A muchos lectores se les hace extraño que relacionemos el amor con la muerte y la resurrección. En la mitología indostánica, el amor y la muerte son dos caras de una misma deidad. Shiva, el Dios de la fuerza creadora sexual universal, es al mismo tiempo el Dios de la muerte violenta y de la destrucción. La esposa de Shiva tiene también dos caras. Ella es Parvati y Kali a la vez. Como Parvati, es suprema belleza, amor y felicidad. Como Kali o Durga, puede convertirse en muerte, desgracia y amargura.
Shiva y Kali juntos simbolizan el Árbol del Conocimiento, el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. El Amor y la Muerte son dos hermanos gemelos que no se separan nunca. La senda de la vida está formada con las huellas del caballo de la muerte.
El error de muchos cultos y escuelas consiste en ser unilaterales. Estudian la muerte pero no quieren estudiar el amor, cuando en realidad éstas son las dos caras de la Deidad.
Las diversas doctrinas de Oriente y Occidente, creen realmente conocer el amor, cuando en realidad no lo conocen. El amor es un fenómeno cósmico en el que toda la historia de la Tierra y sus razas son simples accidentes.
El amor es la fuerza magnética misteriosa y oculta, que el alquimista necesita para fabricar la piedra filosofal y el elixir de larga vida, sin el cual la resurrección es imposible.
El amor es una fuerza que el yo jamás puede subordinar, porque Satán jamás puede subyugar a Dios. Los ignorantes ilustrados están equivocados sobre el origen del amor. Los necios se equivocan sobre su resultado. Es estúpido suponer que el único objeto del amor sea la reproducción de la especie. Realmente, el amor se desenvuelve y desarrolla en un plano muy distinto, que los cerdos del materialismo ignoran radicalmente. Sólo una fuerza infinitesimal del amor sirve para la perpetuación de la especie. ¿Qué se hace la demás fuerza? ¿Adónde va? ¿Dónde se desenvuelve? Esto es lo que ignoran los ignorantes ilustrados.
El amor es energía, y ésta no puede perderse. El excedente de energía tiene otros usos y finalidades que las gentes ignoran.
La energía excedente del amor está íntimamente relacionada con el pensamiento, el sentimiento y la voluntad. Sin la energía sexual, no podrían desenvolverse esas facultades. La energía creadora se transforma en belleza, pensamiento, sentimientos, armonía, poesía, arte, sabiduría, etc. La suprema transformación de la energía creadora da como resultado el despertar de la conciencia y la muerte y resurrección del iniciado.
Realmente, toda la actividad creadora de la humanidad resulta de la fuerza maravillosa del amor. El amor es la fuerza maravillosa que despierta los poderes místicos del hombre. Sin el amor, la resurrección de los muertos resulta imposible.
Es urgente abrir nuevamente los templos del amor para celebrar nuevamente las fiestas místicas del amor. Sólo con los encantos del amor, despierta la Serpiente de Fuego. Si queremos la resurrección de los muertos, necesitamos ser primero devorados por la serpiente. Nada vale quien no ha sido tragado por la serpiente. Si queremos que el Verbo se haga carne en nosotros, necesitamos practicar magia sexual intensamente. El Verbo está en el sexo. El Lingam-Yoni es la base de todo poder.
Necesitamos primero levantar la serpiente sobre la vara, y después ser tragados por la serpiente. Así nos convertimos en serpientes. En la India, los adeptos son llamados Nagas (serpientes). En Teotihuacan (México), existe el templo maravilloso de las serpientes. Sólo las serpientes de fuego pueden resucitar de entre los muertos.
Un habitante del mundo bidimensional, con su psicología bidimensional, creería que todos los fenómenos ocurridos en su plano, tendrían allí su causa y su efecto, su nacimiento y su muerte. Los fenómenos semejantes serían, para esos seres, idénticos. Todos los fenómenos que vinieran de la tercera dimensión, serían tomados, por esos seres bidimensionales, como hechos únicos de su mundo bidimensional. No aceptarían que se les hablase de una tercera dimensión, porque para ellos sólo existiría su mundo plano bidimensional. Empero, si estos seres planos resolvieran abandonar su psicología bidimensional para comprender a fondo las causas de todos los fenómenos de su mundo, podrían entonces salir de él y descubrir con asombro un gran mundo desconocido, el mundo tridimensional.
Lo mismo sucede con la cuestión del amor. La gente sólo cree que el amor es para perpetuar la especie. La gente sólo cree que el amor es vulgaridad, placer carnal, deseo violento, satisfacción, etc. Sólo quien pueda ver más allá de estas pasiones animales, sólo quien renuncie a este tipo de psicología animal, puede descubrir en otros mundos y dimensiones la grandeza y majestad de eso que se llama amor. La gente sueña profundamente. La gente vive dormida y sueña con el amor, pero no ha despertado al amor. Le canta al amor y cree que el amor es eso que sueña. Cuando el hombre despierta al amor, se hace consciente del amor, reconoce que estaba soñando. Entonces, y sólo entonces, descubre el verdadero significado del amor. Sólo entonces descubre qué es eso en lo cual soñaba. Sólo entonces viene a saber qué es eso que se llama amor.
Este despertar es semejante a aquel del hombre que, estando en cuerpo astral fuera de su cuerpo físico, viene a tener, cuando despierta la conciencia. La gente en el astral anda soñando. Cuando alguien se da cuenta de que está soñando, cuando dice: “Esto es un sueño, yo estoy soñando, yo estoy en cuerpo astral, yo estoy fuera de mi cuerpo físico”, el sueño desaparece como por encanto, y entonces el individuo queda despierto en el mundo astral. Un mundo nuevo y maravilloso aparece ante aquél que antes soñaba, su conciencia ha despertado. Ahora puede conocer todas las maravillas de la Naturaleza. Así también, es el despertar del amor. Antes de ese
despertar, soñamos en el amor. Tomamos esos sueños por la realidad; creemos que estamos amando; vivimos en un mundo de pasiones, romances a veces deliciosos, desilusiones, vanos juramentos, deseos carnales, celos, etc., etc., y creemos que es eso el amor. Estamos soñando y lo ignoramos.
La resurrección de los muertos es imposible sin el amor, porque el amor y la muerte son dos caras de una misma deidad. Es necesario despertar al amor para lograr la resurrección.
Es urgente renunciar a nuestra psicología tridimensional y a los hechos groseros, para descubrir el significado del amor en las dimensiones cuarta, quinta y sexta.
El amor viene de las dimensiones superiores. Quien no renuncia a su psicología tridimensional, jamás descubrirá el verdadero significado del amor, porque el amor no tiene origen en el mundo tridimensional. El ser plano, si no renuncia a su psicología bidimensional, creería que la única realidad del Universo son las líneas, los cambios de color de las líneas en un plano, etc. Un ser plano ignoraría que las líneas y el cambio de color en ciertas líneas, podría ser el resultado del girar de una rueda de rayos multicolores, tal vez un carruaje. El ser bidimensional ignoraría la existencia de tal carruaje, y con su psicología bidimensional, no creería en tal carruaje;
sólo creería en las líneas y en los cambios de colores vistos en su mundo, sin saber que éstos son únicamente efectos de causas superiores. Así son también aquellos que creen que el amor sólo es de este mundo
tridimensional y que sólo aceptan los hechos groseros como único significado verdadero del amor. Gente así no pueden descubrir el significado verdadero del amor. Gentes así no pueden ser devoradas por la Serpiente de Fuego. Gentes así no pueden resucitar de entre los muertos.
Todos los poetas, todos los enamorados le han cantado al amor, pero ninguno sabe realmente qué es eso que se llama amor. La gente sólo sueña en eso que se llama amor. La gente no ha despertado al amor.
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Capítulo 21.- La Novena Esfera
El descenso a la Novena Esfera fue, en las antiguas grandes civilizaciones que nos han precedido en el curso de la historia, la prueba máxima para la suprema dignidad del hierofante. Hermes, Buddha, Jesús, Dante,
Zoroastro, etc., y muchos otros grandes maestros, tuvieron que pasar por esa difícil prueba.
Recordad, amadísimos discípulos, que la Novena Esfera es el sexo. Muchos son los que entran a la Novena Esfera, pero es muy raro encontrar alguna persona que salga victoriosa de la difícil prueba. La mayor parte de estudiantes ocultistas viven mariposeando de escuela en escuela, de logia en logia, siempre curiosos, siempre en busca de novedades, a la caza de todo conferencista nuevo que llegue a la ciudad. Cuando algún estudiante de éstos se resuelve a trabajar con el Arcano A.Z.F., cuando algún estudiante de éstos se resuelve a bajar a la Novena Esfera para trabajar con el fuego y el agua, lo hace, como siempre, buscando siempre curioso, siempre necio. El estudiante ocultista todo lo vuelve “escuelitas y teorías”. Si entra a la Novena Esfera, lo hace como cuando se mete en una escuelita más, siempre imbécil, siempre curioso, siempre necio. Es difícil hallar un aspirante serio y definido de verdad, por la Senda del Matrimonio Perfecto. A veces aparecen algunos estudiantes aparentemente muy maduros y serios, pero, a la larga, se les ve el cobre. Triste realidad, pero es la realidad de esta vida.
Las pruebas de la Novena Esfera son muy finas y delicadas. El doctor le aconseja al devoto fornicar porque, de lo contrario, dizque se enfermaría. Las comadres le meten miedo a la esposa. Los hermanitos de todas las organizaciones asustan al estudiante. Los magos de las tinieblas, disfrazados de santos, le aconsejan al devoto derramar santamente el semen. Los pseudosabios le enseñan al aspirante magia sexual negativa, con derrame del semen. La forma de enseñar, el tinte sublime y místico que esos tenebrosos, disfrazados de santos, le dan a su doctrina, logran desviar al devoto y alejarlo de la Senda del Filo de la Navaja. Entonces el estudiante cae en la magia negra.
Cuando el estudiante se desvía, se cree más sabio que los maestros de la Gnosis. Realmente, los fracasados de la Novena Esfera, aquellos que no logran pasar las muy largas y duras pruebas de este Arcano, se convierten, de hecho, en demonios terriblemente perversos. Lo peor del caso es que ningún demonio se cree malo y perverso. Todo demonio se cree santo y sabio.
Cuando comienza las prácticas de magia sexual, el organismo se resiente. A veces se inflaman las glándulas sexuales y parótidas, duele la cabeza, se siente cierto mareo, etc. Esto horroriza a los curiosos mariposeadores de “escuelitas”, que huyen entonces aterrorizados buscando, como siempre, “refugio” en alguna nueva escuelita. Así pasan la vida estos pobres tontos, siempre de flor en flor. Un día cualquiera, mueren estos pobres tontos sin haber logrado nada. Perdieron el tiempo miserablemente. Llegada la muerte, se convierten estos necios en legión de demonios que continúan.
La Novena Esfera es definitiva para el aspirante a la Realización. Es imposible autorrealizarse íntimamente, sin haber encarnado el alma. Nadie puede encarnar el alma, si no ha engendrado el Astral Cristo, la Mente Cristo, y la Voluntad Cristo. Los actuales vehículos internos del hombre, mencionados por la Teosofía, son sólo simples formas mentales que todo hombre debe disolver cuando intenta autorrealizarse íntimamente.
Necesitamos nacer, y eso de nacer es, ha sido y será un problema absolutamente sexual. Es necesario nacer, y para eso hay que bajar a la Novena Esfera. Ésa es la prueba máxima para la suprema dignidad del hierofante. Ésa es la prueba más difícil. Es muy raro encontrar alguien que pueda pasar esa difícil prueba. Por lo común, todo el mundo fracasa en la Novena Esfera.
Es necesario que los esposos se amen profundamente. La gente confunde el deseo con el amor. Todo el mundo le canta al deseo y lo confunde con eso que se llama amor. Sólo aquellos que han encarnado su alma, saben lo que es amor. El yo no sabe qué es amor. El yo es deseo.
Todo aquel que encarna su alma, es por eso un Budha. Todo Budha debe trabajar en la Novena Esfera para encarnar al Cristo Interno. En la Novena Esfera, nace el Budha. En la Novena Esfera nace el Cristo. Primero debemos nacer como Budhas, y después como Cristos.
Bendito sea el amor, benditos los seres que se aman verdaderamente, benditos aquellos que salen victoriosos de la Novena Esfera.