(Nota del editor: Les ofrecemos el siguiente discurso del Amado Jesús sobre la conciencia que Él alcanzó durante su vida terrenal, la cual es posible alcanzar hoy).
¡Amados Hijos de la Vida, Amados Hijos del Padre, amados amigos de tantas eras! Ustedes son aquellos con quienes He compartido tantos peregrinajes, con quienes me he parado frente a tantas iglesias, con quienes he adorado sobre tantos altares en el largo trayecto de la evolución. Ustedes han estado buscando el reino de Dios, el uso correcto de la
consciente. En cada latido del corazón esta maestría es parte del recuerdo de los días antes de que las sombras cubrieran la Tierra, cuando hombres y mujeres caminaban en libertad, dignidad y maestría. El uso de la vida estaba consagrado y dedicado a expandir las fronteras del ovni-expansivo Reino del Cielo, y a tejer en patrones de forma la magnífica perfección conocida en los niveles internos de conciencia.
La energía inquieta y agitada que impulsa al alma a buscar la Verdad, está movida por esas memorias de la maestría y dignidad divinas, a lo cual había nacido cada conciencia individual, y a lo cual, algún día, toda conciencia habrá de regresar.
Quisiera, a través de la palabra hablada, transmitirles una parte de Mí conciencia la cual he buscado a través de las edades. Esta conciencia se sobrepuso a las sombras, a las limitaciones, a las cadenas y a las apariencias del mundo ¡a través de la seguridad y confianza en el poder de Dios!
Esta es la confianza que viene mediante la contemplación, mediante la aplicación y mediante la dedicación de sus energías vitales hasta que sus sentimientos ya no juren lealtad a las sombras; hasta que las energías de sus auras ya no sean puestas en movimiento turbulento por esas apariencias temibles (en realidad, dichas apariencias no tienen más poder que el que ustedes les dan); hasta que cada uno de ustedes llegue a la completa madurez de su propia
Conciencia Crística. Una Conciencia Crística así es la que subyuga todo sentido de lealtad a las apariencias que atemorizan, angustian y molestan a la humanidad de la Tierra.
Sólo se necesita un hombre así, anclado el sentimiento del omni-poder de Dios, para transformar las energías de las masas. Es con el fin de educar y desarrollar esa convicción en ustedes, esa seguridad de que el poder de Dios invocado actúa sin fallar nunca, que Nosotros venimos una y otra vez. En cada una de estas visitas, Nosotros anclamos un poco más de la sustancia ígnea de Nuestros Mundos en el mundo de sus sentimientos, en su conciencia mental, en sus cuerpos etéricos y físicos.
Después de visitas como éstas, otra parte de las energías de sus varios vehículos queda permanentemente calificada y consagrada por Dios, y ésta nunca más vuelve a ser calificada por las creaciones de la octava humana.
Es sabio aquél que pone su conciencia dentro de (y presiona sus cuerpos contra) la Presencia viva de los Maestros de Sabiduría y, vía el contagio, ¡absorbe en su ser esas energías de confianza y fe en el poder del Todopoderoso!
Para ustedes, que tanto se aferran a las creencias de las edades, luce lento este proceso de transmutación, esta manifestación en obras de aquello que su conciencia agarra mentalmente. Créanme, sin
embargo, que el tejido de las cadenas y la traída de las energías de limitación a sus mundos ha sido, también, un proceso excesivamente lento. Esto ha ocupado el libre albedrío de sus vidas y el uso de sus facultades durante millones y millones de años.
Por lo tanto, no se desanimen en los primeros empeños por ordenar los mundos de sus conciencias, por sacar de sus templos individuales los múltiples temores acechantes, las dudas, las sospechas e incertidumbres.
Si pudieran ver con la vista interna los siglos tras siglos que sus corrientes de vida han empleado en atraer esos desagradables visitantes a sus templos, se alegrarían de estar encontrando la libertad y el acceso al Reino de los Cielos con la rapidez que lo están logrando.
La humanidad tan flojamente acepta las bendiciones… Aún aquí abajo, es poco el agradecimiento que las benditas Fuerzas de los Elementos (que han servido sin descanso a través de las edades) reciben por su constancia. Sin su servicio, la humanidad no podría haber sobrevivido dentro de la efluvia de sus propios pensamientos y sentimientos. Aún menos agradecimiento ha recibido la Fuente de toda Luz (el Dios-Padre-madre) de aquellos que usan Su vida tan libremente, presionándola con los sentidos en el desenfrenado uso del libre albedrío, en el gozo de cada placer pasajero. La gente experimenta
tal felicidad con el uso de la vida y, sin embargo, aman tan poco la vida en sí que no han dirigido ni reverencia ni gratitud a la Fuente que ha mantenido dicha vida y dicha conciencia Individual durante millones y millones de años en esta Tierra solamente (sin hablar de esos eones de tiempo que transcurrieron antes de que la encarnación tuviese lugar.
La humanidad debe hoy caer en la cuenta de que la Fuente que suministra la vida, que da la inteligencia, que dota de libre albedrío a cada conciencia individual, ¡tiene un propósito en mente al hacer dicha inversión! La humanidad debe regresar a su Fuente y, haciendo una genuflexión ante ella, debe solicitar la revelación de dicho propósito. Entonces, en humildad y gratitud por la oportunidad, ¡debe proceder a extraer se sus propias vidas el cumplimiento de dicho propósito!
¿Dónde radica el mérito del hombre por realizar la voluntad de Dios, el Dios de quien ha emanado la vida misma? ¡Oh! El gozo que ha de estar presente en los corazones de aquellos que tienen apenas un concepto mental del Plan Divino! ¡Qyé tan gustosa y gozosamente deberían ser consagradas las energías al cumplimiento de dicho plan, con la exclusión de todo interés personal! Sólo pensar que, en el curso de una corta vida terrena, se pueden erradicar todas las iniquidades de millones de años debe ser causa suficiente para una gratitud inmensa. Cuán
maravilloso resulta saber que, en una vida de gratitud en acción, se puede cumplir con el propósito para el cual se ordenó la individualización y el sostenimiento de la conciencia.
Mientras que la humanidad no llegue a este día, no conocerá la felicidad, no conocerá la libertad. Aquellos de ustedes que han renunciado al mundo del placer, que han regresado a los pies de los Maestros, que han tejido sus energías todos estos años en la creación de esos magníficos campos de fuerza, son los más afortunados entre hombres y mujeres; son muy afortunados porque el voto que ustedes tomaron ante la Fuente de toda Luz se está cumpliendo mediante sus energías. Al cierre de esta vida terrena, cuando vuelvan a presentarse ante el Tribunal Kármico, ustedes podrán decir: “He cumplido con mi propósito. He consumado mi voto. Por lo tanto, he regresado con el haz del éxito en mis manos”. Ustedes oirán las palabras del Padre: “Bien hecho, tú fiel y buen sirviente”.
Créanme cuando les digo que nada importa en la Tierra excepto que ustedes hagan esa grabación, que tengan ese haz en sus manos conscientes y que hayan aguantado hasta el final; que hayan esperado la convocatoria de su presencia y que hayan pasado, estando aún en servicio activo, a los Ámbitos de la Luz…
pidió que vinieran al igual que nadie me lo pidió a Mí. Nadie le pidió al gran Saint Germain o a mi Santa madre que vinieran. Sólo el amor a la vida, el amor a Dios, y el deseo de ver que Su Reino venga, ha hecho que cualquier corriente de vida doble su rodilla ante el tribunal Kármico. Sólo un amor así podría tomar el voto de prestar más que una asistencia ordinaria; de llevar más que una cruz ordinaria; de expiar el karma ajeno, y de ¡exilarse en un planeta cuyo eje está torcido!
Recuerden,¡el amor les impulsó a venir, y el amor les ha de mantener unidos mientras que permanezcan aquí! Siempre y cuando el Amor a Dios palpite fuertemente en su corazón, ese amor llenará sus sentimientos hacia el Maestro, y ese amor pasará a través de usted a su compañero, ¡no les quepa duda! Cuando ese amor se vuelve amargura, resentimiento, rebelión, inercia espiritual o desgaste espiritual, entonces dentro de la privacidad de sus propios corazones y habitaciones pidan a la vitalidad espiritual, pidan la asistencia espiritual de arriba. Que vuelvan ustedes a ese calor, ese gozo, ese entusiasmo que conocieron antes de tomar un cuerpo físico, cuando estuvieron con Saint Germain en la libertad de los niveles internos y vieron un planeta de Dios libre. Vieron ustedes a hombres y mujeres que vestían Túnicas de Libertad; no se conocía la enfermedad, la epidemia, la muerte. Es necesario, más de una vez en
el curso de una vida en la Tierra, que la vitalidad cósmica y la infusión de energía espiritual los sostengan. Ningún hombre está completo en sí mismo. El gran y poderoso Arcángel Miguel, el Amado Gabriel, el Amado Rafael, todos los Arcángeles nos sostuvieron a Mi Madre, a Mi Padre y a Mí. Durante aquella noche en Getsemaní, la presencia de los Arcángeles me dio el valor ¡para renovar mi voto! Cuando me encontré sólo, cuando aquellos que más me amaban se encontraban durmiendo; cuando el futuro sostenía otra dulce primavera, con los pájaros cantando y las flores floreciendo, el rocío salino del mar llenaba mis fosas nasales, y el fuego vital de un cuerpo que nunca supo lo que era la enfermedad fue vigorizado por las pulsaciones de resurrección, ¡entones Yo elegí dar esa vida!
Nosotros observamos –mejor de lo que se puedan imaginar- ¡las renovaciones y agotamiento individuales! Sólo les recuerdo que así como Yo recibí asistencia, ¡así la recibirán ustedes! ¡Sabio entre vosotros es aquél que se atenga a esto! Sabio es aquél de vosotros que expone su alma y espíritu en cada oportunidad a la vitalidad que fluye desde los Arcángeles a través de la Tierra…
Después de desencarnar Mi Padre, una de Mis experiencias más difíciles fue la de dejar a Mi Amada Madre y realizar el peregrinaje al corazón de Asia. Allí me encontré con el Ser a quienes ustedes conocen
como el Director Divino. Allí moré junto con Él, aprendiendo a medir en Mi Propia conciencia y a hacer Mías las pocas y cortas afirmaciones (decretos) que Él me dio. Una de las lecciones que pasó de Su poderosa Conciencia a todos aquellos que estábamos alrededor de Él, fue que ninguna oración o mantram (como las llamaba Él), ningún decreto tenía eficacia alguna a menos que la conciencia dentro de uno, con sentimiento, aceptara y entendiera la verdad afirmada.
Allí se nos enseñó el poder de la concentración mental sobre el mantram (el cual era nuestro para que lo usáramos), y se nos pidió que, mediante las energías de Nuestro Propio campo de fuerza, Nuestras Propias Auras, extrajéramos la verdad de dicho mantram hasta que éste se hiciera visible al Gurú. No se nos daba ninguna otra aplicación hasta que cada fibra y célula de Nuestros seres confirmara Nuestra afirmación y que la habíamos hecho Nuestra de forma práctica y manifiesta.
Algunos permanecieron 30 o 40 años trabajando en la frase “I AM” that “I AM” (Yo soy lo que Soy). Algunos permanecieron toda su encarnación trabajando la frase “I AM” (Yo soy) LA RESURRECCION Y LA VIDA”. No había favoritismo alguno. No había nada que pudiera adelantar Nuestro progreso excepto la verdad exteriorizada que estaba contenida dentro de la
porción de ley que el Gurú nos había dado. Él nos la dio parcamente, como si el aliento de vida contenido en dicho aforismo no pudiera ser usado de nuevo ¡hasta que el reino estuviera a la mano!
La humanidad y el mundo no cae en cuenta de la reverencia con que los grandes Maestros e Instructores, los Santos y los Sabios, tratan la a la vida. Esa humanidad que devora verdades, que las digiere poco y no las hace suyas, tiene mucho que aprender acerca de las disciplinas que acompañan al desarrollo de la conciencia en los Retiros del mundo. Muchos, muchos de los que presentaron su solicitud al Director Divino no han recibido ni una sola expresión verbal durante toda la encarnación, ya que dicho Ser llegó a considerar que la luz y conciencia de dichos solicitantes no ameritaba la inversión de Sus energías ni la correspondiente responsabilidad que entraría al mundo del estudiante, si él no pudiera hacer de la verdad ¡un hecho!
Esos aspirantes permanecieron dentro del aura del maestro durante la duración de una encarnación completa, satisfechos con sólo tocar el borde de Su túnica (aura). Se encontraban satisfechos de sentir como su débil energía espiritual se disparaba para arriba con los constantes impulsos de adoración y devoción a Dios, del maestro. Abrigaban la esperanza de que, quizás, dentro de sus auras algún día u hora se pudiese generar alguna chispa magnética que
capturara aunque fuera un ápice del interés de Sus ojos, una inclinación de Su Cabeza, o una bendición de Su Mano, y doblaban la rodilla cuando quiera que dicho reconocimiento se les daba sin siquiera una palabra de Sus Labios.
Por Mi cuenta me uní a esos peregrinos sin avisar. Me senté con los otros en un círculo sin nombre, y el Maestro, en profunda contemplación y meditación, no hizo señal alguna de que estuviera al tanto de Mi presencia. No fui proclamado como el Mesías, o singularizado para favores. Yo tenía que pararme o caerme como cualquier hombre o mujer bajo Mi propia Luz. ¡No lo hubiera querido de ninguna otra manera! Cuando la humanidad y los estudiantes que
se esfuerzan por “conseguir una posición” lleguen a
entender esto, sus corazones conocerán lo que es la paz.
En el momento en que el alumno está listo, ¡aparece el Maestro! En el momento en que el alumno está listo para más conocimiento, el conocimiento le es dado. En el momento en que la conciencia está madura, se arranca la fruta. En el momento en que se cultiva la tierra, se siembra la nueva semilla. Nosotros, que nos vemos tan prolíficos en eso de sembrar Nuestras semillas, lo hacemos porque mucho tiempo después de que haya concluido su ciclo (y que ustedes se encuentren en el ámbito de libertad divina), habrá hombres y mujeres que fundamentarán sus
vidas en esta Ley. Al haber sido Uno de los que ansiosamente adoptó esa frase de “I AM” (Yo soy)n la Resurrección y la Vida”, estoy tan agradecido de haber tenido el privilegio y el honor de recibir de los labios del Gurú algún conocimiento factible para hacerlo Mío, que Yo les digo a ustedes, que son tan benditos de recibir esta instrucción sin límites, que sería sabio por su parte reverenciar el don y consejo que se les ha dado.
48 horas después de haber recibido la afirmación “I AM” (Yo soy) la Resurrección y la Vida”, como ustedes saben, se me reveló la plenitud de Mi misión, y había cumplido con el propósito de Mi visita. Siempre le estaré agradecido a ese Ser bendito que me dio LA LLAVE. Recuerden, no obstante, que Yo preparé la tierra para ser sembrada, y que después que me fue dada, Mi vida tuvo que alimentar y desarrollar la planta y la cosecha. Cunado me fui no hubo despedidas. El círculo de los esperanzados no se dio cuenta que uno de los peregrinos se había ido. El Maestro ni siquiera aabrió sus ojos o hizo señal alguna. Todo el camino de regreso a través de las calientes arenas de la India, a través de las ásperas piedras de las colinas, me regocijé una y otra vez en la riqueza que había recibido de ese Ser, en es sola frase…”I AM” (Yo soy) la Resurrección y la Vida”. Sobre esa frase construí Mi ministerio, el cual se yergue hoy como un ejemplo manifiesto que no es
necesariamente la cantidad de conocimiento sino la aplicación del conocimiento dado lo que trae resultados, ¡los mismos como prueba de Maestría y Libertad para la humanidad!
¡No tomen a la ligera estas palabras y esta instrucción! Llévensela a casa, dentro de sus conciencias y dentro de sus corazones. Tejan en forma manifestada alrededor suyo un aura tal que, cuando su Gurú los vea, no pueda decir sino: “Este estudiante está listo para ser depositario de más verdades, de mayores poderes, de un entendimiento más profundo de la Ley”.