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3. ANTECEDENTES Y ESTADO ACTUAL DEL TEMA

3.4. NECESIDADES PSICOSOCIALES DE LAS MUJERES Y SUS PAREJAS TRAS

3.4.4. SÍNTESIS DE DATOS

3.4.4.1. Gestación

3.4.4.3.3. Adaptación a la maternidad/ paternidad

La adaptación a la maternidad/ paternidad se ha conceptualizado en términos de estrés de los padres, auto- evaluación de la eficacia en la crianza y evaluaciones no específicas de satisfacción con el estado de paternidad/ maternidad (Hammarberg et al., 2008).

Algunos estudios sugieren que existen algunas diferencias en la crianza de los hijos/as después de TRA en comparación con la concepción espontánea. Las diferencias identificadas fueron en relación a las preocupaciones y actitudes en un contexto en ocasiones de largo y difícil recorrido para el logro de la paternidad/maternidad (Gibson, 2004).

Hjelmstedt et al. (2004) diseñaron un estudio con mediciones cuantitativas y cualitativas para evaluar el impacto emocional de la infertilidad después de la FIV con éxito, en comparación con los padres no sometidos a FIV en relación al estrés de éstos y la relación conyugal durante la transición a la paternidad/maternidad. Los autores concluyen que la incapacidad para concebir de forma natural continuaba afectando las situaciones de vida de una proporción de padres tras FIV. Sin embargo, los niveles de estrés de los padres y los patrones de satisfacción de la relación de pareja fueron similares a los de los padres con los/as niños /asconcebidos de forma espontánea.

Verhaak et al. (2007), en la revisión de la literatura sobre el ajuste emocional de las mujeres a la fecundación in vitro, sugieren que cuando el tratamiento resulta en una gestación, las emociones negativas tienden a desaparecer de inmediato, lo que indica que el estrés inducido por el tratamiento está en relación considerablemente a las amenazas de fracaso. Sin embargo, existen estudios que demuestran que la angustia inducida por la infertilidad persiste incluso cuando el embarazo y la paternidad/maternidad se consiguen (Hammarberg et al., 2008).

Johansson et al. (2010), en un estudio de diseño transversal, tenían como objetivo describir y comparar la calidad de vida de hombres y mujeres tras fecundación in vitro en el sistema público de salud sueco. Los grupos de estudio los formaban hombres y mujeres con hijos/as concebidos tras TRA hacía 4-5,5 años, mujeres y hombres con hijos CE nacidos al mismo tiempo que el grupo de TRA exitosa y hombres y mujeres sin hijos/as tras fracaso de TRA. Utilizaron cuestionarios para identificar el bienestar psicológico general (PGWB), el sentido de la coherencia (SOC), la experiencia de la infertilidad, factores socio-demográficos y económicos y características de salud. En los resultados obtuvieron que los hombres del grupo de TRA sin éxito presentaban puntuaciones más bajas en los índices totales de PGWB y SOC respecto a los hombres del grupo de TRA con éxito. Registraron mayor índice de depresión, menor PGWB y SOC que los hombres del grupo de control. En cuanto a las

mujeres, las del grupo de TRA sin éxito obtuvieron mayor nivel de ansiedad, depresión y menor SOC en relación a las mujeres del grupo de TRA con éxito y menor nivel de depresión y SOC que las mujeres del grupo de control. Los hombres en el grupo de TRA con éxito tuvieron mayor índice de PGWB, menor nivel de depresión y más confianza en sí mismos que las mujeres del mismo grupo. No se encontraron diferencias en PGWB o SOC entre los hombres y las mujeres que vivían sin hijos 4-5,5 años después de TRA sin éxito. Por lo tanto, concluyeron que el hecho de tener hijos, ya sea de forma espontánea, a través de TRA, o por adopción, mejora la calidad de vida de las parejas, resultados que coinciden con los obtenidos en el estudio de Hogström et al. (2012).

Hogström et al. (2012) se centraron en la calidad de vida de las parejas que habían adoptado un niño 4-5,5 años antes, aquellas parejas cuya concepción fue espontánea y en las parejas que habían realizado un tratamiento de fecundación in vitro con o sin éxito. Se trata de un estudio transversal, donde utilizaron cuestionarios para identificar el bienestar psicológico general (PGWB) y Sentido de Coherencia (SOC), teniendo en cuenta también datos sociodemográficos, económicos y sanitarios. Encontraron que el grupo de adopción obtenía puntuaciones más altas en calidad de vida que el grupo de FIV no exitosa que vivía sin hijos/as y que el grupo de CE e índices superiores de SOC respecto a todos los grupos. El grupo de parejas tras FIV sin éxito que vivían sin hijos/as obtuvieron puntuaciones de PGWD y SOC más bajas que todos los grupos. Por lo tanto, también concluyeron que la calidad de vida parece ser independiente de los resultados del tratamiento de FIV, siempre y cuando haya niños/as en la familia. Hay que tener en cuenta que una limitación de este estudio fue la tasa de respuesta relativamente baja. Sin embargo, estoy de acuerdo con los autores al afirmar que puede ser importante transmitir estos resultados a las parejas que comienzan la infertilidad con el fin de reducir el estrés.

En Australia, existen los primeros programas para madres y recién nacidos que reingresan para proporcionar durante breves estancias (2-5 noches) un servicio psicoeducativo estructurado (Residential Early Parenting Services o REPS). Se centran en el cuidado de la díada madre e hijo/a ofreciendo conocimientos y habilidades, dirigido a reducir la ansiedad, el cansancio de los primeros días y a la promoción de un ajuste más efectivo a la maternidad. Fisher et al. (2005) en una auditoría sistemática de 745 historias clínicas de ingresos en una REPS

publicó que las TRA parecían estar asociadas a un aumento significativo de la tasa de las dificultades en la crianza más temprana. Las madres tras TRA eran más mayores y con mayor índice de partos por cesárea y gestaciones múltiples respecto a aquellas que concibieron espontáneamente.

Hammarberg et al. (2009) se interesaron por la adaptación emocional al posparto y los factores de riesgos para el ingreso en una REPS en las mujeres que concebían tras TRA en Australia. De 166 mujeres que participaron, el 8% ingresaron en una REPS durante los primeros 3 meses, tasa significativamente más alta en comparación con otras mujeres en los primeros 12 meses (5 %). En comparación con la población en general de madres por primera vez, no hubo diferencia en el índice de depresión. En un porcentaje de mujeres que conciben tras TRA, el estado de ánimo disminuye significativamente desde el embarazo hasta el período de posparto, de igual forma que las tasas de lactancia a los 3 meses son más bajas respecto a las que CE. Los autores sugieren que los antecedentes de infertilidad y las TRA comprometen la confianza materna.

En 2012, Fisher et al. realizaron un estudio prospectivo de mujeres que concibieron con TRA con el objetivo de describir la tasa y los factores de riesgos para la admisión en los programas de REPS. La muestra la formaron 153 mujeres. Un total de 17% de los participantes fueron ingresados en el servicio, 3,37 veces más que la tasa de ingreso de la población en general, que se encontraba en un 5,05%. Los antecedentes de infertilidad y el tratamiento de TRA fueron extraídos de los registros médicos.

Los participantes completaron una entrevista telefónica estructurada para determinar las circunstancias sociodemográficas y durante el primer y tercer trimestre del embarazo y 3,8 y 18 meses posparto completaron cuestionarios enviados por correo. Se evaluaron: características demográficas, tratamientos de infertilidad, resultados obstétricos (salud en general, el asesoramiento en la lactancia, la confianza en los cuidados, la ayuda de otros), el estado de ánimo (síntomas de depresión y ansiedad), la calidad de relación de pareja, la personalidad, el temperamento y el comportamiento infantil a los 3 meses posparto. La muestra era representativa de la población general correspondiente. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los que completaron y enviaron los cinco cuestionarios eran ligeramente mayores y con mayor nivel de estudios. También es posible que las mujeres tras TRA utilicen

en mayor proporción el servicio de REPS porque en general tienen mejor nivel socio-económico y, por tanto, mayor posibilidad de pago de este servicio.

Los factores de riesgo en relación al ingreso en una servicio de REPS son: primiparidad, consejos sobre lactancia inadecuados, bajo nivel de confianza en los cuidados en el momento del alta hospitalaria tras el parto, bajo estado de ánimo en el posparto más temprano, una conducta del neonato irritable, y un apoyo insuficiente. Por lo tanto, los autores concluyen que, en comparación con la concepción espontánea, las mujeres que conciben con TRA presentan mayor riesgo de problemas en la crianza temprana. Sugieren que hay consecuencias psicológicas de la infertilidad y la reproducción asistida que se manifiestan durante el posparto inmediato, pero no se conceptualizan como depresión. La maternidad/ paternidad podría ser idealizada después de la infertilidad. También es posible que el entorno subestime las necesidades legítimas de la mujer después del parto y se proporcione menos asistencia que la que podría darse en otras circunstancias.

En conjunto, estos factores podrían contribuir a aumentar los niveles de ansiedad después del parto. Aunque no se han encontrado diferencias en niveles de ansiedad en general entre madres tras TRA y mujeres CE en el embarazo temprano y tardío, existe alguna evidencia de que las madres tras TRA presentan mayor nivel de ansiedad específica en relación a la salud y el desarrollo del feto durante la gestación y su vulnerabilidad durante el parto. Las diferencias individuales a la respuesta a los eventos que producen ansiedad generalmente se conceptualizan como una característica de la personalidad. Es posible que las mujeres que han tenido dificultades para concebir o que han experimentado pérdidas gestacionales de forma repetida puedan sentirse especialmente preocupadas por el llanto del recién nacido, pensando que puede ser debido a un dolor severo o problemas relacionados con su salud. También es posible que, temerosos acerca de la salud del neonato, las madres revisen al recién nacido con frecuencia, incluso cuando está dormido/a y con ello interrumpen su establecimiento del sueño. La importancia, como sugieren los autores, radica en la prevención y en realizar intervenciones tempranas en la puérpera en general dirigidas a abordar las dificultades derivadas de la lactancia materna, el manejo de la conducta infantil irritable, el aislamiento social y la ansiedad después del parto.