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Capítulo 2: Teoría de los actos de habla

1.1.2. El acto ilocutivo

Este tipo de acto constituye el verdadero centro de atención de la teoría de los actos de habla y, por lo tanto, el componente del acto de habla más importante para nuestro estudio. Como ya se ha afirmado anteriormente, según Austin, cuando el hablante, en un contexto determinado, emite el enunciado al oyente, está haciendo algo con el lenguaje y/o está haciendo que alguien haga algo. El acto ilocutivo intenta alcanzar un propósito comunicativo ya que en el momento en el que se produce, se realiza la acción. Cada acto ilocutivo lleva asociada una determinada fuerza80 ilocutiva. La fuerza ilocutiva equivale al valor real del acto

79 “[…] we perform a locutionary act, which is roughly equivalent to uttering a certain sentence

with a certain sense and reference” (Austin 1962: 109)

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El origen de la noción de “fuerza” lo encontramos en la obra de Frege (1918). Frege opina que “todas las clases de enunciados contienen expresiones cuyo significado sirve para determinar la

fuerza de sus enunciados” (Frege 1918 en “Die Verneinung”. Beitrage zur Philosophie des Deutschen Idealismus 1: 143-57 [La negación. Contribución a la filosofía del idealismo alemán]).

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ilocutivo, que puede coincidir o no con la intención del hablante. Además, la fuerza ilocutiva del acto ilocutivo puede ser emitida para realizar más de un único tipo de acto ilocutivo, es decir, puede tener varias interpretaciones por parte del oyente, tal y como explica Austin (1971):

“Es muy diferente que estemos aconsejando, o meramente sugiriendo, o realmente ordenando, o que estemos prometiendo en sentido estricto o sólo anunciando una vaga intención. (…). Constantemente discutimos preguntando si ciertas palabras (una determinada locución) tenían la fuerza de una pregunta, o debían haber sido tomadas como apreciación, etc.” (Austin 1971: 143-144)

De esta manera, dependiendo de la fuerza ilocutiva que lleva asociada cada acto de habla, el hablante puede realizar varios actos ilocutivos a partir de un mismo acto ilocutivo. Así, por ejemplo, (9) y (10) tienen el mismo contenido proposicional (abrir la puerta) pero representan diferentes actos ilocutivos. El oyente puede identificar la fuerza ilocutiva del enunciado a través de indicadores como: el orden de las palabras en (11), la entonación en (12 - 13) y a través de los verbos performativos, entendiendo por estos últimos, aquellos verbos que explícitamente nombran el acto ilocutivo que se esté realizando; ejemplos de actos ilocutivos son prometer, advertir, saludar, informar y mandar u ordenar.

del significado de un enunciado. De esta manera, los enunciados literales en oraciones declarativas tienen fuerza asertiva; sirven para reconocer la verdad de la proposición expresada. Los enunciados literales en oraciones interrogativas tienen fuerza de pregunta; sirven para solicitar una respuesta

99 (9) Abre la puerta

(10) ¿Puedes abrir la puerta?

(11) Tú te vas (te digo que te vayas)

(12) ¿Tú te vas?

(13) ¡Tú te vas! (me sorprende que te vayas)

Así pues, los ejemplos (10 - 13) se consideran actos de habla indirectos que se distinguen porque la fuerza ilocutiva no se corresponde con la que se podría asociar a la expresión por su forma gramatical. En otras palabras, existe diferencia entre lo que se denomina fuerza ilocutiva primaria, que está en relación con indicadores gramaticales (modo verbal), y la fuerza ilocutiva secundaria que es la que determina el acto de habla que realiza el hablante.

Pons Bordería (2004) también analiza la relación que se establece entre exponentes lingüísticos y la fuerza ilocutiva que se le pretende dar:

La presencia de un determinado verbo, como prometer, garantizaría la existencia de una promesa. Asimismo, la fuerza ilocutiva correspondiente a una pregunta sería una petición, la de un imperativo sería una orden y la de un enunciado afirmativo sería un acto representativo. Y si esta equiparación se da siempre, sería posible incluir la fuerza ilocutiva en las representaciones sintéticas de los enunciados (Bordería 2004: 31).

Sin embargo, la relación que estable Bordería es más bien teórica, pues hemos comentado que, en ocasiones, la fuerza ilocutiva difiere del exponente lingüístico. Así, por ejemplo, la pregunta en (14) tiene el mismo efecto que el enunciado (15)

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(14) ¿Me traes un vaso de agua, que tengo sed?

(15) Tráeme un vaso de agua, que tengo sed

Searle (1969) denominó los usos del lenguaje como el de (14) ‘actos de habla indirectos’ argumentando que “el emisor comunica al oyente más de lo que quiere decir basándose en información tanto de tipo lingüístico como no lingüístico que es compartida por ambos, así como la unión del raciocinio y la inferencia por

parte del oyente” (Searle 1975: 61)81. Por su parte, Allan (1998) opina que “el

acto ilocutivo lo realiza el emisor (…) sin embargo, el oyente infiere, basándose en la información conocida tanto lingüística como no lingüística, otra ilocución”82 (Allan 1998: 932). En otras palabras, los autores dan a entender que el oyente entiende el acto de habla indirecto por medio de conocimientos que comparte con el hablante, que lo ayudan a realizar las inferencias necesarias para no interpretar el acto ilocutivo literalmente.

Los motivos principales para usar formas indirectas son, como señala Searle, las normas de cortesía, de lo que se deduce que mediante el uso de los actos de habla indirectos se evita, por ejemplo, el empleo de enunciados imperativos y se

logra el mismo propósito ilocutivo83. Sin embargo, como explica Escandell 2002

“el análisis de los indicadores de la fuerza ilocutiva sólo es válido para enunciados emitidos con sentido literal, en los que el hablante quiere decir exactamente lo que dice” (Escandell 2002: 70). En otras palabras, existen casos en los que los indicadores sugieren una determinada ilocución, pero en realidad el hablante

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“The speaker communicates to the hearer more than he actually says by way of relying on their mutually shared background information, both linguistic and non-linguistic, together with the general powers of rationality and inference on the part of the hearer (Searle 1975: 61).

82 “One in which S performs one illocutionary act (…), but intends H to infer by way of relying on

their mutually shared background information, both linguistic and nonlinguistic, another illocution” (Allan 1998: 932)

83 En este sentido, Donaldson (1979: 279) se refiere a la “relativa infrecuencia de imperativos”

(relative infrequency of imperatives) en las conversaciones. Con frecuencia se ha señalado esta tendencia de evitar el uso de los imperativos. (Brown y Levinson 1978, 1987; Traugott & Pratt 1980: 246)

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quiere expresar otra, tal y como se ha mencionado. Así, por ejemplo, en el enunciado ¿puedes dejarme el bolígrafo? la forma lingüística es la pregunta, sin embargo, lo que se pretende es que el oyente lleve a cabo la petición como interpretación codificada de un enunciado interrogativo. De lo que se deduce, que el valor real del acto ilocutivo se ve afectado por las propiedades formales del enunciado, por la interpretación del acto ilocutivo por parte del oyente y, sobre todo, por la intención del emisor.

Si bien las motivaciones principales para la realización de actos de habla indirectos descansan en las normas de cortesía en una cultura determinada, ciertas formas lingüísticas indirectas “tienden a convertirse en maneras

convencionalmente corteses”84 (Searle 1975: 76), mientras que en otras culturas

son otras formas las preferidas y estandarizadas. Ya hemos visto que en (1) “hace frío” puede realizarse para pedir al oyente que encienda la calefacción. En este caso se trata del acto de habla indirecto, ya que no existe relación directa entre la forma lingüística – oración declarativa – y la función – realizar la petición. Sin embargo, Haverkate (1983) considera que “el criterio de cortesía no puede emplearse para determinar de una manera inequívoca el carácter indirecto del acto verbal” (Haverkate 1983: 26) ya que, como se observa en (16) y (17) hay una gran cantidad de actos indirectos que no reflejan en absoluto la intención del hablante de expresarse de una manera cortés por ejemplo en:

(16) ¡La puerta no está cerrada!

(17) ¡Estos platos están sucios! (Haverkate 1983: 26)

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