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Actitud ante el paciente psiquiátrico Conviene conocer como percibe el paciente nuestro trato, y como percibimos nosotros el

resultado de nuestra actuación y saber que el cambio, las mejoras en nuestro cotidiano

quehacer sólo son posibles cambiando nosotros, nunca esperemos que cambien los pacientes. La relación entre el profesional y sus pacientes es algo más que una mera actuación técnica. Son verdaderas interacciones humanas, con el contenido emocional que ellas conllevan. Y aunque la relación profesional-paciente lleva implícito un reparto de roles, no podemos evitar que el componente subjetivo aflore. Y este componente subjetivo del que forman parte nuestras emociones y sentimientos, es lo que hace que unos pacientes nos caigan bien y otros

despierten sensaciones negativas (contrarias a toda objetividad científica que deberíamos mantener)

Aceptar que hemos de intentarlo en nuestra situación actual y real, con las limitaciones existentes, sin esperar que lleguen unas condiciones ideales de pacientes, de espacio, de tiempo, de compañeros, de capacidades de manejo, de potestades, etc. Esto no excluye tratar de mejorar esta situación todo lo posible. La única realidad modificable es la que tienes.

No es posible cambiar al paciente difícil o problemático, ni su enfermedad o sus circunstancias, pero sí podemos mejorar nuestro modo de afrontarlo (de fondo, no sólo de forma).

Existen estrategias eficaces para modificar habilidades comunicativas, mejorando con ello nuestra capacidad para afrontar relaciones problemáticas.

El componente subjetivo del que forman parte nuestras emociones y sentimientos, es lo que hace que unos pacientes nos caigan bien y otros despierten sensaciones negativas, dentro de las interacciones humanas que diariamente llevamos a cabo en nuestras consultas.

Estas sensaciones negativas o displacenteras son fáciles de identificar aunque puedan presentarse de diferentes formas como pérdida de control, pérdida de la autoridad o autoestima, conductas de evitación, aversión, temor, pánico, desesperación, miedo, enojo, resentimiento, frustración, desesperanza, autoritarismo, actitudes despóticas, rencor, ira, odio, venganza , rechazo, agresividad, aburrimiento, eludir responsabilidades, desmotivación, pasotismo, comportamiento deshumanizado, ninguneando al paciente y sus vivencias, etc., En primer lugar, nos presentaremos, explicándole el motivo por el que está citado, para después pedirle que nos cuente lo que pasa. Ante todo debemos mantener una actitud

tranquilizadora encaminada a absorber el temor y la ansiedad del enfermo y mantener también una buena actitud firme y segura que no autoritaria ni amenazante, expresando lo que

queremos, o lo que queremos que él crea de un modo directo, claro y lo más honesto posible, además de mostrar respeto hacia nuestro paciente y no dañar su autoestima. Esta actitud asertiva

La entrevista psiquiátrica es nuestra principal arma en el quehacer psiquiátrico, a la hora de llegar a la comprensión y conocimiento de la persona que precisa nuestra evaluación.

El grado en que el paciente y el médico desarrollen un sentimiento de comprensión mutua, que facilite la expresión de las limitaciones y de las capacidades que mantiene el paciente, es lo que indica el éxito de la entrevista.Obtener la información que precisamos

La función principal del médico evaluador es escuchar y comprender al paciente, con objeto de objetivar, con la dificultad que supone este tipo de trastornos, las deficiencias y las limitaciones en la funcionalidad y su relación con las requisitorias del trabajo

Es fundamental durante la entrevista no atender únicamente a lo que el sujeto nos relata, aunque es capital saber escuchar y saber hacer contar al paciente lo que le pasa, cómo lo pasa y desde cuando y porqué él cree que le pasa.

También hay que tener en cuenta toda la transmisión de información a través de la conducta no verbal, por lo que es imprescindible una observación detallada de los movimientos, la vestimenta, los gestos del paciente, sus expresiones emocionales y su manera de reaccionar ante determinados temas, etc. Y por otra parte ser capaces de que nos cuente como funciona en la vida ordinaria y qué ha cambiado desde que está enfermo, contrastando así los síntomas que refiere con lo incapacitante funcional de los mismos.

Tener la habilidad como entrevistadores para que el paciente cuente, dirigir la entrevista y que al mismo tiempo no se sienta interrogado, evitando las preguntas cerradas y procediendo a una entrevista semiestructurada.

Para ello, el establecimiento de una correcta relación médico-paciente es indispensable para conseguir una eficacia en la objetivación de los hallazgos incapacitantes, y esto solo se

consigue mediante un buen contacto con el paciente, porque sin perjuicio de contrastar las referencias del paciente, tampoco hay que condenarse por desconfiado.

Cuantos más datos obtengamos de la entrevista mejor podremos evaluar su estado. Resumiendo, se podría decir que los principales objetivos de la entrevista psiquiátrica son:

• Obtener información sobre el padecimiento del paciente: Sintomatología actual, antecedentes del episodio actual que ayuden a clarificar posibles causas, datos biográficos, etc.

• Estudiar las actitudes y los sentimientos del paciente ante su enfermedad.

• Observar la conducta no verbal del paciente, que nos amplía información sobre él y la naturaleza de los problemas.

• Observar el tipo de relaciones interpersonales que maneja el paciente, y estudiar de qué forma se han alterado debido al actual trastorno.

• Fiabilidad. El médico debe consignar su impresión sobre la veracidad y la sinceridad del paciente durante la entrevista. Con la valoración del estado mental obtenemos entonces una imagen precisa del estado emocional, funcionamiento y capacidad mental del paciente.

En cuanto al tipo de entrevista, la entrevista idónea es una entrevista clínica semiestructurada, hay que desechar la entrevista dirigida o directiva al objeto de conseguir una mínima contaminación por parte del médico, para lo que se realizan el menor número de preguntas posibles (las imprescindibles para que el paciente no interrumpa el hilo de la conversación).

Al paciente se le debe ofrecer un espacio donde expresar libremente sus vivencias y sentimientos. Pero sin que se explaye hasta el límite de la divagación, no olvidemos que queremos que el paciente cuente lo que a nosotros nos interesa, lo que nos es útil para la evaluación de su capacidad laboral.

Dirigir, pero sin que se note, la entrevista, reconduciendo la misma cuando el relato nos haya aportado datos suficientes y esta se sumerja en excesiva impregnación emocional, o el dramatismo intenso desequilibre emocionalmente al paciente hasta el punto de impedir un trasferencia concreta de su estado y sus vivencias.

La entrevista clínica semiestructurada posibilita realizar una evaluación eficaz a la hora de identificar los síntomas más importantes y realizar un diagnóstico secuelar, útil a la hora de tomar decisiones concernientes a la evaluación.

Sin embargo, no olvidar la individualidad de cada caso y de la distinta formar de enfermar, ni obviar la necesidad de un buen juicio clínico a la hora de su interpretación; es necesaria una evaluación individualizada basada en una descripción narrativa del paciente y su conducta. Por ello la importancia de saber escuchar, de hacer hablar y de obtener los datos que precisamos del relato del paciente.

Una entrevista excesivamente dirigida puede implicar una falta de espontaneidad y llevar a un diagnóstico basado más en los conocimientos científicos teóricos sobre un proceso o peor aún en las especulaciones evaluadoras del médico, que en la realidad del paciente.

Por el contrario, una entrevista demasiado libre, puede conducir a que "el médico pierda el control de la misma y se convierta en un mero espectador de lo que el paciente ofrece”.

En ocasiones siendo el evaluador manipulado o al menos conducido por el paciente a referenciar aquello que él considera de interés, o peor relatarnos sus vivencias de forma interesada, que aún pareciendo igual, no es lo mismo.

Recordar que la manipulación puede darse de tres maneras por agresión (física o verbal) obligando a tomar decisiones que no estamos de acuerdo, por compasión obligándonos a actuar moviendo nuestros sentimientos, o por adulación moviendo nuestra vanidad.

En cualquier caso, el médico debe mantener siempre el control de la entrevista; si en algún momento lo pierde, debe saber reconocerlo y retomarlo mediante maniobras como volver a temas superficiales o distantes de lo en ese momento referenciado para volver a incidir en la búsqueda de datos que nos indiquen en que y de qué manera nuestro paciente esta impedido para el trabajo.

La entrevista en su fase inicial debe comenzar contando al paciente el objeto de nuestra evaluación y una vez tomados los datos personales del paciente, y leída la documentación aportada, cosa que debe ser en la medida de lo posible previa a la entrada del paciente en la consulta, solicitar si aporta otros informes médicos distintos a los que disponemos.

A continuación se invita al paciente a que exponga sus problemas por los que está e IT o solicita la IP.

En esta primera parte se debe interrumpir lo menos posible al paciente, limitando las intervenciones a aclarar algún punto del relato.

Hay que cuidar en extremo el tono de voz, nuestras palabras, nuestro lenguaje verbal, y nuestra actitud, nuestro lenguaje gestual. Pues en el primer minuto de la entrevista nos jugamos gran parte del objetivo de la misma que no es otro que conocer de forma veraz qué y cuanto de incapacitante tiene el sujeto.

En una segunda fase, una vez que tenemos una idea general del paciente y su problema, se pasa a realizar una anamnesis más precisa, a través de nuestra intervención mediante preguntas concretas, evitando interrogar directamente, y dando la impresión con las preguntas de un interés sincero por conocer su situación.

Es fundamental la actitud del médico, ya que "la muestra de interés estimula al paciente a hablar, mientras que si éste se muestra indiferente, o autoritario o negando o recriminando su comportamiento, el paciente no tendrá suficiente confianza para comunicar sus sentimientos; cuidar el excesivo intervencionismo del evaluador, si el médico habla demasiado, el paciente se distrae de lo que tiene en su mente, además de sentir que no se le deja expresarse".

Se evaluará, junto a los síntomas actuales, el contexto familiar y personal del paciente, datos biográficos, asimismo síntomas psíquicos en el pasado y tratamientos seguidos.

Conclusiones sobre nuestra actitud ante el paciente psiquiátrico:

o Entrevista a solas con el paciente y posteriormente, si es preciso, contrastar la

información con los familiares (en presencia del paciente o a solas como consideremos oportuno).

o Respetuosa, cercana pero manteniendo la distancia decisoria, firme y segura: ƒ Marcar límites a la conducta anormal del paciente

ƒ Darle referencia externa de seguridad y de orden

ƒ Tranquilizadora, ante el temor y la ansiedad del enfermo.

ƒ Cercanía pero manteniendo la distancia emocional decisoria que nos permita evaluar con objetividad e independencia.

ƒ Escuchar. Dejar que hable libremente. Evitar preguntas directivas o cerradas. No dar pistas.

ƒ Evitar enfrentamientos aun en contradicciones manifiestas, pero dejándolas reflejadas por escrito.

ƒ Huir de las interpretaciones personales. Trascripción literal de síntomas relevantes.

DIFICULTADES EN LA VALORACIÓN PSIQUIÁTRICA

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