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La actitud socrática ante la condena

In document El compromiso socrático con la justicia (página 43-47)

1.4. El testimonio de su vida como defensa

1.4.5. La actitud socrática ante la condena

Es muy probable que la propuesta de ser mantenido en el pritaneo haya sido percibida por los jueces como una petición arrogante y descabellada. Por tal razón, el jurado terminó sentenciándolo por una votación mayor a la obtenida en el primer veredicto. Sócrates asume el resultado del proceso de manera tranquila, pues para él era predecible. Finalmente, proclama unos discursos a sus jueces en los que se evidencia el compromiso que ha establecido con la justicia (Ap. 38 c-42 a). Se dirige en primera instancia a los que lo

condenaron a muerte; luego, habla a los que votaron su absolución, reconocidos por el filósofo como sus verdaderos jueces. A los primeros les realiza una serie de reproches. A los segundos, una explicación en la que trata de justificar porqué no puede ser tenido por malo el proceso y el resultado del juicio.

El primer reproche que hace a sus condenadores tiene que ver con el hecho de que serán señalados, por los que quieren difamar la ciudad, como los hombres que mataron al

87 En este sentido Macintyre afirma que para los griegos del siglo V a.C. es en la <<polis>> donde la virtud debe ejercerse y definirse, pues el hombre bueno es igual al buen ciudadano. Cfr. Op. Cit. Pág. 172 y 176.

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supuesto sabio. En segunda instancia, les recrimina el hecho de dejarse conmover por hombres que, en lugar de informar y persuadir, realizan actos vergonzosos. Para nosotros, el postulado socrático en relación con la justicia es claro: en ningún caso debe maquinarse en contra de la misma temiendo algún peligro o la muerte. Nunca debe cometerse injusticia. Debe realizarse lo que la justicia ordena, incluso si el obrar justo conlleva la privación de la vida, pues solo la vida justa es una vida plena; de lo contrario, es preferible la muerte. Por esta razón, consideramos que para él cada hombre debe examinarse para ser lo mejor posible, pues solo esto garantiza la calidad de la vida.

Pues, si pensáis que matando a la gente vais a impedir que se os reproche que no vivís rectamente, no pensáis bien. Este medio de evitarlo no es muy eficaz, ni es honrado. El más honrado y el más sencillo no es reprimir a los demás, sino prepararse para ser lo mejor posible. (Ap. 39 d.)

En seguida, Sócrates se dirige a sus jueces y presenta las razones por las cuales lo acontecido no puede ser algo malo. En primer lugar, resulta extraordinario que su <<daímon>>, que acostumbraba a manifestarse y a disuadirlo, incluso en asuntos insignificantes, no se apareciera ni cuando salió de su casa, ni en el desarrollo de su defensa88. Que la <<señal demónica>> no se manifestara significa, para Sócrates, que lo sucedido no puede ser malo. Sócrates justifica esta opinión valiéndose de dos ideas fundamentales. En primer lugar, pero no por ello más importante, una reflexión sobre la muerte. Asunto en el que el filósofo reconoció no tener conocimiento alguno que le permitiera establecer si era algo bueno o malo para el hombre89. Sócrates afirma que ésta puede ser, por un lado, la privación de la sensación; con lo que no sería mala, ya que la totalidad del tiempo sería como una sola noche eterna y apacible. Por otro, un transito hacia el Hades, lugar en el que se encuentran los que han muerto. Tal viaje sería deseable. Allí, Sócrates no solo se encontraría con los grandes hombres del pasado: Orfeo, Museo, Hesíodo, Homero; podría comparar sus sufrimientos con los que fueron sometidos a un juicio injusto como él: Palamedes, Ayante; sino que podría continuar con la misión que el dios le encomendó, examinando a Agamenón, Odiseo, Sísifo y a muchos otros.

88“Sin embargo en otras ocasiones me retenía, con frecuencia, mientras hablaba. En cambio, ahora, en

este asunto no se me ha opuesto en ningún momento ante ningún acto o palabra.” Cfr. PLATÓN Apología. 40 b. Y PLATÓN. Eutidemo. 272 e.

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Dialogar allí con ellos, estar en su compañía y examinarlos sería el colmo de la felicidad. (Ap. 41 c)

En segundo lugar, y en plena sintonía con lo primero, Sócrates estima que el hombre bueno, ni siquiera al privársele de la vida, puede ser dañado, pues solo es un daño real cometer injusticia. El hombre que se niega a cometer injusticia y permanece firme en cumplimiento de la justicia es amparado por los dioses, pues la justicia es la virtud más estimada por dioses y hombres90. Por tal motivo,

Es preciso que también vosotros, jueces, estéis llenos de esperanza con respecto a la muerte y tengáis en el ánimo esta sola verdad, que no existe mal alguno para el hombre bueno91, ni cuando vive ni después de muerto, y que los dioses no se desentienden de

sus dificultades. (Ap. 41 d)92

Finalmente, la petición que hace a los jueces, en relación con sus hijos, muestra las dimensiones y alcances de la misión socrática, esto es, de su compromiso con la justicia. Ciertamente, sería diferente la imagen que tendríamos de Sócrates si no la realiza o si pide una cosa distinta para su familia a la que solicitó:

Cuando mis hijos sean mayores, atenienses, castigadlos causándoles las mismas molestias que yo a vosotros, si os parece que se ocupan del dinero o de otra cosa cualquiera antes que de la virtud, y si creen que son algo sin serlo, reprochadles, como yo a vosotros, que no se preocupan de lo que es necesario y que creen ser algo sin ser dignos de nada. Si hacéis esto, mis hijos y yo habremos recibido un justo pago de vosotros. (Ap. 41 e – 42 a)

Sócrates no pide honores ni dinero para sus hijos. Al contrario solicita que se les examine y se les exija comportarse como hombres que se preocupan de lo más importante: la virtud. Es gracias a estas palabras que podemos entender la más contundente afirmación socrática en relación con la justicia:

90“En la Apología Sócrates no necesita la sabiduría de la que carece. Él considera que sus acciones son

justas y que no tiene nada que temer en la muerte. ¿De dónde puede llegar a esta certeza? La Apología da una respuesta clara: Sócrates está convencido de que es guiado por la divinidad, el oráculo y otras

manifestaciones divinas; y, que por lo tanto, su destino está en buenas manos.” Cfr. KAHN. Op. Cit. Pág. 96. 91 Para Vlastos Sócrates afirma esto de él. Cfr. Op. Cit. Pág. 221.

92 Sin embargo, Sócrates deja abierta otra posibilidad al afirmar al final de la Apología: “Pero es hora ya de

marcharnos, yo a morir y vosotros a vivir. Quien de nosotros se dirige a una situación mejor es algo oculto

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En cuanto a mí, a lo largo de toda mi vida, si alguna vez he realizado una acción pública, me he mostrado de esta condición, y también privadamente, sin transigir en nada con nadie contra la justicia… (Ap. 33 a.)

Toda la vida de Sócrates: su obediencia al dios, al comandante, a la ciudad, a las leyes; su actividad de examinar a los hombres, el comportamiento en las batallas, en los lugares que frecuentaba en la <<polis>>, en el tribunal; la asunción de la condena de manera tranquila, recrean la diáfana comunión entre su vida práctica y teórica.

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