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4. Crimen y castigo en el Salvaje Oeste

4.2. Los agentes de la ley y alternativas a las fuerzas oficiales

A medida que avanzaba el siglo XIX, el Oeste se acabó convirtiendo en uno de los principales objetivos del gobierno estadounidense, que avanzaba con paso firme en su progresiva incorporación de los territorios más occidentales de Norteamérica. En ese avance, uno de los pilares de los que tendría que hacerse cargo era el de la ley y el orden, y es por ello que una vez comenzaron a aparecer los primeros establecimientos, urgió la necesidad de extender las principales fuerzas de la ley al otro lado de la Frontera. Fue así como se fueron implantando poco a poco las figuras del mariscal o alguacil estadounidense (United States Marshal), encargado de cubrir un determinado distrito territorial o incluso todo un estado129; el policía del

condado (County Sheriff), cuya jurisdicción se limitaba a aquellos lugares ajenos a la ciudad pero dentro de un condado en particular130; y, por último, la figura del

policía local (Town Marshal), que representaba la ley dentro de los límites de una determinada ciudad131. Pero a pesar de esta compleja jerarquización, su efectividad

era en realidad muy limitada.

En muchas ocasiones, el gran número de delitos que se cometían en las ciudades del Oeste desbordaban a los escasos agentes destinados en una determinada jurisdicción. Además, si a esto sumamos que muchos de los oficiales procedían del otro lado de la ley y que eran, por lo general, muy propensos al cohecho, tendremos como resultado a un grupo de funcionarios altamente cuestionados por los ciudadanos –y por los propios criminales– del Oeste.

“No sooner had the Marshal been sworn in, than the worst villains that ever infested a civilized community were appointed policemen, and, with but few exceptions, they were composed of as hard a set of criminals as ever went unhung”132.

Fragmento del artículo “Lynch Law in Nevada”, del

129 J. Agnew, Crime, justice and retribution…, p. 121. 130 Ibidem, p. 124.

131 Ibidem, p. 127.

132 Esmeralda Star, “Lynch law in Nevada: Wretched Condition of Society-Reign of the Roughs-The

People´s Retribution”, The New York Times (2 de abril de 1864), reproducción en formato electrónico, p. 1. Recuperado de https://www.nytimes.com/1864/04/02/archives/lynch-law-in- nevada-wretched-condition-of-society-reign-of-the.html (Consulta: 13-05-2018).

Crimen y castigo en el Salvaje Oeste

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Figura 15. Ilustración de un grupo de vigilantes capturando a un supuesto criminal, de

Stanley Berkeley (ca. 1905), cortesía de Library of Congress136.

períodico Esmeralda Star. 17 de febrero de 1864.

Es así como asistiremos al nacimiento de las primeras alternativas a las fuerzas oficiales bajo la forma de vigilantes clandestinos (fig. 15) cuyo propósito principal era el de acabar con la delincuencia y la criminalidad del Oeste Americano persiguiendo, enjuiciando y ajusticiando a los criminales de una forma rápida y efectiva133. Con sus actuaciones se pretendía calmar los ánimos de la población y

buscar a un culpable en la menor brevedad de tiempo posible, de ahí que muchos de los supuestos delincuentes acusados por estas comitivas no fueran más que personas inocentes que se encontraron con uno de sus miembros en el lugar y momento menos oportunos. Tal y como recoge Jeremy Agnew, “la justicia de los vigilantes era rápida, violenta, anónima y normalmente implicaba el linchamiento en el árbol más cercano”134. A pesar de su influencia en los territorios de más allá de la

Frontera –especialmente en lugares como California, Montana y Texas–135, el

vigilantismo ha sido uno de los bloques constitutivos menos conocidos de la mitología fronteriza, a pesar de que, con sus acciones, se labraron la fama suficiente como para convertirse en una de las organizaciones que contribuyeron con creces a aumentar los niveles de violencia y criminalidad del Oeste Americano del siglo XIX.

136

133 M. S. Johnson, Violence in the…, p. 7.

134 J. Agnew, Crime, justice and retribution…, p. 152. 135 M. S. Johnson, Violence in the…, p. 7.

136 S. Berkeley, “Judge Lynch” California Vigilants, 1848, ca. 1905, cortesía de Library of Congress

Crimen y violencia en el Oeste Americano del siglo XIX

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Conclusiones

Han pasado ya muchos años desde que los primeros pioneros estadounidenses decidieran embarcarse en una aventura que cambiaría el transcurso de sus vidas y de la propia historia de los Estados Unidos de América. A pesar de todos esos anuncios de periódico que publicitaban un trayecto fácil y tranquilo, los pioneros en el fondo sabían a lo que se enfrentaban: un viaje largo, duro, sin garantías de éxito y en el que tendrían que hacer frente a las calamidades de la naturaleza, a los indios, a los bandidos y a los asaltantes que acechaban en más de un camino fronterizo. Era un viaje que ponía en peligro sus vidas y las de sus más allegados y que amenazaba con destruir sus sueños en caso de que cometieran el más mínimo desliz.

El Oeste Americano del siglo XIX se convirtió en una vía de escape para muchas de las personas que buscaban un cambio radical en sus vidas. Muchos iniciaban el viaje por motivos económicos, otros por la mera expectación que les provocaba el hecho de adentrarse en unas tierras completamente desconocidas… Pero había un tercer grupo que buscaba algo completamente distinto a los dos anteriores: escapar de la ley y continuar ejerciendo aquellos estilos de vida que, por su anormalidad –o más bien su falta de legalidad–, eran rechazados en la inmensa mayoría de las comunidades del Este. Esta tercera vía de entrada a la región más salvaje del continente era uno de los principales motivos que contribuyó en los aumentos en las tasas de crimen y violencia que se vivieron desde mediados del siglo XIX hasta aproximadamente la tercera década del siglo XX, aunque desde luego no fue el único.

Como ya se ha señalado en varios puntos de este estudio, si queremos buscar a los principales causantes de dichos incrementos, tendremos que remontarnos a 1849 y 1861, cuando tuvieron lugar el descubrimiento de oro en California y la Guerra de Secesión, respectivamente. Ambos fenómenos supusieron el inicio de una nueva etapa de migraciones que trajo consigo cantidades ingentes de armamento, procedente –en su mayoría– del bando perdedor de la guerra y de los futuros buscadores de oro que pretendían asegurar sus ganancias a toda costa. Todas estas circunstancias, unidas al creciente apoyo de la doctrina del “no duty to retreat”, hacen harto difícil la tarea de escapar de las creencias tan arraigadas que ha establecido, con el paso del tiempo, un mito de la Frontera que, si bien se desvía de la realidad en algunos aspectos, es relativamente fiel a esta en muchos otros.

Conclusiones

46 El crimen y la violencia en el Lejano Oeste se han convertido en dos de los aspectos más discutidos dentro del debate historiográfico de la Frontera. La extensión de ambos dependerá en buena parte de la región a la que atendamos, aunque, por lo general, los mayores cambios tendrán más que ver con la tipología urbana de la ciudad en cuestión, de ahí que estos fenómenos sean especialmente intensos en las ciudades mineras, ganaderas y en las denominadas ciudades itinerantes o hell-on-wheels towns. En ellas, serán principalmente los varones los que causen un mayor número de estragos, dado que constituían el grueso principal de la población, mientras que las mujeres quedaban relegadas a un segundo plano en esta materia. Las mujeres, de hecho, constituían el sector más respetado por toda la ciudadanía, incluso los peores criminales las trataban con los máximos honores, aunque esta norma tiene su excepción en las prostitutas, personas repudiadas por los vecinos y tratadas con deshonra por la gran mayoría de los habitantes del Oeste, algo que influirá de forma decisiva en la perpetuación de uno de los tipos de violencia más trágicos de toda la región: el suicidio. Junto a este, el siguiente tipo de violencia que habría que considerar es la derivada de la discriminación racial, aunque el análisis de esta cuestión resulta algo complicado dado que no solo varía en función del lugar, sino también en función del autor al que atendamos. Pero si hay algo menos sujeto a variaciones de este tipo o a los posibles desacuerdos entre una u otra tendencia historiográfica, esos son los crímenes y actos delictivos que se cometían en las principales ciudades del Oeste Americano.

En función de su gravedad, los delitos cometidos en el Lejano Oeste suelen clasificarse según una tipología relativamente sencilla, planteando una división en crímenes menores y crímenes mayores. De este modo, al primer grupo pertenecerán actividades ilegales relacionadas comúnmente con un consumo excesivo de alcohol y drogas, como suele ser el caso de la alteración del orden, la conducta ebria o el hurto; mientras que al segundo corresponderán delitos de una gravedad mucho mayor, entre los que cabe destacar el robo de caballos o ganado, el homicidio y el asesinato, todos ellos perseguidos con dureza por los respectivos oficiales de la ley o, en los casos más extremos, por vigilantes clandestinos que se ocupaban de la captura y posterior ajusticiamiento de aquellos individuos sospechosos de haber cometido un determinado crimen, fomentando así la violencia y la ilegalidad desde una organización cuyo fin era precisamente el de erradicar ambos fenómenos.

Conclusiones

47 El Oeste Americano del siglo XIX es, ha sido y será una fuente inagotable de sorpresas para todo aquel que llegue atraído por las historias que relatan sus libros favoritos ambientados en la Frontera norteamericana, por los continuos tiroteos y persecuciones entre el sheriff y los criminales más violentos de todo el continente o por las eternas luchas entre indios y blancos que tantas veces se han representado en la gran pantalla. Todo esto desde luego que es atractivo desde el punto de vista del entretenimiento, pero tal y como hemos podido comprobar, la realidad distaba mucho de ser así. Basta con leer algunas de las obras académicas especializadas en esta cuestión para percatarse del enorme daño que han hecho estas manifestaciones culturales a un periodo histórico que, por estas causas, ha pasado a convertirse en uno de los principales tópicos de la historia estadounidense, creando un mito del que ha sido difícil escapar.

Pero si tuviéramos que elegir uno de los aspectos que ha salido más perjudicado por toda esta cuestión, ese sería, sin ninguna duda, el relativo al mundo de la violencia y la criminalidad. Entramos aquí en un debate que, a pesar de llevar activo desde prácticamente comienzos del siglo XX, en la actualidad aún sigue siendo fruto de amplias discusiones entre los académicos. Es cierto que la mayoría parece estar de acuerdo en que los niveles de violencia aumentaron desde mediados de siglo y en que el papel que ha tenido el mito del Oeste ha sido decisivo en lo relativo a la extrema exageración de todo este asunto, pero cuando llega la hora de aclarar con precisión la intensidad con la que se cometían este tipo de actos, los historiadores entran en conflicto. Por ello, no es de extrañar que acabasen surgiendo dos bandos claramente diferenciados: uno que abogaba por un Oeste altamente conflictivo y criminal y otro proclive a un Oeste más sosegado en el que la delincuencia y las muertes que esta ocasionaba eran algo más anecdótico que ocasional.

En la actualidad, la primera de las posturas está comenzando a ganar una importancia cada vez mayor, pues las últimas investigaciones apuntan a que el Oeste era un lugar ciertamente violento y homicida, aunque en ningún caso tanto como se puede desprender de la cultura popular. Aun así, habrá que ser cautos y esperar para poder trazar unas líneas concluyentes sobre el asunto que se plantea aquí. Hasta entonces, será nuestra labor la de continuar ampliando el número de estudios académicos que se llevan a cabo sobre los núcleos urbanos situados más allá de la Frontera, profundizar mediante el análisis minucioso y exhaustivo en los crímenes y actos violentos que se cometían con mayor frecuencia en aquellas ciudades que ya han sido estudiadas por los historiadores, despejar algunas de las incógnitas que genera toda esta cuestión y aclarar los aspectos más conflictivos

Conclusiones

48 que nacen como producto de una difusión desmesurada de los tópicos que vienen afectando al Lejano Oeste desde prácticamente los inicios de su gestación.

Crimen y violencia en el Oeste Americano del siglo XIX

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