SOCIALISTAS
La primera consideración que debe realizarse es que el cambio, tanto económico como social, esta suponiendo una gran tensión fundamentalmente de carácter social. Tanto en la Europa Central como en la Oriental el cambio se esta produciendo en dos fases; una primera con cambios en la estructura política que permita controlar el poder y el proceso de decisión y a continuación una segunda basada en un proceso de modernización y esencialmente la privatización de los bienes del Estado.
Fue necesario crear mecanismos de compensación para paliar las perdidas de aquellas personas que trabajaban en sectores obsoletos, principalmente fabricas con procesos de fabricación antiguos y de equipos y componentes en desuso.
El sistema de compensaciones ha sido de diferente modalidad dependiendo del sector y de la preparación de los ciudadanos, consistente en algunos casos en la ayuda económica pura y dura, pero en otros en la obligación de aprender un oficio como condición para poder recibir la compensación. Los resultados de esta política ya se están viendo en muchos países, como por ejemplo Hungría y Estonia cuyos crecimientos anuales del Producto Interior Bruto supera el 5%, siendo de los mas alto del mundo. Evidentemente, existen países que por diversas causas están teniendo y tienen grandes problemas en asumir los cambios que se les exige y que son debidas a que no se han llevado a cabo los cambios en profundidad o han sido equivocados, teniendo como excusa el tiempo transcurrido en otro régimen de características tan dispares.
La situación actual de la Europa del Este se caracteriza por dos hechos incuestionables como son: El aumento cada vez mayos entre los países de la Unión Europea y los de la ex URSS y la entrada como países comunitarios de:
Estonia, Letonia, Lituania, República Checa, Eslovenia, Eslovaquia, Hungría y Polonia que aumentan a 25 los países que forman la nueva Unión Europea. Tanto políticamente como económicamente, la ampliación es una oportunidad histórica para realizar un mercado único de 500 millones de habitantes, con el consiguiente aumento de la estabilidad y la prosperidad del continente europeo.
Pero para poder formar parte de la Unión Europea se necesita cumplir los denominados Criterios de Copenhague y es por lo tanto que todos los países del Este que forman parte de la UE cumplen con:
El país ha alcanzado una estabilidad institucional que garantiza la democracia, el Estado de Derecho, los derechos humanos y el respeto y la protección de las minorías.
La existencia de una economía de mercado en funcionamiento, así como la capacidad de hacer frente a la presión de la competencia y las fuerzas del mercado dentro de la Unión Europea.
Asumir los objetivos de unión política, económica y monetaria.
¿ Cuales han sido los cambios esenciales que se han producido en la Europa del este y cual es la situación actual? La situación actual de estos países viene determinada por una serie de factores que son determinantes en el desarrollo de los mismos:
Nueva situación política por la retirada de la URSS.
Nuevo reordenamiento de carácter mundial.
Nuevos sistemas sociopolíticos en la Europa del Este.
Desarrollo fortalecido de la Unión Europea con 25 países miembros.
Situación de la nueva Alemania reunificada.
Primero, las dificultades de la economía soviética, el debilitamiento del Consejo de Ayuda Económica Mutua, la caída del muro de Berlín, situación de Polonia y
Rumania en gran medida y el interés de los países de entrar a formar parte de la UE conlleva al debilitamiento de la influencia de la antigua URSS en Europa Oriental.
En segundo lugar, a finales del siglo XX se produce un debilitamiento de los Estados Unidos y de la URSS que da lugar a que se fortalezcan las posiciones de la Unión Europea y del área de influencia de China y países del lejano Oriente.
En tercer lugar, se producen cambios sociopolíticos de diversa índole promovidos por la debilidad de la URSS y la caída del muro de Berlín siendo destacados el gobierno no comunista de Polonia, el desastre de Rumania, la reunificación de las dos Alemanias y el ejemplo seguido por Hungría, líder en el proceso de cambio del sistema económico.
En cuarto lugar, el fortalecimiento de la Unión Europea y su cada vez mayor influencia en la zona de América Latina y el Caribe. Disponer de un mercado de 500 millones de habitantes con una única moneda da lugar a crecimientos muy importantes en todos los sectores de intercambio y como ejemplo se puede citar, el crecimiento del comercio intracomunitario en el comercio de toda la comunidad con valores superiores al 55%.
Por último, la nueva Alemania unificada que con toda la problemática que ha supuesto dicha unificación, el poder de influencia, principalmente económica, sobre los países del Este se nota y se hace latente siendo en el futuro el “mercado” por excelencia de la RFA.
Pero toda esta transición de carácter económico y social ha estado plagada de fuertes tensiones que están siendo superadas, aunque no en todos los países con igual suerte.
Se puede afirmar que en la generalidad se producen dos fases claramente diferenciadas, siendo la primera el cambio de la estructura política para poder controlar los órganos de gobierno y el proceso de decisión; y a continuación el proceso de modernización de las economías con una tendencia clara y definida a privatizar los bienes del Estado y conseguir un mercado libre en donde concurra la libre competencia.
Pero este cambio supuso la necesaria modernización de la estructura de producción dado que los sistemas de producción de la Alemania Oriental no reunía las condiciones exigidas en la Europa Occidental.
Dependiendo del país la transición fue muy distinta y así se dispone del ejemplo de Hungría en donde los nuevos dirigentes son tecnócratas con formación occidental; Rumania con dirigentes con solamente preparación política; Yugoslavia y Bulgaria sin cambio real y solamente con cambio de nombre y finalmente Polonia con un cambio sustancial avalado por la importante labor que desarrollaron los sindicatos. Actualmente, se puede afirmar que la propiedad estatal se encuentra en unos ratios inferiores al 25%.
Todos estos cambios han producido unos nuevos mercados de trabajo en la Europa del Este, cuyas características principales se reflejan a continuación:
Puede afirmarse que todos los estamentos e instituciones se han visto modificados por los cambios producidos.
Básico los cambios de objetivos siendo los principales los siguientes:
o Justificación económica del puesto de trabajo en lugar del objetivo de pleno empleo.
o Mayor eficiencia económica. o Negociación colectiva.
o La compensación económica como estimulo a la productividad. o Obtención del máximo beneficio en un entorno competitivo.
Aumento del desempleo debido a la destrucción de empleo sobre todo en el sector industrial y el aumento de la población inactiva.
Expansión del sector servicio y menor participación en el sector del trabajo de los jóvenes, las mujeres y personas próximas a la edad de jubilación.
Mayor obtención de beneficios empresariales y competitividad de las empresas con una actualización de los niveles saláriales de los trabajadores.
Fuerte incremento de los niveles de pobreza en aquellas economías menos desarrolladas y asimismo, incremento de la economía informal.
Aumento de las importaciones realizadas por la UE procedentes de los países del Este y de las inversiones realizadas en estos países.
Economías con bajos costes laborales y aunque puedan resultar competitivos
existe el peligro de perder competitividad tanto a nivel interior como exterior, sobre todo en aquellas países cuya economía esta mas retrasada.
Necesidad de promover la apertura y arrinconar las políticas de defensa de la situación establecida.
Con todo, puede decirse que en el nuevo marco en estos países, el mercado y la competencia han traído nuevas reglas del juego, que también han penetrado en el ámbito de las relaciones laborales, muy distintas de las que prevalecían en los regímenes comunistas.
Se debilita (o desaparece) el objetivo político del pleno empleo como justificante básico de los regímenes de tipo soviético y gana peso la justificación económica de cada puesto de trabajo; en oposición a la virtual garantía del puesto de trabajo, para la inmensa mayoría se imponen los cambios y, con ellos, se generaliza la inseguridad, que adopta formas diversas - precariedad, informalidad y movilidad laboral- en aras de una mayor eficiencia económica y del debilitamiento de la resistencia social a la aplicación de políticas económicas liberales; la negociación colectiva entre los agentes sociales ha desplazado a los dictámenes del plan y del partido comunista; frente a los rígidos esquemas remunerativos propios de las economías planificadas, ahora se favorece la dispersión de las rentas como vía de
estímulo de la productividad del trabajo; y, en fin, las empresas que antes suministraban numerosos servicios sociales para atraer o retener la fuerza de trabajo, ahora se ocupan de sobrevivir en un entorno competitivo en el que el objetivo esencial es hacer máximo el beneficio.
Aunque existen grandes diferencias entre los países, las regiones e incluso las industrias –diferencias que dificultan la realización de un balance general-, sí podemos ofrecer algunas conclusiones, siquiera provisionales, de un proceso que ofrece unos resultados discretos.
La destrucción de empleo ha sido sustancial, sobre todo en la actividad industrial y, en menor medida, en la agricultura. Este proceso sólo en parte ha sido compensado con la creación de nuevos puestos de trabajo en el emergente sector privado, tanto formal como informal, en las actividades de fuerte crecimiento, como los servicios, y en algunos enclaves geográficos, como las grandes ciudades y las regiones fronterizas con la Unión Europea.
La consecuencia de la destrucción de puestos de trabajo ha sido el rápido aumento de las tasas de desempleo y el aumento de la población económicamente inactiva.
La redistribución de los recursos laborales como sugiere la expansión del sector servicios y de algunas ramas industriales, no ha corregido las grandes disparidades regionales, que incluso se han acentuado. Un componente importante de la mayor rotación laboral ha consistido en la apreciable reducción de las tasas de participación de la población en edad de trabajar: mujeres, jóvenes y trabajadores próximos a la jubilación han salido del mercado de trabajo, suavizando de este modo las cifras sobre el desempleo.
La quiebra del aparato productivo, la masiva destrucción de puestos de trabajo y el aumento de las tasas de desempleo y de inactividad han deteriorado las
cualificaciones heredadas del sistema administrativo –uno de los activos que presentaban estos países para responder a los nuevos desafíos competitivos-. Al mismo tiempo, la mercantilización y la reestructuración de la actividad económica y la apertura hacia el exterior requieren nuevas destrezas que, a su vez, hacen necesario la introducción de cambios profundos, tanto en el sistema educativo como en el diseño y aplicación de las políticas activas.
La presión sobre los salarios ha sido muy fuerte, sobre todo durante los primeros años de la transformación, cuando se redujo de modo drástico su capacidad adquisitiva. Posteriormente, en un contexto donde la mayor parte de las países poscomunistas han conseguido dinamizar sus economías, los ingresos reales de los trabajadores han mejorado, si bien los gobiernos de algunos de estos países, ante la creciente debilidad de los sindicatos, han sucumbido a la tentación de prolongar las políticas de rigor salarial. En todo caso, en términos generales, se ha mantenido una oportunidad entre el crecimiento de los salarios y el de la productividad del trabajo, que, naturalmente ha favorecido los beneficios empresariales y la competitividad de las empresas.
Uno de los rasgos más alarmantes del nuevo panorama social es la eclosión de la pobreza. A este aumento de la pobreza no han sido ajenos la reducción del salario mínimo, el recorte en las prestaciones en concepto de desempleo, la salida de muchas mujeres del mercado de trabajo, la precaria situación de las personas mayores o el aumento del desempleo estructural. Otro aspecto a destacar es el fuerte crecimiento registrado por la economía informal. En un primer momento, el aumento de estas actividades respondió básicamente, al vacío institucional provocado por la quiebra de las estructuras administrativas y la incapacidad de cubrir ese vacío con los nuevos reguladores mercantiles.
Las actividades sumergidas han continuado desempeñando un papel importante en los años siguientes, cuando la mayor parte de los países de Europa central y
oriental consiguieron cierta normalización institucional y la expansión de sus economías.
Así todo, el ingreso de algunos de los países ex comunistas en la Unión Europea exigirá nuevos e importantes sacrificios. Cambios que podrán ser interpretados en clave de mayor flexibilidad laboral, más moderación salarial y más ajuste de plantillas. Si una parte, no despreciable, de la población de los países de la adhesión contempla con preocupación, y hasta con desconfianza, la plena incorporación de sus países a las estructuras comunitarias, la aplicación sesgada de esas políticas podría provocar fracturas sociales.
El aumento de las exportaciones y la entrada de inversiones extranjeras directas contribuirán a corregir el problema del desempleo, suprimiendo los empleos ineficientes y creando, a cambio, empleos capaces de sobrevivir en un entorno competitivo. Este camino en parte esta siendo ya recorrido a través de las privatizaciones. Pero lo sucedido hasta ahora no es sino la punta del iceberg; el ingreso de los PECOs en la Unión Europea ofrecerá nuevas oportunidades de intensificar la actividad exportadora y atraer inversiones extranjeras directas, lo que incidirá favorablemente sobre los niveles de empleo, aunque las inversiones extranjeras directas son más intensivas en capital que en trabajo, sobre todo crean empleo en el segmento más cualificado de la fuerza de trabajo y tienden a localizarse en los enclaves dinámicos o que representan buenas plataformas de acceso a los mercados occidentales.
Estamos ante economías en la que los bajos costes laborales influyen de forma muy importante en su capacidad para producir bienes y servicios competitivos, tanto hacia dentro como hacia los mercados internacionales, y que corren el peligro de quedar atornilladas en sus especializaciones actuales. Y un segundo gran peligro: el de no ganar fuera, en los mercados de la UE, lo que necesariamente van a perder dentro, en sus mercados nacionales; peligro que será
tanto mayor en aquellos países cuyas economías se encuentren relativamente más atrasadas.
En cualquier caso, deberá tenerse presente que el cambio económico y de las condiciones de trabajo de las reformas en los países del este tiene costes sociales que, ineludiblemente, afectarán, al menos a corto plazo, a las condiciones de vida de los trabajadores. El adecuado funcionamiento de una economía de mercado y la obligada reestructuración productiva que deben afrontar los países del Este conducen a una, también ineludible, diferenciación social. Y la política laboral debe tener en cuenta y someterse al objetivo esencial de mantener un cuadro macroeconómico estable, esto es, contener la inflación y moderar el déficit público; para ello, es preciso moderar el crecimiento de los salarios y, sobre todo, asegurar que el crecimiento de éstos se mantiene por debajo del de la productividad.
Así todo, la reforma en profundidad de las economías poscomunistas exige intervenir en el mercado de trabajo y en otros ámbitos del engranaje económico que son piezas esenciales del cambio estructural, como la política tecnológica, la estrategia inversora, las infraestructuras o la modernización del sector financiero.
En este panorama no es difícil concebir como el proceso de reforma económica en estos países, unido al cambio previsible en el escenario europeo, provocará un mayor dinamismo y movilidad entre los trabajadores de estos países en busca de mejores oportunidades. En este sentido la intensificación de llegadas de trabajadores al mercado de trabajo español vendrá determinada con las condiciones de absorción de mano de obra, la regulación existente y las distintas posibilidades que ofrecen los mercados de trabajo de las regiones.
En este sentido, el mercado de trabajo valenciano, por su dinamismo y continua demanda de profesionales se constituye como punto de referencia para examinar el peso de estos profesionales en nuestro país.