retrato de un rebelde y absurdista
7. De allí que Camus haya concretado luego esa magní-
fica tragedia teatral que es Estado de Sitio. ¿Y de qué trata este espectáculo en 3 Partes, que algunos ha visto como una suerte de sketches, como dice Roger Vaillant, que no son ni tragedia ni drama ni comedia, ni ballet; sino un poco de todo, una sucesión de cuadros reunidos para exaltar los temas de La Libertad, del Amor y de la Muerte reunidos para una fabulación sobre una epidemia, la Pes- te, en una ciudad de ensueño? Pues diremos que Camus
Albert camus: retrato de un rebelde y absurdista 147 nos ubica en Cádiz, donde aparece La Peste, anunciada por un cometa, se trata de un hombre grueso, seguido por su secretaria, La Muerte. Esta personificación del
Mal, obliga al gobernador a cederle la plaza, en términos militares propios, se trata de una Ocupación, por acuer- do mutuo y libremente concluido. Luego las puertas de la ciudad se cierran: el ministerio de la Calamidad co-
mienza. Se manifiesta por el reinado de un reglamento
absurdo, de lo arbitrario y del miedo. Aparte de la alegría de La Nada, el nihilista, nadie se comprende, las pala- bras pierden su sentido. Pero Diego, el estudiante es el primero en la revuelta, y que trata de superar su miedo. Desde entonces la Peste ya no tiene poder sobre él. Bajo su dirección se organiza la resistencia, los hombres resta- blecen el frente y la plaga retrocede cuando llevan sobre una camilla a la novia de Diego, Victoria. La Peste propo- ne al joven de salvarla y dejarlos huir a los dos si ellos le dejan reinar sobre la ciudad. Diego no acepta el trato: él permanecerá junto a los suyos. Pero su muerte hace que Victoria resucite y libera a Cádiz.
Este resumen aparecido en L’Avant–Scene (N° 413/414,
1968), se complementa con las palabras de Jean Louis
Barrault, el gran director que al lado de Camus organizó el fascinante espectáculo montado en el Theatre Marig- ny. Él dice que ya él había estado tentado de montar un espectáculo sobre el mito de la Peste, que también Artaud quiso hacer, le pareció más simple adaptar la gran no-
vela de Daniel de Foe, Diario del año de la peste. Pero, ¿cómo imaginar que el mito pueda ser inteligible a todos los espectadores? Estado de Sitio fue la ilustración de esa tentativa. Así nos damos cuenta que Camus no ha trans-
148 ESTRATEGIAS DE LA DECEPCIÓN Tito Cáceres Cuadros
crito su novela al teatro, sino que cumplió con un sueño, de lograr algo que se pareciera a él mismo, es decir, a su manera, seguir con el tema del Absurdo, recurriendo al Mito, a la simbolización perfecta, a una especie de auto sacramental medieval, sin la recurrencia a Dios, sino al hombre mismo que se inmola por los demás y desafía la tiranía de un poder absurdo, que no es emanación de fuer- zas demoniacas, sino que está en los temores de la propia humanidad. Hay que aclarar que la obra fue recibida con muchos elogios de la intelectualidad y también ataques o reticencias. Elsa Triolet (a quien admiramos por su escri- tura) le reclamaba mayor precisión en la simbolización de la Libertad y de la Peste que para ella podría ser tanto Hitler como Petain. Sin embargo el más duro fue el cris- tiano Gabriel Marcel, que se preguntaba por qué Cádiz, España. Camus le respondió: ¿Por qué Guernica? Porque frente al mundo adormecido en su comodidad y en su miserable moral, Hitler, Mussolini y Franco… demostra- ron la injusticia triunfante en la historia. La sangre de la inocencia corriendo y amenazando perpetuarse con la complicidad de nuestros gobernantes. España, porque allí se levantó un general, en nombre de Cristo, con una armada de Moros, para echarlos contra un gobierno le- gal de la República española, para hacer triunfar una causa injusta después de inexpiables masacres y comen- zar desde entonces una feroz represión que ha durado diez años y que no estaba terminada (al momento de la respuesta en Combat). Y le recuerda que la iglesia estuvo mezclada en el escándalo de obispos bendiciendo los fu- siles de ejecución.
Albert camus: retrato de un rebelde y absurdista 149 Revisando los trabajos sobre Camus nos llama la atención lo poco que se ha escrito sobre Estado de Sitio y lo mucho que se han explotado su novela o sus ensayos. Toman- do el texto mismo, hay una advertencia de Camus: No se trata de una obra de estructura tradicional, sino de un espectáculo cuya ambición confesada, es mezclar todas las formas de expresión dramática, desde el monólogo lírico hasta el teatro colectivo, pasando por la mímica muda, el simple diálogo, la farsa y el coro. De allí la fasci- nación de Barrault, inspirador de este mito sobre la peste, transpuesto en una proeza escénica cuya escritura es tan polivalente como multiestilística. La Obertura musical (Honegger), una escenografía (Balthus) que surge de las sombras y siluetas recortadas por una iluminación que parte de un cometa que surca el cielo y desde su inmo- vilismo el Coro, entre murmullos, comenta la desgracia que se cierne, hay gritos, jadeos y revuelo en la plaza es- pañola. Es Nada que surge para alertar sobre el augurio y escandalizar al Juez con su tono blasfematorio: He leído en los libros que es preferible ser cómplice que víc- tima del cielo. Tengo por lo demás la impresión de que el cielo no tiene nada que ver. Y luego al conversar con Diego, sentencia: Desprecio a la misma muerte. Y nada de esta tierra: ni rey, no cometa, ni moral, estarás jamás por encima de mí. Y termina el Prólogo con sus palabras inusitadas: La comedia va empezar. Y apenas me queda tiempo de correr al mercado para beber por la muerte universal. Si lo que viene después es una tragedia colec- tiva por la presencia del Absurdo, Nada, ebrio como era
el maestro de Dionisos, el filósofo báquico Sileno, preten- de ser el Oráculo trágico del Destino fatal de los hombres.
150 ESTRATEGIAS DE LA DECEPCIÓN Tito Cáceres Cuadros
Sólo este comienzo debe ser motivo de profundo aná- lisis, porque las tres partes se suceden en la apoteosis de La Peste y el miedo que inunda a todos como un to- rrente de duda. En el primero hay jolgorio, el Coro del pueblo, exultante ofrece refrescos, premios y frutos, es el verano. Borrachos, comediantes, gitanos, astrólogos, se fuerzan a ignorar cualquier peligro. La aparición de la Peste congela a la ciudad, el cura llama a la iglesia para que se arrepientan de sus pecados mortales, el Astrólogo vaticina desgracias y las mujeres y la Hechicera lanzan conjuros. El Alcalde respira un poco porque la epidemia se cierne sobre los barrios exteriores, superpoblados por los pobres. Entre las letanías y las previsiones y el atrin- cheramiento que propone el Juez, el Miedo a la Muerte ya está instalado, hasta Diego y Victoria se sienten separados por el Mal y el contagio. En el segundo tenemos a ciudad tomada, La Peste y su secretaria, La Muerte, imparten ór- denes, restricciones, dan leyes, es la tiranía del Mal que se impone. En el tercero, asistimos a la rebelión, Diego ha vencido su miedo, ya no teme a la Muerte, que sabe ya no puede contra él, se extreman las medidas, la Peste tacha nombres y exclama: ¡Magnífico! ¡Mueren como moscas! ¡Ah, si la tierra pudiera saltar! Cuando muere Victoria, Diego propone su vida a cambio, la Peste le propone lo contrario, otro trato: Te doy la vida de esta mujer y os dejo huir juntos con tal de que me dejéis arreglarme con esta ciudad.
Diego: No, Conozco mis poderes.
La Peste: En este caso, seré franco contigo. O soy amo de todo o no lo soy de nada. Si tú te me escapas, se me es-
Albert camus: retrato de un rebelde y absurdista 151 capa la ciudad. Es la regla. Una vieja regla que no sé de dónde viene.
Diego: ¡Yo lo sé! Viene del fondo de las edades, es más grande que tú, más alta que tus patíbulos, es la regla de la naturaleza. Hemos vencido.
Luego, cuando la Peste insiste en que el amor de esta mu- jer vale más que un siglo de la libertad de los hombres; Diego le responde: El amor de esa mujer es mi propio reinado. Puedo hacer de él lo que quiero. Pero la liber- tad de esos hombres les pertenece. No puedo disponer de ella.
La Peste: No se puede ser feliz sin hacer daño a los otros. Es la justicia de esta tierra.
Diego: No he nacido para consentir esa justicia.
La Peste: ¿Quién te pide que consientas? ¡El orden del mundo no cambiará en la medida de tus deseos! Si quie- res cambiarlo, deja tus sueños y atente a lo que es. Diego: No. Conozco la receta. Hay que matar para su- primir el crimen, violentar para curar la injusticia. ¡Hace siglos que dura eso! ¡Hace siglos que los señores de tu raza pudren la llaga del mundo con el pretexto de curarla, y continúan sin embargo, alabando su receta, porque nadie se les ríe en las narices!
El final es una extraordinaria reflexión, hasta La Muerte
re rebela: Era libre antes que usted y estaba asociada con el azar. Nadie me detestaba entonces. Era la que termi- na todo, la que fija los amores, la que da forma a todos los destinos. Era la estable. Pero usted me puso al servi-
152 ESTRATEGIAS DE LA DECEPCIÓN Tito Cáceres Cuadros
cio de la lógica y del reglamento. Me corrompí la mano que a veces tenía caritativa…a fuerza de matar uno co- mienza a envidiar la inocencia de aquellos a quienes se mata. ¡Ah! Por un segundo, al menos, déjeme suspen- der esta interminable lógica y soñar que me apoyo en un cuerpo. Estoy asqueada de las sombras. ¡Y envidio a todos esos miserables, sí, hasta a esta mujer…(señala a Victoria) que sólo se recuperará la vida para lanzar gritos animales! Ella, por lo menos, se apoyará en el su- frimiento.
Vencida La Peste gritará: ¡Miradme! ¡Mirad por última vez la única potencia de este mundo! Reconoced a vues- tro verdadero soberano y aprended a temer. (Ríe) Antes pretendías temer a Dios y sus azares. Pero vuestro Dios era un anarquista que hacía mezcolanza. Creía en la po- sibilidad de ser poderosos y bueno a la vez. Era una falta de consecuencia y de franqueza, no hay más remedio que decirlo. Yo elegí tan sólo el poder. Elegí la dominación, ahora sabéis que es algo más que el infierno.
Cuando La Muerte dice que el amor de ellos (Diego y Vic- toria) también tiene su obstinación, La Peste pregunta: ¡El amor? ¿Qué es eso?, y sale. Resucitada Victoria, Diego muere y le dice:“este mundo te necesita. Necesita nues- tras mujeres para aprender a vivir. Nosotros nunca hemos sido capaces sino de morir”. Nada, el per- sonaje nihilista, como su nombre sugiere, cuyos diálogos
son verdaderos filsofemas absurdistas, también se despi- de antes de echarse al mar:
NADA: (…) Hay una justicia, la que se ha hecho a mi asco. Sí, volveréis a empezar. Pero ya no es asunto mío.
Albert camus: retrato de un rebelde y absurdista 153 No contéis conmigo para brindaros el perfecto culpable, no tengo la virtud de la melancolía. Oh, viejo mundo, hay que partir, tus verdugos están fatigados, su odio se ha hecho demasiado frío. Sé demasiadas cosas, el mismo orgullo ya cumplió su tarea. Adiós, buenas gentes, un día aprenderéis que no se puede vivir bien sabiendo que el hombre no es nada y que la cara de Dios es horrible. La relación entre ambas, novela y teatro, parecen eviden- tes, pero Camus rechazó el propósito, en su Advertencia previa dijo: Debe quedar en claro que “El Estado de Si- tio”, a pesar de lo que se ha dicho, no es, en modo alguno, adaptación de mi novela. Por lo tanto son dos textos que tienen que ser aceptados de esta manera, por la manera de recepción, uno para la lectura y el otro para la representación, dos códigos disímiles, aunque la
reflexión en cada caso provenga de una manera diferente,
la lectura silenciosa o la visualización y percepción acús- tica de diálogos, de movimientos plásticos, de silencios y espacios. A pesar de todo, es lógico que los lectores de Camus, privados de la representación que no volverá a contemplarse, porque el espectáculo de Barrault no puede repetirse; tengan que establecer una comparación entre
dos textos, hechos para fines diferentes. No es curioso
que la novela, escrita y publicada antes, tenga un epígrafe
de Daniel De Foe: Tan razonable como representar una prisión de cierto género por otra diferente es represen- tar algo que existe realmente por algo que no existe; y
que Barrault le hubiera propuesto a Camus, escenificar,
precisamente, El Diario del año de la peste, (Daniel De
Foe). La cita nos lleva a la última parte de la frase, repre- sentar algo que existe realmente por algo que no
154 ESTRATEGIAS DE LA DECEPCIÓN Tito Cáceres Cuadros
existe, para abordar una frase que Sartre desliza sobre la metafísica de Camus, a ¿cuál de las obras se aplica justa- mente?, en La Peste, ésta sólo es nombrada, pero vemos sus efectos sobre el género humano, no simplemente fí- sicos, sino el encierro y la angustia, aparte de la tortura mental, que va más allá de lo físico, como Aristóteles concebía a la Metafísica, o sea que se combina lo obje- tivo con lo subjetivo, pero en El Estado de Sitio, la Peste
está personificada, actúa físicamente, detenta el poder,
tiene a La Muerte, como su secretaria, sojuzga, tiraniza y ordena la aniquilación, Nada (precisamente de Nihil), es el nihilismo encarnado en este vaticinador trágico, el oráculo del triste destino del hombre, estar destinado a retornar a la Nada, constituyente de la existencia. ¿No estamos paradójicamente en el reino de la Metafísica?, ya que se trata del ser mismo, principios y causas prime- ras, que va más allá de los sentidos y que sólo se accede a ella por la ciencia y no por los sentidos. Los diálogos
surgidos en la obra nos llevan a una filosofía absurdis- ta, ¿y no estamos ahora en la antidialéctica hegeliana, a la cual Marx y Engels, denominaron inconsistencia cien- tífica del pensamiento científico y Lenin, absolutización de varias facetas y momentos propios del conocimien- to? Nosotros, aunque parezca evidente, nos inclinamos por lo segundo. De todos modos, ambos textos son lite- ratura, uno, totalmente y otro, base para un espectáculo, no íntegramente literario. Por lo tanto hay un paso de la metaforización constante que se abre a la Alegoría. Es en este reino donde vemos surgir a La Peste, como símbolo constante del Poder y el Mal: Quizá llegue el día en que todo sacrificio os parezca vano, en que el grito intermi-
Albert camus: retrato de un rebelde y absurdista 155 nable de vuestras cochinas rebeliones calle al fin. Ese día reinaré de veras en el silencio definitivo de la servidum- bre. La Muerte, es la verdadera Atropos, la cortadora de los hilos de la vida, que sus hermanas han tejido y anuda- do; pero añora su libertad de elección, su prerrogativa de perdonar, de actuar sin lógica y asociada al azar. Nada, el nihilista se ríe de la falsa normalidad, cuando se cree haber vencido a La Peste, de los que escriben la historia y crean héroes, sin embargo los festines del odio siguen abiertos, la tierra agotada se cubre de madera muerta de las potencias, la sangre de aquellos que llamáis justos ilumina aún los muros del mundo, cuando los guardias se interponen entre él y el pescador, exclama: Ya ves, pes- cador, los gobiernos pasan, la policía queda. Hay pues una justicia. El Pescador responde, No, no hay justicia, pero hay límites. Y aquellos que pretender no dar ningu- na regla, como los otros que entendían darla para todo, exceden igualmente los límites. El mismo personaje con- vertido ahora en Corifeo concluye al ver a Nada caer al mar, que nos venga. Su cólera es la nuestra, y lo con- vierte en otro símbolo, patria de los insurrectos, he aquí tu pueblo que no cederá jamás. La gran ola del fondo, nutrida en la amargura de las aguas, se llevará vues- tras ciudades horribles. Camus reduce su filosofía del
Absurdo y de la Rebelión en esta obra bella y profunda. Él mismo propuso una rebelión metafísica por mostrar un hombre que se levanta contra la condición y la crea- ción entera. Es metafísica porque responde a los fines del hombre y de la creación. Robert Luppé (Albert Camus,
156 ESTRATEGIAS DE LA DECEPCIÓN Tito Cáceres Cuadros po defiende un valor positivo. Y es negada en la negación y la afirmación absolutas.
8. La siguiente obra teatral, Los Justos, vino a la men-