Fotografías de la autora, 2020
En mis recorridos turísticos pude percibir cómo dentro de Agbogbloshie existe una red compleja de actores y una división social de trabajo diferenciada por origen étnico y por el género. A partir de las observaciones de campo, pude distinguir algunos de los actores como los ya mencionados collectors, que compran, transportan e introducen los aparatos eléctricos y electrónicos al interior del centro de reciclaje. Grant y Oteng-Ababio (2012) señalan que estos son mayoritariamente hombres jóvenes, en ocasiones menores de 15 años, quienes construyen rutas organizadas con horarios demarcados y lugares seleccionados, que les permiten establecer relaciones con residentes, talleres de montaje, mecánicos, reparadores de televisores, radios, neveras, especialistas en repuestos; y que
aparatos. Los collectors manejan así territorios y contactos por toda la ciudad. Por lo general la recolección se lleva a cabo con tecnologías rudimentarias como carretas de madera de tracción humana y sacos o costales (Grant & Oteng-Ababio, 2012), aunque otros utilizan triciclos y camiones motorizados (Chasant, 2020). No hay datos exactos sobre la cantidad de aparatos que entran al día en Agbogbloshie, pero hay que tener cuidado con las exageraciones que aseguran que son 250.000 toneladas de desechos electrónicos por año, pues como aseguran Velden y Oteng-Ababio (2019) esto equivaldría a 35.000 monitores de computadora, 14.000 unidades de aire acondicionado o 4 millones de teléfonos móviles por día, cifras que resultan absurdas para cualquier persona que sepa el tamaño y las dinámicas al interior del centro de reciclaje.
Algunos collectors se envuelven también en las actividades de desmantelamiento de los aparatos, pero otros venden la mercancía recolectada a los scrap dealers por precios muy bajos. Estos últimos entregan la mercancía a sus apprentices, que inclusive pueden ser niños, que usan sus manos, piedras o martillos para romper los aparatos y sacar las partes y los materiales valorizados. Se forman así una serie de nichos especializados en recuperar materiales específicos que requieren un profundo trabajo etnográfico para entreverlos. Entre estos se encuentran los burners boys, principalmente hombres jóvenes de las regiones del norte del país pertenecientes a la tribu Dagomba de religión musulmana, que queman los cables de los aparatos electrónicos para extraer el cobre. Este material es entregado a los Nigerians, unos scrap dealers provenientes de Nigeria que al obtener este material separado lo revenden a otros bodegueros mayores que se encuentran fuera del centro de reciclaje de metales y que terminan exportándolo fuera de Ghana (Figura 6). No encontré ninguna aproximación de la cantidad de burner boys en Agbogbloshie, pero cabe resaltar que son unos de los trabajos más visibilizados por la prensa y los medios de comunicación, aunque es tan sólo uno de los tantos oficios que hay en este lugar.
Figura 6 Jerarquía de Actores en la Cadena de Reciclaje del Cobre en Agbogbloshie
Con el anterior ejemplo se evidencian unas divisiones étnico/tribales y de nacionalidades en los oficios y en la jerarquía al interior de Agbogbloshie. Además, estando en terreno fue evidente una clara división de género, pues como ya mencioné, mientras los hombres se encargan de todas las actividades directamente relacionadas con el transporte, separación y comercialización de los metales, las mujeres se ocupan de oficios de cuidado y de servicios de alimento y de limpieza, que son generalmente invisibilizados. Ahora bien, se considera que las personas que trabajan al interior de Agbogbloshie son el eslabón más bajo de una cadena lucrativa de e-waste, debido a que hacen las actividades más arduas y riesgosas y las peor remuneradas. Según estimaciones, un collector gana al día $3.50 dólares (Grant y Oteng-Ababio, 2012), y un burner boy por carga de cobre recibe en general GH₵2.00 cedis que son $0.35 dólares, aunque dependiendo de la cantidad puede llegar a ganar GH₵200 o sea $35 dólares (Chasant, 2020). Debido a las difíciles condiciones laborales, los trabajadores de diferentes oficios se han unido en una asociación gremial la GASDA, que reúne a diversidad de personas y funciona como una cooperativa, constituyéndose en un actor clave dentro de las luchas y la exigencia por reconocimiento, inclusión y la no vulneración de derechos, así como una red de apoyo económico (Grant y Oteng-Ababio, 2012). También como se discutirá más adelante la GASDA juega un rol clave en autorizar y controlar las prácticas turísticas al interior del centro de reciclaje.
En contraste, en la cúspide de esta cadena de minería urbana se encuentran los exportadores de metales extraídos de los desechos electrónicos. Según Grant (2016) las empresas más destacadas en la escena de la chatarra electrónica de Ghana son Success Africa, Gravita, Commodities Processing y N.N. EST Meta, todas registradas como empresas indias, y Goldline, que es una empresa registrada en Arabia Saudita. Este autor asegura que estas empresas, con sede en la zona franca en el puerto de Tema, disfrutaron de exclusividad en las exportaciones de chatarra electrónica desde 2004 hasta 2010, debido a que políticas nacionales les otorgaron derechos exclusivos para la exportación. Por lo cual señala que las empresas nacionales de chatarra tenían que contar con intermediarios que les permitieran acercarse a las empresas de la zona franca si querían participar del comercio legal, aunque con el tiempo comenzaron a eludir políticas comerciales y controles aduaneros. Sin embargo, Grant (2016) afirma que en 2009 con el cambio de gobierno se reconsideró el monopolio que tenían las empresas extranjeras de las zonas francas y se decidió otorgar licencias para exportar chatarra a empresas locales. Actualmente existen tensiones debido a leyes que buscan reglamentar y prohibir la exportación de chatarra frente a todo el mercado consolidado20; de hecho, el cobre reciclado continúa enviándose
20 Por ejemplo en marzo del 2013 fue introducida la ley “Ferrous Scrap Metal (Prohibition of Export) Regulations (LI 2201)”, pero esta no se ha aplicado plenamente debido a la oposición de la GASDA (Grant, 2016).
exportaciones hacia los Estados Unidos (Grant, 2016).
Volviendo a Agbogbloshie, es importante hacer referencia a la organización geográfica al interior del centro de reciclaje, ya que existe una diversidad de áreas ordenadas que cumplen funcionen diferentes. Por ejemplo, hay zonas delimitadas de trabajo como el área “Kilimanjaro”, sitio de incineración abierto de cables al lado del rio Odaw y “Bombay”, otra zona más al fondo del centro ubicada detrás de la iglesia católica (Chasant, 2020). También se encuentra la instalación o centro de reciclaje, construido a finales del 2014 por la ONG estadunidense Pure Earth21 (anteriormente conocida como Black Smith Institute) que cuenta con unidades automáticas de pelado de cables, ofreciendo una práctica alternativa y menos nociva para extraer el cobre. Aunque a lo largo de estos años se han destacado algunos problemas y retos del centro de reciclaje, (pues muchos trabajadores continúan quemando cables debido a que la máquina de separación de cables toma más tiempo), no logra extraer el cobre de cables muy delgados y cortan los cables, Pure Earth sigue avanzando en las mejoras del proyecto trabajando de la mano con organizaciones como Green Advocacy Ghana (GreenAd) 22 y la GASDA (Pure Earth, 2015).
Además de los espacios de trabajo existen otros de limpieza, esparcimiento y entretenimiento al interior del centro de reciclaje, pues Agbogbloshie no es sólo un lugar de trabajo y de lucro, sino que es también un lugar donde se desenvuelve la vida social. Hay unas duchas comunales, una cancha de fútbol, unos pequeños locales para jugar vídeo juegos y ver programas de televisión, así como una mezquita (Foto 7) y una iglesia cristiana.