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Ethan Ayala1

Resumen: Mediante un recuento histórico de la carrera política de

Hitler, abarcando los años de 1920 a 1934, este trabajo pretende analizar cuáles fueron los elementos que influ-

yeron de manera determinante en que Hitler llegara al máximo escaño de poder político en Alemania. Investi- gando las principales ventajas, tropiezos y aciertos que

tuvo en el camino, así como sus decisiones clave y los personajes que le acompañaron, se concluyen algunas de las estrategias políticas que lo convirtieron en el hombre más poderoso de Alemania. Palabras clave: política, estrategia, partido, elecciones,

legalidad. Abstract: Through an historical review of Adolf Hitler’s political

career, studying the period of time between 1920 and 1934, this essay intends to analyze which were the main elements that influenced in a determinant way Hitler’s arrival to the maximum seat of political power in Ger- many. By investigating the main advantages, mistakes,

1 Estudiante de octavo semestre de

la Licenciatura en Relaciones Internacio- nales, Instituto Tecnológico Autónomo de México, ITAM. Distrito Federal, México. [email protected].

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and successes in his path, and also his main decisions and the people that went with him throughout the journey, we come to conclude some of the political strategies that turned Hitler into the most powerful person in Ger-

many. Keywords: politics, strategy, party, elections,

legality.

Introducción

El periodo de entreguerras que se suscitó durante el siglo XX no es relevante únicamente por la par- te económica, es decir, por la Gran Depresión que comenzó con la crisis de 1929; también lo es por la parte política, pues esta ofrece muchas de las causas de la Segunda Guerra Mundial y las circuns- tancias que le dieron origen. Es de particular inte- rés el periodo que va de 1920 a 1934 en Alemania, porque enmarca la carrera política y el ascenso al poder de la figura de Adolf Hitler, líder de origen austriaco que gobernó a Alemania hasta 1945. Hitler es, sin duda alguna, un personaje contro- vertido y odiado, pues legó un pasado de temor y vergüenza a toda una nación. Sin embargo, tam- bién encontramos entre sus características a una figura imponente, respetada y con gran capacidad de liderazgo. La intención no es ignorar las cosas terribles que hizo en vida, sino tratar de explicar, desde el enfoque político, su ascenso al poder sin que nadie pudiera prever o impedir que sucediera el capítulo de la historia que nunca debió contarse. ¿Cuáles fueron las claves políticas que llevaron a Hitler a pasar del anonimato a ser Führer del Ter- cer Reich? Esta es la pregunta central a la que se intentará dar respuesta. Para lograr esto se estu- diará la vida de Adolf Hitler de manera cronológi- ca, dividiendo en tres partes el periodo que abar- ca de 1920 a 1934, y enfocando la atención en las maniobras políticas, las decisiones estratégicas, los acontecimientos y los personajes que le rodea- ron. La combinación de estas características arroja una imagen clara de un atisbo de brillantez en una mente retorcida.

DESARROLLO

De la cervecería al golpe de Estado: precipitación y fuerza (1920-1923) En noviembre de 1918 se firmó un armisticio entre Alemania y los países aliados, mientras un soldado austriaco que peleaba por Alemania se encontra-

A C T U A L I D A D

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ba en un hospital recuperándose de las heridas de guerra. Al salir del hospital trabajó en el departa- mento político de la comandancia militar de Mú- nich, en Baviera. Fue así como este soldado, Adolf Hitler, entró en contacto con un naciente partido político que se reunía en cervecerías y ostentaba en sus inicios el nombre de Deutsche Arbeiterpartei (DAP, Partido Obrero Alemán). Anton Drexler, uno de los fundadores, lo invitó a ingresar al partido tras escucharlo en una de las reuniones, en la que Hitler se puso de pie para refutar el argumento de otro de los asistentes.

A principios de 1920 Hitler se unió al DAP. Inme- diatamente pasó a formar parte del comité direc- tivo como encargado de la propaganda, ya que poseía notorias habilidades de oratoria y de con- vencimiento. Pronto renunció al ejército y se de- dicó por completo al partido que el 24 de febrero de 1920 (Morales Anguiano, 2003, p. 67) agregó a su nombre la curiosa mezcla ideológica de “Nacio- nalsocialista”. Fue en esta época en la que Hitler empezó a brillar, apoyado en parte por un oficial del Estado Mayor de la comandancia de Múnich llamado Ernst Röhm, quien era también parte del ahora NSDAP. Este hombre protegía a Hitler y al partido valiéndose de una brigada paramilitar de voluntarios llamada Sturmabteilung (SA). Por otra parte, fue la misma habilidad política de Hitler la que le fue abriendo paso mediante un uso adecua- do de propaganda para llamar la atención.

No se puede negar, sin embargo, que por mu- cha importancia que haya tenido esta ayuda externa, la base del éxito de Hitler eran su pro- pia energía y su habilidad como líder político. Sin estas cualidades o no hubiera recibido ayu- da alguna, o los resultados obtenidos hubie- ran sido insignificantes. (Bullock, 1964, p.69)

En el interior del partido sus éxitos y su popula- ridad le dieron una importancia creciente, por lo que el resto de los miembros del comité directivo decidieron limitar su poder. Con esta intención, el comité sesionó sin él durante el verano de 1921, mientras Hitler se encontraba reclutando afiliados

en Berlín. Este hecho se le presentó a Hitler como una gran oportunidad de tomar el control, ya que al volver a Múnich renunció al partido. El comité no esperaba una respuesta tan drástica. Sabían que la supervivencia del NSDAP dependía enteramente de la permanencia de Hitler en él, y no podían darse el lujo de dejar ir al hombre que había fortalecido el partido. Para quedarse exigió la renuncia de los miembros del comité y la convocatoria a nuevas elecciones internas, otorgándose al nuevo presi- dente poderes casi ilimitados (Morales Anguiano, 2003, p. 68). Drexler y el resto de los miembros renunciaron a sus cargos, dejando el poder del par- tido nazi en manos de Adolf Hitler.

Durante 1922 y 1923 Hitler siguió con su labor de reclutamiento usando propaganda y discursos multitudinarios, haciendo al partido uno de los más importantes de Baviera. Mientras tanto las au- toridades bávaras estuvieron todo el año de 1923 en constante conflicto con las de Berlín. Esto lle- vó a que en octubre se formara un triunvirato con Gustav von Kahr en la cancillería bávara, el general Otto von Lossow al mando del ejército y el coronel Ritter von Seißer al mando de la policía. Sus pla- nes eran independizar Baviera. Hitler sospechaba y temía estos planes, por lo que se preparó para realizar un putsch (golpe de Estado) antes de que Kahr actuara.

La noche del 8 de noviembre se realizó una reunión con todos los líderes políticos de Baviera, en la que el discurso de Kahr fue interrumpido por miembros armados de la SA que tomaron la cervecería que servía como lugar para la reunión. Hitler anunció el inicio de la Revolución Nacional y la creación de un nuevo gobierno que incluiría a los miembros del triunvirato y tendría al general Ludendorff a la ca- beza, un héroe de guerra antirrepublicano. Ante un descuido de Hitler, el triunvirato escapó del lugar de la reunión y huyó a preparar la resistencia. Al día siguiente, ante la negativa del ejército bávaro de apoyarlos y el escape de von Lossow y Kahr, a quie- nes creían tener de su parte, los nazis marcharon a los cuarteles de von Lossow, liderados por Hitler y

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acudir a Hitler en busca de apoyo.2 La importan-

cia de esta estrategia radica en que así evitó que otras figuras relevantes del NSDAP lo suplantaran como líder durante el tiempo que estuvo ausente. Rosenberg no buscaría el poder para sí mismo y ayudaría a Hitler a seguir siendo indispensable para la organización. Al salir de la cárcel acudió a las au- toridades bávaras, a quienes les afirmó que se ape- garía a la legalidad. Realmente Hitler no tenía otra opción, dado que tenía a un partido debilitado por su ausencia y las condiciones económicas de Ale- mania habían mejorado significativamente, lo cual les restaba poder a sus discursos antirrepublicanos en la mayoría de la población.

En febrero de 1925, cuando llevaba solo tres me- ses en libertad, murió el presidente de la república, Friedrich Ebert, y se convocó a elecciones. Luden- dorff, candidato de los nazis, obtiene muy pocos votos, por lo que para la segunda vuelta el NSDAP apoyó al mariscal Paul von Hindenburg, quien ob- tuvo la victoria por un estrecho margen. Las auto- ridades bávaras prohibieron a Hitler hablar en pú- blico tras las elecciones y hasta 1927. Durante este tiempo se dedicó a lidiar con un problema interno: los hermanos Otto y Gregor Strasser habían sido enviados a dirigir el partido en el norte del país, pero estaban ganando independencia y seguían una línea ideológica mucho más socialista. Para solucionar el problema se convocó a una conferen- cia nazi en febrero de 1926 en Bamberg (Bullock, 1964, p. 141). Durante los preparativos Hitler pagó a altos mandos del partido que antes trabajaban como voluntarios, para que estos dependieran de él y lo apoyaran en la conferencia. Ahí Hitler logró convencer a los disidentes de regresar a la línea del partido dictada por él, especialmente a la mano derecha de los Strasser: Joseph Goebbels. Por ma- yoría se aprobó que la cabecera del partido fuera Múnich, lo que dio la estocada final a las sospechas de cisma.

2 “Hitler solía fomentar la competencia … , alentando una

especie de lucha neo darwinista … [esto] garantizaba su poder personal, situándole en la posición de árbitro entre todas la facciones rivales” (Roberts, 2005, p. 122).

Ludendorff. Hubo disparos y se dispersó la marcha; los líderes huyeron y pronto fueron arrestados. Hitler enfrentó su juicio de manera extraordinaria. Tomó a todos por sorpresa y, contrario a lo que se esperaba, asumió la culpa del putsch, aclarando sus razones y apelando a la ideología del Partido Nacionalsocialista. Esto le hizo ganar más simpatía porque las autoridades hicieron un espectáculo de su proceso judicial, lo que Hitler aprovechó para ser conocido fuera de Baviera. A esto se debe su- mar la excesiva benevolencia del juez a lo largo del proceso y en la sentencia, cortesía de la influen- cia de Franz Gürtner, ministro de Justicia bávaro y simpatizante de los nazis. Hitler fue condenado a cinco años en prisión, que terminaron por volverse 13 meses, llenos de cortesías y empleados para la escritura de Mein Kampf.1

DE LA CÁRCEL A LA

CANCILLERÍA: PACIENCIA Y