos que están laburando. Y claro, el que está arriba, el teórico si sólo vive de teorías, se olvida que ese que está peleando ahí, viene de algún lado. Sea una lucha representativa como la guerra florida de los mayas, o sea la lucha de un león contra un gladiador, ese pobre león, que está ahí, viene de algún lado, lo han hecho pasar hambre para que el tenga ganas de comerse, ahora, a esta presa, porque el león tampoco es tonto, si el león tiene para comerse a un cazador y a un venado, va elegir el venado, no es tonto. Entonces para que un león se quiera enfrentar a un gladiador, tiene que estar muy presionado, pobre león (GHISOLFO; 2016).
Así es que las primeras aproximaciones a la realidad que nos toca vivir/intervenir, exigen de nosotros/as un estar abiertos/as, sensibles a lo que pasa alrededor. Pero ésto, no se logra así nomas, sino que es un ejercicio que nos lleva varios intentos, hasta que comprendemos la exigencia y el compromiso de la cercanía. El estarse-ahí es una manera particular de conocer desde cerca, disponerse a ser parte, ser próximo. Es todo lo contrario a ser objetivos/as, supone mezclarse y hacer crecer el propio horizonte, comprendiendo y reconociendo al otro/a como próximo y amigo, así como identificar al enemigo para poder luchar mejor. En este sabernos y reconocernos junto a otros/as podemos construir caminos de prácticas inclusivas e inteligentes que en su propia manera de ser neutralicen y dejen por fuera las intenciones del poder dominante enemigo.
Yo creo que fue la realidad que me dio una cachetada, como diciendo, despertate de una vez por todas, y porque me tocó en carne propia. Me parece que por eso fue. Y así empecé en distintas organizaciones que vos ya conocés. Pero lo primero fue una asamblea barrial. Encontrarme, charlar, reconocerme con mis vecinos. Algunos conocía pero otros no, y bueno, fue empezar a ensayar...fue ensayo-error, pero me parece que fue ese el momento.
(...)y no quiero decir que los investigadores tengan que investigar sólo lo que han vivido, pero sí me parece que por ahí tengo menos herramientas, menos sensibilidad, y no quiero decir que con esto uno no pueda hacer el proceso inverso, porque descotidianizar lo que uno vive, por ejemplo el barrio, a veces es más difícil que cotidianizar lo extraño, porque cuando sos extraño todo te llama la atención y podés también investigar más, pero es como que me motiva más que hasta mis propios interrogantes ver como uno le va tratando de dar respuestas con los otros.
(...)Yo creo que...es difícil de explicar, es como una ebullición que uno tiene adentro. Yo creo que la pasión es lo que te mueve. Yo me acuerdo cuando era chica que me gustaba mucho escribir, así, literatura, y es como una fuente que fluye, está bien que uno lo tiene que ejercitar, pero es como que es algo que uno tiene, que le nace, que van haciendo las preocupaciones, van haciendo el vivir. Yo creo que los investigadores, somos seres que vivimos dentro. De una sociedad, de un grupo, etc, de una comunidad, o como uno lo quiera definir, pero es estar atento. Creo que el mejor investigador es el que está atento a lo que pasa a su alrededor y que sabe aprender de eso. A mi me da esa sensación, aunque a veces no llegues a sistematizarlo. Pero investigar no es sólo el que tiene el título, el que hace una investigación sistemáticamente. A mi me parece que investigador es aquel que tiene una curiosidad, una sensibilidad y trata de buscar, de explorar, de ahondar, de rascar, sobre eso qué...superficie. Y trata de aprender de eso. Y me parece que la pasión es vivir con los ojos más abiertos. Y también me parece que uno hace muchas aproximaciones, cosas muy chiquitas que en ese momento me dieron respuesta y me aproximaron, y que también forman parte del proceso de madurez, el dónde estoy hoy, y esos ensayos, son alimento también, esas pequeñas búsquedas. Cada pregunta que te hacés, cada respuesta que a lo mejor te conforma un ratito y que después la ajustaste más, una se sigue aproximando más a lo que quiere, porque hay hilos conductores. Yo me pongo a ver las tesis y lo que he hecho en mi vida, puede parecer muy distintas pero todas tienen el mismo hilo conductor, es decir, nunca he salido demasiado de eso. A mi siempre me gustó mucho la antropología urbana, el tema del habitar, y tiene que ver mucho con eso, con el barrio, las relacione humanas, con la casa, con los hogares...
Yo creo que la base es reconocerse parecido a un otro. Porque si yo me creo superior, me creo distinto, saber que hay realidades que compartimos, que hay limitaciones humanas que por más que tenga todo, puedo tener una enfermedad, y todos somos limitados, así que desde ahí poder encarar el diálogo y también poder ver desde donde mira el mundo cada uno para poder entender y respetar, y no quiero decir que uno lo acepte, pero para poder entablar un mínimo diálogo que no lleve una mínima conflictividad total, porque a veces nos pasa. Nos vive pasando muchas veces, el hecho de no poder ponernos en el lugar del otro, en el cuerpo del otro, nos lleva unas tensiones y unos conflictos que te destruye todo lo demás, entonces me parece que es hacer un gran ejercicio, primero que es decir, bueno, haber...quién es el otro, quién soy yo, que tenemos de común, que nos diferencia qué
circunstancias hicieron que nos diferenciemos. Pudimos, tuvimos las oportunidades para hacer algo distinto? ¿qué condicionantes teníamos? y estar dispuesto a aprender del otro. Sabiendo que apuntamos a algo que es superador,que nos trata de beneficiar a todos. Que trata de hacernos más felices.
Entonces es eso, descubrir que a veces la vida es más sencilla de lo que parece si uno descubriera que a lo mejor mañana uno no está. Y no se trata de vivir con un pesimismo existencial ni mucho menos, pero si no estuviera mañana, ¿en qué va estar la riqueza? En los afectos. En lo que he podido vivir y en lo que compartí. No me voy a llevar nada. Y qué tanto es lo que uno se va llevar si no es eso, lo que ha aprendido con el otro, lo que se ha equivocado con el otro, todo eso....y me parece que hay mucha creencia de omnipotencia del hombre. Todos somos como muy soberbios. Y uno cree que no le va pasar nada, y en ese cuidarse, cuidarse uno mismo se vuelve a ser más sensible humanamente. (...)y el cuerpo te pone límites. Y lamentablemente cuando uno está en el mejor período vital y hace un montón de cosas, de que organización, que luchemos, que la villa, que el barrio, y no porque la gente grande no lo haga y a veces nos vamos con tantas cosas superficiales, y nos olvidamos que la casa es de todos. La vida, la vivimos todos acá(D'AMICO; 2016).
Como dice Desireé: “la vida la vivimos todos acá”, razón por la que el aprendizaje no sólo es individual sino que se construye en el encuentro y reconocimientos de los otros/as que tengo cerca y que viven una cotidianidad similar a la mía. En ese encuentro co- creamos las respuestas orientadas a un “para qué” hacemos lo que hacemos, conversamos y nos reconocemos y, con la libertad de jugar, vamos probando maneras posibles para darle forma a nuestra cotidianidad.
La realidad compartida, con sus luces y sombreas, nos enseña los cuidados necesarios provocándonos las preguntas que orientan nuestra práctica de cada día.