Consumo y Desperdico del Recurso Hídrico
ACTITUDES AMBIENTALES
AUTOR AÑO DEFINICIÓN
Allport 1935 Un estado mental y neural de disposición, organizado a través de la experiencia, que ejerce una influencia directiva o dinámica sobre la conducta del individuo ante todos los objetos y situaciones con los que se relaciona.
Belgrado 1975 Las actitudes se traducen en interés por el entorno, sentido de los valores, y motivación necesaria para participar activamente en la mejora y protección del ambiente.
Holahan y Ajzen.
1991 Un estado mental y neural de disposición, organizado a través de la experiencia, que ejerce una influencia directiva o dinámica sobre la conducta del individuo ante todos los objetos y situaciones con los que se relaciona.
Corral 1998 Toda acción humana que resulta en el cuidado del entorno o preservación.
Febles, María
1999 Las actitudes ambientales deben definirse como una "predisposición del pensamiento humano a actuar a favor o en contra del entorno social, teniendo como base las vivencias, los conocimientos y los valores del individuo con respecto a su entorno; estas no solo se proyectan en una dirección determinada, también poseen un nivel de intensidad (fuerte o débil)”.
Corral y Verdugo
2001 Las actitudes, junto con los motivos, son disposiciones valorativas, es decir, tendencias a aceptar o rechazar objetos, eventos o situaciones. Dado que los seres humanos, lo mismo que los animales, tomamos continuamente decisiones y, dado que todas las decisiones implican una valoración, las actitudes y los motivos son elementos esenciales para entender por qué los individuos se deciden a actuar de manera pro- (o anti) ambiental. Las actitudes proambientales como tendencias a responder favorablemente ante la conservación del medio, o ante acciones y compromisos conductuales que favorezcan la conservación.
Zimmermann 2001 La actitud apunta a un proceso psico-socio-ambiental de evaluación del individuo frente al ambiente externo, con un fin de adaptación para tomar decisiones a diario.
Guevara y Rodríguez
2002 Una “actitud” puede verse como la intención de actuar favorable o desfavorablemente frente a cualquier evento y situación, pero al especificar “actitudes proambientales” se habla en concreto de responder en forma positiva con el medio ambiente para favorecer su conservación.
López.
2010
La actitud es la dimensión que expresa la orientación favorable o desfavorable de la conducta frente al objeto de representación por lo tanto tienen la propiedad de reflejarse en el comportamiento del individuo de orientarlo de regularlo de guiarlo en determinado sentido.
Holaham, 2012 La mayoría de los especialistas coincide en que las actitudes implican lo que la gente siente por algún objeto o situación y que otros agregan que la opinión y la conducta también cuentan”. Por lo tanto las actitudes ambientales son más que, los sentimientos favorables o desfavorables que se tiene hacia alguna característica del medio.
La anterior tabla relaciona los autores consultados y los conceptos planteados respecto a las actitudes proambientales. Elaborada por los autores de la investigación.
Comportamientos proambientales
Para el estudio de los comportamientos proambientales también, se hace necesario identificar el estrecho vínculo que posee con la psicología ambiental, pues esta es la ciencia que sustenta el estudio de la relación existente entre el ser humano y por ende su comportamiento con el ambiente. En la construcción de este marco conceptual, se parte del concepto de psicología, percibiéndola como la ciencia que estudia los procesos mentales de las personas, su sentir y su operatividad en consonancia con sus facultades y caracteres espirituales y morales (Real Academia de la Lengua, 2015).
Con esta base, es permitido establecer la relación entre el comportamiento de la persona en virtud de su pensamiento como de las creencias y su contexto inmediato, el ambiente. De ahí, que la Psicología Ambiental adquiera relevancia, ya que permite significar la relación que existe entre la conducta del hombre en relación con el ambiente natural, y las problemáticas que de esta relación se derivan.
Es válido aclarar, que cuando se hace referencia a la relación ser humano-ambiente, y a los problemas ambientales, se incurre en el error de creer que el ambiente por si solo tiene problemas. Sin embargo, es justamente la conducta del humano la que incide sobre el ambiente, de forma tal, que sus acciones pueden derivar beneficios o perjuicios para él mismo, que se traducen en problemáticas ambientales. Es por eso que la Psicología Ambiental ofrece
la posibilidad de entender los orígenes y razones del comportamiento humano y las acciones que de estos se derivan e impactan su entorno natural.
Dentro de las definiciones de la Psicología ambiental, se explica en términos de la relación que tiene el hombre con el ambiente de forma ordenada y definida a partir de la conducta del mismo ser humano (Proshansky, Ittelson, & Rivlin, 1970). Mientras para Altman & Rogoff (1987), se refiere al estudio entre la correspondencia del ser humano y su conducta en relación con el bienestar que ofrece el ambiente socio físico. Por otro lado, esta idea se refuerza al indicarse que dentro de la configuración de relación del hombre con el ambiente, existe una transaccionalidad, en la cual los procesos psicológicos del individuo están influenciados por el entorno y de esta manera este actúa tomando decisiones que afectan directamente el medio ambiente, del cual hace parte (Zimmermann, 1995).
Así mismo y según las teorías del estado conductual y de Lugar de Baker y Canter, es “el estudio de las transacciones de los individuos con su ambiente físico, natural o construido”, lo que hace suponer que las transacciones son todas aquellas interacciones que tiene el individuo con su ambiente inmediato, sea cual fuere la naturaleza del mismo (Páramo, 1996). Estas definiciones convergen en la idea de que en todas se establece una proximidad entre el hombre y sus comportamientos, y de este modo se hallan sujetos de forma directa en una correspondencia con el ambiente.
Por lo tanto, el concepto de Psicología Ambiental ha evidenciado un desarrollo que manifiesta la relación, humano-ambiente, la reciprocidad entre las mismas, de forma bidireccional con efectos significativos para ambas partes a razón de causa y efecto; donde las acciones realizadas por el ser humano afectan de forma positiva o negativa al ambiente. Es por eso que al ganar terreno, la psicología ambiental se perfile entonces, no como un área dentro de la misma psicología, sino como un cuerpo teórico autónomo, que es consecuente con el desarrollo de sus propios conceptos y modelos de investigación (Páramo, 1996).
En consecuencia, la Psicología Ambiental permite abordar el estudio de las categorías que permiten establecer una relación entre el ambiente y los individuos en función de la correspondencia interactiva que se da entre ellos, ósea el comportamiento proambiental y cuya intencionalidad es el cuidado del ambiente o por lo menos evitar el deterioro del mismo. La conducta ambiental, son las relaciones establecidas entre el organismo y el ambiente, pero también a la relación íntima y reciproca que existe entre la inseparabilidad de la actividad del organismo y los eventos del ambiente (Ribes, 2001).
Sin embargo, al intentar precisar una definición de conducta proambiental CPA, se observa una variedad de enfoques, que dependen de la manera en que se aborde, y
señalan diferencias de orden psicológico, social, cognitivo. Entonces, desde la psicología social comunitaria, se define el actuar del ser humano en términos de comportamiento prosocial, cooperativo y altruista. El primero de ellos como el resultado de procesos de socialización, que mediante el actuar de los individuos busca el beneficio en todos los miembros de una comunidad; siempre ajeno a las cualidades de las personas. Es decir, que el comportamiento prosocial nada tiene que ver con dones, virtudes o creencias. Del mismo modo, rescata el comportamiento cooperativo cuyos fines y costos son compartidos por los participantes y el comportamiento altruista que responde a buscar el bien ajeno aún a costa del propio (Carrasco & Martínez, 2011).
En esa misma línea, Corral realiza una definición de la conducta sustentable que define en términos de “el conjunto de acciones deliberadas y efectivas que resultan en la protección de los recursos naturales y socioculturales del planeta” (Corral, 2010). Señala, la conducta proecológica, como “el conjunto de acciones deliberadas y efectivas que responden a requerimientos sociales e individuales y que resultan en la protección del medio” (Corral, 2001). Complementa esta opinión al explicar la conducta frugal, como las acciones de reducción voluntaria del consumo y la evitación del desperdicio, seguido de la conducta equitativa, a la que le atribuye la justa distribución de recursos y beneficios, en la que todos tengan todo por igual, y donde los daños ambientales sean responsabilidad de todos (Corral, 2012).
De esta manera se puede encontrar entonces, que la Conducta Proambiental puede ser considerada como acciones deliberadas que forman parte de un estilo de vida y que requiere de una tendencia más o menos permanente de actuación. De allí que las conductas ecológicas relevantes estén conformadas por aquellas acciones humanas que influyen ya sea positiva o negativamente en el carácter y en la medida de los problemas ambientales, es decir, en la medida en que estas acciones mejoren o deterioren el ambiente se diferenciaran como “efectos protectivos” y “conductas destructivas” respectivamente, Cone y Hayes citado por (Amérigo y Aragonés, 1988). Del mismo modo, (Grob, 1990) también hace referencia, indicando que la Conducta Ecológica Responsable son todas aquellas actividades que los seres humanos realizan y cuya intencionalidad es la protección de los recursos naturales o al menos la reducción del deterioro ambiental.
Es importante tener en cuenta que cuando se refiere a los comportamientos ambientales es necesario reconocer la relación que existe entre ellos y la predisposición a realizarlos, pues involucra las actitudes que derivan de acciones concretas en favor del ambiente. A partir de esto, se entiende la actitud ambiental como un determinante directo de la predisposición hacia acciones a favor del medio, las actitudes y la intención de actuar tienen una importante
influencia sobre el comportamiento cuando otros factores no impiden que éste se lleve a cabo, sobre todo en lo referente a los comportamientos individuales de consumo y de participación ambiental (Taylord & Todd 1995).
Por otro lado los CPA, se pueden definir en términos de hábitos (Dahlstrand & Biel, 1997); mientras que para otros es una conducta intencional y dirigida (Emmons, 1997); Además que los CPA, solamente puede surgir de manera forzada (Agras, Jacob & Ledebeck, 1980). En algunos autores, la conducta proambiental, son todas aquellas acciones humanas que tienen por objeto la protección de todos los recursos naturales o al menos la reducción del deterioro ambiental (Hess, Suarez y Martinez, 1997), mientras para De Castro, es toda acción que realiza una persona de forma individual o en un escenario colectivo, en favor de la conservación de los recursos naturales y dirigida a obtener una mejor calidad del ambiente (De Castro, 2001).
Para la mayoría de los autores el punto de convergencia entre cada uno de sus planteamientos es, que la conducta proambiental tiene como propósito la conservación, la protección del ambiente, sin importar el origen de cada una de las acciones que se deriven de este interés, es decir, es la idea precisa en favor de cuidar o evitar un mayor deterioro del ambiente. A esto se incluye el concepto de estilo de vida ligado al de comportamientos o conductas proambientales, el estilo de vida es un concepto que refleja la forma personal en que el ser humano organiza su vida cotidiana; configurado por el sistema de valores propio, su aplicabilidad en los ámbitos en que se desenvuelve y las acciones concretas que tiene hacia su ambiente natural y sus recursos (Corraliza y Martin, 2000).
Otro rasgo, se aporta, desde la Conducta Sustentable la cual se define, como los procesos del individuo de orden cognitivo, emocional y motivacional, que propende por la aparición de acciones que deriven en el cuidado del ambiente (Schmuck y Schultz, 2002). Por su parte, las Naciones Unidas, se refieren al Desarrollo Sustentable como una serie de indicadores que pretende definir si un grupo social alcanza la meta deseable de la sustentabilidad (Naciones Unidas, 2001).
Cabe señalar, la Conducta Proambiental como un producto que se deriva de la preservación de los recursos naturales o al menos la reducción del deterioro del ambiente. Se considera efectiva, en el sentido intencional, además, presenta un cierto nivel de complejidad, pues requiere la anticipación del resultado de la acción, deliberación para actuar y dirección hacia una meta. Sin embargo es menester, precisar que el desarrollo de la responsabilidad ecológica como conciencia, es una de las estrategias más importantes para inducir la
adquisición de una competencia proambiental, una motivación por el cuidado del medio y de ahí la conducta de preservación (Corral, 2000).
Por otra parte, se plantea que los individuos sólo realizan conductas ambientalmente responsables cuando están suficientemente informados sobre la problemática ambiental, y se encuentran motivados hacia ella; se sienten capaces de generar cambios cualitativos, están convencidos de la efectividad de su acción y de que ésta no les generará dificultades importantes (Álvarez y Vega 2009).
De manera similar, los comportamientos ambientales, deben incluir la intención de abordarlos, desligándolos de las actitudes e introduciendo la necesidad de incluir reglas, que guíen las conductas de tal modo que contribuyan a la sustentabilidad del ambiente natural. Estableciendo relaciones entre las situaciones en que se demanda un comportamiento y las consecuencias que este tiene en el ambiente. Por lo tanto para mediar en la intención de adquirir un comportamiento adecuado con el ambiente, ha de tenerse en cuenta las consecuencias derivados de las acciones (Páramo 2010).
De lo expuesto se deduce que, a pesar que existe una preocupación por el ambiente, los comportamientos, establecen una distancia respecto al cuidado y debe ser éste el objetivo primordial para el desarrollo de los comportamientos proambientales.
Tabla 23. Conceptualización de Comportamientos Ambientales.