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1.3. Enseñanza de la Filosofía

1.3.4. Necesidad de la Existencia de la Filosofía como asignatura

1.3.4.7. La actitud filosófica

En su diálogo “La República”, Platón presenta “El mito de la caverna”. Allí nos cuenta que el mundo es como un espacio cavernoso, en el cual se encuentran un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas, de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al exterior. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared y los prisioneros las pueden ver (Platón, Dialogos, 2001).

Estos hombres encadenados consideran como verdad las sombras de los objetos. Debido a las circunstancias de su prisión se hallan condenados a tomar por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas, ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a sus espaldas; las sombras son los estereotipos carentes de realidad, los prejuicios personales y sociales, las limitaciones en el pensamiento y en la conciencia; pero son también los hábitos intelectuales que nos llevan a creer que lo que pensamos es lo único verdadero, aquellas tendencias que nos han llevado a apartarnos del hábito por el asombro y por la perplejidad.

35 Solo uno de esos hombres, es capaz de romper las cadenas porque se siente extrañado de sus ataduras, al romperlas tiene la posibilidad de mirar lo que antes no veía: su situación real, la situación de los otros, las cosas verdaderas, la Luz. Este hombre motivado por la curiosidad, que rompe las cadenas, que quiere indagar, que reflexiona, que construye su propia visión del mundo, que busca la verdad superando las sombras, es EL FILÓSOFO. Al respecto - y citando a Taylor- Copleston nos cuenta que Sócrates vivía momentos de “éxtasis”, “arrebato” o “largas distracciones”, cuenta que una de las cuales duró todo un día con su noche (Copleston, 2011)

La actitud filosófica vendría a ser entonces esa disposición que permite apartarse de la cotidianidad para buscar en ella sus implicaciones más profundas; mientras el común de la gente mira lo cotidiano como normal y aceptable, la actitud filosófica nos permite indagar en las apariencias para encontrar su fondo; busca no solo conocer, sino saber; y “saber” es “dar cuenta de las cosas desde su raíz”.

La filosofía es una actitud que responde a nuestra necesidad de explicar la realidad para posicionarnos frente a ella, tiene características generales que, al ser ejercida por cada persona en particular, se convierte en “una filosofía” y las hay distintas, así como hay distintas ciencias: Con cada filósofo adquiere distintos matices.

A lo largo de la historia se han ido desarrollado filosofías que significan una síntesis de concepciones filosóficas radicalmente opuestas, u otras que significan un mejoramiento, o aplicación de ideas anteriores a las nuevas épocas.

Esto nos hace entender que la actitud filosófica, que es duda, crítica, cuestionamiento, siempre vuelve la mirada hacia sí misma, cuestionando sus propias convicciones; es por esto que -a medida que pasan los años- la filosofía sigue existiendo y volviendo sobre las mismas preguntas para encontrar nuevas respuestas; todo esto porque el ser humano siempre es un ser en continua renovación.

La actitud filosófica está en los filósofos, pero no es patrimonio exclusivo de ellos; todos los seres humanos llevamos los gérmenes de esta actitud, lo que pasa es que una gran mayoría de hombres y mujeres adormecer esa actitud y prefieren vivir de acuerdo a supuestos.

Vivir en base en supuestos implica tomar las creencias, las opiniones, lo que dicen los otros, como si fueran verdades absolutas y actuar en coherencia con ello, pero sin criticarlos.

36 Vivir según una actitud filosófica significa alejarse de todo dogmatismo, de todo conformismo y optar radicalmente por la investigación y el pensar profundo, indagando permanentemente más allá de lo que parecería común y corriente.

Comúnmente las personas alcanzan una que otra verdad sobre algo, y ese es su punto de llegada; mientras que éste solo es el punto de partida para quien tiene actitud filosófica; en esto radica el sentido crítico del filósofo, y esta es una actitud que puede ser asumida por todas las personas. Por estas razones podemos calificar a la filosofía como el saber que se busca a sí mismo, ya que no tiene un objeto de estudio (como si lo tienen las disciplinas científicas y académicas), sino que lo persigue como finalidad, como punto de llegada.

Alcanzar una verdad y pensar sobre ella, buscar sus contradicciones, asimilar otras verdades, “deconstruirlas”, reencontrar la verdad, son tareas permanentes, y esa es la actitud que debemos asumir desde la filosofía.

La actitud filosófica se nutre del asombro permanente, del afán por el saber, de la duda, del gozo por el aprendizaje, de la pasión por la pregunta, allí donde nadie interroga; y sus respuestas siempre serán la base para nuevas búsquedas. Por tanto, quien tiene actitud filosófica está siempre atento a las cosas para comprenderlas, para darles la vuelta, para desentrañarlas, para explicarlas y para criticarlas. Esa actitud mantiene despierto al mundo.

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