2006, el Consejo de Seguridad, actuando conforme al Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas (1), ha aprobado cuatro resoluciones muy vinculan- tes –1.737 (2006), 1.747 (2007), 1.803 (2008) y 1.929 (2010)– como respuesta a los riesgos de prolifera- ción que presentaría el programa nuclear iraní. Es- tas sanciones se reforzaron en 2012 mediante un em- bargo petrolero y financiero de Estados Unidos y de la Unión Europea, que aislaron a Irán del mercado mundial, cuando el país persa está sentado sobre las cuartas reservas mundiales de petróleo y las segun- das de gas (2).
Todo ello ha deteriorado en gran medida las con- diciones de vida: cerca de 3,5 millones de iraníes es- tán desempleados (es decir, el 11,2% de la población activa), una cifra que podría aumentar hasta los 8,5 millones según el propio ministro de Economía. El salario mínimo mensual es de apenas 6 millones de riales (200 dólares, o 154 euros), mientras que el índi- ce de precios al consumo se ha más que duplicado. Y los productos básicos (arroz, aceite, pollo) continúan siendo demasiado caros. Los medicamentos impor- tados son inhallables. La tasa anual de inflación es del 39%. La moneda nacional ha perdido el 75% de su valor en dieciocho meses. Por último, a causa de las sanciones, se ha hundido la producción automotriz.
En este contexto de malestar social agudo, el pre- sidente Rohani multiplicó los signos de cambio. Hizo liberar a una decena de presos políticos, entre ellos a Nasrín Sotudé, militante de derechos humanos. Des- pués, el 25 de agosto, por primera vez desde hacía dé- cadas, se produjo la visita a Teherán de un diplomá- tico estadounidense, Jeffrey Feltman, secretario ge- neral adjunto de la ONU, para examinar junto con el nuevo jefe de la diplomacia iraní, Mohammad Javad Zarif, la situación en Siria. Pero nadie duda de que ambos abordaron igualmente la cuestión de las re- laciones entre Irán y Estados Unidos. Por otra parte, acto seguido, se vivía un hecho insólito: Hassan Ro- hani y Barack Obama intercambiaron cartas en las que se declaraban dispuestos a llevar a cabo “discu- siones directas” para intentar encontrar una “solu- ción diplomática” a la cuestión nuclear iraní.
A partir de ese momento, Hassan Rohani comen- zó a decir las frases que, desde hacía años, los occi- dentales querían oír. Por ejemplo, durante una entre- vista concedida a la CNN, declaró ante una pregunta sobre el Holocausto: “Todo crimen contra la huma- nidad, incluidos los crímenes cometidos por los na- zis contra los judíos, es reprensible y condenable”. Es decir, exactamente lo contrario de lo que Mahmud Ahmadinejad había machacado durante ocho años. Rohani afirmaba igualmente a la cadena NBC: “Ja- más hemos pretendido obtener una bomba nuclear, y no tenemos intención de hacerlo”. Por último, en una columna publicada en The Washington Post, el presi- dente iraní proponía a los occidentales buscar, me- diante la negociación, soluciones “provechosas para todas las partes”.
Irak, Yemen y en otros lugares… Más tarde, el 29 de agosto de 2013, vino la humillante derrota de Da- vid Cameron en el Parlamento británico que dejaba fuera de juego al Reino Unido. A continuación, el 31 de agosto, se produjo el giro de Barack Obama, quien decidió, para ganar tiempo, solicitar la luz verde del Congreso estadounidense… Y por último, el 5 de sep- tiembre, durante la Cumbre del G20 en San Peters- burgo, Vladimir Putin propuso colocar el arsenal químico sirio bajo control de la ONU para ser des- truido. Esta solución (indiscutible victoria diplomá- tica de Moscú) le convenía tanto a Washington como a París, Damasco y Teherán. En cambio, suponía, pa- radójicamente, una derrota diplomática para algu- nos de los aliados de Estados Unidos (y enemigos de Irán), a saber: Arabia Saudita, Qatar e Israel.
No cabe duda de que esa solución, inimaginable hace tan sólo dos meses, debía transformar la atmós- fera diplomática y acelerar el acercamiento entre Washington y Teherán.
En realidad, todo había comenzado el pasado 14 de junio cuando fue elegido a la presidencia de Irán Hassan Rohani, quien sucedió al muy polémico Ma- hmud Ahmadinejad. En su investidura, el 4 de agos- to, el nuevo presidente declaró que comenzaba una etapa diferente y que procuraría, mediante “el diá- logo”, sacar a su país del aislamiento diplomático y de la confrontación con Occidente por su programa nuclear. Su objetivo principal, dijo, era morigerar la presión de las sanciones internacionales que ahogan la economía iraní.
Estas sanciones se sitúan entre las más duras ja- más infligidas a un país en tiempos de paz. Desde Automóviles. Interior de la fábrica Peugeot, en su planta en Irán. La industria automotriz iraní es, con la de Turquía, la más importante de Medio Oriente.
© D avid T urnle y / C orbis / L atins tock d Participación en las exportaciones mundiales de crudo (en porcentaje, 1987-2013) 2013 8,7% 7,5% 6,5% 5,1% 3,1% 1987 1992 2007 2012
3 | DE LA CRISPACIÓN A LA DISTENSIÓN | ¿HAcIA un AcuErdo HEroIco?
de Richard Nixon? Ninguna. No impidió que estos dos países normalizaran sus relaciones en 1972 y co- menzaran su espectacular entendimiento comercial y económico que dura hasta el día de hoy. Y podría- mos también citar el inaudito acercamiento, a partir del 17 de noviembre de 1933, entre la América de Roo- sevelt y la Unión Soviética de Stalin, que todo separa- ba, y que permitió a ambos países finalmente ganar juntos la Segunda Guerra Mundial.
En el plano geoestratégico, Obama intenta libe-
rarse de Medio Oriente para dirigirse hacia Asia, la “zona del futuro y del crecimiento, según Washing- ton, del siglo XXI”. La implantación de Estados Uni- dos en Medio Oriente, sólida desde el final de la Se- gunda Guerra Mundial, se justificaba por la existen- cia en esta área geográfica de los principales recursos en hidrocarburos, indispensables para la voraz má- quina productiva estadounidense. Pero esto ha cam- biado desde el descubrimiento, en Estados Unidos, de importantes yacimientos de gas y de petróleo de esquisto que podrían aportarle una mayor autono- mía energética.
Por otro lado, el estado de las finanzas, tras la cri- sis de 2008, ya no permite a Washington asumir el elevado costo de sus múltiples participaciones en guerras y conflictos en Medio Oriente. Negociar con Irán para que abandone todo proyecto de pro- Como respuesta, Barack Obama, en su discur-
so ante la ONU del 24 de septiembre, en el cual citó veinticinco veces a Irán, dijo asimismo lo que Tehe- rán quería oír. Que Estados Unidos no “pretendía cambiar el régimen” iraní, y que Washington respe- ta “el derecho de Irán a acceder a la energía nuclear con fines pacíficos”. Sobre todo, por primera vez, no amenazó a Irán ni repitió la frase fatídica: “Todas las opciones están sobre la mesa”.
Al día siguiente, el secretario de Estado esta- dounidense, John Kerry, y el ministro iraní de Asun- tos Exteriores, Mohammad Javad Zarif, mantenían, por primera vez desde la ruptura de las relaciones di- plomáticas entre los dos países el 7 de abril de 1980, una reunión diplomática bilateral acerca del progra- ma nuclear iraní. Y se volvieron a encontrar en Gi- nebra el 15 de octubre en el marco de la reunión del Grupo de los Seis (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia, Alemania), encargado de seguir, con mandato de la ONU, la cuestión iraní.
Esta atmósfera de frases conciliadoras y de peque- ños pasos en el camino hacia la reconciliación iba a encontrar su escenificación más espectacular duran- te el ya famoso intercambio telefónico del 27 de sep- tiembre entre Obama y Hassan Rohani.
A excepción del gobierno ultraconservador de Is- rael que intenta entorpecer este acercamiento (3), otros aliados de Estados Unidos no quieren ser los úl- timos en subirse al tren de la paz ni, sobre todo, dejar escapar jugosos contratos comerciales con un país de ochenta millones de consumidores… Así, el Rei- no Unido anunció inmediatamente que había decidi- do volver a abrir su embajada en Teherán y relanzar las relaciones diplomáticas. Y, el 24 de septiembre, el presidente francés François Hollande se apresuró a ser el primer dirigente occidental que se reunía y es-
trechaba públicamente la mano de Hassan Rohani. Hay que decir que Francia tiene importantes inte- reses económicos que defender en Irán. En particu- lar, en la industria automotriz, con dos constructo- res (Renault y Peugeot) presentes en el terreno. Des- de hace unos meses, las dos firmas francesas obser- van la llegada de fábricas estadounidenses rivales, en concreto la revitalizada General Motors.
No faltarán obstáculos…
Todo indica que el deshielo actual va a intensificarse. Irán y Estados Unidos tienen, objetivamente, inte- rés en hacer las paces. El argumento de la diferencia abismal entre los sistemas políticos estadounidense e iraní no vale. Hay numerosos precedentes. ¿Qué si- militud política existía, por ejemplo, entre la China comunista de Mao Zedong y la América capitalista
Petróleo. Oleoductos en Kharg Island. Irán posee las cuartas reservas de hidrocarburos del planeta.
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