2. Contextualización: Día 1
2.1 Análisis del texto
• Pongo a los intérpretes en contexto del momento histórico sobre la vida de Gaitán y su entorno sociopolítico y cultural. (Aunque son acontecimientos que no desconocemos desde lo que escuchamos y desde lo que se pudo conversar, cuando les mostré un video que muestra cómo fue todo lo que se vivía en esa época ayudó a que los intérpretes se apropiaran desde una imagen real)
• Se les hace entrega el material del marco histórico propio de la investigación para iniciar a contextualizar a los muchachos frente a la problemática existente en los años de 1948.
• Las imágenes nos ayudan mucho a ponernos en el contexto, así que expongo un video que narra la vida y obra de Jorge Eliecer Gaitán Documental “Entre ojos - El Bogotazo del 9 de abril”7.
• Entre todos leemos la fábula y los fragmentos que escogí para cada uno de los intérpretes que son fragmentos literales de la obra con la página por si el lector las quiere buscarla.
Tránsito y Alacrán 2.
… siguió a lo largo de la carrera séptima y embocó por la calle tercera oscura y
silenciosa. Una sombra furtiva emergió de súbito a su laso y se detuvo a reconocerla. La sensación de un peligro tremendo descendió sobre el oprimido corazón de la mujer, que procuró huir, sin lograrlo. Sus privaciones, la debilidad que la abatía, la enfermedad que desgarraba sus entrañas, adquirieron súbita intensidad, y el primer pensamiento que la asaltó fue el espantoso patio de cemento, donde el frío le penetraba hasta lo más recóndito del cuerpo.
7 The History Channel, Canal Caracol & Mazdoc Documentaries. (productores) Acosta, M. (Director).
(2014) Documental "Entreojos - El Bogotazo del 9 de abril". [documental] https://www.youtube.com/watch?v=hmGXJfBWmC4 .
-¡Transito! – La llamó la sombra casi a su lado-. ¿Sos vos? ¡Al jin te topo! Detuvo ella sus pupilas trémulas sobre la borrosa figura, que seguía hablando.
-Lo que t’ he buscao! ¿P’onde andabas? (TEXTO DEL ALACRÁN 2, Anexo 1)
-¡Ay, Alacrán! – Respondió ella, y las lágrimas contenidas por la misma intensidad de su padecimiento, resbalaron por sus mejillas-. ¿Por qué me dejó sumercé ahí tirada onde esa vieja?
-¿No ve que me atraparon? Ando espichao por vusté…
-Ay lléveme p’onde quera, más que me pegue. ¡Yo lo que quero es dormir! Me toy muriendo… (TEXTO DE TRÁNSITO, Anexo 2)
Pero el Alacrán no se precipitaba a hacer las cosas, porque su desconfianza manteníase despierta.
Pero ora p’onde? Antes dígame onde’staba…
-En es’inmundo patio’e cemento. Toy muriéndome de jiebre, di hambre, de sueño. Y no sé p’onde coger…
El hampón se decidió.
–Camine, pues. ¡Pero cuidado con yo!...
Sentíase dichoso con la mujer al lado. Los peligros que arrastró en su fuga estaban compensados. Pero ¿eras posible que el Alacrán, impenetrable y feroz en su soledad celosa, experimentara piedad, amor tal vez, por esta otra huérfana triste?
Toda su vitalidad estuvo tensa y erguida desde que cayó bajo la implacable zarpa de la policía. El recuerdo de Transito, abandonada en el Paseo Bolívar, impregnada de una sutileza animal su energía de bestia perseguida. Hasta el más recóndito de sus músculos estaba en tensión, vibrante, en armonía con sus sentidos felinos, al acecho de la ocasión para escaparse. Ni el transcurso del tiempo, ni el cielo de los guardianes, ni la dureza de la cárcel aplacaron su decisión y la integridad de su organismo hallábase concentrada en el descubrimiento de la oportunidad. (Osorio, J.A. , 1979, págs. 209-210-211-212-213)
Alacrán 1
La cerveza y la compañía redujeron la agitada inquietud de Transito. Por allá, llegando a La Peña, se detuvieron cerca de otra chichería, Y el Alacrán propuso:
-¿Qué le parece si nos asentamos en aquel llanito, y antós yo voy hasta la chichería y treigo unas papas y pu’ay algo más?..
Transito aceptó y fue a esperar a su compañero donde le indicó. Y a poco éste llegó a su lado, con las viandas envueltas en hojas de chisgua, que desplegó sobre la hierba. -¿Vusté no’stá comprometida? –interrogó mientras comían.
Entonces Transito refirió su angustia y sus temores. Pero el Alacrán quiso aclarar bien las cosas.
-de modo que vusté un’ha sido a nocheriar ni con la Cachetada ni con naides. -¿Yo qué? ¡Dios m’ampre y me javorezca!
-¿Y antós vusté no ha hecho nada? ¡Sos ladrones chapoles y quisques regístrala! Lo qu’es esta noche nos acostamos en el dormitorio e matrimonios.
-Yo no toy loca…
-Pero güeno: ¿Y antós qué va a hacer? Ay onde misiá Duvigis no se puede estar ni por plata que tuviera.
-Yo l’único que quero es irme pa mi casa. Yo no toy buscando hombres. -Güeno: pero, ¿ora cómo consigue más que siá lo del tiquete pal tren? -Si yo toy con ganas de servir.
-Pero ¿no ve que se tá sucia p atoa la vida y no la dejan porque disque lleva enjermedades a las casas decentes? A yo me ocurre que vivamos juntos unos días. A yo no me gusta tener mujer de fijo, pero cuando hay una plancha com’usté, antós aunque sia unos días. Y ay tá: le regalu’el pañolón y endespués le ayudo a irse, porque yo sé los trucos pa sacarles el cuerpo a los pacos que vigilan las estaciones. (TEXTO DE ALACRÁN 1, Anexo 3)
-Pero ¿cómo va a querer que me vaya a dormir con un hombre? ¡Uy, ay sí que ni loca que estuviera!
-Pus mira, transito, que de balde no conseguís nada. ¡Ay ta! El pañolón y lo del tiquete y la ayuda pa que te vas…Peru’eso si, nos vamos de este barrio porque onde misái Duvigis es onde menos me gusta. Y no creas que yo soy así siempre. Es que ora salgo de la cárcel después de dos meses y no he tenido tiempo de arreglarme. Pero mañana me vas a ver peluquiao y con güen vestido.
Cuando emprendieron el regreso, transito había aceptado por unos días la propuesta del Alacrán. (Osorio, J.A. , 1979, pág. 88)
Policía
El muchacho, impersonal en su puesto de portero, se negó a todo , y Transito regreso a la calle. Un policía la detuvo en la puerta.
-¿Pa ónde va? – le preguntó ásperamente.
-Toy buscando posada. Mi señora Alicia me echó pa la calle y como mi mamá ta en Lenguazaque…
-¿Y por qué sale de ese hotel? Pus… ¿No le digo que toy buscando posada? No quisieron darme
El policía la miró con detenimiento. Bajó su indumentaria campesina. Envuelta en su pañolón, calzada con alpargatas, ingenua y tímida apariencia la seducción de su adolescencia. Pensó:
-Y no es ni un pite fea la india…
Miraba con alegría el rostro sonrosado, la piel, un poco más despercudida que cuando vino a servir, los ojos claros, casi azules y el aspecto cándido.
-Quien la viera creería que es una virgen –Se dijo el policía…
El policía miró en torno. Eran las ocho de la noche. Algunos transeúntes desfilaban por las callejas sórdidas. Varias mujeres ambulaban, envueltas en sus pañolones o tapadas con toscos sobretodos. Tránsito lo ignoraba todo. No sabía que buscaban esas mujeres, ni por qué merodeaban en aquel barrio, ni la causa por la cual los hoteles de mala muerte mantuvieran sus entradas abiertas como para una voraz deglución. Tránsito confiaba en el policía y esperaba de ese poder protector la solución de su problema.
-Camine verá que le dan posada –Exclamó de pronto el policía.
Miró otra vez en todas direcciones y entró en el hotel. Tránsito lo siguió. -Una pieza –Ordenó tranquilamente el funcionario.
-50 centavos –Respondió el muchacho –Puede quedarse hasta media hora. -Déjese de vainas –Dijo el policía -. ¿Cuál es la pieza?
El portero le indicó con un ademán una puerta.
-Venga y verá –Le dijo el policía a Tránsito -. Aquí estará bien
Dócil, la muchacha obedeció. Y solo empezó a sentir temor y angustia cuando el agente penetró con ella y cerró la puerta por dentro.
-Yo me quero quedar sola –Dijo, temerosa.
-Solitos estamos –Respondió el hombre, mientras se desabrochaba el cinturón y se despojaba del yatagán.
Tránsito empezó a respirar con dificultad, movida por un terror insigne y con el deseo de escapar.
-Déjeme salir, señor agente. Déjeme salir, sumercé. Yo me voy pa otra parte. Yo me güelgo p’onde mi señora…
-No se asuste, que no le va a pasar nada. Qué es: ¿No ha probado? -Déjeme salir, salir… se lo pido de rodillas
-Señor agente por vida suyita, por su mamacita, por la virgen, señor agente. No mi haga nada. Yo no soy de esas. Le juro que yo no cogí la cadenita. Y que también yo andaba buscando onde quedarme.
Fluían las lágrimas en torrentes. Pero el agente, despojado de su uniforme, no era agente, sino una bestia sexual y poderosa. Apagó la luz y se arrojó sobre la desdichada. La lucha fue intensa, pero al fin Tránsito quedó vencida y sintió sobre sí la más horrenda de las humillaciones.
La trémula luz de la bombilla económica iluminó la habitación y el agente empezó a vestirse con parsimonia, mirando, triunfal, a la mujer avergonzada, tirada sobre el lecho como un montón de ropa sucia.
- ¿No se levanta? –Dijo –Aquí hay agua pa que se lave. Además aquí no se podrá quedar. Ella no quiso responder. Todo el dolor del mundo se había acumulado sobre su mísera existencia. Apretaba el rostro contra la almohada, sucia por la grasa de las innumerables cabezas sudorosas que se había apoyado en ella, y tampoco contestó cuando el agente terminó de vestirse y le dijo:
- Ahí le dejo 50 centavos. Y que no la vuelva a ver por la calle porque la echo pa la central (TEXO DEL POLICIA, Anexo 4)
Se marchó sin una palabra, sin una promesa, sin una frase de consuelo. Había saciado su instinto, y si de ello dependía la desdicha perenne de una existencia, a él no le importaba. Ella permaneció inmóvil en el lecho, esperando que transcurriera el tiempo como un deslizamiento de reptil. Pero en seguida la mano brusca del portero la empujó. Sentíase dichoso con la mujer al lado. Los peligros que arrastró en su fuga estaban compensados. Pero ¿eras posible que el Alacrán, impenetrable y feroz en su soledad celosa, experimentara piedad, amor tal vez, por esta otra huérfana triste?
Toda su vitalidad estuvo tensa y erguida desde que cayó bajo la implacable zarpa de la policía. El recuerdo de Transito, abandonada en el Paseo Bolívar, impregnada de una sutileza animal su energía de bestia perseguida. Hasta el más recóndito de sus músculos
estaba en tensión, vibrante, en armonía con sus sentidos felinos, al acecho de la ocasión para escaparse. Ni el transcurso del tiempo, ni el cielo de los guardianes, ni la dureza de la cárcel aplacaron su decisión y la integridad de su organismo hallábase concentrada en el descubrimiento de la oportunidad. (Osorio, J.A. , 1979, págs. 23-24)