Columna # 6
Título: Ser madre a los 16
Fecha de publicación: 14 de octubre de 2008
4.2.6.1 Ejes sémicos y categorías sémicas en la relación de contrariedad y contradicción del cuadrado semiótico
En el caso de la columna titulada “Ser madre a los 16”, la enunciadora parte en su argumentación sobre el tema del embarazo adolescente, advirtiendo sobre tres hechos. El primero de ellos, relacionado con la “triste” noticia que reportó el Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam) sobre el altor índice de jóvenes adolescentes embarazadas en Colombia, en contraste con las cifras de países como Ecuador, Venezuela, México y Argentina, cuyos niveles son menores al caso colombiano. En segunda instancia, se refiere a las cifras ya “conocidas” arrojadas por la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de Profamilia en el 2005, y que alerta sobre el incremento del porcentaje de madres menores de 19 años en el país. Como tercer aspecto, señala el “impacto” que le causó el conocer que “muchos de estos embarazos de niñas son deseados y hasta conscientemente buscados”.
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En cuanto a la relación de contrariedad se establece a partir de los ejes sémicos: “una cultura que no”/”una cultura que sí”, articulados por la categoría sémica “Mujer adolescente”. En este orden de ideas, el eje sémico “una cultura que no” se soporta en las siguientes afirmaciones: “una cultura que no les contó lo que significa hoy ser madre adolescente”, “una cultura que no les permitió vislumbrar lo potente del acceso al saber, a la palabra, a la autonomía, a la participación, es decir a la ética y a la ciudadanía”, “una cultura saturada de mensajes que siguen fetichizando la maternidad, que siguen aún haciéndoles creer que es el más bello camino para llegar a existir y para recuperar un seudopoder que será siempre un poder subordinado”, “una cultura que no logra evidenciar las condiciones culturales que rodean la maternidad, ni las renuncias que significa aplazar, cuando no es quebrar, un proyecto de vida que ya estarían en condiciones de tener niñas de 15 o 17 años”.
El eje sémico “una cultura que sí”, se sustenta en: “a esta edad deberían estar proyectándose en el futuro y entender que, para una mujer, existir en el sentido moderno de la palabra significa construirse una habitación propia”, “una habitación propia, que no es otra cosa que un mínimo de independencia económica, pero, sobre todo, de autonomía subjetiva, que permita a las jóvenes aprender, poco a poco, a celebrar el amor y gozarlo desde esta magnífica y temporal residencia que es la vida”, “pensar una educación sexual capaz de derrumbar mitos y tabúes en relación con el amor, la sexualidad, la circulación del deseo, la imposibilidad de la posesión, el misterio del otro y, sobre todo, de la otra”, “una educación capaz de relativizar el fácil enamoramiento de los 15 años y que al mismo tiempo incite al difícil arte de amar”, “la absoluta necesidad de construir mujeres autónomas antes que cualquier proyecto de maternidad”.
Así mismo, la relación de contradicción versa sobre los ejes, “construir primero mujeres autónomas e independientes, antes que cualquier proyecto de maternidad”/”cualquier proyecto de maternidad, antes que construir primero mujeres autónomas e independientes”. Tales relaciones pueden identificarse en el siguiente cuadro:
Una cultura que no Una cultura que sí
-“una cultura que no les contó lo que “a esta edad deberían estar
significa hoy ser madre adolescente” proyectándose en el futuro y entender -“una cultura que no les permitió vislumbrar que, para una mujer, existir…significa lo potente del acceso al saber, a la palabra, construirse una habitación propia” a la autonomía, a la participación, es decir - -“pensar una educación sexual capaz a la ética y a la ciudadanía” de derrumbar mitos y tabúes en -“una cultura que no logra evidenciar las relación con el amor, la sexualidad, la condiciones culturales que rodean la circulación del deseo
maternidad, ni las renuncias que significa -“la absoluta necesidad de construir
aplazar” mujeres autónomas antes que cualquier proyecto de maternidad”
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4.2.6.2 Elementos del programa narrativo de transformación
De manera similar a los casos antes expuestos, la presente columna propone un programa narrativo manifiesto, mediante la transformación de un estado disyuntivo en uno conjuntivo. En el marco del ejercicio argumentativo, la presentación de un estado disyuntivo, obedece a un recurso retórico por medio del cual es posible validar un estado conjuntivo de las cosas. La fórmula que en este sentido se propone, es la de transitar de un estado de negativo, a un estado positivo, siempre a la luz del punto de vista discursivo que la enunciadora afirma en su práctica.
El estado disyuntivo, entonces, está dado por una cultura que no explicó a las adolescentes lo que significa ser madre en esta etapa, que no le permitió a las mujeres adolescentes reconocer posibilidades en el acceso al conocimiento, a la participación, a la autonomía, entre otras, que a través de mensajes fetichiza la maternidad como un “bello” camino para existir en la sociedad y perpetuar el modelo patriarcal dominante, y que no ha evidenciado las condiciones culturales que atraviesan la maternidad y el resquebrajamiento de un proyecto de vida cuando ésta se acepta en la adolescencia.
Por el contrario, quien argumenta propone, en contraste, un estado conjuntivo en el que la mujer adolescente se proyecte en el futuro y comprenda que su existencia significa construir “una habitación propia”, a través de la cual alcanzar, al menos, un mínimo de independencia económica, pero ante todo, de “autonomía subjetiva”, “que permita a las jóvenes aprender, poco a poco, a celebrar el amor y gozarlo desde esta magnífica y temporal residencia que es la vida”. Además, un estado conjuntivo, contrario al estado de disyunción, en la manera como aborda y piensa la educación sexual, en que asume el reto de “derrumbar mitos y tabúes en relación con el amor, la sexualidad, la circulación del deseo, la imposibilidad de la posesión, el misterio del otro y, sobre todo, de la otra”, en que abre caminos a una educación que relativice la idea del enamoramiento “fácil” a los 15 años “y que al mismo tiempo incite al difícil arte de amar”. Se trata, pues, de un estado conjuntivo que propenda por la “absoluta necesidad de construir mujeres autónomas antes que cualquier proyecto de maternidad”.
Construir primero mujeres autónomas e independientes,
antes que cualquier proyecto de maternidad
Cualquier proyecto de maternidad, antes que construir primero
mujeres autónomas e independientes
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4.2.6.3 La práctica enunciativa
Partiendo de lo anterior, vemos que, justamente, el estado conjuntivo que la enunciadora propone a través de un programa narrativo (cuando dice cómo debería ser la educación), constituye el enunciado central de la práctica discursiva desplegada en el caso de esta columna. Luego, aquello que se enuncia es: la necesidad de educar una mujer adolescente sobre la base de una existencia independiente, participativa, autónoma, antes que pensar para ella cualquier tipo de proyecto de maternidad. Ello, en cierta medida, como conclusión del saldo que ha dejado el estado disyuntivo, es decir, el estado en que la cultura le ha negado a la mujer adolescente el acceso al saber, a la autonomía, que ha fetichizado el embarazo, que ha construido tabúes con respecto al amor y la sexualidad.
En cuanto al lugar que ocupa la enunciadora en el discurso, se puede indicar que en este caso, los aspectos relativos a la formación discursiva e ideológica aparecen con mayor frecuencia, tanto en el ejercicio polifónico que se realiza, como en valoraciones implícitas sobre el tema argumentado. Ello, entonces, se refleja en las voces incorporadas al discurso, tales como “para una mujer, existir en el sentido moderno de la palabra significa construirse una habitación propia, como nos lo contó hace ya casi un siglo Virginia Woolf” y “que permita a las jóvenes aprender, poco a poco, a celebrar el amor y gozarlo desde esta magnífica y temporal residencia que es la vida, como lo dice tan bellamente Gioconda Belli”, y las cuales nos hablan, al menos, sobre el tipo de lecturas y autores que quien enuncia articula a su actividad discursiva.
Así mismo, con respecto a la formación ideológica, la enunciadora manifiesta que “En un país que se acaba de consagrar al inmaculado corazón de la Virgen María, es una tarea que tomará tiempo...”, refiriéndose a la necesidad de construir mujeres autónomas e independientes. Esto, igualmente, da pistas sobre la relación ideológica y de saber, que la enunciadora construye frente a las prácticas religiosas, al menos una en especial, de la Iglesia católica. Otro ejemplo de ello, se constata en la valoración que hace de el editorial de El Tiempo del 11 de octubre, el cual califica como “progresista y bien informado”. Acorde con ello, puede reconocerse, nuevamente, la atribución de una licencia en términos de la crítica y valoración que se hace, que la enunciadora se confiere a sí misma al permitirse calificar de esta manera, hacer peticiones como: “Yo, por mi lado, le pediría a la ministra Cecilia María Vélez que ella también se constituya en una catalizadora de iniciativas que sigan trabajando a favor de una despenalización total del aborto en el marco de los derechos fundamentales de adolescentes inscritas en programas de educación de calidad”. Dando cuenta con esto, de la licencia que un “yo”, unido a un “nosotros” habilita en su práctica discursiva, asociada con marcas como “estaremos atentos”.
Finalmente, al igual que en las columnas anteriores, la opinión pública colombiana y los sectores que la articulan, en general, ocupan el lugar de enunciatarios. Aunque, vale la pena anotar, que es con sus instituciones, con algunos personajes, con sus creencias, con sus opiniones, entre otros, con los
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cuales la enunciadora instaura una relación dialógica; motivo por el cual, lejos de considerar el lugar del interlocutor como una instancia pasiva, debe considerarse como fuente activa de las tensiones sociales, políticas y culturales que prioritariamente configuran la práctica discursiva de quien enuncia.