2.2 Cooperación al desarrollo de Brasil
2.2.2 Actores intervinientes en la cooperación
Dentro de los procesos de cooperación en Haití existen actores que intervienen en distintas instancias según su posición ante la problemática. A su vez, estos actores tienen diversos grados de intervención por lo que se considera óptimo analizar de manera individual a los principales implicados (Bourhis, 2016).En primer lugar, el gobierno de Brasil es un ente con capacidades, derechos y obligaciones que lo
vinculan al caso. Para ilustrar, el gobierno al ser parte del sistema de Naciones Unidas tiene el poder y la predisposición de utilizar sus recursos nacionales, tanto
económicos como políticos, para aplicar proyectos de intervención y contribución a la ayuda en Haití (Furtado, 2017). Además, el gobierno al aplicar su política exterior orientada a la sinergia de recursos de la región para la ayuda del país caribeño promueve que se tomen acciones en favor de la temática. A través de los años, los gobernantes brasileños han desarrollado su compromiso de cooperación al desarrollo y han ejercido presión ante otros Estados para que la situación haitiana tenga un tratamiento con mayor detalle en las agendas internacionales. No obstante, el gobierno no dispone de recursos suficientes para colaborar de manera integral con Haití y ha trabajado en conjunto con Estados Unidos, Canadá, Alemania, China, Venezuela y República Dominicana para generar mayores avances y que la intervención sea de mayor efectividad (Bourhis, 2016).
El segundo actor involucrado es la sociedad civil brasileña, misma que se ha organizado para desarrollar programas de recaudación de fondos y bienes para tratar
48 las principales problemáticas del país (CEPAL, 2015). Ejemplo de lo mencionado es el Movimiento de Justica y Derechos Humanos o el Servicio Brasileño de Justicia y Paz, ambas instituciones con seno en la sociedad civil promueven el diálogo con el gobierno y presentan mediante testimonios las realidades de los migrantes que llegan a Porto Alegre, Belo Horizonte, Curitiba y Salvador de Bahía (Ferrer, 2015). Estas intervenciones han logrado que el gobierno brasileño tome en consideración las vulnerabilidades y la falta de conexión entre áreas rurales y urbanas, así como los altos índices de violencia entre zonas para ejercer mayor control y patrullaje por parte de las autoridades militares. Se ha logrado entablar el diálogo entre distintos Estados brasileños con el fin de alcanzar una mejor distribución de recursos y de inmigrantes que se posicionan en su mayoría en las fronteras del país. Finalmente, la comunidad brasileña comparte raíces esclavistas con la comunidad haitiana por lo que la
disparidad cultural disminuye y se incluye progresivamente a la población foránea en el ambiente cotidiano de la sociedad brasileña (Ferrer, 2015).
El tercer actor es el gobierno de Haití, este después de sufrir múltiples fracturas en su estructura interna y en el incumplimiento de normas de derecho internacional ha tenido que ceder su posición y ha aceptado la intervención de organismos
supranacionales con el fin de subsanar la crisis gubernamental y humanitaria (Portes, 2000). El gobierno se alineó a los principios establecidos en la Declaración de Paris sobre la eficacia de la ayuda al desarrollo. En el documento mencionado existe el principio de mutua responsabilidad en el que las partes son los responsables de los resultados (OIM, 2013). El gobierno haitiano se comprometió a proporcionar
información fidedigna y oportuna sobre la ayuda recibida por parte de otros Estados, este punto tiene como objetivo la rendición de cuentas y la elaboración de informes que permitan evaluar los avances y la oportunidad de la ayuda brindada para continuar
49 con la colaboración futura de estos donantes, por lo que se ha llevado de manera sistemática y progresiva un seguimiento de los recursos que han ingresado a Haití y de la situación de los migrantes asentados en Latinoamérica y el Caribe (OIM, 2013).
Un cuarto interviniente es la sociedad civil haitiana. Este es un actor designado como beneficiario directo ante los proyectos de cooperación. No obstante, la sociedad civil no es una institución homogénea debido a las disparidades internas mencionadas con anterioridad (Furtado, 2017). La comunidad haitiana busca, en los periodos de estudio, oportunidades de supervivencia dentro y fuera de su país de origen. Para ilustrar, tanto miembros de las élites haitianas como las personas registradas con índices de pobreza extrema han sido víctimas, sin discriminación, de los desastres naturales en esos años. En consecuencia, la afectación de la isla ha sido extensiva y la búsqueda de superación de la crisis es de tratamiento integral para la población. Sin embargo, la situación de cada grupo es la que difiere en el momento de aceptar la ayuda proveniente del gobierno nacional y de los gobiernos y organizaciones
extranjeras que invierten sus recursos en la población (Rivas, 2015). Por ejemplo, las élites buscan oportunidades laborales fuera de Haití y migran hacia países del norte o Europa, las personas de clase media, en su mayoría, migran al cono sur pues es un destino menos oneroso y de mayor alcance para sus posibilidades. En cuanto a las personas de menores recursos, con incapacidad de salir del territorio haitiano, se acogen a las donaciones de países extranjeros y a las disposiciones del gobierno nacional. En síntesis, la situación de los migrantes y sus posibilidades de superación dependen de la posición que estos ocupen dentro de su comunidad (Rivas, 2015).
Finalmente, las organizaciones internacionales tanto gubernamentales como no gubernamentales son actores clave en la situación haitiana. Estas instituciones se encargan de plantear programas a corto y largo plazo para que la intervención sea
50 visibilizada en el sistema internacional y que se repliquen las actividades realizadas bajo una esfera de cooperación y desarrollo (Rivas, 2015). No obstante, existen ciertos inconvenientes con estos actores debido a que la ayuda internacional, no es una
variable constante ni genera flujos permanentes o fijos de entrada de capital. Lo que genera déficit en aspectos micro y macroeconómicos en Haití (Banco Mundial,2016). Ejemplo de lo mencionado, es que artículos básicos de alimentación como arroz, aceite, azúcar o productos derivados del petróleo entran al territorio haitiano como donaciones o con precios sin aranceles, los países que hacen estas donaciones o dan estas preferencias cuentan con plazos de ayuda y ponen límite a sus envíos (CEPAL, 2015). En consecuencia, estos actores pueden ejercer presión para ayudar en la problemática y promover la importancia de la intervención en un país emergente. Sin embargo, los flujos de ayuda y los programas de estos actores no siempre cuentan con sostenibilidad a largo plazo (Rivas, 2015).