El descubrimiento de los actos de corrupción pública ha generado una apreciación diversa en los niveles de la sociedad peruana. Hemos escuchado a varias personas afirmar, con cierta complacencia, que la sorprendente actitud ego- paranoica del corruptor Vladimiro Montesinos, de grabar todas sus entrevistas con políticos, empresarios y dueños de medios de comunicación sometidos a su manipulación ha tenido como singular efecto positivo el de presentar ante el país una gigante radiografía de la podredumbre a que había llegado la clase política gobernante. No solo eso, sino de cómo en mayor o en menor grado, han actuado los que llegaron al poder en épocas anteriores, ya que mediante golpes de estado o por la vía de elecciones. La única diferencia es que los delincuentes políticos de ahora lo han hecho en mayor volumen y caído bajo moderna prueba documental, como es la de los videos.
En los cuatro últimos años en el Perú se viene incrementando el índice de denuncias, investigaciones, aperturas de proceso y juicios contra un número impreciso (pero calculable en varios miles) de funcionarios públicos de los tres poderes estatales, y contra miembros de los otros entes autónomos. ―La atención pública y periodísticas se ha centrado mayormente en los llamados actos de corrupción, pero el rango es mucho mayor si atendemos al hecho que buena parte de los delitos son contra los deberes de función y, en todo caso, constituyen
38 graves violaciones de los principios éticos en que reposa la función pública. Los delitos mas comunes son: cohecho propio, cohecho impropio, corrupción pasiva, aprovechamiento indebido del cargo, corrupción activa, corrupción activa de funcionarios, trafico de influencias y enriquecimiento ilícito‖19
Por ejemplo, Transparency Internacional en su Diagnostico de corrupción20 nos informó que ―el Perú no parecía ser un país especialmente corrupto‖. En el período 1998 al 2000, el Perú se encontraba en la posición 41 entre 90 países. En amplitud regional el Perú ocupaba el 3er lugar solamente detrás de Chile y Costa Rica.
Podía ser considerado un ejemplo de moral y rectitud; sin embargo, se deshacían los fondos públicos y la dignidad de la libertad y de la vida de los ciudadanos inocentes o no. Además se visualizaba sendos proyectos de reforma y modernización con la finalidad expresa de introducir en el funcionamiento del Estado principios básicos de eficiencia y transparencia, este último entendido como un requisito para el ejercicio honesto de las funciones públicas. Sin embargo, el mismo gobierno que impuso esos cambios se desplomó bajo el peso de una escandalosa corrupción organizada desde el vértice del poder político.
Hoy en día, la percepción de corrupción en la administración del Estado es uno de los tópicos más recurrentes en la opinión pública. No se puede ignorar el malestar de la población peruana respecto de la ineficiencia y la inmoralidad enquistadas en los aparatos del Estado - ya de vieja data - .La critica a la frondosa burocracia estatal y el estereotipo negativo del funcionario del Estado se encuentran difundidos entre la población desde hace mucho tiempo.
Es importante tener presente que ese malestar que se traduce en un comprensible escepticismo y desconfianza respecto de la cosa pública puede construir, también, uno de los escollos contra la que puede tropezar el actual propósito reformista y moralista. Si ésta tiene como objetivo consolidar en el Perú - de manera definitiva - un régimen democrático sustentado en la vigencia plena
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ORTECHO, Víctor (1999) Estado y Ejercicio Constitucional. Editorial Marsol. Trujillo.
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39 del Estado de Derecho, es claro que la desafección de los ciudadanos es uno de los retos más importantes por vencer.
Volviendo al reporte de Transparency Internacional, nos damos cuenta que en el último reporte realizado en el 200821, aún hay mucho por hacer, considerando que si bien hemos superado en corrupción a Ecuador y Venezuela, recordemos que estos países por el tipo de régimen de gobierno, no son el mejor referente para comparar el índice subido.
2.4.1. Percepción del funcionario público
En el año 2002 se realizó una investigación cualitativa sobre ética y función pública en el Perú22, en ella, ―el funcionario público se denota asimismo como un servidor cuyo papel y contribución a la sociedad no es comprendido ni valorado por la sociedad general ni por el Estado, que es su empleado. (REATEGUI, 2002).
Tomando de base las conclusiones del estudio realizado por Investigadores y Consultores en Mercadeo (ICOM, 2002) respecto a la percepción del Funcionario y Servidor Público, analicemos y daremos nuestro punto de vista de cómo es visto el funcionario de la administración pública en el Perú.
2.4.2. Autopercepción del funcionario
Los funcionarios se autoperciben como personas que por el hecho de pertenecer a una entidad del Estado están expuestas constantemente a las críticas de los ciudadanos que consideran predominante injustas y que los llevan a manifestar que se sienten incomprendidos por la sociedad.
21 http://www.transparency.org/news_room/in_focus/2008/cpi2008/espanol
22 Investigación y Consultores en Mercadeo - ICOM S.A, realizó la ―Investigación Cualitativa sobre Ética y Función Pública en el Perú: Diagnóstico Situacional, llevada a cabo durante los días 14 al 26 del mes de Octubre. Investigación focusgroupsque se realizó simultáneamente en la ciudad de Lima, como en tres ciudades del interior país: Arequipa, Cusco y Piura. El estudio tuvo entre sus objetivos recoger información acerca de la percepción de los funcionarios y servidores públicos, tanto desde su propia perspectiva como la de los ciudadanos; así como de la imagen que ellos proyectan identificándose sus cualidades y defectos.
40 Los trabajadores públicos señalaron que muchos de los comentarios negativos de los que son objetos se deben a que la ciudadanía desconoce que ellos experimentan una serie de dificultades y limitaciones en su quehacer diario.
En la mayoría de los casos - sobre todo en las ciudades del interior del país - consideran que su vocación de servicio les permite enfrentar las condiciones adversas en las que trabajan (baja remuneración, carencia logística, etc). No obstante una proporción mayoritaria de los entrevistados reconoce que permanecen en el sector público por necesidad, en la medida que la oferta de trabajo en el sector privado se hace cada vez más escasa.
Quienes están nombrados perciben que pese a contar con una cantidad considerable de años de servicio y gozar de una serie de beneficios, ven limitada su oportunidad de ascender a puestos de mayor jerarquía. Indican: ―estamos congelados en nuestros puestos debido en buena medida a la práctica extendida de considerar a los puestos jefaturales cargos de confianza, a los que se acceden por recomendación o por vinculaciones políticas‖ (ICOM, 2002,6).
2.4.3. Percepción del funcionario por la ciudadanía
En provincia, a diferencia de lo que ocurre en Lima, se percibe en el trabajador estatal una cierta tendencia ―a sentirse superior‖ a los ciudadanos comunes, atribuyéndose ciertas actitudes despóticas y displicente hacia el público, señalándose en las ciudades del interior que en general los empleados discriminan a los ciudadanos por su apariencia.
No obstante, dada la condición de desempleo y subempleo extendida, la situación del empleado público suscita cierta deseabilidad entre los ciudadanos comunes (―quienes no quieren trabajar‖), sobretodo entre quienes trabajan en forma independiente y/o eventual.
Quienes no tienen empleo o lo tienen eventual perciben que los empleados públicos gozan de una situación ―privilegiada‖ destacándose como sus principales ventajas el tener un ingreso fijo, estabilidad laboral (―son nombrados‖, ―están en
41 planillas‖), así como gozar de los beneficios de ley (seguro social, jubilación etc), cosa que no es necesariamente cierta. Esta situación suscita incluso algunos sentimientos negativos, como envidia y cólera entre los ciudadanos, quienes consideran que en una proporción considerable de casos los empleados públicos no son merecedores de tales beneficios.
2.4.4. Percepción del funcionario por el entorno
El ingreso por recomendación es percibido como una modalidad frecuente en el sector público, observándose que, aun cuando se reconoce que no es la manera más adecuada, la recomendación de un familiar, amistad o conocido resulta deseable en tanto facilita el acceso a un puesto de trabajo.
Los favores políticos aparecen asociados en mayor medida al acceso a cargos de confianza; estos favores son retribuciones esperadas por aquellas personas que participan de manera activa en algún movimiento o partido político, aunque, según señalan, no siempre se cumplen, generando por ello decepción y resentimiento entre los ciudadanos que ponen sus esperanzas en un vínculo político.
La mayoría de los entrevistados - tanto del sector público como del sector privado - menciono que años atrás si era viable hacer carrera y crecer laboralmente dentro de alguna entidad del Estado. Sin embargo, señalaron que conforme ha ido avanzando el tiempo dicha posibilidad se ha convertido en un hecho cada vez más difícil de concretar convirtiendo a la administración pública en una alternativa poco atractiva. Como consecuencia de ello, destacan la creciente actitud cortoplacista de los trabajadores, quienes por su predominante condición de contratados experimentan una constante incertidumbre con respecto a su permanencia en el puesto, optando un comportamiento de supervivencia con una baja remuneración.