“Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia –la del diablo—, o bien, quien hace de ella un principio que existe por sí y que no tiene, como cualquier otra criatura, su origen en Dios; o
bien, la explica como una pseudorealidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias.
“El Demonio es el enemigo número uno, es el tentador por excelencia. Sabemos que este ser oscuro y perturbador existe ralmente y sigue actuando; es el que insidia sofísticamente el equilibrio moral del hombre, el pérfido encantador que sabe insinuarse en nosotros por medio de los sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia, de la lógica utópica, o de las confusas relaciones sociales, para introducir en nosotros la desviación.
“El tema del Demonio y la influencia que puede ejercer sería un capítulo muy importante de reflexión para la doctrina católica, pero actualmente es poco estudiado.”
S.S. Juan Pablo II también se refirió al Maligno en diversas
ocasiones. Por ejemplo, en su audiencia general del 20 de agosto de 1986 dijo: “Él (Satanás) es sólo una criatura, potente en cuanto espíritu puro, pero siempre una criatura, con sus límites, subordinado al querer y dominio de Dios”. El 18 de agosto de 1999, en su catequesis “El camino de conversión como liberación” señaló: “La ‘malignidad’ humana, constituida por el poder demoníaco o suscitada por su influencia, se presenta también en nuestros días en forma atrayente, seduciendo las mentes y los corazones, para hacer perder el sentido mismo del mal y del pecado. Se trata del ‘misterio de la iniquidad’ del que habla san Pablo (Cf. 2 Tesalonisenses 2, 7)”.206
Por su parte, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, como prefecto de la Doctrina de la Fe, dijo en entrevista al periodista Vittorio Messori:
“Digan lo que digan algunos teólogos superficiales, el Diablo es, para la fe cristiana, una presencia misteriosa, pero real, no meramente simbólica, sino personal. Y es una realidad poderosa (“el Príncipe de este mundo”, como le llama el Nuevo Testamento, que nos recuerda repetidamente su
existencia), una maléfica libertad sobrehumana opuesta a la de Dios; así nos lo muestra una lectura realista de la historia, con su abismo de atrocidades continuamente renovadas y que no pueden explicarse meramente con el comportamiento humano. El hombre por sí solo no tiene fuerza suficiente para oponerse a Satanás; pero éste no es otro dios; unidos a Jesús, podemos estar ciertos de vencerlo. Es Cristo, el “Dios cercano”, quien tiene el poder y la voluntad de liberarnos; por esto, el Evangelio es verdaderamente la Buena Nueva. Y por eso debemos seguir anunciándolo en aquellos “regímenes” de terror que son frecuentemente las religiones no cristianas. Y diré todavía más: la cultura atea del Occidente moderno vive todavía gracias a la liberación del terror de los demonios, traída por el cristianismo. Pero si esta luz redentora de Cristo se apagara, a pesar de toda su sabiduría y de toda su tecnología, el mundo volvería a caer en el terror y en la desesperación. Y ya pueden verse signos de este retorno de las fuerzas oscuras, al tiempo que rebrotan en el mundo secularizado los cultos satánicos”.207
Reproduzco ahora fragmentos de la catequesis del Papa
Juan Pablo II dada en la Plaza de San Pedro el 13 de agosto de
1986: “Según la Sagrada Escritura y especialmente el Nuevo Testamento, el dominio y el influjo de Satanás y de los demás espíritus malignos se extiende al mundo entero. Las impresionantes palabras del Apóstol Juan: "El mundo está todo bajo el maligno" (1a Jn. 5, 19) aluden también a la presencia de Satanás en la historia de la humanidad, una presencia que se hace más fuerte a medida que el hombre y la sociedad se alejan de Dios... El espíritu del maligno puede "ocultarse" de forma más profunda y eficaz: pasar inadvertido corresponde a sus "intereses". La habilidad de Satanás en el mundo es la de inducir a los hombres a negar su existencia en nombre del racionalismo y de cualquier otro sistema de pensamiento que busca todas las escapatorias con tal de no admitir la obra del diablo ... Se trata de un conflicto entre las fuerzas oscuras del mal y las de la
redención... Comprendemos así por qué Jesús en la plegaria que nos ha enseñado, el "Padre Nuestro", que es la plegaria del Reino de Dios, termina casi bruscamente, a diferencia de tantas otras oraciones de su tiempo, recordándonos nuestra condición de expuestos a las insidias del Maligno:.. No nos dejes caer en la tentación, líbranos del Mal, del Maligno”.208
Por cierto, el 18 de febrero de 2002 el diario italiano La Stampa, publicó que el Papa Juan Pablo II había realizado 3 exorcismos en su vida, porque deseaba dar un fuerte ejemplo.209
Tenemos ahora muy claro cuál es la postura oficial de la Iglesia sobre el Malo. Sólo basta subrayar que Dios es más poderoso que este, y Jesús ya lo venció en la Cruz con su sacrificio redentor: “…para eso se manifestó el Hijo de Dios, para deshacer las obras del Diablo” (1 Juan 3, 8).
No obstante “la muerte de Cristo y Su resurrección han encadenado al demonio –dice San Agustín— todo aquél que es mordido por un perro encadenado, no puede culpar a nadie más sino a sí mismo por haberse acercado a él”.
Y es que la acción del Enemigo se ha extendido hoy con fuerza, entre otras cosas, por quienes se han rendido conscientemente su voluntad. (Y no son ciertamente pocos). Ejemplos clásicos de ese crecimiento lo son la fundación del satanismo contemporáneo en el siglo XX por Aleister Crowley (autocalificado “la Gran Bestia 666” tras su Libro de la Ley, dictado mediúmnicamente por el Demonio); la erección en California de la “Church of Satan” en 1966 por Anton Szandor LaVey (1930-1997), llamado el “Papa Negro”, con la redacción de su “Biblia Satánica” en 1969 y sus “Rituales Satánicos” en 1972; los crímenes de “La Familia” de Charles Manson, y el Primer Congreso Mundial de Iglesias Satánicas en Nueva York en 1982, en el cual los asistentes se comprometieron con esta consigna: “Es hora de sacar a Satanás a las calles”.210
De acuerdo con el reconocido demonólogo Corrado Balducci, además del rock satánico “un segundo motivo que ayuda al expansivo satanismo... está dado por el New Age”.211