Pero nadie puede hacer nada contra los sentimientos, ahí están y escapan a cualquier censura.
Milan Kundera
La afectividad colectiva puede ser entendida únicamente mediante la metáfora, pues la afectividad es una imagen completa, una unidad en sí, que no tiene palabra. Pablo Fernández dice que la afectividad es silencio, por eso es ciertamente difícil hablar de ella1. Así, la afectividad es el pegamento que une la realidad para que nosotros la concibamos como tal. Este pegamento se encarga de unir los objetos y sus nombres, las circunstancias y los sucesos, con nuestras percepciones, para que los podamos vivir e interpretar. Este pegamento no tiene forma fija ni constante, se vuelve tan espeso como sea necesario o tan delgado como lo queramos.
Mientras que los objetos tienen formas concretas y fijas que los delimitan, los afectos son imágenes relacionales sin formas. La afectividad tiene, en cambio, velocidad, matiz, ritmo, armonía, tonalidad, distancia, atracción, etc., es decir, todas aquellas cualidades que no están en las
cosas pero sin las cuales las cosas dejarían de serlo2. La afectividad, por tanto, brinda de esencia,
de ser a los objetos, más allá de las palabras que los nombran.
Pablo Fernández nos dice así que la afectividad colectiva es el proceso simbólico que antecede a los objetos dotados de lenguaje, y el proceso simbólico que excede a la dotación de lenguaje de los objetos. Este proceso puede concebirse como una entidad constituida por la percepción de conjunto y la sensoriedad de conjunto de todos los objetos, y una entidad de esta índole puede describirse
aproximadamente como sus relaciones y como un movimiento3.
El camino que recorre la afectividad colectiva va de los objetos, pasa por el lenguaje que los va a nombrar, y se dirige hacia la marca (afectiva) que les depositamos, que es la que los va a dotar de sentido. Esta marca afectiva va a ser el silencio íntimo que nos producen los sentimientos, el ánimo, las emociones y sensaciones que experimentamos
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Fernández Christlieb, La afectividad colectiva, pág.13 2
Fernández Christlieb, Metodología de la afectividad colectiva, pág.108 3
en el momento en que estemos conociendo algo.Esta marca será el «objeto sin nombre» que le ponemos al objeto nombrado, o sea, la marca es un sentimiento. Ya sea afecto, emoción, o sensación, estará dentro de la esfera de los sentido, de los sentimientos4. Por tanto y en términos más prácticos y concretos la afectividad es todo lo que sentimos, es todo lo que se siente.
La afectividad se podría observar como la relación del significado y sentido que le damos a las percepciones sensoriales (que impliquen cualquiera de los cinco sentidos, o a todos ellos). Pero la afectividad se construye como un gran proceso sin fin, una relación interminable de relaciones. Las vivencias se forman de la relación entre los objetos y el significado que les damos. La afectividad se ubica, si es que podemos hablar de ubicación, en estas relaciones entre los objetos, las circunstancias, el tiempo y sentido que les damos, dentro de marcos que les dan coherencia a estos episodios de la realidad ya sean símbolos, hechos o vivencias. La afectividad es, entonces, la relación entre estos elementos y la relación de nosotros con ellos, pues somos nosotros los que lo sentimos.
Podemos decir que la afectividad se construye de la mano, y mejor dicho, inevitablemente a la par que el conocimiento. He ahí la complejidad de su aprehensión. Los afectos resultan en ideas racionales, pues al sentirse se piensan para que los conozcamos, y en ese momento, dejan de ser afectos para volverse pensamientos o conocimientos. Hay ocasiones en que escapan a la razón y quedan en sentimiento puro, «irracional» como se dice, pero cuando esto no sucede, son atrapados y clasificados por los «científicos» de las emociones. De ahí que podamos encontrar diversas teorías que nos hablen de las clasificaciones de las emociones, o sentimientos, en grupos mayores (miedo, alegría, tristeza, etc.) de los que surgen todas las demás emociones «menores». Desde mi punto de vista estas clasificaciones resultan absurdas a la hora de vivir y sentir la vida (disculpando la redundancia).
Ahora bien, la afectividad, según la entiende y explica la psicología colectiva, es una entidad impersonal a la cual pertenecemos todos y viene del lugar indiferenciado e inmemorial de donde todo surge, conocido como el «océano primordial»5. Por tanto, la
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Fernández Christlieb, La afectividad colectiva. 5
afectividad es colectiva pues del océano «colectivo» surge toda la realidad, incluyéndonos a nosotros y nuestros sentimientos.
Es así como, por regla general, nuestras emociones nacen, crecen y se agotan en un medio humano que
no podría ser cualquiera, y que las nutre, en cierto modo, con la conmoción que de ellas recibe.6
La afectividad es esencialmente comunicable. Surge, se desarrolla y va evolucionando a la par que la vida social de cualquier comunidad o grupo. Cada uno de ellos, al tener características, normas y procesos particulares, le irá imprimiendo los valores, intensidades y colores específicos a la vida afectiva. Todo estado afectivo un poco acusado
tiende a resonar sobre el grupo y a beneficiarse por reacción de esta resonancia7, de tal manera, los
afectos serán nuestros porque son en los otros y son acogidos por ellos. 8
Al mismo tiempo que se comparten por el grupo, se aprueban y desaprueban por él, se les da nombre y características propias, como una especie de estereotipos que nos permiten identificarlos, adentrarnos en ellos y manejarlos con un mismo lenguaje comprendido en nuestro entorno y por «nuestra» gente. La afectividad, por tanto, brinda la forma en que se construirá y tomará vida la identidad colectiva.
La afectividad de un grupo nos expresa su propia experiencia, por lo que se construye en relación directa con la memoria colectiva. El recuerdo será el referente directo para que surja un sentimiento, y, al mismo tiempo, para que pueda ser reconocido. El imaginario simbólico, por ende, será construido sobre los recuerdos, las narraciones y los afectos que los abrazan y les dan forma.
Cada época posee su código de conveniencias sentimentales, variables visiblemente de una a otra, que
decide su ideal afectivo9. Cada espíritu de la época será el que determine también las
convenciones afectivas. La moral se verá afectada de la misma forma e irá tomando diversos matices y reinterpretaciones a lo largo de las épocas.
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Blondel Charles, Psicología Colectiva, pág. 181 7 Op cit 8 Op cit 9 Op cit, pág. 192
Finalmente, la afectividad colectiva comprendida como ese pegamento que nos permite crear nuestras realidades, es, por lo mismo, la gran forma que dará nacimiento a todos los marcos sociales, y toda la vida social será expresión de nuestra afectividad. No hay mejor descripción que la que hace Ribot: “separar” la vida afectiva “de las instituciones sociales, morales, religiosas, de los cambios estéticos e intelectuales que la traducen y la encarnan, es
reducirla a una abstracción vacía y muerta”10. Yo agregaría, intentar separar la vida afectiva,
reduce a la realidad a objetos sin sentido, y por lo mismo, para nuestro conocimiento y entendimiento, a la nada.
Ahora bien, intentaré describir la forma en que podríamos representar o describir la construcción de ciertos aspectos de la vida afectiva serbia desde rasgos muy generales, pues una descripción completa es una tarea absolutamente imposible y sería demasiado osado tan siquiera intentarlo.