Lectura “El Mosquito y el León” Análisis de la Lectura
Expresión Lingüísticos (Trabalenguas)
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RESCATADA
Una niña cuyos padres habían muerto, vivía con su abuela y dormía en un altillo.
Una noche, la casa se incendió y la abuela murió tratando de rescatar a la pequeña. El fuego se difundió rápidamente y el primer piso de la casa fue presa de las llamas.
Los vecinos llamaron a los bomberos pero no podían en trar en la casa, pues las llamas bloqueaban todas las entradas. La chiquita apareció en una ventana del piso superior, pidiendo ayuda justo en el momento en el que empezaba a circular entre la gente la noticia de que los bomberos demorarían unos minutos po rque estaban todos en otro incendio.
De pronto apareció un hombre con una escalera, la puso contra el costado de la casa y desapareció en su interior. Cuando volvió a salir, tenía a la niña en sus brazos. Arrojó a la pequeña a los brazos que la esperaban abajo y desapareció en la noche.
Una investigación reveló que la niña no tenía parientes vivos, a las pocas semanas se realizó una reunión en la municipalidad para determinar quién podía hacerse cargo de la pequeña, llevarla a su casa y educarla.
Una maestra dijo que ella quería criar a la niña. Señaló que podía darle una buena educación. Un agricultor ofreció criarla en su campo. Subrayó que vivir en el campo era sano y satisfactorio.
Hablaron otros, que dieron razones para justificar por qué a la niña l e convenía vivir con ellos.
Por último, el habitante más rico del pueblo se levantó y dijo:
- Yo puedo dar a esta pequeña todas las ventajas que ustedes mencionaron, además de dinero y todo lo que el dinero puede comprar.
A todo esto la pequeña había perm anecido en silencio mirando el piso.
- ¿Alguien más quiere hablar? – Preguntó el presidente de la reunión. Desde el fondo se acercó un hombre. Su andar era lento y parecía dolorido. Al llegar al frente se paró justo al frente de la chiquilla y extendió los brazos. La multitud contuvo la respiración. Tenía cicatrices horribles en las manos y los brazos.
¡Este es el hombre que me rescató! – Exclamó la niña. De un salto rodeó el cuello del hombre con sus brazos, aferrándose a él con todas sus fuerzas, como lo había hecho aquella noche fatídica. Ocultó la cara en su hombro y lloró durante unos instantes. Después alzó los ojos y sonrió.
- Se levanta la sesión – dijo el presidente.
LA AUTOESTIMA
La autoestima es un estado mental. Es la manera como usted se siente y piensa respecto a usted mismo y a los demás, y se puede verificar por la manera como actúa. La autoestima también se lo puede definir como un sistema interno de creencias y la manera como experimenta externamente su vida. La expresión autoestima elevada se relaciona con tener un sentido positivo de su propio valor inherente.
La autoestima está constituida por sentimientos aprendidos y practicados y pensamientos que reflejan una actitud positiva de puedo lograrlo en oposición a una actitud pesimista de no puedo hacerlo.
La autoestima es confianza, valoración y respeto a uno mismo. Autoestima incluye respetar a los demás, pero también tener armonía y paz propias.
La clave para alcanzar una autoestima elevada es la disposición para asumir la responsabilidad de los sentimientos, deseos, pensamientos, aptitudes e intereses propios y aceptar los atributos personales en general y actuar en consecuencia.
La autoestima afecta todo lo que usted hace. Lo refleja a usted ante todos aquellos con quienes tiene contacto. Cada uno de nosotros nace con la capacidad de tener sentimientos positivos, pero es posible aprender a no gustarse a uno mismo a través de la práctica y experiencias de la vida. Sentirse bien respecto a usted mismo no es un lujo; es una necesidad imperiosa. La autoestima no es un estado fijo o rígido. Cambia en relación con las experiencias y sentimientos.
La merma de la autoestima está ocasionada, en grana parte, por reacciones emocionales negativas. Hoy en día no resulta fácil llegar a la edad adulta con un alto sentido del valor debido a numerosos factores que entran en juego en este mundo tan complicado: experiencias infantiles desafortunadas; críticas de padres, maestros y compañeros, o de la sociedad en general.
Todos estos elementos pueden ocasionar sentimientos de inferioridad y pobre autoestima. Si estos sentimientos son reforzados por patrones negativos de creencias, pueden crear hábitos, y la autodesvalorización pueden llegar a convertirse en la norma de vida de un persona, restándole posibilidades de crecer y realizarse.
Conforme nos vamos haciendo adultos, dependemos de los demás para tener una referencia de nuestra propia importancia. Los sentimientos y patrones de pensamiento negativos pueden llegar a convertirse en poderosas ilusiones de la verdad. Las consecuencias físicas, emocionales y psicológicas influirán en nuestro pensamiento y la mente formará juicios de valor.
La autoestima es consciente e inconsciente. Es una evaluación continua de sí mismo. Una convicción de lo que se puede y no se puede hacer. ¡La autoestima se puede aprender! Pero esto no sucede de la noche a la mañana ni por azares del destino.
La autoestima es la clave del éxito interno y externo. Los tiempos han cambiado y la autoestima de la persona dirigida hacia adentro ya no puede depender exclusivamente de la seguridad de un empleo o de un ingreso elevado.
La persona exitosa de hoy tiene metas significativas y disfruta del proceso de lograrlas. Esta persona evalúa constantemente quien es, sin sentimientos de culpa, temor ni duda acerca de sí misma y puede desplazarse por la vida con la certeza de un propósito.
Una persona con un alto deseo de logro, le gusta tomar riesgos moderados; no le gustan los obstáculos excesivos contra su éxito, ni una tarea demasiado fácil. La posibilidad razonable de fracaso le estimula para aumentar su esfuerzo.
La persona con poco deseo de logro, prefiere una tarea fácil donde sus posibilidades de tener éxito sean bastante altas o en el otro extremo trata de obtener metas que son claramente imposibles de obtener.
La autoconciencia es el primer paso hacia cualquier cambio consciente.
El segundo paso es tomar la decisión de cambio. El tercer paso es actuar.
Recuerde:
Reír es arriesgarse a parecer un tonto. Llorar es arriesgarse a parecer un sentimental. Buscar al otro es arriesgarse a comprometerse. Expresar los sentimientos es arriesgarse a ser rechazado. Exponer los sueños ante una multitud es arriesgarse a ser ridículo
Amar es arriesgarse a no ser correspondido.
Pero se deben correr los riesgos porque el peligro más grande de la vida es no arriesgar nada. La persona que no arriesga nada no hace nada, no tiene nada, no es nada. Podrá evitar el sufrimiento y la tristeza pero no puede aprender, sentir, cambiar, crecer ni amar.
Solo es libre la persona que se arriesga.
Cuando dejamos de cambiar a los demás y empezamos a esforzarnos por cambiarnos a nosotros mismos, nuestras condiciones externas cambian.