La huella visible del metabolismo agrario en la zona plana del municipio de Palmira
En los capítulos anteriores se mostró el origen y distribución de la caña de azúcar en el mundo, las características generales del mercado del azúcar y las expectativas con la producción de etanol y el lugar que ocupa Colombia en el panorama internacional. Posteriormente se analizaron los patrones históricos del cambio del sistema agrario en el valle geográfico del río Cauca durante los últimos 120 años, a través de la definición de cuatro periodos o cortes temporales. Ahora se pretende mostrar la huella visible del metabolismo agrario sobre el territorio.
La consideración del metabolismo entre sociedad y naturaleza da la posibilidad de distinguir entre formas de organización, estructura, funcionamiento y evolución, que definen a los sistemas agrarios en determinados momentos históricos y que pueden ser comparados en términos de sustentabilidad (Guzmán y González de Molina, 2006).
El Sistema Agrario180 como entidad socio-ecológica se entiende en esta investigación como un conjunto de coberturas cultivadas (agroecosistemas181) y silvestres y un conjunto de unidades productivas diversas (sistemas de producción) interrelacionadas entre sí y por medio de otros agentes (comerciantes, transformadores, proveedores de servicios, reguladores…). Es decir, que el sistema se constituye en una unidad territorial estructurada por los sistemas de producción con un funcionamiento ecológico y socioeconómico en el que se presenta una circulación, por medio de diversos agentes, materia, energía, valores e información y tiene un intercambio (sistema abierto) con otros sistemas agrarios y con las estructuras socioeconómicas regionales, nacionales e internacionales.
En los capítulos siguientes se pretende hacer una interpretación general y agregada de la evolución tanto del territorio como de los agroecosistemas y compararlos entre sí en términos de
180 El concepto de sistema agrario combina los desarrollos conceptuales de Mazoyer (1992-1993), Mazoyer y Roudart (2002). 181 Los agroecosistemas se definen como totalidades integradas por sistemas agrícolas y los sistemas sociales y ecológicos acoplados a éstos. Así, un agroecosistema no solamente comprende el sistema agrícola y el espacio físico dedicado a la producción, también los recursos, el clima, el suelo, la infraestructura, las relaciones económicas, las instituciones, la estructura social, la gente involucrada y afectada por estos procesos, y la historia misma del sistema (Altieri, 1999:49, Cabell and Oelofse, 2012).
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sustentabilidad, con base en dos criterios básicos: la estabilidad y la resiliencia.La definición y mensurabilidad de estos conceptos han sido objeto de gran debate académico en los últimos años, en el que no ahondaremos aquí. Otro criterio importante que se tendrá en cuenta es la productividad, pero por limitaciones en la información no fue considerado como un criterio de análisis en sí mismo.
Los dos criterios son muy cercanos en su definición. Por lo tanto, complementarios. La estabilidad, como criterio de sostenibilidad se define en este estudio como la capacidad de un agroecosistema para mantenerse en equilibrio dinámico (flexible), sin grandes oscilaciones, a través del tiempo. Mientras que la resiliencia es entendida como la capacidad de un sistema (socio-ecológico) para mantener su identidad frente a los cambios internos y choques y perturbaciones externas. La identidad del sistema depende, en gran medida, de sus componentes, las relaciones entre ellos y la capacidad de ambos, componentes y relaciones, para mantenerse de forma continua a través del tiempo y del espacio (Altieri, 1999, Cumming y Collier 2005). El mantenimiento de la identidad también se relaciona con la innovación y la auto-organización; sistemas típicamente resilientes son capaces de ajustarse a una variedad de condiciones exógenas, aunque la innovación también puede reducir su capacidad de recuperación (Cummins et al., 2005: 976). La actual o potencial perturbación puede ser causada por un estrés frecuente, a veces continuo, relativamente pequeño y predecible con efectos acumulativos, usualmente proveniente de procesos internos (culturales, socioeconómicos o ecológicos) o por un choque o impacto externo grande e impredecible (González de Molina & Guzmán, 2007: 20).
La interpretación de la sostenibilidad se enfocó en tres componentes: el uso del suelo, el agua y el suelo a través de indicadores basados en los cambios biofísicos y modelos, como los balances hídricos y de nutrientes combinados con factores tecnológicos y socioeconómicos que muestran el estado del agroecosistema para los cuatro periodos establecidos y la posibilidad de seguir en el futuro las trayectorias históricas observadas.
La exploración de esta primera parte estuvo guiada por las preguntas sobre la capacidad del sistema socioecológico de resistir el modelo de desarrollo agrícola implantado en los últimos 150 años con el protagonismo reciente de la caña de azúcar y cuál el grado de sostenibilidad del
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sistema frente a los retos que imponen el evidente deterioro de la base biofísica y social del territorio, las cambiantes condiciones climáticas y la imperativa intensificación de los sistemas productivos.
El estudio de la sostenibilidad, no obstante, no podría abordarse convenientemente sin antes revisar la evolución de los sistemas productivos. En este capítulo no se pretende hacer un estudio exhaustivo y convencional de estos sistemas, pero sí plantear unos tipos y una aproximación a sus características productivas.
Evolución de la agricultura y la ganadería, una aproximación a los sistemas de producción
El estudio de las transformaciones del valle geográfico durante el siglo XX permitió diferenciar cuatro sistemas productivos predominantes: la hacienda ganadera, la hacienda agrícola y ganadera, la finca campesina y la empresa agroindustrial capitalista. Esta tipología responde a las tendencias históricas de la conformación del territorio actual. Sin embargo, es importante aclarar que no fue un proceso lineal ni uniforme: todo lo contrario, las condiciones propias de la región como la heterogeneidad biofísica y cultural y la convivencia de sistemas productivos tradicionales y modernos durante el lapso de estudio plantean dificultades al delimitar su ocurrencia o las transiciones
tanto productivas como socioecológicas que se generaron en los periodos planteados en el capítulo anterior. No obstante, en la descripción de cada sistema se hace referencia a su evolución aproximada en el tiempo.
La hacienda ganadera
En el capítulo anterior se hizo mención de la importancia de la ganadería en la transformación del valle geográfico y se describió su evolución. El municipio de Palmira es un caso emblemático de esta situación, pues estuvo ocupada por grandes haciendas dedicadas a la ganadería extensiva. Esta zona fue rica en pastos naturales, entre los que el de mayor distribución y preferencia por el
ganado fue el pasto Bahía o pasto Alfombra (Paspalum notatum F.), que usualmente se hallaba
mezclado con otras especies, como el Espartillo (Sporobulus indicus R.), de buenas cualidades forrajeras y distintas especies de Setaria y Syntheresia.
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A mediados del siglo XIX, la vieja costumbre de renovar los pastos mediante la quema182 fue remplazada en las décadas de 1840 y 1850 por la introducción de dos pastos de origen africano, el Pará y el Guinea, de más rápido crecimiento, mayor producción de biomasa y más resistentes al pastoreo y al pisoteo. El Pará, pasto estolonífero sembrado en suelos pobremente drenados, produce la mayor parte de su biomasa en el tallo y estolones, lo que le permite formar rápidamente una cubierta como un tapete. El Guinea, de crecimiento rápido y manojos densos de hasta tres metros de altura, fue utilizado en suelos aluviales más permeables. Los nuevos pastos podían formar una cubierta cerrada con mayor rapidez que las especies nativas, restringir las malezas y el crecimiento del boque secundario (Van Ausdal, 2009: 136).
Preston Hyland refiere que, en 1864, en las riveras de río Cauca del lado de Palmira había una serie de potreros de pasto Guinea y Pará, que en el mismo año crecieron en 20 cuadras (cerca de 13 hectáreas) y cómo toda esa expansión se dio a expensas de la cubierta boscosa que caracterizó por largo tiempo este terreno del valle central (1983:114).
El establecimiento de nuevos pastos fue precedido por la tala de bosques, una tarea especializada –el desmonte– confiada a un ajustero y a una cuadrilla de peones, seguido de un periodo de secamiento, otro de amontonamiento de la vegetación seca en piras reunidas en el centro del claro y luego la quema. Después de esta tarea, que tomaba varias semanas, el propietario sembraba maíz o plátano en lo que se había convertido en una roza o zona intermedia de cultivo. Después se sembraba Pará de rápido crecimiento y el desmonte adquiría gradualmente las proporciones y la exuberancia de un pastizal, para esta época, cerrado con cercas (Rivera y Garrido, 1946: 165).
Las áreas de pasto natural o pasto común eran esencialmente tierra de pastoreo abierto, comprendidas dentro de proindivisos vagamente definidos que constituían el reducto de lo que serían vastas haciendas (Hyland, 1983: 112).
No obstante lo anterior, el negocio del ganado era tan importante a comienzos de siglo como lo muestra el contrato establecido entre Jorge Garcés y la sociedad Eder & Urquhart (1915), en que
182 El uso del fuego se aplicó como estrategia de manejo para repeler la sucesión vegetal y también como herramienta de transformación de bosques nativos.
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el primero “se compromete a entregar en perfecto buen estado y destetos, mil reses de cría, entre hembras y machos, no debiendo pasar las hembras de número de quinientas […] provenientes de la provincia de Palmira […] Eder y Urquhart se comprometen a su vez a recibir oportunamente las reses y a entenderse en todo lo relativo con la administración y cuido del ganado, debiendo poner este en potreros de Pará, limpios, con abundancias de agua […] salarlo, vacunarlo y hacer, en una palabra, todo cuanto se acostumbra en estos casos”183.
El informe de pérdidas y ganancias de la Hacienda El Guavito, al 31 de diciembre de 1915, también presentaba una población importante de animales, según el siguiente inventario184:
1.200 Vacas 262 toros de engorde
50 novillas (entre 2 y 3 años) 4 novillos 147 novillas (menores de 2 años) 23 caballos
40 toros nativos 6 yeguas
38 toros mitad indios 2 potrillos
174 terneros (amamantamiento) 7 potrancas 204 terneras (amamantamiento) 16 mulas
Aunque el documento no aclara el tamaño del predio para ese año, 2.173 animales era un número importante, lo que demuestra la importancia del sistema productivo para este periodo.
Chardón, en 1929, describió una ganadería compuesta básicamente por “ganado vacuno indígena185 de temperamento vivo y nervioso, sobrio, que soporta fácilmente los grandes calores, la sequía, la alimentación grosera en la época de verano y resistente a grandes jornadas… Tipo de carne con poca producción de leche… ganaderías con cruzamientos de este ganado con diversas razas exóticas, como Aberdeen Angus, Durham y Charollais, entre las de carne; Holstein Fresian, como productores de leche, y Blanco Orejinegro, Normando y Red Poll para doble propósito, pero los resultados no han sido todo lo que el ganadero esperaba. El Cebú, llamado también “indio”, no entra en los tipos anteriores, sino que constituye por sí una raza de tiro” (Ver Figura 31) (1930: 42-49).
183 Contrato relativo a la ceba y venta de ganado vacuno al partir de utilidades, establecido entre Jorge Garcés y la sociedad Eder & Urquhart, 9 de enero de 1915, Cali, AH Mansa Caja 46. Fondo documental – Archivo histórico.
184 Tomado textualmente de AH Mansa Caja 56.
185 El Hartón del Valle, o caucano, fue la raza de ganado criollo predominante del valle geográfico, aunque no es muy claro si lo fue así en la zona plana de Palmira.
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También apuntaba Chardón la falta de prácticas como la división de potreros y la falta de organización de la industria, lo que no permitía la clasificación de los animales en especies, razas, edades y sexos, como lo planteaba la técnica para la época (45). La mayoría de las áreas dedicadas al pastoreo, bien con pastos nativos, caracterizados por su escasa producción de biomasa y pobre calidad nutricional o con pastos introducidos, tenían insuficientes prácticas de manejo durante las fases de establecimiento y producción, que no permitían producciones estables. Por otra parte, las variaciones climáticas propias del ecosistema, como la alternancia de largos periodos de invierno y épocas prolongadas de sequía, reducían la oferta forrajera. El contenido de proteína y la digestibilidad disminuían drásticamente, lo que repercutía en el bajo consumo voluntario, la baja producción de carne o leche, detrimento de la condición corporal y estado reproductivo de los animales.
Figura 31. Ganado zona plana, municipio de Palmira. 1920
Toros de raza Cebú importados por La Manuelita a comienzos del siglo XX. Fuente: AH Mansa - Fondo Fotográfico.
Sin embargo, la práctica de trashumancia entre la zona plana y la zona de piedemonte de acuerdo con los periodos de lluvia, practicada por los productores, favorecía la renovación de pastos y
plantas leguminosas nativas asociadas (Calopogonium muconoiedes, Desmodium sp.,
Centrocema pubescens). El suministro de miel de purga o melaza186 también constituía una
186 Miel final o melaza: líquido denso y viscoso obtenido de la centrifugación de la masa cocida final y del cual no es posible recuperar, económicamente, más sacarosa por los métodos usuales. En las melazas los azucares representan el orden del 80% de su contenido en materia seca, como consecuencia, son muy palatables y su contenido energético es apreciable. El Ingenio Manuelita, en 1948, de 3.100.388 litros de miel producida dedicaba 471.400 (15%) para la alimentación de animales (AH Mansa Caja 75).
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fuente energética importante en épocas de verano o cuando la calidad del pasto era de muy baja calidad, dependiendo del precio y la disponibilidad, con un consumo aproximado de 2 kg/vaca/día.
Eder (1913: 153) mencionaba que las vacas solo rendían en promedio menos de 2 litros al día y un novillo nativo, bien desarrollado y engordado, podía pesar en pie hasta 545 kg.
Además de producción de carne y leche, la industria pecuaria estaba ligada a la producción de queso, mantequilla, cueros, jabones, aceites, velas y cebo; a la comercialización del ganado vacuno, caballar y mular; a la utilización de bueyes y caballos en las actividades agropecuarias y al transporte de productos y mercancías que, a su vez, favorecieron la creación de otras industrias, como la Compañía Industrial de Aceites y Jabones y otras más caseras, dedicadas a la elaboración de artículos de cuero (Mallama, 1996: 35-36).
La ganadería fue ganando en especialización de manera desigual, dependiendo de los intereses, el entusiasmo y la capacidad económica de los productores. En general, era un sistema productivo sin uso de fertilizantes ni pesticidas; tampoco se hacía laboreo intenso de la tierra y era muy común el uso de cercos vivos, como nacederos (Trichanthera gigantea), matarratones (Gliricia sepium), guácimos (Guazuma ulmifolia), chiminangos (Pithecellobium dulce), piñuela (Bromelia pinguin), guadua (Guadua ssp) y tunas.
En la consolidación de la ganadería durante las décadas de 1930 y 1940, las recomendaciones de Chardón, relacionadas con la utilización de reproductores pura sangre, el mejoramiento de la dieta, el manejo de potreros y los métodos de control de las plagas pecuarias, fueron de gran importancia.
La Estación Experimental de Palmira, con la organización de dos puestos ganaderos (1938 y 1942), y algunos agricultores adinerados lograron importar ejemplares de diversas razas, entre ellas Charollais, Red Poll, Ayrshire, Shorton y Holstein, estas últimas provenientes de Estados Unidos y Canadá (Ver Figura 32), logrando mejorar los resultados en el mestizaje y aumentos apreciables en la producción de leche y carne.
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El censo ganadero en Palmira, para los años 1936-1939, reportaba una población creciente en su mayoría vacuna, con 84.299 ejemplares, 7.398 caballos y 2.378 mulas. También se encontraban en menos proporción cerdos, asnos, ovejas y cabras (Ver Tabla 22).
Tabla 22. Censo ganadero, Palmira, 1936-1939
Vacuno Caballar Mular Porcino Asnal Lanar Caprino
M H M H M H M H M H M H M H
35.741 48.558 3.924 3.474 1.046 1.332 1.686 2.191 72 58 436 458 86 125
84.299 7.398 2.378 3.877 130 894 211
M: Machos, H: Hembras.
Fuente: Secretaría de agricultura y Fomento. Departamento Valle del Cauca. Censo ganadero 36/37/38 - Palmira
Un documento de la Comisión de Aguas de Cali menciona que en la inspección ocular del zanjón Malimbú, y sus derivaciones, este beneficiaba, en 1940, una superficie de 13.093 fanegadas (8.379 hectáreas) utilizadas para el riego de 459 plazas (293 hectáreas), con cultivos de arroz, 57 plazas de caña (36 hectáreas) y abrevadero de 10.830 cabezas de ganado187 lo que demuestra la importancia que para este año aún representaba la ganadería.
Con la introducción de pastos, como el Gordura o Yaraguá (Melinis minutiflora), alternados o combinados con el uso de árboles forrajeros y de sombra en los potreros como samanes (Samanea saman), ceibas (Ceiba pentandra), pizamos (Erythrina poeppigiana) y caracolíes (Anacardium excelsum) y el elefante (Pennisetum purpureum, S.) –pasto de corte– se inicia un proceso de diversificación de la oferta alimentaria.
187 Comisión Especial de aguas. Informe No. 30. Diligencia de inspección ocular por la instalación de una motobomba en el zanjón Malimbú, para derivar aguas destinadas al riego de plantaciones de caña de azúcar. Cali, marzo 22 de 1941 (AH Mansa Caja 72-A L2).
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Figura 32. Ganadería Holstein y razas europeas introducidas de Canadá. 1956
Fuente. AH Mansa - Fondo fotográfico.
En la década del cincuenta, con la entrada de la Revolución Verde, se adoptó el modelo norteamericano de praderas188, lo que ocasionó la pérdida de gran parte de los cercos vivos y árboles de sombra y posteriormente se inician los ensayos de fertilización nitrogenada, alcanzando aumentos en contenidos de proteína cruda en algunos pastos, como el Pangola, el Puntero, el Guinea y el Pará, práctica que iría ganando en popularidad189.
Una década después se populariza la suplementación con prácticas como la alimentación de terneros con concentrados de soya producidos al norte del valle geográfico y mezclas de subproductos, como salvado de trigo y salvado de arroz (4 kg/día/305 días de lactancia), pasto de
corte, principalmente pasto Elefante (Pennisetum purpureum schum) con un consumo promedio
diario de 30 kg/vaca (CVC, 1983:96); la inseminación artificial190 e importación de semen de razas extranjeras, como la Simmental, proveniente de Suiza (Villegas, 2013).
188 Luis Fernando Múnera. Médico veterinario y zootecnista. Conversación personal.
189 Ensayos realizados por el programa de Pastos y Forrajes del ICA, a comienzos de la década de 1970, en Palmira, sobre fertilización nitrogenada en cuatro pastos, mostraron incrementos importantes en la producción de forraje comparando dos dosis (0 y 100 kg N/ha). El promedio de nueve cortes mostró que la aplicación de 100 kg N/ha duplicó la producción de forraje, alcanzando en promedio 5,12 Ton/ha de forraje. En otros experimentos, el ICA demostró aumentos en el contenido de proteína cruda/ha en pasto Pangola con el incremento en las dosis de N: 45 Kg/ha (0 kg N/ha), 390 kg/ha (25 kg N/ha), 910 kg/ha (50 kg N/ha) y 2.120 kg/ha (100 kg N/ha) (Durán, C. 1973: 176).
190 La revista
Esso Agrícolaregistraba en 1961: “la inseminación artificial (… y los nuevos métodos de conservación del semen en nitrógeno líquido) evitará la importación de toros al país que resultan muy costosos y en su lugar importarse el semen o material de inseminación y extender el servicio de toros probados a un buen número de hembras y mejorar la calidad de las razas de ganado” (Año VIII, No. 5).
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El sistema de producción en la década de 1970 seguía siendo, en general, “tradicional”: poca selección de ganado, bajas tasas de natalidad, poco mejoramiento y cultivo de pastos. En esta década se inician cambios técnicos importantes principalmente en el acortamiento de la fase de levante por el mejor manejo y la mayor inversión en pastos, la transformación se tradujo en la disminución de la edad media de sacrificio y el aumento en la natalidad (SAG, 1986: 20).
El promedio de animales por hectárea estaba entre 1,43 a 1,74 animales por hectárea, capacidad de carga muy reducida, si se tiene en cuenta la densidad de animales en algunas fincas: 5 animales/ha en explotaciones para ceba y de 2,5 vacas/ha si se trata de explotaciones lecheras, con una productividad media de 6,8 botellas por animal. En ceba, la productividad promedio era de 405 kg de carne por hectárea (CVC, 1971: 39-44).
Según Molina y colaboradores, en la década de 1980 una hacienda promedio podía producir 6.500 litros de leche por hectárea y mantener una carga animal de 2,75 vacas por hectárea con una dependencia de 400 kilos urea por hectárea/año (2012: 29). Este sistema productivo, sin embargo, empezó a decaer en la década de 1960 y en 1980 había disminuido sustancialmente.
Hacienda agrícola y ganadera (hacienda mixta)
Mientras la ganadería extensiva fue la principal actividad económica hasta mediados del siglo XX asociada con medianas y pequeñas propiedades asentadas en las estribaciones de la cordillera central y en las inmediaciones de los poblados con producción para autoconsumo y exportación de algunos productos agrícolas, la agricultura fue ganando terreno, constituyendo el segundo sistema productivo predominante.
Los cultivos de café, tabaco, cacao y arroz ocuparon un lugar representativo de la producción