Para culminar, en el gráfico 44, el 57% de padres manifiestan que sí habían leído el Pacto de Convivencia, no obstante, el gráfico 45 los contradice porque el 73% no responden o se inventan deberes que no están en el documento, evidenciando que no conocen, no leen ni se apropian de la identidad institucional, de los derechos y deberes de sus hijos y de ellos como padres, consagrados en el acuerdo de convivencia que se les da a conocer dentro del primer trimestre del año lectivo. 34 57% 26 43% SI NO 16 27% 43 73% SI NO
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Discusión
Para una mejor comprensión, esta discusión desarrolló la categoría ambientes de paz con las dos subcategorías: paz y violencia, cada una de ellas con sus apartes correspondientes.
Concepciones de paz. Los docentes y estudiantes conciben la paz en dos sentidos: la primera,
refiere a un estado caracterizado por tener una relación adecuada con Dios, consigo mismo y con los demás al demostrar actitudes que permiten convivir con los otros, un estado de tranquilidad y silencio, se le llama el paraíso, en el cual no se presentan peleas, ni secuestros, es respetarse a sí mismo, sin hacerse ni hacer daño. Este concepto, está en consonancia con lo planteado por Jares (1999) en relación con el concepto de justicia social y desarrollo, sin desligarlo de los derechos humanos y la democracia; en esta, se confronta la paz a la violencia y re-significa los conflictos de manera positiva, como motores de transformación, puesto que juegan un rol fundamental en el desarrollo de la vida integral de los seres humanos y la sociedad. No obstante, contradice la realidad del contexto de la IE La Despensa, Sede B, caracterizado por la vulnerabilidad de los derechos fundamentales del ser humano, es decir, que desde esta perspectiva no hay paz para los estudiantes y sus familias; la paz es tan solo un sueño, una ilusión.
La segunda, presenta la paz como un valor que permite resolver los conflictos de forma tolerante y no violenta, creando un ambiente de pasividad, comprensión, perdón, honestidad tolerancia, armonía y respeto a sí mismo, cuidando su integridad y la de los demás. La paz no se logra con acuerdos ni con pactos, se da cuando existe equilibrio en su vida cotidiana. Esta concepción es la que Jiménez (2009) denomina paz negativa, es decir, ausencia de violencia directa; apreciación refutada por Hernández, Luna y Cadena (2017) al indicar que se debe tener claro que la paz no es la desaparición del conflicto, sino la existencia de la ecuanimidad social; por tanto, conviene reflexionar sobre la paz positiva, la cual hace referencia al aumento de la justicia y la disminución de la violencia directa, este último término entendido por agresión física. La paz positiva busca la justicia social, como lo expresa Jares (1999); en este sentido, conviene pensar en estrategias educativas que permitan orientaciones y concepciones claras hacia la paz; por lo tanto, es necesario como lo indican Hernández et al (2017) apuntar a la “construcción de una cultura de paz” (p. 152).
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Descripción de ambientes de paz. Los padres de familia y los docentes describen tres
ambientes de paz: familia, colegio y barrio. La familia considerada como ejemplo y base de la sociedad, cuando se cuenta con hogares estables, sin importar la composición, donde exista paz, respeto, amor y exigencia; algunos niños cuentan con apoyo de los padres de familia y muestran preocupación e interés por su formación integral. Sin embargo, se encuentran niños que no conviven en un ambiente de paz en sus hogares, se evidencia en la mayoría de ellos al momento de solucionar alguna situación en el colegio, actuando con agresividad e irrespetando física y verbalmente a sus compañeros, están a la defensiva con los demás. Esta realidad concuerda con lo planteado por Ceballos (2006), quien considera a la familia como centro de la sociedad, donde se cultivan los valores o antivalores de la misma, reflejando lo que se vive al interior de los hogares. Aporte reiterado por De Gregory (2016) cuando enfatiza acerca de la importancia del rol de mamá y papá, en la formación de los hijos en valores de fe y esperanza, por ende, en la edificación de la sociedad. No obstante, se contrapone a la realidad que viven algunos estudiantes en sus hogares donde son víctimas de violencia por parte de sus propias familias.
El segundo ambiente es la escuela, considerada por la muestra participante, único ambiente de paz; los estudiantes encuentran amor, paz y armonía, se sienten protegidos, allí muestran gran interés por la formación integral y son educados para la sana convivencia, con afecto y respeto; basada en procesos de comunicación asertiva con docentes entregados y comprometidos con el aprendizaje. La IE es para los niños un ambiente donde se establecen normas de convivencia constituidas por todos, conocen el manual de convivencia, participan en actividades lúdico- recreativas, juegos inter-cursos, proyecto lector, sobre textos que les dejen enseñanza en valores. La IE se ha convertido en una isla que permeabiliza la problemática del barrio, es un lugar en el que los estudiantes se oxigenan y viven otra realidad; esta situación, es descrita por Alvarado, Ospina, Luna y Camargo (2006) como modelos de diferenciación-innovación, donde se busca explicar las diferencias interpersonales; por ende, el cambio de las IE y de la sociedad, que en el caso concreto de la Despensa, Sede B, se refleja en el buen trato, afecto, y todo tipo de estrategias que utilizan los docentes para la sana convivencia, potencializa las capacidades socio- afectivas y cognitivas de los estudiantes. Frente a esta realidad afirma Pozo (1999), los docentes se convierten en modelos a seguir por los estudiantes; por tanto, la responsabilidad social recae en las IE, y los docentes son los encargados de generar estrategias para trabajar en equipo de manera colaborativa en pro del bienestar de los estudiantes.
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En esa medida, debe entenderse que bajo este modelo se pretende llegar a la transformación de contextos cercanos o propios de los estudiantes, para intentar asegurar que sus vivencias escolares y proyecto de vida se consoliden de forma asertiva y adecuada. La escuela tiene como misión contribuir a la modificación de los contextos próximos, cimentando en los menores los valores, actitudes y comportamientos que permitan la construcción de una sociedad en paz.
El tercer y último ambiente es el barrio, considerado por los participantes como un factor nocivo para la sana convivencia, puesto que se viven situaciones de violencia, homicidios, robos, venta de droga, enfrentamiento entre pandillas entre otros; generando miedo e incertidumbre sobre la vida misma. Delicada realidad frente a la afirmación de Ausubel (1976) quien señala que, cada contexto es portador de una diversidad de significados; ya que el barrio va a incidir en el actuar de los estudiantes con PDA de ciclo 2; planteamiento corroborado por Vygotsky (s. f.) quien afirma que el medio o contexto donde se desarrolla el estudiante es su otro social, por ello, se debe buscar que sea adecuado para el desarrollo integral de los menores. No obstante, la realidad y cotidianidad muestran todo lo contrario.
Estrategias utilizadas en la construcción de ambientes de paz. Según los resultados de la
investigación, la mayoría de los padres de familia utilizan en sus casa como estrategias de construcción de ambientes de paz el diálogo y la reflexión, generando el camino del perdón y la reconciliación; tal como lo resalta Ortega y Mínguez (2004) la familia es la cuna de los valores morales, donde cobra vital importancia el diálogo, seguridad, confianza y responsabilidad; no obstante, un número reducido de los padres participantes, por la situación de violencia intrafamiliar, acuden a la policía y comisaria de familia para resolver los conflictos; hecho lamentable que está ocurriendo al interior de los hogares de los niños objeto de estudio. Al respecto Patró y Limiñana (2005) argumentan que genera situaciones traumáticas para las víctimas, particularmente, los estudiantes con PDA de ciclo 2, afectando su autoestima, autoimagen, generando depresiones, ansiedad e incluso repeticiones de eventos de violencia. Mientras que los docentes crean un ambiente de paz en la IE, estableciendo normas de convivencia, desarrollando proyectos transversales, fomentando el respeto, el dialogo, la conciliación y cumplimiento de acuerdos en el diario vivir presentándose como mediadores de conflicto, concientizando al niño, que si comete errores o faltas se deben reconocer y ofrecer disculpas a sus compañeros, educan en valores, apoyan sus sueños y metas, conocen sus
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problemáticas y en casos específicos hasta suplen necesidades básicas de los menores. Actuación que concuerda con los aportes de Cid, Díaz, Pérez, Torruella, y Valderrama (2008) al establecer normas de respeto entre todas las personas que interactúan en la comunidad educativa, como estrategia para dar solución al problema de violencia que existe en las IE, permitiendo crear ambientes de paz contextualizando el perfil del estudiante.
Según la Institución Educativa La Despensa (2015) es necesario visibilizar y “expresar en sus normas de convivencia compromiso con la solidaridad y la paz” (p. 8). Por ello, se deben fortalecer las estrategias utilizadas al interior de la IE, para motivar no solamente la sana convivencia, con todos los conflictos que se puedan presentar, sino en palabras de Hernández et al (2017) comprometerse en la construcción de una cultura de paz.
Por su parte, los estudiantes construyen paz, haciéndose participes de los descansos pasivos, de las normas del salón, del respeto a los compañeros, saludando y denunciando situaciones de opresión y violencia. Situaciones que dejan ver la labor que han realizado los docentes; sin embargo, es necesario crear más estrategias para que todos los padres construyan ambientes de paz en sus hogares que favorezcan a los niños. Sobre el tema Calvo (2003) expresa que, la escuela debe cuestionarse por su función e integrar en su misión dimensiones que vayan más allá de lo cognitivo e individual, brindando espacios para el trabajo en equipo y la creatividad; a este propósito, Alvarado, Ospina, Luna y Camargo (2006), recomiendan la participación y fortalecimiento de la competencia política de los menores y su vinculación en la construcción de nuevos pactos de convivencia, basados en la equidad, justicia y reconstrucción del tejido social que tenga en cuenta a todos sin importar su condición.
Justo es decir que se hace prioritario el ejercicio de alcanzar tejido social, para logre articular escuela y sociedad como herramientas institucionales necesarias para la obtención de paz y generaciones formadas para la misma, que comprenden su actuar académico como un ejercicio que da suma importancia a la adquisición de conocimientos pertinentes como recursos muy valiosos para reflexionar y lograr edificar proyectos de vida, requiriendo un accionar político y ético justo.
Propósitos para construir ambientes de paz favorables en los proyectos de vida de los estudiantes. Los estudiantes, docentes, padres de familia y Alcalde de Soacha tienen grandes
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los estudiantes. Los padres, participan en las Juntas de Acción Comunal donde llevan las experiencias del colegio, los docentes continúan con las estrategias que implementadas y les ha generado buenos resultados en la convivencia; los estudiantes se proponen acciones puntuales en casa, el colegio y el barrio enmarcadas en relaciones interpersonales. Finalmente, el Alcalde, considera prioridad construir IE en dos comunas enmarcadas por la violencia en el municipio de Soacha y hacer presencia en asistencia social.
Al respecto, Alvarado, Ospina, Luna y Camargo (2006) aclaran que se puede lograr educando para la paz, estrategia en doble vía, que, por un lado, intenta reconocer falencias en rendimiento escolar, y por el otro, la convivencia que se afecta de manera alterna imposibilitando el éxito en cualquiera de las dos. Ahora bien, es importante tener en cuenta el proceso de educación para la paz, reconstruyendo tejido social desde el aula, brindando espacios de participación y búsqueda de consenso basado en justicia social, el respeto y la equidad para que se construyan acuerdos de convivencia que garanticen los derechos y deberes de toda la comunidad. En este sentido, Chaux (2002) con optimismo, plantea que la violencia puede disminuir, si los menores aprenden a manejar sus conflictos.
Naturalmente que, educar para la paz puede entenderse como la responsabilidad que la escuela y los docentes poseen sobre la revisión ética de los procesos académicos, que comprometen todas las áreas de la vida de cada estudiante, llegando a concretar acciones no utópicas desde su misión y quehacer; creando dinámicas nuevas en pro de educar generaciones que aprendan con calidad, puedan construir un proyecto de vida y sean dueñas, sobre todo de herramientas afectivas y de convivencia, que como resultado promuevan ambientes de paz.
En consonancia con la afirmación de Hernández, Luna y Cadena (2017) la educación debe ser la encargada de la construcción de la cultura de paz, entendida como un medio en la formación de valores, reconocer los errores cometidos, la contrición y resolución de conflictos en la cual participen estudiantes, docentes, familia, directivos institucionales y directivos municipales. Se debe ubicar a la IE como foco formativo desde el cual se priorice no solo a nivel académico sino también convivencial, para lograr llevar a cabo las iniciativas de cambio.
En esta línea, Alvarado et al (2006) propone un modelo pedagógico dialogante, desde el cual se pretende llegar a la transformación de contextos cercanos o propios de los estudiantes, para asegurar que sus vivencias escolares y de proyecto de vida se den en forma asertiva. Punto a favor, pues precisamente la IE La Despensa adoptó el modelo dialogante en su PEI y puede
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enriquecer sus procesos con la resiliencia, frente a la realidad adversa, tal como lo plantea Badilia (1997) con interpretación propositiva de hechos dolorosos que lleven al mejoramiento integral no sólo de su ser, sino de las relaciones interpersonales con sus contextos próximos.
Descripción de sucesos de violencia endógena y exógena. Para los estudiantes, padres de
familia, docentes y profesionales de apoyo, directivos institucionales y directivos municipales, los niños viven en un contexto con condiciones socioeconómicas bajas, con deficiencias en la prestación de los servicios públicos, bajos ingresos económicos, inseguridad, abandono del Estado y falta de presupuesto entre otros. Además, se evidencian sucesos de violencia exógena, y endógena: violencia intrafamiliar, peleas entre integrantes de las familias, agresión física y psicológica, robos, homicidios, compra, venta y consumo de alucinógenos, peleas entre pandillas, violaciones y la policía no cumple su función.
Esta realidad se asemeja a la descrita por Cepeda, Moncada y Álvarez (2007) dentro la investigación realizada en la localidad de Ciudad Bolívar, en Bogotá, Colombia, considerando que la familia tiene un protagonismo dentro del proceso educativo de los estudiantes. De allí, que para Santana, Sánchez y Herrera (1998) el maltrato a menores se ha convertido en un conflicto con factores complejos e integrados, que en ocasiones son validados por diversas convicciones. Esta violencia en el ambiente educativo puede entenderse como un fenómeno que sigue siendo estudiado, que hace parte de problemáticas de la humanidad y que tiene su historia de justificación de manera permanente.
No obstante, los estudiantes manifiestan que no han visto ni han vivido ningún suceso de violencia dentro de la IE. De hecho, los sucesos de violencia solo los evidencian fuera de la IE; hecho que constata Nodarse (2008) al argumentar que los seres humanos no son violentos por naturaleza, sino que son en buena medida, el resultado de la educación recibida. Se evidencia como el contexto o los ambientes que acompañan al niño y al adolescente determinan con gran posibilidad su personalidad; en este caso, contextos violentos donde crecen los anti-valores, bien sea, si ha sido tocado por la desigualdad, la pobreza, el maltrato, ambientes violentos en su casa, en su colegio, en su barrio; todo esto conlleva ha ambientes que generan más violencia; agregando la falta de programas educativos adecuados, con políticas equivocadas y culturas de familias con maltrato que inevitablemente se convierte en una cadena generacional.
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Frente a esta situación manifiesta en la sociedad, en consonancia con la postura de Hernández (2009) los docentes han de estar formados en la educación para la paz, buscando estrategias pedagógicas, didácticas y éticas que toquen sus vidas y la de sus estudiantes para lograr un cambio significativo, no solo para ellos y sus proyectos de vida sino para sus familias, trabajando en equipo logrando articular el colegio y la sociedad. Es importante la opinión de los estudiantes manifestando que no han visto ni han vivido ningún suceso de violencia en el colegio, es un lugar en el cual se sienten bien, protegidos, encuentran amor, tranquilidad, viven en un ambiente de paz, los cuales no encuentran con sus familias ni en el barrio.
Violencia endógena y exógena: consecuencia en el aprendizaje del niño. Concluyen los
padres de familia, docentes y profesionales de apoyo, los directivos institucionales y directivos municipales que la violencia endógena y exógena influye negativamente en la calidad de vida de las familias; por lo tanto; afecta notoriamente su aprendizaje, el cual se evidencia en la falta de concentración que lleva al bajo rendimiento académico; se afectan psicológicamente, reflejándose en baja autoestima, en el comportamiento y relación con sus compañeros, es notoria la agresividad, en ocasiones actúan a la defensiva o se muestran vulnerables, asisten al colegio pensando en todas las problemáticas que tienen en sus casas; cuando se indaga al estudiante por alguna temática objeto de aprendizaje no responden de forma adecuada; además existe mala nutrición que afecta su desarrollo integral, genera pereza y desmotivación para estudiar, afectando su vida estudiantil.
En este sentido, Santana, Sánchez y Herrera (1998) manifiestan que la consecuencia del maltrato al menor o violencia por parte de cualquier actor hacia un menor, será una sobrecarga para las dificultades de aprendizaje; queda claro que hay dimensiones distintas desde donde puede ser violentado el niño y que deben ser salvaguardadas por quienes están a cargo de los menores, también ejercen violencia cuando no actúan en pro de evitar las acciones violentas que atenta contra el bienestar y el desarrollo integral de quien está a su cargo. De allí, la importancia de generar dinámicas de alerta respecto a la convivencia al interior del aula, también en los hogares de los niños, pues no hay forma de evadir la certeza de que las familias tienen la primera responsabilidad sobre los procesos formativos de los niños Santana et al (1998).
A diferencia de la problemática de violencia y agresión denunciada en algunas IE, en la IE La Despensa, Sede B, no se evidencia hechos similares, al contrario, es considerada como una isla
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que permeabiliza la problemática del barrio, siendo un ambiente donde los estudiantes se oxigenan y viven otra realidad, gracias a estrategias utilizadas por los docentes, iniciando por normas claras de convivencia basadas en el respeto, en consonancia con la propuesta realizada por Cid, Díaz, Pérez, Torruella, y Valderrama (2008) de establecer normas de respeto entre todas las personas que interactúan en la comunidad educativa.
Conclusiones y recomendaciones
La escuela debe ser resignificada como espacio posibilitador de paz y de formación de personas y ciudadanos reflexivos y críticos frente a la realidad del contexto. Es responsabilidad de los actores educativos, que ella no siga siendo un instrumento vacío que perpetúe ese