del ciclismo en la comarca
lebaniega.
El ciclismo arraigó desde bien pron- to en los lebaniegos, como lo de- muestra el hecho de que hace ya un siglo entrara a formar parte de los actos festivos que se celebra- ban en Potes con motivo de La Cruz. Así, nos consta que en 1916
Celestino Bilbao recibiendo la entrega del trofeo en Fuente Dé.
entre las actividades de las fiestas, se incluían unas "carreras de cintas", de las cuales unas eran en bicicleta y otras a caballo. Además, no debía de ser el primer año que se celebraban por lo que la antigüedad sería aún mayor. Decía el periódico comarcal La Voz de Liébana que aquel 14 de septiembre "corrieron primero los
ciclistas, habiendo conseguido cintas los señores siguientes: don Ricardo N. 3 cintas, don Alfredo Robles 2, don Francisco Ochoa 2, don Mariano Guzmán Santaliestra 2, don Federico Ríos 1 y don José F. Tarno 1".
Las cintas, "unas pintadas, otras bordadas, algunas, verdaderas obras de arte", eran regaladas por las señori- tas de Potes. Fueron 43 cintas las que, entre ciclistas y jinetes, se disputaron aquella tarde "fría y desapaci-
ble", aunque con gran concurrencia de gente.
De cómo había calado entre los lebaniegos la afición por el ciclismo da fe la sucesión de carreras que en los años siguientes se celebran en la comarca. Si nos atenemos a las fotos publicadas en el libro "Los ojos del
recuerdo. Liébana y los lebaniegos a través de un siglo de fotografía", por estos años se disputan, al menos,
carreras entre Potes y Unquera (1919), Potes y Santo Toribio (1926), Potes y Cosgaya (14/9/1927) y Potes y Espinama (1928).
A esta proliferación de carreras comarcales ayudó, sin duda, lo ocurrido el 3 de septiembre de 1925. En esta fecha se inicia la presencia de las carreras ciclistas nacionales e internacionales en Liébana, aunque esta presencia fuera sin ser final de etapa. Ese día se celebró la primera etapa de la I Vuelta a Cantabria que, desde El Sardinero, en Santander, llevó a los ciclistas por la mañana hasta Potes, donde comieron en la me- dia hora de descanso que tuvieron, para reanudar la etapa a continuación hasta Reinosa (¡tiempos aquellos!). Fue en esta segunda parte cuando, "al llegar a un lugar de la carretera que atraviesa un escabroso desfilade-
ro Musió ha desencadenado la batalla, haciendo un magnífico esfuerzo en que le han secundado magnífica- mente los compañeros catalanes y Juan Juan". El pelotón se rompió y en la cima de Piedras Luengas Juan
de Juan y Musió llevaban dos minutos de ventaja a Monteys y Gutiérrez, diez a Barruetabeña y catorce a los cántabros Otero y Trueba. En la meta de Reinosa ganó Monteys.
Al año siguiente, como ya vimos, Potes comienza a ser final de etapa y será sobre todo a partir de la década de 1950 cuando las pruebas ciclistas lleguen a Liébana con más asiduidad. Hay que destacar que en estas etapas que discurrieron por carreteras lebaniegas han destacado, y las han ganado, corredores de renombre en la historia del ciclismo español e, incluso, internacional. Jesús Loroño, en 1955; Carmelo Morales y Julio
San Emeterio, primero y segundo en 1956; Emilio Cruz y Pérez Francés, en 1961; Domingo Perurena, en
1965;José Luis Abilleira, en 1967; o, recientemente, en 2006, Robert Gesink, y en 2007 Bauke Mollema, son algunos ejemplos de ello.
Las carreteras de la comarca han sido escenario en estas pruebas de situaciones peculia- res. En la etapa de la Vuelta Internacional a Cantabria que ganó Perurena, el 24 de sep- tiembre de 1965, hubo diez corredores de los que habían tomado la salida en Torrelavega que no pudieron llegar a la meta de Santo Toribio, ya que se tuvieron que retirar, "la mayor
parte de ellos por haber agota- do las existencias de tubula- res" debido a los pinchazos,
según la prensa de la época.
Otro caso. El 3 de agosto de 1975 se disputó la última etapa de la Vuelta Ciclista a Cantabria, que llevaba a los ciclistas de Aguilar de Campoo a Torrelavega, pasando por Piedras Luengas. Dicen las crónicas que en el descenso, de 25 km., "los ciclistas no exponen nada, bajándose con verdadera lentitud, y por todo el desfila-
dero de La Hermida la marcha del pelotón es cansina y aburrida". A Torrelavega, donde ganó José Antonio
Pomar, llegaron con hora y media de retraso sobre el horario previsto. Probablemente fuera una manera de los ciclistas de protestar por el mal estado de las carreteras y la dureza acumulada de la Vuelta.
Este descenso de Piedras Luengas viniendo de Castilla era especialmente peligroso tanto por el desnivel como por el estado de la carretera. Años antes del caso que acabamos de comentar, en 1956, se había pro- ducido otra situación insólita. El 28 de agosto, en el transcurso de la Vuelta Ciclista a Palencia, en la etapa que unía Burgos con la capital lebaniega, "el descenso a Potes hubo de hacerse en marcha neutralizada por
el mal estado de la carretera y en previsión de graves accidentes". En Potes el ganador fue el ovetense José
Luis Rato.
Esta prueba, la Vuelta Ciclista a Palencia, es habitual visitante de Liébana. Casi todos los años incluye en su recorrido el paso por el puerto de Piedras Luengas o por el de San Glorio o por ambos. En 2003, por ejemplo, su quinta etapa incluyó la subida –desde la vertiente sur- a San Glorio y la ascensión posterior a Piedras Luengas, incluyendo un sprint especial en Potes en el que se impuso otro destacado ciclista actual, Luis León Sánchez.
Vemos, por tanto, cómo los ciclistas han sufrido a su paso por las carreteras lebaniegas, su mal estado y las dificultades orográficas. Sin embargo, ello no ha sido óbice para que las diferentes pruebas sigan llegando a Liébana o pasando por ella, una comarca donde la afición por el ciclismo está arraigada, aunque las citadas dificultades orográficas no permitan disfrutar de él a tantos como quisieran. Hoy en día son los componentes del Club Ciclista Liébana los que lo practican de modo destacado.
El 5 de septiembre de 2012, con la llegada de la Vuelta a España a Fuente Dé, será un día para que los afi- cionados y, en general, todos los lebaniegos puedan disfrutar del ciclismo profesional.